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Historia 43067 — capítulo 3
Capítulo 2- Furia roja
-¡Bombarda!-maldijo Tyler apuntando con su mano izquierda a la densa niebla sin un objetivo concreto. Se oyó una fuerte explosión acompañada de un alarido de dolor, así que el chico dibujó una sonrisa de satisfacción, no obstante su alegría duró bien poco, tres de las figuras con túnica roja estaban atacando a los chicos de once años, la mayoría de los cuales suplicaba misericordia mientras que solo unos pocos les plantaban cara.
-¡Eh, dejadlos!- Tyler se fue corriendo hacia ellos, pero uno de los magos le placó bruscamente, tirándose encima. Tyler debido al forcejeo, no pudo verle la cara, pero en la pelea notó que era una persona muy corpulenta, por lo menos dos veces más grande que él y unas tres cabezas más alto. El chico instintivamente agarró fuertemente su varita para no perderla. Si algo había aprendido de las clases de duelo era que su mejor arma era poseer la varita en la mano.
El mago se le echó encima, casi asfixiándole con su gran cuerpo- Desmaius- conjuró Tyler con un poco de fortuna, e hizo que su contrincante se desvaneciera. Al chico le costó un gran esfuerzo quitarse de encima el inerte e inmenso y reincorporarse.
-¡Persus har falt!- oyó Tyler, otra vez en ese indescifrable idioma.
-¡Din kamp med engelsk, Balrd!- le contestó una voz femenina, aunque autoritaria. Era una de las que estaban atacando a los primerizos. Tyler quiso ir hacia allí, pero de repente un hechizo le pasó rozando por la oreja. Tyler se giró y vio a un mago algo más joven que él, posiblemente de unos quince años, vestido también con una túnica roja, además, tenía una gran quemadura en su hombro derecho, Tyler supuso que ése chico era el mismo que antes gritaba desde la niebla debido al dolor de su hechizo. Ésta vez Tyler si que vio bien la cara a su contrincante, era casi tan alto como Tyler, con el pelo de color castaño claro echado hacia atrás, además llevaba una gran cantidad de pendientes en sus orejas, incluso le pareció ver un fragmento de un tatuaje que nacía en su cuello.
-Astreos- conjuró el chico de la túnica roja, Tyler intentó hacerse a un lado, pero el maleficio le dio en el estómago, provocándole una gran herida sangrante, Tyler se llevó la mano derecha instintivamente a la herida mientras con la restante apuntaba al quinceañero de los pendientes.
-¡Magnum!- pronunció la maldición que tantos problemas le había causado, ésta impactó en el sueco, que cayó de bruces para atrás. Tyler cayó de rodillas incapaz de aguantar el dolor ,tiró la varita al suelo mientras oía acercarse los pasos de alguien. Los gritos de los niños habían acabado, inexplicablemente.
Los pasos se detuvieron al lado suya, Tyler levantó la cabeza para ver acercarse a una chica, ésta tenía unas fracciones delicadas, dándole irónicamente un aire de chica inocente. Tenía las mejillas sonrosadas que contrastaban con su piel pálida y su pelo largo y oscuro, cuidado en una melena que le llegaba a la mitad de la espalda; sus ojos eran de un azul pálido muy antinatural. La chica, con una sonrisa malévola en la cara apuntó a Tyler, que palpaba a tientas el suelo buscando su varita.
-Ya me tienes donde quieres, ¿no, hija de perra?- el chico hizo una mueca burlona a su adversaria.
-Bilinguo- susurró ésta. Tyler había cerrado los ojos esperando lo peor, pero parecía que el hechizo no le había hecho nada.
-Muy bien echo- dijo la chica, mientras le daba la mano para que se levantara en señal de amistad, su expresión ahora carecía de la sonrisa perversa de hace un momento, ahora era una chica que no había roto un plato en su vida. Parecía mentira que hace apenas unos instantes estuviera lanzando hechizos contra chicos de once años.
-Será mejor que vayamos al castillo a que te curen esa herida, no tiene muy buena pinta, además también tienen que curar a ellos dos- dijo señalando al chico al que Tyler le había lanzado Magnum, y al otro corpulento del Desmaius. Tyler no salía de su asombro mientras miraba a la chica que le sonreía amablemente de una forma que recordaba instantáneamente a la de Christie.
-¿Pero que....? - preguntó el chico, que no salía de su asombro.
-Si preguntas por el idioma, lo que te he lanzado es bilinguo, un encantamiento que sirve para entender la lengua del que lanza el encantamiento y hace que la hables, aunque inconscientemente. Si te refieres a la situación, todo ésto era una prueba de selección, y la has pasado con creces. Debes de ser el único que no sabía que ésto no era un ataque de verdad.
A Tyler le costaba horrores asimilar todo esto. ¿Una prueba?, más bien parecía una matanza o una cacería, no parecía que les estaban poniendo a prueba, sino que querían matarles- pensó, apretando todavía más la mano en la herida sangrante del pecho pensando en el salvajismo de los de la túnica roja. Ahora, la chica que le había echo el Bilinguo parecía dirigirse a todos.
-Vamos al castillo- dijo amablemente, pero no era una petición, sino una orden. Daba la sensación de que esa chica era la que mandaba allí. Los otros tres túnicas rojas, ya recuperados minimamente, y los niños de once años la siguieron religiosamente, aunque algo asustados éstos últimos. Tyler no tuvo más remedio que hacer lo mismo.
Los alumnos de Hogwarts no podrán abandonar el centro, ni siquiera con autorización paterna.
