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Un amore cosi' grande — capítulo 32

Por Jess:

Estaba a un par de horas de aterrizar en el aeropuerto de Agrigento, y aun era hora que Piero no me contestaba el móvil. Mi vuelo fue bastante rápido, a pesar de haberse retrasado una hora, creí que sería un tiempo margen suficiente para poder contactar a mi novio.

La situación me tenía realmente nerviosa, no tenía ni la menor idea de donde vivía exactamente Piero, desconocía su número de casa y sumándole que Italia era un lugar completamente nuevo para mí. Tendría que buscar un hotel mientras lograba dar con él.

A pesar de que ya tenía mentalizada la idea de verlo de nuevo y ello me emocionaba demasiado, tenía un mal  presentimiento, algo en mi me decía que algo pasaría. Descartaba horrorizada la opción de que aquel sentimiento estuviera involucrado con Piero y su misteriosa indiferencia ante mis llamadas.

Solo deseaba que al bajar del avión todo lo que por mi mente cruzaba fueran solo sugestiones tontas de mi creación.

…

Hotel Villa Athena

Por Lucía:

  • ¡Deja de justificarte! -hice una rabieta- no sé por qué demonios la invitaste.

  • no sabía que su presencia te molestara tanto -dijo suplicante Alejandro- créeme cuando te digo que si lo hubiera subido desde antes, jamás la hubiera invitado a quedarse con nosotros.

  • no tienes que jurarme nada Alex -me cruce de brazos, haciendo un puchero- es tu amiga a fin de cuentas.

  • pero tú eres más especial para mí que ella -susurró ruborizado.

  • no comprendo -espeté confundida- pero… dejémoslo así. Mi única tranquilidad por ahora es saber que no está hospedada en el mismo hotel que yo.

  • que nosotros -dijo cabizbajo.

  • ¿Qué insinúas?

  • que -me tomo de las manos- siento alegría al saber que, en cierta parte esta molestia es por mí, supongo.

¿disculpa? -conteste ofendida- ¿de que estas hablando?

  • celos.

  • ¡te has vuelto demente! -reí- Alex te aprecio  mucho y lo sabes pero… no es por ti que siento celos.

entonces -asintió- claro, Gianluca. Como no me di cuenta antes -bufó- discúlpame fui un tonto.

  • nada de eso -sonreí- debo irme pero no sin antes decirte que te quiero -me alce de puntitas y le bese la mejilla.

gracias -sonrió.

Estaba justamente saliendo de la habitación de Alejandro cuando Gian logro sorprenderme, su rostro no reflejaba mucha felicidad que digamos. Se había molestado claramente, me esperaba una larga explicación y reproches de su parte. Casi podría jurar que ya lo estaba escuchándome decir "no seas insegura Lucie, yo te amo. Tú no tienes nada que hacer en la recamara de Ferreira y menos si están solos los dos".

-  ¿Lucia, que hacías ahí? -cuestiono serio.

  • ok -inhale profundamente, me relaje y proseguí- vamos a mi recamará y te cuento todo ¿de acuerdo?

…

Por Ariana:

Sin palabras. Al parecer se había quedado sin palabras y solo se dedicó a mirarme durante todo el trayecto, me dejó en casa, con un leve beso y la promesa de que mañana haríamos algo. Sonreí.

  • mañana iré a encontrarme con el representante de la casa editora.

  • cierto, bueno. ¿Te recojo cuando termines?

  • no, paso por tu casa sobre las nueve y vemos una película ¿te parece?

  • claro amor.

Un par de sonrisas antes de salir del coche, entré a la habitación de papá y lo salude, aunque el no estaba de muy buen humor por no haber avisado. Hablamos durante un rato y me fui a mi habitación, pasé cerca de hora y media haciendo nada, darme un baño, viendo la televisión, leyendo un libro, hablando con mi Alejandro un rato, ayudándolo en un tema que involucraba a Lucía, tratando de matar el tiempo, pero, dándome cuenta de que, después de todo, no tenía nada que hacer. Cogí la cartera, me coloquen unos botines y la cazadora de cuero, y salí del hotel dispuesta a hacer algo interesante. Mis pies me llevaron hasta la cafetería italiana que había en la plaza. Adoraba esos lugares, todo era de madera, la gente tenía algo en la mirada que les hacía parecer diferentes, el ambiente de magia extraña y urbana que se respiraba dentro me resultaba realmente atrayente. Entré y alguna canción de Tom Petty sonaba de fondo, sonreí mientras me acercaba a la barra tarareándola, pero, de repente, lo vi y fruncí el ceño.

