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Un amore cosi' grande — capítulo 18

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Por Ariana:

¿Cómo decirle que lo quiero? En mi interior era un desastre, una lucha constante entre lo que sentía y lo que pensaba sobre una relación. ¿Cómo elegir entre el corazón y la razón?

  • con que aquí estabas -espetó el de lentes sentándose a mi lado- te eh buscado por todas partes ¿Qué haces aquí, sola?

  • pues… pensaba -suspire- ¿Cómo fue que me encontraste? Nadie sabe cómo llegar a esta parte de la casa

  • fue fácil, solo salí al jardín a buscarte y cuando mire hacia el tejado te vi sentada -sonrió- luego vi que salía humo por tu boca así confirme que en verdad se trataba de ti -rió.

  • eres un torpe -le pegue en el hombro.

  • era mi única opción, si no hubiera traído puestos los lentes hubiera jurado que se trataba de la chimenea encendida -sonreí cuando escuché una carcajada salir de sus labios.

  • deja de burlarte -bufe- aceptó que soy y siempre seré una fumadora.

Y miramos a la luna mientras abría la botella de Vodka que había logrado hurtar de la cocina, sin que nadie se percatara de ello, al fin y al cabo una botella más una botella menos. Sonreí, era increíble lo mucho que se ocultaba tras esa sonrisa desigual.

  • ¿alguna vez te has emborrachado en un tejado? -cuestionó Barone.

-sí.

  • maldición -masculló.

  • pero nunca he visto amanecer desde un tejado -la sonrisa apareció de nuevo en su rostro.

Tome un trago de esa bebida algo fuerte y a la vez embriagante, fue gracioso realmente ver como él quería seguirme el paso con la bebida y si mis suposiciones eran ciertas, iba a conseguir embriagarlo de seguir así.

  • ¿Hacemos algo? -rompió el silencio el de lentes.

-¿Cómo qué?

-Te pregunto, y respondes -me dedico una sonrisa.

  • está bien -di otro trago y esbocé una mueca mientras la bebida quemaba mi garganta.

  • ¿playa o montaña?

-¿Qué pregunta absurda es esa? -exclame bufándome.

  • la primera que se me ha ocurrido -soltó una ligera risa.

  • pues piensa un poco más antes de preguntar -rodé los ojos y encendí un cigarro, me lo quito de los labios y con un guiño de ojos dio una calada antes de devolvérmelo.

  • ¿Tú mayor locura? -cuestiono.

  • demasiadas locuras como para recordar la mayor.

  • alguna en especial -insistió.

  • pues creo que la mayor de todas mis locuras fue cuando me escapé de casa para pasar un fin de semana en una playa de México, me calló la bronca de mi vida cuando aparecí el Lunes, todavía recuerdo la cara de mi madre -baje la mirada divertida, recordando con una sonrisa en mi rostro que nadie podría borrar.

Sonreí cuando escuché una carcajada salir de sus labios.

  • imagino a Alejandro, como se ha de haber puesto

  • no lo imaginas, creo que estaba más preocupado que mi madre -otra carcajada y otra sonrisa.

  • me ganaste sin duda.

  • quiero saber cuál fue tu mayor locura.

  • fue cuando Ignazio y yo nos embriagamos por primera vez, chocamos en el auto de Vito y nos metieron a la cárcel por una noche para asustarnos.

  • vaya -dije mientras trataba de no reírme.

-Ríete tranquila.

Lo miré y trate de no reírme pero las ganas de hacerlo vencieron y una carcajada se escapó de entre mis labios.

  • en serio, deberías hacer más locuras.

  • o tú deberías de hacer menos -me encogí de hombros y di otro trago.

El silencio estaba presente en medio de la noche y simplemente observé la luna, maravillosa e imponente en medio de todas esas nubes rotas. Hilos de conciencia desatados, neuronas alcoholizadas y pulmones saturados de oxígeno y humo. No sabía que pensar, que sentir o que decir. Simplemente observaba la luna en busca de palabra**o queriendo encontrar más valor para hablar y decirle que lo quería. Me preguntaba cómo podría la luna ser tan perfecta, encontraba respuestas a cosas absurdas como que me encantaría llegar hasta la Luna, volvía a preguntarme que sabor tendría esa esponjosa sustancia llamada nube y descubría que las estrellas son más hermosas cuando están ocultas, cuando las echas de menos y quieres que cubran el vasto cielo. Suspiré y miré a  Piero.

