Un amore cosi' grande — capítulo 34
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Por Ariana:
Llorar te desahoga, te relaja, hace que tu conciencia quede un poco más libre y cura un pequeño cacho de tu corazón... claro, eso es bueno pero a veces nos sentimos muy fuertes, tanto como para creer que no necesitamos hacerlo o simplemente queremos parecerlo y llorar no ayuda, ¿verdad? Dolor versus orgullo... ¿quien crees que acabaría venciendo, pequeña y frágil Ari?
Había permanecido tanto tiempo en la ducha que ya no sentía aquel reconfortante ardor en la piel, ese que te produce el agua caliente con el simple contacto de ella. Mis pies estaba completamente enrojecidos y mis dedo demasiado corrugados, gracias al exceso de agua en mi cuerpo. Debí pasar cerca de una hora sentada en el suelo de la regadera, abrazándome a mis piernas y dándole mil vueltas a la misma pregunta.
No tuve otra opción más que salir por fin de aquel blanco baño, sabía que si al hacerlo me moriría de la tristeza… no sería capaz de evitar llorar de nuevo.
Até mi negra y corta cabellera en una cebollita, algo que no solía hacer, acostumbraba dejarlo suelto. Recuerdo que a él le gustaba de esa manera, una vez lo oí decírselo por casualidad a Gianluca. Queriendo deshacerme de todo lo que a el tanto le gustaba de mí, escogí unos simples jeans, un sostén crema y un enorme suéter color rosado, holgado que dejaba ver gran parte de mis hombros. Unos botines cafés de cintillas y salí.
¿Entonces, estaba dejándole el camino libre a esa estúpida americana? ¿Le estaba cediendo tan fácilmente a Piero? ¿Es ella su felicidad, cierto?
Eternos pasillos… ¿me traerán de regreso su amor? No me di cuenta cuando fue que lo perdí, probablemente en el momento en el que logre obtenerlo. Mi necesidad de él no me dejo ver las cosas claras y mi torpe corazón se había equivocado.
Realmente llegue a creer que eras el indicado amor mio.
- ¿Ari? -una voz varonil retumbo dulcemente en mis oídos- ¿Por qué estas vestida así? En fin, solo quería invitarte a pase…ar.
Me gire para verlo, con mis ojos completamente hinchados por tanto llorar, y rojizos por no poder dormir.
-
¿te encuentras bien? -cuestiono el chico castaño.
-
seguro que sí -le hice un ademan, advirtiéndole que retrocediera- necesito salir -suspiré.
-
Ariana -insistió tomándome por el brazo, y entonces comprendió- Preciosa… ¿fue Piero, verdad?
Ignazio, tú lo sabías -respondí esta vez molesta- lo sabías y no me lo dijiste.
-
créeme que me hubiera encantado poderte evitar este sufrimiento, pero eso era algo que solo a él le correspondía decirte. Ponte en mi lugar, dime que harías tu si Lucía fuera la que le mintió a Gianluca, ella te lo confiaría y si tú lo previnieras diciéndole la verdad, tu mejor amiga se molestaría. Por el simple hecho de que deposito su confianza en ti.
-
entiendo -dije con apenas un inaudible hilo de voz, cabizbaja- yo solo…
No logré contenerme más y me rompí en ese momento, entre los brazos de Ignazio. Lo estreche con fuerza, temía que si lo soltaba me desmoronara en pleno corredor, que el mundo lograra herirme aun más. Sentí sus brazos rodearme con cariño, y su labios besar varias veces mi cabello.
…
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Por Jessica:
-
Gianluca me lo ha explicado todo -le dije sin mirarlo.
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genial -murmuró entre dientes, cabizbajo de la vergüenza.
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soy una estúpida.
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el estúpido soy yo, no tenías por qué saber nada. Ponerme así fue…-volteé mi cabeza para mirarle a los ojos. Déjame que te compense de alguna manera -dijo cortando mi frase a la mitad.
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no tienes que hacer nada -suspiré.
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sabes de sobra que sí. Quiero hacerlo, debo hacerlo.
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no quieres hacer enfadar a Ariana.
