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Un amore cosi' grande — capítulo 29

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Día de Noche Buena.

Por Ariana:

La noche buena estaba a unas horas de nuestro alcance, mientras nosotros seis nos las ingeniábamos para poder arreglar la casa de los Boschetto, la cual sería el escenario de nuestra velada, de acuerdo a la festividad. Todo parecía marchar viento en popa y los padres de los Il Volo , quienes habían salido de compras por los obsequios de última hora y la comida para la cena, estaban por llegar.

Era la primera vez que las chicas y yo conoceríamos a los respectivos padres de nuestros conyugues. Y comenzaba a sentirse como los nervios se hacían presentes a flor de piel.

  • ¡No Ignazio! -replicó la castaña- ya te lo repetí muchas veces, no pondré ese enorme listón en la punta del pino, la tradición en la estrella y se ve mucho mejor.

  • se verá más lindo vita mia -volteo buscando respaldo en Piero- ¿o no es verdad Piero?

  • pues a mí me gusta más la estrella.

  • no me apoyes tanto amigo -le lanzo una mirada asesina.

  • ¿Qué?, me pediste mi punto de vista y yo te lo di -el de lentes miro a Gianluca- ¿y tú qué opinas Gianluca?

  • que son un par de niños -rió- a mí no me metan en sus discusiones tontas. Dejen a las chicas encargarse de la decoración, nuestra parte será hacer lo que ellas nos digan.

  • ¡pero que mandilón eres! -sonrió Boschetto con picardía.

  • y mira quien lo dice Nazio -rió.

  • ya basta chicos -espetó la rubia mientras desenredaba un serie de luces navideñas- tenemos que apurarnos que sus padres no tardan en llegar.

  • Lucie tiene razón, ustedes no son los que tratarán de impresionar a sus suegros -vacilé.

  • no hace falta mi amor -respondió el de lentes- con solo verte quedarán sorprendidos. No te preocupes.

  • si pues claro -suspiro la castaña- ustedes lo dicen porque nos ven con ojos de amor, pero ¿Qué tal si Nina me ve con ojos de horror y me dice "lárgate de mi casa, eres un esperpento para mi hermano"?

Entonces la tensión del ambiente se había esfumado con el comentario de Fernanda, todos habían soltado una tremenda y sonora carcajada en coordinación.

  • no seas extremista Fer -espeté entre risas- no cabe duda que eres una actriz nata, tan melodramática como siempre.

Las horas pasaron demasiado rápido, apenas y tuvimos tiempo de terminar todos los preparativos para la hermosa cena. Los padres por fin llegaron al igual que el resto de sus familias, nos sentíamos un poco cohibidas al principio a excepción de Lucía claro está, ella era mejor con todas esas cosas de socializar, algo que se le daba de manera espontánea. Aunque cabe decir que la madre de Gianluca  no mostraba mucha aceptación por Lucía; la bombardeo con un millón de preguntas y demostraba desaprobación en ciertas cosas de su vida, pero luego la calma fue regresando junto con las presentaciones del pequeño y adorable Ernesto, quien parecía adorar la presencia de su nueva cuñada. Después llega el turno de Maryfer y al parecer todo por su parte estaba perfecto, la Señora de Boschetto se mostró muy satisfecha con la personalidad de nuestra amiga, le daba cualquier tipo de artilugios y le demostró que era de su agrado al igual que a Vito, el padre de Nazio. La parte difícil venía justo ahora que era mi turno… juro que estaba tan nerviosa que mis manos no paraban de transpirar.

  • pero que linda muchachita, Piero -dijo la madre de Piero, dirigiéndose a mí.

  • lo sé mamá… te presento a mi novia -el corazón me dio un vuelco al oírlo pronunciar esa oración, quería gritar de felicidad.

No era nada oficial lo que decía, jamás hablamos del tema y no me lo había propuesto anteriormente. Sin embargo el solo pensarlo me hacía tanto bien.

  • muchas gracias señora, Ariana Ferreira un gusto -extendí mi mano y ella la tomo con una sonrisa en su rostro.

  • el placer es mío, ahora déjame te presento a mis hijos -rió- o bueno los que faltan. Mira él es Francis mi hijo el mayor, luego va Piero claro esta y después esta linda niña que es mi hija menor María.

  • pero si eres una princesa, Mary -la pequeña me rodeo casi al instante- sabes… tengo que presentarte a una de mis mejores amigas, ella se llama igual que tú.

  • ¿y también es tan bonita como yo?

  • si claro que si -solté una pequeña carcajada.

Amaba tanto a los niños, tenía una extraña debilidad por ellos, y ahora sobre todo por la pequeña María. Ella me recordaba tanto a mí durante la infancia; tan fresca, espontánea y con todas las ganas de vivir… simplemente era tan adorable.

  • ¡todos a la mesa, hay que bridar! -gritó Gianluca.

Por Lucía:

  • amor ¿podríamos hablar un momento? -cuestione casi murmurando.

  • por supuesto -contestó sin perder la sonrisa- pero que sea rápido, ya todos se están sentando a la mesa.

  • está bien.

Lo arrastre hacia el jardín, convencida de que ahí nadie nos podría escuchar. Comenzaba a sentirme incomoda, y la fría ventisca me había pegado fuertemente en el rostro y parte del cuerpo al salir, no llevaba más que un vestido largo de noche cubriéndome no por completo.

  • ¿Qué sucede?