  • me gustaría volar -susurré y antes de darme cuenta sus labios estaban sobre los míos, el fuego recorría mi cuerpo y me sentía como si estuviese volando entre las nubes y las estrellas, como si hubiera llegado a la luna y como si ese fuese el sabor de las nubes, sentía como si las estrellas aparecieran en el cielo y siguiera echándolas de menos.

  • ¿llegaste lo suficientemente alto? -murmuró contra mis labios.

  • pude probar las nubes -respondí ruborizada.

  • ¿y qué tal saben?

  • demasiado bien, saben a sueños, saben a esperanzas, a Vodka y tabaco, saben a fuego y, sobretodo, saben a ti.

  • ¿puedo probarlas yo?

  • por supuesto -y mis labios estaban fundiéndose con los suyos de nuevo en un vaivén de sensaciones, de sentimientos y de sabores.

  • a mí me saben a ti.

  • creo que las nubes saben cómo tú quieras que sepan.

  • eso me gusta -sonrió.

  • a mí también -espeté algo desconcertada y con felicidad al mismo tiempo.

Y no dijimos más. Me abrazó y me planto un beso en la frente, sin beber ni fumar de nuevo, nos dedicamos solamente a observar el cielo.

  • Ariana -giro la mirada y me observo con ternura.

  • ¿sí? -levante la vista para verlo.

Sin previo aviso tomo mi rostro entre sus manos y me beso nuevamente, aunque esta vez le duro poco el gusto. Logre zafarme con velocidad y mi mano impacto contra su rostro sonoramente.

Su sonrisa se había borrado de golpe justo en el momento en el que mi mano encontró su cara. En este momento debe estar pensando en que sufro graves problemas de bipolaridad, pero poco me importo que salí huyendo de ahí, cargando una vergüenza y sentimientos encontrados que ni yo misma me podía explicar.

  • Ari espera -bufo confuso- ¿ahora que hice mal? -dijo para sí mismo al notar que ya estaba lo suficientemente lejos como para alcanzarme.

…

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Por Ignazio:

  • ¿te la estás pasando bien? -pregunte a fer mientras bailábamos un romántico jazz.

  • de maravilla, juro que no quiero que la noche termine Nazio -se aferró a mi pecho.

  • ni yo -sonreí, mientras podía sentir su calor y su peculiar aroma tan dulce- y ¿si convenzo a tu madre para que vengas conmigo?

  • claro que no -rió- se negaría rotundamente, por los estudios y más que nada por sus principios… pero sabes que si esa opción fuera posible, no dudaría en irme contigo hasta el fin del mundo.

  • ¿Dónde habías estado toda mi vida, María Fernanda Moreau? -reí- eres tan tierna, vamos intentemos siquiera plantearle la idea.

  • ese ya es un riesgo que tu decidirás -suspiro- aunque no creo que te haga mucho caso -fijo la mirada en la mesa donde su madre estaba- parece que está demasiado ocupada como para atenderte.

  • pues acepto el reto -reí nuevamente al ver aquella tierna escena, al parecer su madre disfrutaba de un momento placentero en compañía del Sr. Ferreira- sé que será de mala educación pero al menos quiero tener la satisfacción de haberlo intentado.

  • entonces vamos -me dedico una sonrisa- solo te advierto que si comienza a reprendernos te culpare totalitariamente y me fugare ipso facto.

  • ¡cobarde! -la tome por la barbilla y le besé la comisura de los labios, se sonrojó.

  • lo siento -espeté cabizbajo- no pude contenerme.

  • no te disculpes…

  • antes que nada -le tome de las manos- quiero prometerte, que cuando regrese, quiero y deseo con toda el alma que aceptes ser mi novia.

  • ¿Qué? -contesto casi gritando- ¿de verdad? -dijo emocionada.

  • si -sonreí- solo si tú también lo deseas claro.

  • ¿bromeas? ¡Por supuesto que si Boschetto! -me abrazó por el cuello- ¿Qué pregunta es esa?

  • gracia bella -la seguí abrazando, no quería dejarla ir de entre mis brazos- me voy feliz a América y te prometo que no te arrepentirás de la decisión que tomaste.

  • ti voglio -rodeo mi cuello con sus brazos y rozo sus labios contra los míos y quería que el mundo dejara de girar en ese instante, así ese momento perduraría eternamente.