Un amore cosi' grande — capítulo 30
Por Piero:
Casi justo después de entrar a la habitación, decidimos que dormir un poco. No nos caería del todo mal; al fin y al cabo el día de mañana sería algo ajetreado.
Ari no tardo en caer ante el sueño, sin embargo yo tarde un poco más de media hora en poder concebirlo. Mientras que este llegaba, yo la observaba descansar, parecía un ángel de aquella manera, tan indefensa y hermosa.
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Sin embargo al poco tiempo después un dulce sonido me había sacado del delicioso y profundo sueño en el que estaba sumido, se trataba de un par de notas musicales provenientes de una melodía interpretada por un piano. Parecía que en la misma habitación.
Me gire levemente con una atontamiento postrado en mi rostro, quise poder encontrarme con Ari y sus hermosos ojos verdes, pero ella no estaba en la cama.
Adormilado me reincorpore sentándome en la cama, zafándome de las sabanas por completo con gran velocidad solo para escuchar más de cerca aquella bella pieza y a su intérprete por supuesto.
Curioso salí de la recamara mirando hacia todos lados y siguiendo mi oído para lograr guiarme hacia dónde provenía la música. A los pocos segundos logre divisarla ante mí, era ella… sentada en un banquito de madera frente al bellísimo piano de media cola que descansaba en una pared de la enorme sala.
- cielos -murmure, me senté a su lado sin hacer ruido alguno para que ella pudiese continuar.
Se le veía calmada, con la mayor concentración del mundo y a la vez dejándose llevar por el sonido de la música, por sus sentimientos. Jamás la había visto tan segura de sí como lo estaba al rozar sus yemas contra las teclas del piano.
Termino por fin de interpretar aquella hermosa melodía, para luego cerrar la tapa del piano y dedicarme una mirada serena y llena de paz.
-
rayos… eres realmente buena -sonreí- ¿hay algo más que no sepa de ti?
-
soy un misterio -vacilo- lamento haberte despertado, tenía insomnio y entonces lo vi. No pude resistir tocarlo.
-
no te preocupes, fue algo muy grato -acaricie su mejilla- solo que ten en cuenta que son las tres de la mañana, hay vecinos y…
-
lo sé -rió- vaya, llevaba años de no tocar esa composición. En sí, de no tocar en forma un piano.
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no sabía que lo hicieras, ¿Cuántos años llevas tocando?
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¡toda la vida! -soltó una tierna risita- bueno prácticamente… sobre todo por -suspiro cabizbaja- por mi mamá.
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¿y eso fue bueno? -cuestione- digo, me refiero a que no fue de esas madres que obligan a sus hijos a tomar clases diariamente después del colegio ¿o sí? -vacilé.
-
pues no -rió nuevamente- no fue así, era algo que yo quería. Que me apasionaba más que a nada y todo empezó cuando la veía en sus presentaciones, idolatraba a mi mamá y a su trabajo. Herencia o que se yo.
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¿entonces, por qué ya no tocas más?
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porque… mamá murió por ello. Arruine el sueño que ella sembró en mí, fui tan mala hija -suspiro.
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eso no es posible mi amor -acomode su cabello, retirándolo de su rostro.
-
sí que lo es… ella estaba muy enferma, ya el doctor la había diagnosticado en fase terminal. Aun así mamá me consiguió una audición en *Juilliard.*Justo el mismo día que falleció. Yo estaba tan molesta, no quería ir a esa maldita audición, lo único que me importaba era permanecer a su lado el tiempo que le quedaba de vida. Pero ella me exigió que fuera, me obligo. Muy a mi pesar me presente en el auditorio del instituto, tocando de la manera más rápida y pésima que pude para salir rápidamente del lugar -pasó saliva con dificultad- luego llegue a casa, dejando todo a un lado para subir a verla. No quería darle la noticia de que había sido rechazada, pero de todas maneras ella la sabía. Me abrazo, me beso y me dijo que me amaba… pidiéndome como último deseo que tocará su pieza favorita. Me negué al principio, sabía que si lo hacía tal vez al subir ya no estaría conmigo. Sin embargo lo hice, baje y toque The Swan (Notte Stellata), con los ojos humedecidos y el corazón destrozado. Cuando por fin termine, subí a verla; ella aún estaba con vida… sonriéndome y esperándome con los brazos abiertos. Me abalance sobre ella y la bese, por última vez me repitió te amo, y se fue. En mis brazos.
-
Ari -la estreche- no te culpes. Al contrario, se fue satisfecha porque la complaciste hasta el último minuto, y sería más feliz si siguieras el sueño de ambas. Tu sueño…
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no te entiendo.
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haz la audición, olvida la universidad y ve a Juilliard.
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pero…
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piénsalo -sonreí- no necesitas decidirlo ahora, pero piénsalo. Serías muy feliz y a ella también le harías feliz.
-
entonces -suspiro- lo pensaré, será algo difícil después de haberlo abandonado todo en estos años.
-
genial -sonreí- ahora es tiempo de ir ¡a la cama!