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en parte. Pero de verdad quiero hacerlo…
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no.
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si.
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no.
-
si.
-
no.
-
si.
-
no.
-
vamos. Sabes que mi intención jamás fue dañarte, te debo esto. No merezco tus lágrimas.
-
¿Con que me compensarías? No creo que exista algo que alivie este dolor.
-
no lo se, deja que lo piense.
-
cuando lo sepas me llamas -suspiré, teniendo ahora una esperanza.
-
por supuesto -embozó una sonrisa a penas duras.
Sonrisas en los rostros, un poco más de brillo en los ojos, disculpas en el aire y lágrimas ocultas, sentimientos reprimidos y leves despedidas en la puerta de casa. Un guiñó descarado y una imperfecta sonrisa en su rostro. Le miro caminar hasta perderlo de vista casi sin darme cuenta, hacia tanto que no le veía. Suspire y tras sacudir la cabeza subí a mi cuarto. Una cama y alguien dentro intentando dormir. Pensaba en todo y en nada intentaba soñar con recuerdos agradables, quería pensar en él pero quería hacerlo bien. Pensaba en cuanto había cambiado Piero, en las sonrisas de cuando estábamos en Los Ángeles, las caricias y los besos, las risas y las lágrimas. Todo y nada. A penas sentía su presencia, apenas sentía nada en ese momento. Solo quería dormir.
Solo pensaba en ¿lo habré perdonado?
…
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Por Lucie:
En algún momento de tu vida puedes llegar a preguntarte si cuando todo da vueltas es que la tierra está girando más rápido o si es que se esta produciendo un salto temporal, pero entonces recuerdas el tequila y la absenta, entonces te das cuenta de que no tienes la boca pastosa por nada, ni la cabeza te duele por un misterioso golpe. Hundí mi cara en la almohada, tratando de recordar algo, cuando me di cuenta de que tenía una textura extraña, una que no se parecía para nada a la funda lisa que vestía la almohada del hotel, levanté la cabeza, demasiado rápido, al parecer, y tuve que volver a dejarla caer en la almohada. Al segundo intento, algo más despacio, conseguí levantar la cabeza y me senté en la cama, un vistazo a mi alrededor me bastó para aclarar tres cosas: Primera, estaba desnuda, segunda: estaba desnuda en una cama que no era la mía, tercera: estaba desnuda en una cama que no era la mía y, obviamente, la habitación tampoco era mía. Fruncí el ceño, la habitación me sonaba de algo, pero no conseguía saber de que. Cerré los ojos, abracé mis piernas contra mi pecho y apoyé la barbilla en las rodillas, eso era desquiciante, no recordaba nada y tenía la impresión de haberla cagado, pero cagado a lo grande. Me masajeé las sienes y algunos flashes vinieron a mi cabeza, rock de hace años, tal vez los 80', tal vez los 60', muchos shots, unas ganas insaciables de olvidar la realidad, carcajadas, mis pies encima de una mesa, usándola a modo de plataforma, Gianluca en todos los sitios y a la vez en ninguno, y… mi cabeza iba a explotar. Empecé a apretar más en mi intento de masaje, necesitaba una aspirina, y agua, mucha agua. Abrí los ojos en un intento de encontrar mi ropa, pero al parecer había desaparecido por completo, maldije por lo bajo mientras alcanzaba una camiseta que estaba en la silla de la esquina, según me la ponía me di cuenta de que olía bien, olía a su colonia y como a alcohol, sonreí, olía a él, por lo que, después de todo, no la había cagado, no tanto al menos. Cuando me puse la camiseta localicé mi ropa interior en la esquina de la cama, suspiré mientras acaba de vestirme, si a eso se le podía considerar vestirse. Salí de la habitación siguiendo el sonido de lo que parecía música, pero música asquerosamente mala, fruncí el ceño mientras entraba en la cocina, un castaño estaba de espaldas y parecía estar intentando cocinar mientras la asquerosa voz demasiado aguda de un intento de cantante salía por los altavoces de la radio. Un leve olor a quemado se apreciaba en la sala por lo que podría decir que, lo que sea que estaba haciendo, no le estaba saliendo demasiado bien. Sonreí.
