Un amore cosi' grande — capítulo 11
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Por María Fernanda:
Salí tras de ella como alma que lleva el diablo, pero aun así no logre alcanzarla. Se había metido en el elevador y las puertas se cerraron ates de que pudiese detenerlas. No había otra opción mas que bajar lo más rápido posible por las escaleras.
Logre llegar a la ultima planta y coincidimos por un momento, tan corto porque en cuanto me miro se hecho a correr.
Justo frente al edificio se encontraba estacionado su coche , para su mala suerte o para mi buena suerte se detuvo al no encontrar las llaves de este en su enorme bolso.
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¡Lucía por favor espérate! -decía agitada y casi sin aliento, la tome del hombro pero me rechazo- ¡escúchame!
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¡No quiero oírte mal amiga! -grito con enfado- ¿Qué es lo que tengo que escuchar? ¿Qué las cosas no son como la vi? Por el amor de dios María Fernanda es la excusa mas vieja del libro.
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déjame hablar, tienes que saber como pasaron las cosas -en eso sentí como las manos de Ignazio luchaban por alejarme de mi amiga para que no le rogase mas.
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ya cállate -logro dar con las llaves y antes de subirse al auto- hasta nunca "AMIGA"
Entro al asiento del piloto, encendió la marcha y se fue… juro que me sentía como una asquerosidad de persona y la peor amiga existente en el universo. Aun no sabia lo que había pasado en verdad, fueron dos emociones muy fuertes que mi cerebro aun no las asimilaba por completo.
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¿Por qué se molesto tanto Lucie? -preguntó Boschetto con ingenuidad.
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por que le gustas y mucho -espeté cabizbaja- ¿acaso no es notorio? Dios soy una idiota -lleve mis manos hacia mi rostro.
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¿Qué? Espera, no tienes por qué culparte Fer -trato de tomar mis manos nuevamente y yo me solté- no tenia idea de nada de esto Fernanda, no fue mi intención herirla y mucho menos hacerlas que se pelearan. Pero yo cause todo esto así que yo lo arreglaré ¿bene?
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y como se supone que será eso posible si seguramente -suspire- ella no querrá si quiera verte, mucho menos hablar conmigo.
tendremos que recurrir a terceros -saco su celular del bolsillo y marco a un numero, no sabia a quien pensaba llamar.
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¿a quien llamas?
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a un amigo -hizo una mueca por sonrisa- es mejor que yo con estas cosas.
Confiaba en el apenas conociéndolo de un día antes, eso no era humanamente posible pero preferí no protestar ante nada y solo dejar que el tratara de arreglar este embrollo.
Lo único de lo que me comenzaba a arrepentir era de saber si este sentimiento que comenzaba a nacer entre Ignazio y yo seria tan bueno como para dejar la amistad de Lucía.
…
Por Lucía:
Conducía sin conciencia, sabía que mi destino era llegar a mi casa pero la verdad es que cada vez las aceras se me hacían más largas e interminables.
Las lagrimas que empañaban mis ojos casi por completo impidiéndome una buena visibilidad, las es que y me centre en seguir conduciendo.
Sabia bien que lo que me provocaba esta tristeza no era saber que jamás le guste o le llegare a gustar de la manera en la que a Ignazio le gusta Maryfer, sino la decepción que me causo saber que ella no me respeto, no respeto el ser mi amiga.
Y cuando creí que las cosas no podían empeorar mas, un neumático se me había ponchado. Mi auto dejo de moverse y maldije en voz alta, golpee el manubrio y las lagrimas volvieron a brotar apareciendo por si solas esta ves por impotencia.
Lo único en lo que pensé fue en llamar a papá para que me recogiera y me llevar a casa. El inconveniente esta vez fue que no se encontraba en mi bolso, luego recordé que lo había dejado olvidado en el edificio de Maryfer. Lo que me faltaba, ahora no sabía que hacer y el día empeoraba con más intensidad mientras transcurría.
