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Historia 43067 — capítulo 9

-No te preocupes por esa hija de muggles- le dijo la chica a Tyler melosamente mientras le pasaba la mano por el hombro, en señal de consuelo. Tyler hacía caso omiso a los gestos de Lilith; no estaba de humor. Sus rasgos enérgicos y un poco afilados parecían ahora abatidos.

La chica se había acercado hasta la mesa de los túnicas azules solo para estar con Tyler, el cual no le hacía caso. Los otros túnicas azules miraban la situación atemorizados por la presencia de la líder de los túnicas rojas y extrañados por la rara escena, en la que la cruel Lilith consolaba de forma dulce al extranjero.

-Estoy aquí para ayudarte- le consoló la chica- no te obsesiones por una chica, tienes detrás tuya a otras, ¿sabes?- Tyler se giró a mirarla, ésta le devolvió la mirada de una forma que le recordó a la de Christie, lo que le entristeció más todavía. Ahora no estaba para hacer caso a nadie- pensó el moreno- tenía demasiadas cosas en la cabeza: la desaparición de Christie, los Titans, Basilisk y sus teorías.... Tyler suspiró, por lo que Lilith le consoló más todavía. El chico gruñó en señal de desaprobación, pero no hizo nada más.

Tyler pensó en la situación; había decidido de que, por ahora, no relacionaría a Basilisk, sus métodos y los túnicas rojas con los Titans. Aunque seguía sospechando que había gato encerrado, no dejaba de encontrar las teorías de Basilisk locas a la par que atractivas; como la clase de ideología de las leyendas épicas, pero con un frío y oscuro lavado de cara. En cuanto a lo que escuchó en el despacho del mismo sobre algo llamado Sangre Nueva, Tyler no podía tener ni idea de que era, pero creía que cualquier cosa era posible y que no tenía porqué tener relación con lo que a él le interesaba.

Nada había pensado sobre Xánatos, aunque intuía que poco había que decidir. No era otra cosa que un borracho con más fantasía y verborrea que cabeza, ni siquiera quería volver a una clase de las suyas, aunque en el fondo sabía que no tendría más remedio.

Tyler se acordó otra vez de Christie y de todo lo que estaba pasando en Hogwarts. Parecía que los acontecimientos huían de él. El año anterior la acción estuvo en Francia mientras se lamentaba de que tenía que quedarse en Inglaterra, y ahora, que estaba en Durmstrang, en Hogwarts pasaban cosas inexplicables. Tyler cerró su puño enrabietado mientras volvía la imagen de su novia volvía a su mente. Se sentía impotente, pues poca cosa podía hacer desde allí.

-Yo siempre estaré aquí, como mínimo, soy tu amiga...- se insinuó Lilith mientras acariciaba con su mano la de Tyler. -Amigos... eso es..- pensó Tyler para sí mismo, acordándose de algo que resultaba más que obvio. Tyler se levantó de sopetón y salió andando a paso muy rápido, camino a la su habitación mientras a su espalda dejaba a Lilith, que parecía no asimilar que Tyler acabara de irse.

Por fin llegó al cuarto que compartía con otros tres túnicas azules de los que ni siquiera se acordaba del nombre. Al llegar, Céfiro, su enorme y vieja lechuza parda graznó en forma de saludo, pero Tyler no respondió, en vez de eso abrió un pergamino nuevo, arrancó una parte y escribió:

Hola Derek:

Se que ahora en Hogwarts las cosas están difíciles, no paro de pensar en ello desde que Christie desapareció. Por eso quiero pedirte que te acuerdes de tu promesa, la que hiciste cuando nos despedimos de Vincent. Yo sigo intentando descubrir cosas sobre los Titans, pero me parece que en Durmstrang no hay mucho que averiguar.

Saludos.

Tyler

P.D: Deja que Céfiro descanse unos días con tu lechuza, Boreas, antes de hacer que vuelva. El viaje es muy largo y Céfiro muy anciana.

Tyler miró la nota. Era corta, pero no quería extenderse demasiado, lo único que le importaba era que el mensaje llegara a su amigo. Sabía que Derek no podía hacer gran cosa, pero él podía hacer incluso menos.

El chico llamó a su lechuza, que se acercó moviendo elegantemente las alas.

-Escucha, Céfiro, quiero que vayas a Hogwarts y entregues ésta nota a Derek, ¿de acuerdo?, quiero que vayas todo lo rápido que puedas y que te asegures que la lea. Cuando la entregues puedes descansar allí antes de venir, si quieres.

Céfiro emitió un sonido en señal de aprobación, luego extendió su pata para que su dueño le atara la nota para después echar a volar. Tyler estuvo asomado a la ventana hasta que Céfiro se perdió de vista.

-Sería mejor que intentaras algo, al menos para que los demás tengan esperanza- le replicó Galaad, que estaba sentado en uno de los cómodos sillones de la sala común. Derek le miró inquisitivamente.

-¿Y porqué no lo haces tu?- le replicó el castaño.