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La cargue entre mis brazos para llevarla a la cama, no paraba de reír ni de patalear, posiblemente lo hacía para molestar de eso estaba seguro. La recosté delicadamente sin despegar mis ojos de los suyos. Hubo un momento en el que la atracción de nuestros labios era tan fuerte que no evite que sucediera. Para mi próximo movimiento me encontraba sobre de ella, recorriendo con mis manos su espalda hasta llegar a sus muslos. Logre separarme de sus labios por obra de magia, razonando lo que estaba a punto de suceder.
-
lo lamento -dije sin despegar mi cuerpo del suyo- será mejor parar, sé que no quieres que…
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no -me beso- te amo, quiero que esto suceda.
-
¿de verdad? -ella sabía que estaba muriéndome de ganas por hacer lo que siempre deseamos pero tratamos de contener hasta cuanto nos fuese posible, pero que mi terquedad me impedía ceder.
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si -sonrió.
Sin más no me dejo continuar y me beso, como si hubiese leído mi mente por arte de magia o telepatía para darle una explicación más lógica.
Se agacha despacito, como retándome a apartarle, con sus ojos brillando y su cabello suelto, trato de no ceder, pero el magnetismo puede más que la razón y me atraje hacia mí, dejando que me rosara con sus labios y rodeara con sus brazos. Paseo mis dedos por su cabellera rubia que llegaba hasta los hombros.
Por Ariana:
Siento como, lentamente, baja sus manos hasta mi trasero, como con fuerza pero delicadeza me levanta, como espera que enrede mis piernas por su cintura y como lo hago.
Nuevamente se detuvo, alejándose de mí esta vez por completo. Con la respiración agitada y dándole vueltas a la habitación tratando de contenerse o analizando el paso que estaba a punto de dar.
-
Ari, Ari -la separe unos centímetros de mí- ¿estas segura?
-
completamente.
-
¿tanto me amas? -sonrió con orgullo.
-
¡Barone! -gateé hasta la orilla de la cama- te amo y tú me amas eso es más que obvio, casi estoy aquí de rodillas suplicándote que me hagas el amor y ¿te pones a pensar en esas tonterías? Si no estás seguro, entonces haz lo que te diga tu corazón.
Se abalanzó sobre mí a tal velocidad que ni lo vi moverse. Su cara apareció de pronto frente a la mía, sus ojos maple mirándome fijamente. Su expresión era de amor y escondía más que una simple lujuria.
Desafiante y provocadora, levante la barbilla y deje al descubierto la suave piel de mi cuello. Aun consiente que mi actitud solo podía llegar hasta que me hiciera suya, pero me resultaba imposible no seguir tentándolo de aquel modo tan brutal.
Piero cerró los ojos e inclino sobre mí y, con una inmensa ternura, envolvió su boca con la mía. Lentamente desprendíamos nuestra ropa innecesaria y el acariciaba mi piel con suavidad.
Simplemente suelto una carcajada y escondo mi cabeza en su cuello, como si ahí pudiera esconderme del universo entero.
Entonces fue cuando lo sentí tan mío, yo tan suya y el emitió un gemido, una maravillosa sensación de debilidad se apodero de mí en cuanto esto sucedió. Arquee la espalda sin poderlo evitar. Mi corazón empezó a temblar intensamente, un temblor que se extendió por todo mi cuerpo, provocando un tremendo estremecimiento.
Y cuando me beso en cada rincón de mi piel que quedaba al descubierto, pensé que iba a explotar. El sabor de su boca en la mía resultaba imposiblemente te excitante.
Su boca se mostraba a hambrienta y necesitada, pero en lo absoluto compulsiva o brusca. Sus muslos temblaban de pura contención. Sabía a la perfección todo lo que me estuvo deseando al igual que yo, y obviamente de buena gana le permití esta noche hacer, aunque al principio se percibía con claridad sus esfuerzos por evitarlo a toda costa.
Me arrastro con delicadeza entre las sabanas de la cama sin separar ni un instante sus labios de los míos y me empujo sobre el suave colchón como un vaivén. Piero estaba encima de mí y cuando respire hondo, podía sentir su corazón latiendo con fuerza sobre el mío.
Enterré mis dedos entre sus cabellos y trate de atraerlo nuevamente hacia mí. Por muy cerca que lo tuviera, nunca sería suficiente. Fue larga la espera y deseaba tenerlo bajo mi piel, respirando su dulce aroma tan peculiar.
Deslice mis manos por su marcado y bien formado abdomen, desesperada por tocarlo. Su piel que ahora estaba ardiendo, era una sensación asombrosa que me llevo a clavarle las uñas en la carne. Logre oírlo gemir sin despegarse de mi boca. Sus manos se encontraron por fin el camino de mi pecho y acariciaron dudosas hasta llegar a la temblorosa piel de mi vientre.
Rogaba porque el momento no terminara jamás y que después de esta noche todo cuanto soñé se volviera realidad. Lo amaba, estaba enamorada profundamente de Piero Barone, el amor de mi vida.
-
te amo tanto Ariana -soltó de sus labios cansados.
-
también te amo -le bese los labios.