Un amore cosi' grande — capítulo 26
Por Ariana:
El corazón me dio un vuelco cuando note que la chica me había mentido, su número celular estaba registrado en la agenda de Piero y eso solo significaba que el también me ha estado engañando durante todo este tiempo.
Ahora solo quería averiguar si será tan cobarde como para mentirme cuando le cuente lo que sucedió, o por mínimo tendrá el valor y la decencia de decime la verdad por más dolorosa que esta fuese.
Por Piero:
Salía del tocador cuando ella me miro confundida y a la vez como si algo malo hubiese pasado. Lo cual creía imposible, al ausentarme solo un par de segundos.
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¿me perdí de algo? -cuestione sentándome a la mesa.
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creo… es que justo cuando te fuiste, tu celular comenzó a sonar y me tome la libertad de contestar -espetó.
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no veo el problema -sonreí- tienes toda la confianza de hacerlo.
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gracias -trazo una mueca por sonrisa- pero no me dejaste terminar, no es eso lo que realmente me preocupa.
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¿entonces?
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que la persona que llamo era una mujer, apenas conteste y ella empezó a decirme:"¿tengo que llamarte yo para oír tu voz? ¿Qué haces? Ya te extraño mucho vida."
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¿y quién era ella? -cuestione esta vez algo nervioso, mi voz titilaba.
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no lo sé, es lo que quisiera saber yo -suspiro- no me dijo su nombre y al parecer se equivocó de número. Me pidió disculpas y colgó.
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ah -exhale más relajado- esas cosas pasan a menudo Ari, no le tomes mucha importancia -entrelace mi mano con la suya
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aun no terminaba -soltó mi mano y la alejo- lo que no me explico es… como, si se supone que se equivocó de teléfono -se levantó de la mesa atrayendo mi mirada hacia ella- el numero está registrado en tu agenda como Jessica Miller -expreso con enfado.
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e… es una amiga -excuse- seguro como le contestaste tu pensó que ya cambie de celular.
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una amiga -repitió casi susurrando- pues si así tratas a tus amigas yo creo que lo nuestro no va a funcionar -aventó mi móvil y cayo por suerte en mis manos.
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¡no Ari! -grité- espérate.
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no quiero escucharte -abrió la puerta del restaurant y se fue.
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solo fui al baño -lleve mis manos hacia mi cabello, acomodándolo hacia atrás.
La seguí hasta donde me fue posible, la lluvia comenzó a caer sin cesar y hacia que mi visibilidad fuera disminuyendo, empañando casi por completo mis gafas. Apenas y podía ver atreves del enorme monzón que ahora me empapaba no solo físicamente sino que por dentro estaba destruyéndome, con todo lo que le estaba ocultando a Ariana.
…
Reproduce:
Isla de la Cité…
Por Lucie:
Le miré a los ojos, observé como lentamente sus labios se torcían creando una sonrisa, vi como sus ojos brillaban y una fina línea de arruguitas se extendía alrededor de los mismos. Observé la perfección de una sonrisa, y comprendí que el milagro de la vida no era la felicidad en sí misma, si no esas sonrisas que la crean o la destruyen.
Ese era él, esa era la perfección para mí. Su verde mirada contrastando con el oscuro cielo encapotado que nos cubría, sus carcajadas enredándose al sonido de la lluvia, sus pisadas haciendo ruidos acompasados en los charcos mientras saltaba moviéndose al ritmo de una canción que nunca sonó, mirándome e invitándome a ir con él. Él sabía que estaba muriéndome de ganas por hacerlo pero que mi terquedad me impedía ceder.
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sabes que quieres hacerlo -me dijo, con las malas intenciones palpitando en sus labios, mientras se acercaba lentamente.
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sabes que no quiero hacerlo -me cruce de brazos, él estaba frente a mí, totalmente empapado pero rezumante de una felicidad contagiosa.
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terca.
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pesado.
Se agacha despacito, como retándome a apartarle, con sus ojos brillando y su pelo chorreando, trato de no ceder, pero el magnetismo puede más que la razón y me pongo de puntillas, dejando que me moje con sus labios y sus brazos. Paseo mis dedos por su pelo húmedo mientras siento como, lentamente, baja sus manos hasta mi trasero, como con fuerza pero delicadeza me levanta, como espera que enrede mis piernas por su cintura y como lo hago.
Camina de espaldas hacía el parque vacío y, aun sin dejar de besarle, siento la lluvia mojándome lentamente, acariciando mi piel y limpiando mi alma. Sonrío mientras junto su frente con la mía.
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¿ahora es cuando me enfado contigo?
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ahora es cuando me agradeces no haber cedido, porque te morías de ganas, admítelo.
Simplemente suelto una carcajada y escondo mi cabeza en su cuello, como si ahí pudiera esconderme del universo entero.