Un amore cosi' grande — capítulo 22
Un año después…
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Por Ariana:
Lucía me había engatusado para que la acompañara al parque a caminar, era un día soleado pero con un frío abrumador. La nieve cubría gran parte de los tejados tendidos de color blanco perla y los gigantescos abrigos hechos de plumas de ganso se hacían presentes en la gente, que trataba de transitar la calle, mientras yo trataba de sobrevivir y no morir a causa de hipotermia… acostumbrándome nuevamente a las temperaturas y distraer mi mente un poco.
demonios Lucía -dije mientras mis ruidosos dientes chocaban al temblar- regresemos, tengo mucho frío.
-
pero que quejumbrosa eres, tienes que aguantarte… seguro ya no tardan
-
¿ya no tardan? -espeté confundida.
-
mira, ahí vienen -sonrió.
¡¿Ariana?! -dijo una voz ronca que retumbo en mis oídos, sentí como un escalofrío recorría mi espalda.
Gire la mirada por completo corroborando que se trataba de él, era "Piero". Por fin mis ojos volvían a encontrarse con la miraba que tanto habían anhelado.
Sentía todo el cuerpo entumecido por el frío y por pasar demasiado tiempo en la misma posición, hice una mueca y andando a duras penas llegué hasta su encuentro.
Sus labios chocaron contra los míos con frenética desesperación, fue como volver a la vida.
Alguien dijo alguna vez que la felicidad es un simple estado de ánimo en el que nos sentimos medianamente positivos, medianamente animados a hacer cosas…
Pero para mí la felicidad es cuando su sonrisa destaca en medio de un día gris, como el que pensaba hace unos minutos que sería, hasta que sus ojos brillaron divertidos tras nuestro encuentro.
Porque tratar de comprender si el destino existe o somos nosotros los que manejamos nuestras vidas es demasiado difícil, ¿porque cada cosa que sentimos y cada palabra que decimos no pueden estar predestinado? Pero a fin de cuentas eso nos hace vivir, nos hace sentir, nos hace sonreír, nos hace llorar, soñar y delirar pero sobretodo nos hace completamente humanos...
Por Lucía:
La conmovedora escena me llenaba de alegría, más parecía que para Ignazio y Gianluca no era de así, intercambiaban serias miradas entre ellos que sobrentendían preocupación.
-dejémoslos solos -susurré a los chicos.
Llegamos hasta una banca cercana y de inmediato sus expresiones parecían volver, sobre todo la de Gian, quien me tomo entre sus brazos y me deposito un cálido beso en la mejilla.
-te extrañe -lo mire fijamente.
-
no te imaginas cuanto -reafirmo Gian.
-
bueno… -tosió Nazio algo incómodo- creo que salgo sobrando aquí -sonrió- no quiero ser mal tercio, así que nos vemos después. Un placer volverte a ver Lucie.
-
¿pero a dónde vas Nazio? -cuestione con culpabilidad.
-
a buscar… a Fernanda -dijo cabizbajo.
lamento no haber podido convencerla de que viniera, últimamente ha estado muy distante e incluso como deprimida.
-
creo tener una idea del porqué, pero para eso iré a buscarla. Si esta última vez se niega a recibirme -suspiro- creo que ya no la buscaré más.
-
amigo -me levante rápido y lo abracé, se notaba muy triste con la decisión que había tomado- te deseo la mejor de la suertes, veras que todo saldrá bien.
-eso espero -bufó- bueno, los dejo par de tortolos. No vemos por la tarde.
…
Por María Fernanda:
Salí de casa como alma que lleva el diablo, en la calle hacía un frío digno del más entrado invierno, aunque claro, la navidad estaba cerca. Llegué en tiempo record al supermercado y volví más lento a casa si cabe.
Estaba totalmente aterrada, lloraba casi a diario, pensaba en Ignazio todo el tiempo y sobre todo padecía de un insomnio extremista.
Sabía que de ahora en adelante no podría estar en paz hasta tener la certeza de que el problema que ahora me consumía estuviera de lo más lejos y ajeno posible de mí.
Casi llegaba a la puerta de mi departamento cuando logre divisar a Ignazio acercándose al speaker, no tenía ni la menor idea de que estaba haciendo nuevamente en la ciudad, pero sin embargo no tenía planes o intenciones de topármelo. Estuvo alrededor de 20 minutos sin despegarse de la bocina del speaker, insistiendo ante todo, hasta que desistió cabizbajo.
Juro que las inmensas ganas que tenía de ir corriendo a abrazarlo eran más fuertes que mi propi ser, más de alguna extraña y poderosa manera logre contenerlas como me fue posible, de esas veces que la razón supera con creces al corazón.
Entre a mi casa con las manos repletas de bolsas biodegradables, con todos los encargos de una selectiva lista que mi madre me había dado. Solo las deje por un lado del refrigerador y corrí a recostarme en la cama, mis pensamientos estaban demasiado confusos en este instante.
-
Mary -la dulce voz de mi mamá resonó como eco en la habitación- ¿te encuentras bien cariño?
-
si mamá -respondí sin mirarla siquiera- solo estoy algo cansada, sabes que no eh dormido bien.
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si… -suspiro, sentándose a mi lado y acariciando mi cabello- sabes, hace un rato Ignazio vino a preguntar por ti.
-
lose, lo vi.
-¿y porque no lo invitaste a pasa cariño?
simple. No quiero verlo ni mucho menos tener algo que ver con él.
-
no decías eso hace un par de meses.
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¡tengo miedo mamá! -termine por mirarla de frente, respondiendo en un tono alto y retante- de que pase lo mismo que con John, tengo miedo que si sale libre me busque de nuevo o peor aún que lo lastime a el -grité- eso sí que jamás me lo perdonaría.
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Mary… sobre eso -dijo cabizbaja- John -paso saliva.
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dime -suplique- ya….
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si -asintió- salió libre hace una semana.
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no por favor -terminé rompiéndome en llanto, ya las cosas no podían empeorar más en mi vida- porque ahora. Ahora comprendo todas sus "amenazas" por teléfono.
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¿te amenazo? Porque no me lo habías contado mi amor -me abrazo con fuerza- esto no se puede quedar así, tenemos que hacer algo, no estoy dispuesta que corras peligro… que te vuelva a lastimar.
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no sé ni cómo se las arregló para salir de la cárcel. No se cómo dejan a un malnacido como el en libertad.
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tienes que hablar con Ignazio -sugirió- él tiene que saber tus verdaderos motivos, así podrá ayudarte.
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¡NO! Ni muerta le digo lo que ese infeliz me hizo… jamás me miraría de la misma forma. Prefiero que piense que soy una idiota que solo jugo con él, a que me repudie y le de asco.