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Historia 43067 — capítulo 7

Capítulo 6- La prueba.

Derek sonreía con la cara tapada con su túnica debido al viento casi invernal, frío y húmedo. Su cara emanaba una felicidad que creía que no volvería a sentir; lo había conseguido, había pasado la prueba. A partir del año siguiente sería jugador profesional para los Tutshill Tornados; para celebrarlo pensaba invitar a Pólux y Galaad a un whisky de fuego en cuanto los viera en la sala común.

El chico estaba agotado, nunca en su vida practicar el quiddicht le había resultado tan agotador, y a su vez, tan satisfactorio. Todavía recordaba con emoción las palabras de Ginevra Potter, la ojeadora del equipo, al decirle que había entrado de reserva.

Después de eso, Derek se había transportado mágicamente con un auror hasta las cercanías del castillo de Hogwarts, debido a las desapariciones y a la orden ministerial de no dejar que los alumnos abandonaran el castillo, Derek solo pudo ir a la prueba después de un extenso papeleo y de que un auror se responsabilizara personalmente de su custodia. Ahora mismo, caminaban a la par hasta la vieja verja que separaba Hogwarts del mundo, la cual se veía todavía a unos cientos de pasos.

-Veo que mi mujer te ha dicho que entras en el equipo, ¿verdad?- le dijo el auror, mirándole con sus resplandecientes ojos verdes detrás de unas gafas. Éste tenía el pelo negro y alborotado y una sonrisa tranquilizadora en la boca. En ese momento, al verle la cara adornada con una cicatriz, Derek se dio cuenta de que se hallaba enfrente del mismísimo Harry Potter, El elegido, el jefe de los aurores.

-Usted es.... no puede ser.... es un honor.... señor Potter- dijo Derek entrecortado, la mera presencia de un mago que era una leyenda viva bastaba para aturdir a Derek hasta el punto de no poder deletrear con precisión las palabras.

-Gracias, chico- respondió Harry mientras le daba la mano aturdido. Lo cierto es que todavía, después de tantos años, le ruborizaba que la gente le tratara como una especie de famoso. Incluso los amigos de Ted o James, todavía niños ambos, se sonrojaban al hablar con él.

-Me han contado miles de historias sobre usted, señor Potter. Si solo la mitad de ellas son ciertas, merecería ser usted Ministro de Magia.- Harry rió abiertamente.

-Chico, nadie que haya conocido a ministros como Fudge o Scrimgeour desearía ocupar su puesto, te lo aseguro.

Derek se quedó sin saber que decir, había perdido la vergüenza de hablar al señor Potter. Lejos de parecer el típico héroe de leyenda, Potter era más bien, humano. Las increíbles historias que de niño le habían contado a Derek sobre el chico que venció a Lord Voldemort no parecían reflejarse en ese hombre que le miraba simpáticamente.

-Seguramente lo haría mejor que Biggs- dijo Derek, refiriéndose al primer ministro actual.

Derek oyó una especie de gruñido de desaprobación. Enseguida vio que no se trataba de Harry Potter, sino del auror que custodiaba la verja. Acababan de llegar.

-Hola, Lars- saludó Harry al mago menudo y delgado que custodiaba Hogwarts, Derek vió que tendría sobre unos cincuenta años, a juzgar por las canas de su pelo y barba.

-Que tal, señor Potter- Lars ni siquiera movió un músculo, sino que posó su vista en Derek con un deje de desaprobación.

-Tranquilo, viene conmigo- respondió Harry antes de que Lars replicara.- ¿Cualquiera diría que soy su jefe, eh?- le sonrió a Derek. Éste le contestó con una tímida sonrisa mientras se resguardaba la cara entre su túnica debido al viento del norte.

-Sabes que cumplo órdenes directas del ministro- dijo sobriamente Lars mientras se movía el dedo por el bigote, intentando desentumecerse. Harry suspiró resignado, pero mirando directamente a Lars a los ojos.

-Son órdenes estúpidas. Mientras vigilamos que no salgan, decenas de alumnos desaparecen allí dentro, anoche desapareció una alumna de séptimo. Ésta vez el peligro está en Hogwarts, no fuera de él- El aspecto de Harry cambió a uno más severo.

Derek escuchó con atención, ¿una alumna desaparecida?, inevitablemente se acordó de cierta pelirroja y deseó que no le hubiera pasado nada.