Salí del auto azotando sonoramente la puerta, mire el neumático sin aire completamente y lo patee. No fue la mejor idea que se me pudo ocurrir ya que aquella acción solo me acuso dolor. El cual hizo que cayera sentada frente a auto sin saber que hacer y solo llorando como tonta.
¿Lucía? -note un calzado fino, italiano diría yo. Postrado justamente frente a mi, obviamente era el propietario de la voz que me llamaba- levántate -fui subiendo la vista y me encontré con unos hermosos y familiares ojos color cappuccino.
¿Gianluca, pero que haces aquí? -cuestione asombrada, era mucha casualidad que siempre acudiera a mi cuando estaba sola y en apuros.
digamos que tu ángel guardián me mando en tu rescate -sonrió, teniéndome su mano para ayudarme a ponerme de pie.
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no entiendo nada de esto -espete confusa, luego racione un poco las cosas y sabia quien le había llamado- ya se… Ignazio te llamo ¿verdad?
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si -dijo mirando el neumático, seguido de mi pie el cual mostraba algo de hinchazón- ¿pateaste el neumático? -me miro gracioso y se agacho tomando mi pie delicadamente entre sus manos-¿ te duele? -presiono con fuerza.
-¡Si! -grite- no puedo creer que le siguieras el juego, tiene que tener los pantalones para enfrentar las consecuencias de sus actos.
¿tienes una refacción en la cajuela? -asentí y le di las llaves.
- no me estas escuchando Gianluca Ginoble, deja de hacer tantas preguntas y dime lo que opinas de todo esto.
Estallo en risas ante mi ultimo comentario, igual no me presto mucha atención y saco la refacción de la cajuela, un gato hidráulico y una especie de cruz que ni siquiera sabia que llevaba conmigo, es mas no tenían ni idea para que se utilizaba.
- no sé que hubiera sido de mi si no hubieras llegado-sonreí y le miraba cambiar el neumático- ni siquiera se como cambiar una llanta y posiblemente me hubiera quedado a pasar la noche en el auto de no ser por ti.
- no es tan difícil como lo parece y no tienes nada de que agradecerme -me devolvió la sonrisa- solo ya no hagas mas corajes, cuando termine con esto podremos hablar de lo que paso ¿ok?
Y así fue, cambio todo en un santea amen. Termino sudado, sucio en la parte de las rodillas y también de las manos, con el caro calzado algo arruinado.
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Ya esta -se sacudió las manos y de paro a observar su trabajo satisfecho.
gracias de nuevo -el soltó una pequeña risita- ¿ahora podemos hablar?
- pues eso dímelo tu, yo solo se lo que Nazio me conto… y admito que estoy dispuesto a escucharte
-¡esto es injusto! -hice un berrinche- quien sabe que tantas patrañas te habrá contado el, debí haberte contado yo primero mi versión de los hechos -me cruce de brazos- ahora te llevaras una mala impresión de mi.
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y ¿eso te importa? -cuestiono curioso.
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por supuesto -suspire- no quiero que te hagas a la idea de que soy yo la mala de todo esto, sé que sabes cual fue mi reacción -baje la mirada- lo único que te puedo decir es que no me duele por Nazio sino por mi amiga, nunca pensé que una persona como ella me traicionara de esta forma.
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¿no crees que esta exagerando un poco las cosas? Eres demasiado dura con un asunto insignificante.
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los hombres no entienden nada - di un respingo y fruncí el ceño- es un código de amigas, ella lo sabia bien.
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y ¿mi amigo estaba enterado de el? O tan siquiera de que te gustaba…
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¡claro que no! -grite - soy mujer, se supone que el debió notarlo jamás me le declararía a un hombre.
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Hay Lucie -estalló en risas- esas son cosas que impone la sociedad
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¿sabes que? Ya es tarde y tengo que irme a mi casa antes que Dominique comience a reprocharme -dije enojada- te llevare a tu hotel.
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no sin antes me prometas que mañana saldremos para continuar esta charla - sonrió- que notoriamente quedo inconclusa
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esta bien -bufe- sube ya chantajista.