Un amore cosi' grande — capítulo 27
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Por Ariana:
Cerré la puerta de golpe dando un fuerte portazo, tiré en bolso sobre la cama y me dejé caer sobre la misma. Me encogí sobre mi misma tiritando de puro frío, mi ropa estaba empapada gracias a la lluvia que mojaba las aceras y no tenía ganas de hacer nada por remediarlo, simplemente quería estar ahí, tirada, tratando de no llorar. Pero ni mis brazos sobre mi cuerpo eran capaces de retener el calor, ni mi fuerza de voluntad era capaz de retener a las lágrimas que ya caían como la lluvia por los cristales, dejando un surco transparente allí donde rozaban, compitiendo por acabar antes ese recorrido corto y rutinario. Enfadada conmigo misma por llorar y enfadada con él por provocar el llanto me levanté de la cama para quitarme la chaqueta y los pantalones, para ponerme una simple camiseta, que hacía las veces de camisón improvisado, que empezó a pegarse contra mi cuerpo por la humedad que tenía en él casi antes de colocármela. Me deslicé bajo el edredón mientras los sollozos comenzaban a escapar de mi pecho, cada latido de mi corazón equivalía al absurdo recuerdo de una mentira hiriente, cada pestañeo de mis ojos equivalía a una reprimenda de mi conciencia por ser lo suficientemente idiota como para llorar por eso, por unas simples palabras, aunque, en realidad, no eran las palabras las causantes de mis lágrimas sino los labios que las habían pronunciado lenta y dolorosamente una tras otra, sin darse cuenta del daño que me hacían, sin darse cuenta de que cada una de esas letras ordenadas de una extraña manera ralentizaban un poco más mi corazón, haciendo que latiera tan despacio que dolía, haciendo que me diera cuenta de lo mucho que habían cambiado mis sentimientos por sus ojos marrón. De repente, como de la nada, un golpeteo retumbo en la habitación, un leve golpeteo que se había superpuesto al sonido del caer de las gotas, levanté la cabeza justo a tiempo para ver como unas piedras impactaban en el cristal provocando de nuevo el golpeteo. El edredón en el suelo, mi tembloroso y frío cuerpo moviéndose por inercia hacia la ventana, mi mano en el pomo y no más cristal entre el exterior y yo. Escudriñé las sombras en busca de quien fuera que estaba tirando piedras y en cuento vi su silueta no dudé ni un segundo sobre quien era, podría jurar que estaba viendo sus ojos enormes brillar bajo la lluvia.
- ¡Déjame entrar, Ariana! -su voz sonaba demasiado bien ahogada entre el sonido de la lluvia. Durante unos breves instantes algo en mi interior hizo que la tentación de cerrar la ventana fuera inmensa, pero sabía que el arrepentimiento iba a ser mayor si no le dejaba entrar por lo que con un suspiro me aparté del cristal.
Varios traspiés y algún que otro resbalón después su cuerpo pasaba a través de la ventana y sus penetrantes ojos me observaban como si nunca me hubieran visto antes.
-
¿Estabas llorando? -su voz sonaba demasiado consternada para mi gusto.
-
no, estaba pelando cebolla, ¿qué te parece?
-
realmente soy un idiota -levantó su brazo con suavidad, acercando su mano a mi rostro, pero antes de que tan siquiera llegara a rozarme me aparté para cerrar la ventana.
-
hasta que te das cuenta…
No dijo nada, simplemente se limitó a quitarse la chaqueta y dejarla sobre la silla del computador mientras observaba como me sentaba en la cama y me colocaba el edredón sobre los hombros.
-
¿Y? ¿Querías algo más aparte de admitir lo que ya era obvio? -pregunté rompiendo el incómodo silencio que se había instaurado en la habitación.
-
y… pedirte perdón.
-
ok, ya está, pediste perdón. Puedes irte.
-
quería explicarte…
-
no hay nada que explicar, lo de que admitas que eres idiota aclara mucho toda esta situación sin sentido.
-
pero es que sé que no tenía derecho a ocultarte las cosas, y menos sabiendo que te…
-
no, obviamente no tenías derecho. Porque no eres nadie para jugar de esa manera conmigo.
Me levanté caminando sobre la cama hasta quedar justo frente a él.
-
solo quería evitar precisamente esto, ella es alguien a quien aprecio mucho te lo aseguro.
-
simplemente eres mi amigo -murmuré entre confusa y deprimida, sabía que eso no era suficiente para mí.
-
pero no quiero ser tu amigo -sentí a como mis ojos se aguaban de nuevo, ¿realmente estaba escuchando bien? No podía haber venido a mi casa simplemente para echarme de su vida- no quiero perderte por algo tan torpe como eso
-
no te entiendo -le corté.
-
quiero ser el único capaz de mirarte y descubrir todos y cada uno de los secretos que esconden tus ojos. Quiero ser el único que te acaricie tu rostro, y el que bese tus labios. Quiero ser el único al que sonrías, el dueño de cada latido de tu corazón y el responsable de todos tus suspiros.
-
¿De qué novela barata has sacado eso? -pregunté con una voz baja y temblorosa que no era propia de mí, sentía sus dedos en mi rostro y mi labio inferior temblaba absurdamente.
-
quiero ser el único que haga que tu voz suene así, quiero secar tus lágrimas y hacer que no vuelvan a salir nunca de esos preciosos ojos…
Un sollozo escapó de mi pecho y mis brazos rodearon su cuerpo con pura y absoluta desesperación, mis labios devoraron los suyos y mi corazón se aceleró como si acabase de recibir una descarga eléctrica. Lo siguiente que recordaba era su cuerpo mojando más aun él mío y sus dientes mordiendo mis labios y mi cuello.
Como no disculparlo, si ahora menos que nuca reconocía que estaba perdidamente enamorada de él. A pesar de todos mis esfuerzos para evitar que esto sucediera, todos y cada uno de ellos solo fueron en vano. Quería ser la única en su vida, como él lo había dicho.