-Pese a ser estúpidas, siguen siendo órdenes- replicó Lars, que parecía no querer morderse la lengua ante su superior. Harry gruñó y miró desafiante al otro auror, finalmente, le dijo:

-Ábrenos, voy a llevar al chico al castillo. Finalmente a pasado la prueba de Ginny.- Lars asintió, e inmediatamente, la gran verja metálica se abrió de par en par, y Derek y Harry siguieron caminando hasta el castillo.

-Tienes que tener cuidado, Altae- le dijo Harry- parece que algo pasa en Hogwarts, y no se porqué, el ministerio no tiene ninguna prisa por mover un dedo. Encima ahora no podéis salir de aquí.... Los tiempos vuelven a estar algo agitados, hace dos años tuve que venir con otros aurores a sofocar un ataque de acromántulas- El auror parecía estar hablando en voz alta más que hacia Derek.

-¿Y que podemos hacer?- replicó Derek, angustiado.

-Citando a un viejo amigo ya fallecido, lo mejor es la alerta permanente.

-¡Vamos, hazlo!- la voz de Perseus sonaba casi autoritaria. Tyler estaba enfrente de un chico que apenas tendría los diez años, arrodillado frente a él y suplicando. Era un muggle al que habían capturado fuera de los terrenos de Durmstrang, y se notaba que no entendía muy bien como sus secuestradores le apuntaban con un palo de madera mientras reían histéricos. -Hazlo- le repitió, está vez Lilith, que pese a que su voz era más aguda y dulce que la de Perseus, tenía un tono mucho más imponente que el suyo.

Los cuatro túnicas rojas miraban a Tyler, que nervioso era el que apuntaba con la varita al niño. No sabía como salir de la situación sin hacer daño al chico, ¿pero acaso era posible, que llegados a ese extremo, el chico saliera ileso?, rotundamente no. Sino lo hacía él, cualquiera de los otros se encargaría de torturar al muggle, y en ese caso las consecuencias para él tampoco serían muy agradables, intuyó el chico.

-Diffindo- dijo el chico, apuntando al brazo del niño. Inmediatamente se le creó un corte del que empezó a emanar sangre.

-¿Que te crees que estás haciendo?, ¿enfadar a tu hermano pequeño?, ¡es un asqueroso muggle!- dijo la chica delgada de los ojos saltarines, que a Tyler le habían presentado como Hilda Temis- Crucio- dijo. El niño gritó de dolor mientras Temis reía histéricamente, como si estuviera poseída. Los otros túnicas rojas acompañaron su risa, pero mas levemente.

Tyler miró la escena preocupado. Era macabro- Si bien su familia nunca se habían puesto a favor ni en contra de los muggles, ni siquiera cuando Voldemort gobernó; todo lo que ahora estaba viviendo le pareció repugnante.

-¿Que se supone que vamos a hacer con él?- preguntó con un temblor en los ojos.

-Tenemos que borrarle la memoria. Si desapareciera la gente cercana a él haría preguntas. Es una pena que no podamos matarlo, ¿verdad?- le contestó Temis, excitada, pero un poco resignada por la idea de no poder completar el trabajo.

-Te queda mucho por aprender, cielo- le dijo Lilith mientras paseaba su delicada y blanca mano sobre el hombro del chico.

Derek iba camino de la sala común a pasos acelerados. Poco le importaba ya haber pasado la prueba o no, lo único que quería era asegurarse de que Virgil estaba bien. Era curioso, ya no eran nada, ella tenía novio. Pero a Derek no le importaba ahora nada de eso, solo quería que no le pasara lo mismo que a Sophie.

-Tranquila, no pasa nada, seguro que todo se soluciona rápido- Derek oyó como una voz ruda y seca pronunciaba ésas palabras en una esquina próxima. Derek la reconoció , era la voz de Lancelus. Así que corrió por el pasillo hasta que llegó al lugar en cuestión. Allí, el chico consolaba a Virgil, que lloraba apoyada en el hombro del chico. Derek se sintió aliviado de ver que estaba a salvo.

-¿Que ha pasado?- preguntó preocupado el chico. Al darse cuenta de su presencia, Lancelus le miró furioso, caminó hasta Derek y le gritó:

-¡Déjala en paz!, ¿me oyes?, ¡no te acerques a ella!- Lancelus le empujó, pero Derek mantuvo el equilibrio. Todos los oyeron los gritos se acercaron a curiosear. Virgil seguía sollozando.

-¿Pero de qué vas, idiota?- le contestó Derek, confuso.