-Lo haríamos- dijo Pólux, respondiendo por su amigo- pero no esperamos conseguir

nada, ni siquiera creemos que tu puedas llegar a algo. Pero no se trata de conseguir o no encontrar a los desaparecidos, sino de que los demás vean que el chico que estuvo con Vincent, el campeón, en sus momentos finales y que ayudó a atrapar al tarado de Áspid está haciendo algo.- Pólux miró curioso a su amigo Derek por detrás de sus gafas, que reflejaban las llamas de la chimenea. Derek hizo un sonido de desaprobación con su garganta mientras volvía su vista al ejemplar de Quiddicht a través de los tiempos que estaba leyendo.

-Si decidieras hacer algo, te apoyaríamos. Te ayudaríamos a intentar encontrarlos- dijo Galaad finalmente.

-¡Ya basta!- explotó Derek mientras tiraba el libro al suelo- ¿Os creéis que yo soy una especie de salvador o algo así?, ¿os creéis que tengo el arrojo de Tyler?, ¡Pues no!, lo que hice, si es que hice algo los años anteriores, fue solo porque mis amigos necesitaban ayuda en ese momento, no porque me gustara solucionar problemas o hacerme el héroe.

-¿Y que es lo que pasa ahora?- se envalentonó Pólux- ¿Christie o Bill no son tus amigos?, ¿o solo vas a actuar si desaparecen Tyler, Virgil o...?

-¡Vincent murió por culpa de esa gente, ¿sabes?!, Y Sophie, mi novia, también. Para vosotros es muy fácil hablar porque solo habéis visto el peligro de lejos, pero nunca habéis tenido que pelear a vida o muerte con Áspid, nunca os a atacado un troll furioso y nunca os han lanzado una maldición asesina.

-¡Maldita sea, mucha gente está en peligro!

-¡Pues adelante, sal a buscarlos!- gritó furioso Derek, pero de pronto, él y Pólux enmudecieron. Céfiro, la lechuza de Tyler acababa de entrar por una ventana de piedra hasta la sala común y se había posado cerca de Derek. Éste se quedó mirando la lechuza, la cual le devolvió la mirada con sus ojos grises.

-Creo que trae una nota para ti- dijo Galaad a Derek, mientras señalaba el arrugado papel que tenía Céfiro en la pata. El chico se acercó y la anciana ave le alargó su pata derecha para que le desenroscara la nota. Derek la leyó tranquilamente, dejó pasar unos largos segundos y la volvió a leer. Sus dos amigos se miraban extrañados hasta que finalmente dijo decidido:

-Tenemos que encontrarlos.

La mujer, con los ojos cerrados, sostenía la varita con la mano mientras se apuntaba a su propia cabeza, de ella salía un hilo plateado que caía directamente en un frágil frasco de cristal. Eran recuerdos que se almacenaban para ser usados en un pensadero.

Umbra Neodits abrió sus aburridos ojos y puso un tapón al frasco de la delicada sustancia. Luego acercó un grueso sobre, dentro del cual había ya una carta escrita por ella misma:

Para Nyx:

Te envío un objeto muy importante con ésta carta. Dentro de unos meses vendrán a buscarme unas personas, pero no estaré, así que dales lo que te envío. Es de suma importancia. Cuando lo hagas, puedes considerarte libre.

La profesora metió la botella dentro para después cerrarlo. La profesora se acercó a una de las esquinas de su despacho, donde reposaba una esquelética lechuza negra, que abrió los ojos al ver acercarse a la mujer y erizó sus plumas, pero Neodits hizo caso omiso, y sin inmutarse, ató con fuerza la carta a la lechuza.

-Llevala a mi casa y dásela solo a mi elfo doméstico- dijo sobriamente. La lechuza se calmó y miró a su dueña, como queriendo comunicarse con ella mentalmente. Segundos después, alzó el vuelo.

Neodits volvió a sentarse en su mesa, como si nada hubiera pasado, para corregir los exámenes que se amontonaban en la misma. Sacó su pluma y su tintero, pero antes de poder empezar a leer, llamaron a la puerta. Neodits dibujó una leve sonrisa de suficiencia.

-Adelante- dijo simplemente y sin alzar la voz. Acto seguido, un chico de unos catorce años entró a ver a la profesora.

-¿Quería verme, profesora?- le preguntó el chico, con pecas , un rizado pelo castaño y fracciones gruesas.

-Si, señor Wayne, me temo que debo hablar con usted sobre sus resultados en Transformaciones, pues no son todo lo buenos que deberían. Pero siento comunicarle que ahora no tengo tiempo. Si fuera tan amable, le agradecería que viniera a verme a las doce de esta noche.- El chico, al oír ésto, tragó saliva para coger fuerzas.

-Pero verá profesora, no es seguro salir por la noche, y menos con las desapariciones. Soy hijo de muggles.

-Le aseguro que no le va a suceder nada, si se encontrara con el conserje u otros profesores, les dice que viene a verme. Pero le agradecería que no le comentara nada de ésto a ningún otro alumno, no me gustaría que se extendiera las costumbres de las tutorias nocturnas.- Neodits miró directamente a los ojos al adolescente, el cual asintió con la cabeza y se marchó. Neodits volvió a sonreír tímidamente, como una niña que realiza una travesura. Wayne desapareció esa noche mientras iba a verla.