Tal como indica el titular, el ministerio de magia ha aprobado una ley mediante la cual, y según palabras del primer ministro: Los alumnos estarán obligados a continuar con su educación mágica bajo cualquier circunstancia, pues ya está bien de que éstos puedan abandonarla cuando les venga en gana. El ministro Randall Biggs es también el máximo valedor de ésta ley, con más opositores que seguidores y que pese a lo cual, el señor Biggs a decidido seguir adelante.
Ésta ley se aprueba en el momento de popularidad más bajo del ministro, y cuando se ha descubierto que su familia lleva meses de vacaciones, tal como el ministro asegura.....
Virgil se sobresaltó inesperadamente y dejó de leer. Marc Lancelus, su novio había llegado sin que se diera cuenta a la sala común y le había besado en la mejilla sin que le viera venir.
-Creía que ya te habrías ido a dormir- dijo el chico maliciosamente. Lancelus no era muy alto, pero sí fuerte,de hombro a hombro sería dos veces como Virgil. Su pelo negro estaba peinado pulcramente de forma cuadriculada, como su hubiera utilizado una regla para darle forma.
Virgil le dedicó una correcta sonrisa y un modesto No, y volvió a coger el periódico y ojeó un titular: Los magos venidos de ambientes no-mágicos aumentan en hasta un 30% sobre el total de magos en los últimos 20 años.
-¿Porque no dejas un rato el periódico?, llevo todas las vacaciones sin verte y antes en la ceremonia y el banquete no te has sentado conmigo- dijo el chico melosamente mientras rodeaba con sus brazos a la chica.
Virgil seguía con el mismo aspecto de siempre, como todos, ella también había crecido, pero seguía siendo de las más pequeñas en cuanto a estatura. Por lo demás conservaba su pálida piel bajo su cabello de color rojo oscuro, como una manzana muy madura, y sus ojos seguían siendo negros e hipnóticos.
-Dejalo, Marc... - dijo mientras se quitaba de encima los brazos del chico, éste se enfadó y se sentó en otra de las sillas de la sala común de Ravenclaw con cara de resignación mientras Virgil leía atentamente a la luz del fuego de la chimenea.
Alguien entró en la sala común, Virgil ni se molestó en mirar de reojo, la primera noche era normal que hubiera movimiento en el castillo, pero por lo visto, el recién llegado la llamó.
-Virgil- ésta reconoció enseguida la voz aguda y algo aflautada de su amiga Christie. Cuando la miró, se le notó que estaba preocupada. La chica llevaba en una mano el mapa del merodeador, que lo asía con fuerza.
-¿Que pasa?- preguntó ésta, temiéndose algo malo. Lancelus también miraba a Christie, intrigado.
-Es Athene, nuestra amiga, no está. He preguntado por ella y nadie la ha visto desde que llegamos al castillo antes de cenar. Ni siquiera aparece en el mapa del merodeador....
-¿El mapa de qué...?- preguntó el chico, Virgil y Christie lo ignoraron. En ese momento solo ellos tres estaban en la sala común.
-¿Seguro que has mirado bien?- preguntó la pelirroja, mientras dejaba el periódico en la mesa de su costado.
-Completamente- replicó la castaña- ¿me ayudas a buscarla?- Virgil no contestó, pero asintió con la cabeza, y sin mediar palabra salieron de la sala común.
-¿Pero donde vais?, es medianoche y mañana hay clase- dijo Lancelus, sin entender nada- ¡Esperad!, Virgil, voy contigo- reprochó el chico, pero las dos amigas ya habían salido, así que Lancelus echó a correr detrás de ellas.
-¿Ya están seleccionados?- preguntó un mago con el pelo blanco y una barba algo enmarañada. Llevaba una túnica bastante adornada que le señalaba como director de la escuela de Durmstrang.
-Si- le contestó la grave voz del subdirector, Fobos Basilisk. Era bastante alto, con la cara cuadrada y una larga nariz. Sus ojos, bajo unas pequeñas gafas de pasta escondían una mirada feroz. Acto seguido, Basilisk le pasó a Asmodeus una lista bastante pequeña que el director se quedó mirando extrañado.
-¿Solo seis de ellos túnicas azules y ninguna roja?, creía que estabas interesado en que el que viene de Hogwarts estuviera con la élite- preguntó Asmodeus intrigado, pero se le notaba que respetaba y temía demasiado a Basilisk como para mostrarle su indignación. Basilisk rió.
-¿Desde cuando te importa todo ésto?, serás el director, pero recuerda aquí no eres más que un nombre en el organigrama. Mando yo.- Basilisk tenía una pose muy intimidante y parecía que iba a pegar en cualquier momento a Asmodeus, que agachó la cabeza. No obstante, Basilisk siguió hablando:
-Ya que te interesa, no he nombrado a Tyler Fox túnica roja no porque no se lo mereciera, sino porque quiero que se esfuerce más en ello, para así tenerlo de nuestro lado.
-Tenemos muy pocos...- replicó Asmodeus. Basilisk le miró de forma amenazadora.
-¿Y?- era necesario que todos los que habían, exceptuando a los cuatro que hay, se graduaran, como Gargant y Mosag, o desaparecieran...
-¿Solo has dejado a los cuatro que estaban atacando a los nuevos?- Asmodeus parecía derrumbarse.
-Sí, los demás no servían para el propósito de los Titans, demasiado débiles. Calculo que eran unos veinte.- dijo Basilisk sin variar nada su tono grave de voz, con una falta increíble de humanidad.
-¿Que has hecho con ellos?- Asmodeus estaba a punto de echar a llorar.
-Gargant se está deshaciendo de los cuerpos.