-Si te quieres meter en problemas, adelante, pero a mi novia no la metas en tus asuntos- Derek se acordó en ésos momentos de las palabras de Pólux de que todos esperaban que él y el resto de los que detuvieron a Áspid solucionaran ésto.

-¿Que ha pasado?- volvió a preguntar Derek, temiéndose lo peor. Vigil acabó de enjuagarse las lágrimas de la cara, y con la piel tan roja como su pelo, contestó:

-Christie ha desaparecido.

Ya era de noche, pese a ser sólo media tarde, y el frío seco y glaciar hacía mella en el chico. Lo cierto es que Tyler no acababa de acostumbrarse al clima escandinavo. El chico subía ágilmente los escalones de la torre. Estaba extrañado de que el subdirector Basilisk le hubiera llamado; algo le decía que le estaban tratando de forma especial. Primero, los túnicas rojas le trataban casi tan bien como si fuera uno de ellos, y ahora, Basilisk le llamaba para hablar con él, y algo le decía que no era por la caza de muggles de hace un rato, de la que incluso dudaba que supiera algo, y si lo sabía, pensó Tyler mientras se acordaba de la clase de Historia de la Magia, le extrañaría que se lo tomara mal.

Fobos Basilisk- pensó Tyler. El mismo nombre que Derek le había dicho. El mismo que bajo una capucha blanca mató al campeón de Durmstrang por no cumplir su misión. Tyler apretó el puño con rabia, quería que algo sucediera; quería tener una razón para arrasar el castillo piedra por piedra, pero simplemente no sabía como ponerse a ello con una razón de peso. No tenía pruebas de absolutamente nada.

Finalmente llegó a las puertas del despacho, eran de madera pesada y negruzca, con unos picaportes y unas manillas que simulaban dragones- seguramente un Ridgeback noruego- pensó Tyler, que no era muy bueno en Cuidado de criaturas mágicas- a los lados unas columnas de piedra maciza , adornadas con el escudo verde del colegio, decoraban sobriamente el conjunto.

-Perfecto, vas muy bien en tu primera misión- Tyler oyó la voz de Basilisk. La puerta no estaba cerrada totalmente, y el sonido se coló por los pocos centímetros que la dejaban entrejuntada. El chico, silenciosamente puso el ojo, y vio como Basilisk, de espaldas a él, hablaba a la chimenea, el fuego de la cual era verde. Seguramente su interlocutor estaba usando la red flú.

-Gracias, durante el año pasado me entrenasteis muy bien- le contestó una voz extrañamente familiar a Tyler. Basilisk rió complaciente, estaba contento.

-Recuerda coger a la otra pieza. Anoche cogiste a una, te queda la otra.

-Me quedan más- le contestó desde la chimenea su conversador. El cuerpo de Basilisk tapaba su rostro en la chimenea.- Pero sí- prosiguió- la pieza complementaria a la de anoche la cogeré en cuanto pueda.

-Perfecto- dijo sosegadamente Basilisk- contigo, el proyecto Sangre Nueva será todo un éxito. De repente, las llamas volvieron a su color normal, por lo que Tyler supuso que la conversación había acabado, así que se echó para atrás para que Basilisk no le viera curioseando. En efecto, el sonido de la silla del despacho moviéndose indicó a Tyler que Basilisk estaba acomodándose en su mesa.

El chico prefirió esperar un poco, hubiera sido muy extraño entrar momentos después de que acabaran la conversación, y Tyler supo que nadie debía enterarse de lo que había oído, así que se quedó meditando unos minutos tras la puerta. -Sangre Nueva, la otra pieza..- por más que lo pensara, Tyler no podía darle sentido a esas palabras, para él, era una formula irresoluble.

Finalmente, cuando el chico consideró que había pasado el tiempo suficiente, entró en el despacho.

-Hola, subdirector- dijo educadamente, pero sin entusiasmo.

-Hola, señor Fox. Por favor, siéntese- Basilisk le señaló con la mirada la alta y majestuosa silla que había enfrente suya. Tyler obedeció.

El despacho de Basilisk no podía ser más acorde a su persona- pensó el chico- estaba lleno de cuadros enormes de batallas o duelos mágicos, y todo el mobiliario o aparatos de la estancia eran sobrios, pero atrayentes al mismo tiempo. Tyler se fijó en el cuadro de un mago que colgaba detrás de Basilisk, era un mago joven y altivo, de pelo castaño que le llegaba hasta los hombros. El pintor había sabido plasmar la energía y carisma que transmitía esa persona. Basilisk intuyó que Tyler miraba esa pintura, pues le dijo:

-Ese hombre, señor Fox, es el Rey Caelus. Alumno de su anterior escuela hace mil años, aprendió personalmente de los fundadores y de los primeros maestros de la escuela, creo recordar que el primer director le tenía una gran estima.- Tyler asintió con la cabeza mientras Basilisk se ajustaba las gafas. El chico había notado que era una manía muy frecuente en el mago rubio- Caelus es el fundador de las ideas que intento inculcarles en mis clases, señor Fox.

