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Historia 43067 — capítulo 11
Fuera tronaba con violencia, una tormenta como la que no se recordaba en años estaba en pleno apogeo. Los rayos se movían por el cielo como amos y señores de la cúpula nublada, pero dentro de Durmstrang ésto no parecía importar nada.
-Siéntate, Fox- le dijo la figura chepada de Xánatos, que le señalaba uno de los muchos pupitres vacíos. El profesor se giró y miró a la pared de detrás del aula- ¿Has pensado en lo que hablamos?
-¿Se refiere a sus divagaciones sin sentido?- le replicó Tyler, despreocupado por la posible reacción del profesor. Pero no fue él quién reaccionó, sino que una voz se oyó desde la puerta y un anciano y nervioso mago entró en el aula, ocupada solo por tres personas.
-¡No es así!- oyó Tyler como le respondía una voz nerviosa, pero anciana. Era el director Asmodeus, que a pasos rápidos para su edad, avanzó hasta ponerse enfrente del pupitre de Tyler. Éste no supo como responder.
-No debes seguirles el juego, Fox. Debes salir de aquí antes de que sea demasiado tarde.
-¡No pienso irme sin más!, ¡voy a conseguir poder para parar todo lo que pasa con esos Titans, y Basilisk y los túnicas rojas pueden ayudarme!
-Ves- dijo Xánatos, que seguía girado de espaldas a los otros dos- no vamos a conseguir alejarle de ellos.
-Los peones son prescindibles. En esta partida, es la reina la que matará al rey contrario- recitó el director, ante la mirada extraña del chico- ¿te suena de algo ésa frase?
-¿Debería?- respondió Tyler en actitud chulesca. Asmodeus suspiró, como si confirmara una mala sospecha.- No, por supuesto que no. Sólo es una frase que una loca me dijo hace un año- dijo finalmente el director.
-Escuchanos, Fox, porque solo vamos a decírtelo una vez. No te conviene acercarte a Basilisk ni a los túnicas rojas. Tu no sabes todo lo que nosotros sabemos sobre ellos. Hacen cosas horribles. Así que por favor... queremos ayudarte, podemos hacer qye desaparezcas de Durmstrang, pero debes poner de tu parte para salvarte.
-¿Vamos a dar clases de idiomas o van a seguir diciéndome lo que debo o no debo hacer?- preguntó indignado Tyler. Asmodeus y Xánatos se miraron resignados y no dijeron ninguna palabra más. Finalmente Xánatos sacó un papel de su bolsillo.
-Toma- replicó, entregándoselo a Tyler- Tienes como deberes traducirlo al inglés, tu idioma natal. Espero que éste poema te ilumine el camino- dijo solemnemente Xánatos.
-Tengo que hablar contigo, Derek- le dijo Virgil, que se había acercado cargada de libros a su mesa de Gryffindor. El chico le miró profundamente y asintió con la cabeza afirmativamente, a lo que Virgil, sin esperar a que abriera la boca, se sentó a su lado.
-No encuentro el mapa por ningún lado. Si Christie lo tenía, definitivamente no lo dejó en ningún sitio que conozca. No está en el dormitorio de las chicas, ni tampoco se lo devolvió a su hermano .
-¿Como sabes que no se lo devolvió a Bill?- preguntó Derek asombrado, pero no sabía si por la cantidad de información que Virgil parecía manejar o por su asombrosa determinación de la que en pasado había carecido u ocultado.
-Le dije a Matt Murdock, su mejor amigo, que buscara por mí en las dependencias de Hupplepuff,pero no ha encontrado nada- Virgil dejó caer los libros encima de la mesa, haciendo un gran estruendo por la pesadez de éstos.
-No creo que podamos estar del todo seguros de que no esté en el cuarto de Bill, ese Matt no parece la clase de persona en la que confiarías para cosas así, la verdad...- divagó Derek, pero Virgil le respondió:
-No tenemos alternativa, tendremos que confiar en que Murdock buscara bien- Derek la miró a los negros ojos. Como siempre, éstos parecían tener una especie de atracción misteriosa, como una luz en mitad de un abismo oscuro.
-¿Me estás escuchando?- preguntó ella. Derek respondió con un torpe "sí".
-Me temo que estamos en una calle sin salida- dijo finalmente Virgil, que empezó a mirar fijamente a la mesa para intentar concentrarse.
-Todo ésto nos queda grandes- meditó Derek, a lo que Virgil se giró hacia él y le miró extrañada, por lo que el chico estubo obligado a explicarse.
-Quiero decir.... ésto no es como hace dos años, ¿sabes?, entonces Tyler y Christie eran los que prácticamente hicieron todo. Nosotros nos limitamos a seguirles y a ayudarles al final. Miranos, acabamos de empezar y ya estamos sin saber seguir.
-No pienso rendirme- dijo ella, que parecía mirar a Derek con odio mientras se levantaba indignada.