  • creo que será mejor que me vaya Gianluca -dije cabizbaja y cubriéndome los hombros del abrumador frío.

  • ¿Qué! -espetó exaltado- ¡no, pero porque si… apenas va empezando esto!

  • por eso mismo, no me siento cómoda con tu mamá siempre mirándome de pies a cabeza. La noche apenas empieza y yo ya me siento como innecesaria aquí. Parece que ya caigo de su gracia -dije  con cierta tristeza.

  • amor no, yo hablare con ella después no te preocupes. Ella siempre se muestra así con cualquier chica que se acerque a su "hijo". Debes entenderla, esta celosa porque le quitas a su niño de sus ojos, sumándole que es algo sobre protectora -me dedico una pícara sonrisa.

  • ¿y que hay con Ernesto? -suspire- ¿con él también es así?

  • por supuesto -rió- solo que de una manera distinta, toma en cuenta que el mundo de mi hermano gira en torno a futbol, juguetes y juegos de video. Está en la etapa en la que las chicas le parecen repulsivas.

  • tienes razón -reí- me controlare lo más posible, siempre y cuando me prometas que hablaras con ella sobre el tema.

  • te lo prometo -me dio un dulce beso en los labios.

Y así ocurrió, logre controlarme muy bien lo que resto de la noche. Comimos sin pleito alguno y entre muchas risas.

La hora de partir se llegó y los chicos amablemente se habían ofrecido a llevarnos de regreso a casa. Por lo que nos iríamos todos juntos en el auto del Sr. Ercole Ginoble, a diferencia de Piero, quien aseguro que el llevaría a Ari en el auto que su padre le había prestado para la ocasión.

Por Ariana:

Veía la nieve venir, veloz, fuerte, imparable. Sentía que, de algún modo  y por alguna razón, quería alcanzarme, quería llegar hasta mí, quería absorberme a un abismo enorme, un abismo oscuro pero con esa luz que te guía, un abismo que sería un túnel, hacia la libertad, hacia la noche de las mil estrellas y la esencia que brilla, hacia la noche de la Luna  más hipnótica del mundo. Pero el cristal del auto mantenía a la nieve lejos, la hacía chocar contra él, la hacía desvanecerse, el cristal que me separaba de la realidad, de lo absurdo, lo abstracto, el cristal era un límite que quería borrar. Quería gritar, quería romper el cristal, quería saltar del coche, borrar todos los límites y dejarme llevar por la nieve, dejarme llevar a la blancura de la Luna, al mundo de los mil espejos y de una sola cara, una única esencia, una única realidad: la libertad. La libertad que ahora estaba dispuesta a compartir con él, con mi mundo.

  • ¿te divertiste?

¿disculpa? -gire la mirada hacia él, retirando mi vista atontada del cristal.

  • ¿En qué tanto piensas? -sonrió.

  • solo miraba la nieve y me quede embalsada de ella, es todo.

  • genial -dijo, para luego dar una brusca vuelta al volante, pasando de largo la calle que daba a mi hotel.

  • Piero mi casa esta hacia la otra dirección -dije preocupada.

  • eso ya lo sé -sonrió- es una sorpresa que te tenía preparada.

  • ah entonces ya tenías todo planeado -espeté- incluso esa patraña del auto de tu papá.

  • parece que si -rió- calma, sé que te encantará.

Deje de protestar dedicándome solo a mirar atreves del cristal; pasaron aproximadamente dos horas desde que salimos de la casa de Ignazio y aun no llegábamos a nuestro destino sorpresa. Estaba desesperada por poder mover las piernas un poco y el sueño comenzaba a apoderarse de mí ser.

  • Piero muero de sueño, ¿Cuánto falta para llegar? -bostecé.

  • ya llegamosamore.

Entramos por un arco monumental enorme, con un lago de por medio y muchísimas casas rodeando la zona. Muchas de las estancias de la residencia presentan el pavimento decorado con mosaicos, formados por teselas coloreadas.

  • wow -miraba deslumbrada por todos lados- ¿en dónde se supone que estamos?

bienvenida a la Villa romana del Casale.

Estacionamos frente a una de las preciosas residencias y Piero bajo una maleta de la cochera de su auto. Sin duda tenía todo bien calculado y preparado.

adelante, pasa -me abrió la puerta de la estancia.

  • pero que bello es todo esto -suspire- lo que no comprendo es… que se supone que haremos aquí, sabes que mi padre me matará al volver.

  • creo que no escuche bien -me miro extrañado- ¿Dónde quedo la Ariana extrovertida que siempre decía que es mejor pedir perdón a pedir permiso?

  • se fue en cuanto tu llegaste a su vida -le bese la comisura de los labios.

descuida yo me encargare de Julian mañana, por ahora el plan será pasar la noche aquí y mañana recorrer toda este hermoso lugar. Tal vez un picnic en el lago estaría bien ¿o tu qué piensas?

  • que -entre a la habitación- que aquí solo hay una cama Piero -dije nerviosa, sentía mis mejillas arder y como se tornaban color carmesí.

  • ¿y eso te molesta? -sonrió- no haré nada, lo prometo.

entonces te creeré.

Las ansias se hicieron presentes, solo dormiríamos juntos pero… algo en mi me decía que si comenzaba a darse, quizás no sería capaz de tener el suficiente auto control que siempre tuve en mí. El hacía que todas mis emociones, todos mis ideales cambiaran por completo. Me sentía insegura de mi misma por primera vez. Y me dejaba dominar completamente por todo el amor que sentía por él.