Reproduce: http://www.youtube.com/watch?v=McJcYMCJRM4&feature=fvst

Estaba en una mesa algo apartada, y no estaba solo, al principio no le di importancia, pero cuando vi como ella se inclinaba y sus dientes atrapaban sus labios algo se partió en mi interior, y cuando vi que él correspondía gustosamente a sus juegos de labios, algo hizo clic, y recordé la voz de mi hermano, que, después de todo, tenía demasiada razón: "Te va a hacer daño, Ari. Daño de verdad, será mejor que te lleves este asunto con calma". Y todo se rompió, a fin de cuentas, era una traición, y por parte del hombre que amaba, a quien hace apenas unas cuantas horas me juro amor eterno y yo creyente cedí a darle más que  mi corazón. Afirmando que lo merecía. Respiré hondo y me acerqué a la mesa, estaban demasiado ocupados como para verme, por lo que golpeé levemente su hombro con mis dedos, se giró con una sonrisa, una sonrisa que se borró de golpe justo en el momento en el que mi mano encontró su cara.

  • ¡imbécil! -solté, sin más y me quedé tan a gusto que hasta sonreí levemente, pero era una sonrisa ácida, lo sabía.

  • Ariana, puedo explicarlo… -dijo realmente agitado, como si realmente estuviera preocupado.

  • ¿Ah, sí? -mis ojos comenzaba a aguarse. No podía evitarlo por más que quisiera fingir.

  • sí, tú eres especial. Te amo y ella…

  • pero nada, no creo que haya mucho que explicar. Yo confíe en ti, y tú te tiras a la gringa esta.

  • me llamo -la interrumpí.

  • me importa una mierda como te llames, cariño -repliqué sin mirarla y sin dejarla acabar.

  • Ari, por favor déjame explicarte, solo ha sido un beso…

  • no importa Piero, no se trata de si fue un beso o un polvo, se trata de que me has traicionado. Y yo confiaba en ti. Te amaba.

  • no, no digas eso Ari. Ella y yo no somos nada -rogó.

-Oh, vamos, eso son clichés. Porque no sean algo no significa que no me haya dolido. ¡Maldita sea! Duele Piero, ¡estuvimos juntos! ¿Tú crees que me tiro al primero que pasa?

 - yo no…

Mi mano volvió a impactar contra su cara.

  • Fui una  idiota. Eres un grandísimo imbécil, ¿lo sabes? ¿Especial me dices? Claro que soy especial, no hace falta que tú me lo digas. Pero a ti sí que te hace falta que alguien te dé un par de golpes y te diga a la cara que eres el más grande de los cerdos. Me has fallado en el peor momento, ¿te das cuenta? Aunque, en el fondo  estuviste ahí, así que… no importa, eres un maldito imbécil, pero uno que me ayudó cuando lo necesitaba. Así que gracias, mal nacido, muchas gracias y hasta nunca.

Por Jess:

-¡No te lo dije porque sabía que te iba lastimar, igual que lo acabo de hacer con Ariana! -juró Piero frustrado- soy el peor de los cobardes, ¿ahora entiendes porque mi evado hacia ti?

  • pero me iba a enterar igual, ¿no lo entiendes? -dije entre lágrimas.

  • pero solo quería...

  • no importa, ¿sabes qué? ya me da igual -salí huyendo del aquel lugar, corriendo para evitar que me retuviera. Mi presentimiento se había convertido en una realidad dolorosa.

Cuando mientes para tratar de que alguien no salga perjudicado, de que alguien no se entere de algo que le dolerá, de que alguien sufra menos parece que la mentira no es tan grave, parece que es algo simplemente solidario. Pero el problema surge cuando eso que ocultabas sale a la luz, cuando el dolor provocado es doble, cuando esa persona se siente traicionada por esa persona que consideraba el amor de tu vida, cuando esa persona sufre por eso que tratabas de ocultar. No hay manera de saber quién tenía razón o quien tuvo más culpa, tal vez fue la persona que oculta o tal vez la persona que se enfada con quien trataba de hacer que no sufriera...