-¡Yo tampoco!, me estás malinterpretando... - se apresuró a decir el castaño- pero tienes que reconocer que nosotros no somos como ellos- Derek pensó fugazmente en lo que estaba diciendo y se reafirmó mentalmente. Era cierto, hace dos años Tyler y Christie fueron los que llevaron el peso de lo que sucedió, ellos estuvieron seguros de sí mismos en todo momento y supieron como reaccionar. Pero ahora laparejita feliz no estaba, tampoco Bill. Solo Virgil y él mismo, aunque con la ayuda de Pólux, Galaad, y muy a su pesar, Lancelus.
-No somos ellos, ¿y que?- replicó Virgil- ¡Por las barbas de Merlín, Derek, ya se que no soy Christie!, ¡No seré tan impulsiva como ella, o tan convincente como para hacer que los demás me ayuden siempre que lo necesite, pero tengo mis puntos a favor, ¿sabes?!- Derek nunca había visto a Virgil tan furiosa. Para otra persona, estar así podría ser como resultado de un enfado menor, pero para la tímida chica- pensaba Derek- el estado en el que estaba ahora correspondía a una indignación máxima.
-¡Y tu que!- dijo la chica- Hablas como sino valieras una mierda, pero no es así. No serás tan bueno como ese maldito amigo tuyo con la varita, o tan decidido como él. Pero tienen tus cualidades: ante todo, te preocupas por los demás y eres una buena persona- La chica parecía recuperar su timidez habitual. Derek, por su parte, sonrió.
-Tu también vales lo tuyo, ¿sabes? Eres bastante inteligente y tienes la mente fría en momentos difíciles como éstos. ¡Mirate!, has sabido actuar cuando no sabíamos que hacer. Pero parece que te dé miedo sacar a relucir todo lo que vales.
Derek se acercó más a Virgil, miles de pensamientos se pasaban por su cabeza en ese momento, por un lado, Sophie y los buenos momentos que pasó con ella, el baile o las citas en Beauxbatouns. Además estaba Lancelus.... pero por otro lado se acordó de hace dos años, el beso en mitad de la noche y el beso en la enfermería, el rescate de la acromántula o el abrazo en la batalla contra Áspid. No sabía que hacer, pero se siguió acercando, como impulsado por fuerzas que no controlaba. Virgil no se movió.
-¡Eh!, ¿Virgil, te está molestando?- Era Lancelus que se acercaba a pasos rápidos, pero torpes, Derek se movió rápidamente hacia atrás, mientras Virgil hacía un movimiento con la cabeza que no se pudo identificar como afirmativo o negativo. Tenía la cara de tal color que parecía tener la piel de color sangre de lo avergonzada que estaba.
-Será mejor que la dejes en paz- le dijo Lancelus, mientras agarraba a Virgil de una mano y con la otra cogía sus libros. Después se marcharon. Derek suspiró, sin saber qué o porqué lo había hecho.
El chico notó una mano detrás suya, era Pólux.
-Voy a ver si Galaad me sube la apuesta. A éste paso me haces de oro.
Parecía que ese despacho los truenos sonaban de otra forma a como lo hacían en el aula de Xánatos. Estaban domados, amaestrados por el aura de solemnidad que emanaba de la estancia en donde Tyler se encontraba, rodeada de numerosos cuadros que simulaban batallas mágicas.
-Siéntese, Fox- dijo Basilisk, señalando la silla de enfrente de su despacho. Tyler obedeció. Se hizo un silencio que Basilisk tenía ensayado mientras se limpiaba las gafas manualmente.
-Usted dirá- dijo finalmente Tyler, algo extrañado de que le hubieran llamado.
-Si... por supuesto- sonrió el subdirector con su voz pausada, provocando seguidamente otro silencio que el mismo acabó rompiendo.
-La razón por la que le he llamado, señor Fox, es porqué nos hemos dado cuenta de que los la túnica azul se le ha quedado pequeña.
-Bueno... una más holgada no me vendría mal- bromeó el chico. Basilisk rió breve y forzadamente.
-¿Sabe lo que le estoy proponiendo?- Le preguntó. El moreno se lo intuía, pero todavía resonaban en su cabeza las advertencias de Xánatos y Asmodeus sobre que se alejara de Basilisk y los túnicas rojas. Advertencias que, pese a que no se las tomaba en serio, no dejaban de meterse en su cerebro como si de un zumbido en el oído se tratara.
-Quiere hacerme túnica roja, ¿cierto?- Basilisk rió, ahora mucho mas jocosamente.
-No, señor Fox. Quiero darle la oportunidad de demostrar si puede o no serlo. No todo el mundo puede ser túnica roja, ¿sabe?- esas palabras le sentaron a Tyler como un puñal.
-¡Claro que puedo serlo! ¡Valgo mucho más que los demás túnicas azules!, ¿Acaso les ha visto usted y me ha visto a mí?, Soy como mil veces mejor que ellos.
-Eso tendrá que demostrarlo- sentenció Basilisk- dentro de tres días preséntese en la sala Ixión varita en mano. Allí demostrará si puede ser o no un túnica roja.- Tyler se levantó, sabía que aunque le preguntara nunca sabría en que consistiría la prueba hasta el momento justo, así que simplemente miró a Basilisk y sonrió confiadamente.
Cuando se fue, Basilisk también sonrió. El plan estaba funcionando a la perfección.