Tyler se quedó dubitativo- ¿así que ese tal Caelus había sido alumno de Wotan y de los fundadores?. El primer directo le tenía una gran estima- meditó- así que era una persona cercana a Wotan. ¿le habría dado clases particulares en su tiempo, como a él?. Es posible- se respondió a si mismo mientras miraba al mago que sonreía orgullosamente tras el cuadro mientras le guiñaba un ojo, y acto seguido, se autoimponía una reluciente corona de plata decorada con dragones escupiendo fuego.

-Se preguntará porqué le he llamado, no señor Fox?- le dijo el subdirector pausadamente. Tyler movió la cabeza de arriba a abajo.

-Lo que voy a decirle puede que le afecte, pero me veo en la obligación de hacerlo- Basilisk se quitó las gafas para limpiárselas con un pañuelo.

-¿Que pasa?- se atrevió a decir Tyler. Lo cierto es que con Basilisk le pasaba lo mismo que con Wotan u otras figuras de autoridad, le costaba sacar ese lado desafiante y orgulloso que le caracterizaba.

-No se si sabrá que en su anterior colegio se están produciendo hechos terribles. Desapariciones de alumnos que no dejan huella tras de sí.- A Tyler se le hizo un nudo en la garganta, no sabía que le iba a decir, pero estaba seguro de que no le iba a gustar.

-Lamentablemente, me veo en la obligación de informarle de que una persona cercana a usted ha desaparecido. Su compañera Christie Laksmie.- Tyler ahogó un grito y pronunció unas cuantas palabras malsonantes, esos segundos de angustia se le hicieron eternos.

-¡Es usted!, ¡usted y los Titans!- gritó finalmente mientras saltaba de su asiento y sacaba la varita para apuntar a Basilisk. Éste, sin alterarse lo más mínimo, desarmó con la suya a Tyler sin esfuerzo. Pese a ello, cuando Tyler pronunció la palabra Titans un deje de sorpresa recorrió los ojos del mago.

-No se de qué está hablando, pero cálmese- dijo sosegadamente, como si hubiera decidido obviar que Tyler había querido agredirle.- Vayamos por partes- dijo- ¿usted cree que yo tengo algo que ver?

-¡No soy idiota, estuve en su clase... todo ese rollo antimuggle!, ¡Y que casualidad, en Hogwarts desaparecen hijos de muggles!

Basilisk no se inmutó, solo se volvió a ajustar las gafas, para decir- Señor Fox, le recomendaría prestar más atención a mis clases. ¿Acaso no dejé bien que a los magos de sangre no-mágica se les debía tratar como al resto de la comunidad mágica?- La voz de Basilisk no se alteró un mínimo. Tyler refunfuño, pero acabó asintiendo.- Además- prosiguió- cree que si yo hubiera tenido algo que ver, ¿hubiera querido anunciarle la noticia?- Tyler no contestó

-¿Y que es eso de los Titans?- preguntó el mago, haciéndose el sorprendido.

-Nada, señor- Tyler se sintió estúpido por relevarle parte de lo que él sabía de forma inútil.

-Entiendo que diga sandeces por estar alterado debido a la trágica noticia, señor Fox. Si hay novedades en el asunto no tenga duda que se las haré saber.- Tyler suspiró hondamente, lo que el subdirector interpretó de forma positiva.

-Por último- dijo el mago- ésta vez pasaré por alto los actos que han tenido lugar aquí, pero como vuelva a presenciar una falta de respeto semejante, las consecuencias serán terribles.- Su voz era ahora mucho más tétrica, al igual que su aspecto, que infundía todavía mas respeto, incluso un cierto temor a su persona- Tyler volvió a asentir, sintiéndose cohibido.

-Otra cosa más- dijo volviendo a su voz y aspecto sosegado- recuerde que en breve comienzan sus clases con el profesor Xánatos. No podemos utilizar constantemente el hechizo bilinguo, o perderá su eficacia.

-Si, señor.

-Muy bien, puede retirarse.