- buenos días por la mañana, cara bonita.
Se sobresaltó y un estrepitoso sonido inundó la cocina cuando la paleta que estaba usando, sabe Dios para que, salió volando e impactó contra el fregadero, gemí por lo bajo, el sonido había ido acompañado por una profunda punzada de dolor.
-
me asustaste mi amor -comentó mientras recogía el cacharro hacedor del sonido y volteaba a mirarme.
-
no inventes, ¿de verdad? -dije arrugando la nariz- necesito una aspirina.
-
a sus ordenes, Señorita-me-emborracho-hasta-más-no-poder-y-trato-de-violar-a-un-pobre-chico-inocente.
-
¿No había un nombre más largo verdad?
-
lo cierto es que sí, pero me parecía excesivo, ya sabes -sonrió.
Rodé los ojos mientras me acercaba un vaso de agua y la aspirina, tragué la pastillita sin ninguna complicación, para sorpresa mía, y me bebí el agua como si llevara años sin beber nada. Varios minutos más tarde, un nuevo intento de huevos revueltos y yo sentada sobre la mesa.
-
¿Qué pasó anoche? -pregunté cuando conseguí armarme del valor suficiente para admitir que era una estúpida que se había despertado desnuda en una cama ajena y no recordaba nada.
-
fuimos a un café para hablar y aclarar las cosas. Pero luego resulto que fuimos a una fiesta, me arrastraste a una fiesta, mejor dicho.
-
hasta ahí recuerdo.
-
bebiste, demasiado, trataba de que pararas, pero decías que no, que necesitabas escapar del mundo.
-
ajá…
-
y bueno, decidí que si seguías a ese ritmo te iba a dar algo por lo que te saqué de la fiesta y te monté en el coche. Y…
-
¿Y…?
empezaste -me miro sonrojado.
-
¿A qué? -de repente otro flash me vino a la cabeza y me llevé las manos a la cara- Oh, no, dime que no…
-
no puedo decirte que no -me sonrió, hecho un tomate por la pena que lo invadía.
Flashback…
El coche, dos personas, una que no dejaba de decir estupideces y otro que trataba de colocarle el cinturón.
-
para, estate quieta…
-
vamos, nos lo estábamos pasando tan bien, solo otro ratito.
-
maldición, para un segundo y deja que te abroche el maldito…
Y no podía seguir hablando porque mis labios se habían apoderado de los suyos con una necesidad casi frenética, y mis manos trataban de alcanzar cualquier parte de su cuerpo. Al principio trató de apartarse pero cuando acabó cediendo mis manos empezaron a levantar su camiseta y se separó de golpe.
-
Lucie, estás borracha, nos vamos a casa -me colocó el cinturón, durante ese instante estuve quieta, pero con una extraña sonrisa en la cara.
-
claro, a casa -sonreí con picardía.
Me miró con el ceño fruncido mientras arrancaba el coche, pasaron dos minutos hasta que mi mano se posó en su rodilla y mi sonrisa se ensancho, empecé a trazar un camino por su pierna hasta que retiró mi mano, tres intentos bastaron para que reaccionara.
-
no soy de piedra Lucie, basta ya, por favor.
-
¿Por qué? Dijiste que me amabas.
-
pero estás borracha.
-
y tú te repites como un disco rayado.
-
Lucía, sería técnicamente como aprovecharme de ti.
Gianluca, sería técnicamente, como… demonios, no se me ocurre nada -mi voz sonaba rara, lo sabía y mis neuronas no estaban en su mejor momento.
- mejor.
Aparcamos el coche frente a su casa y me faltaron segundos para abalanzarme sobre él, recordaba como cedía y como, al final, movió el coche hasta su garaje, como me cargó en brazos según entrábamos por la puerta, mis piernas enredadas en su cintura, mi espalda chocando contra las paredes, nuestros labios sin ser capaces de dejar el cuerpo del otro, cada vez sobraba más ropa y quedaba menos espacio. Eran flashes de nuevo, la cama, él sobre mí, rodar para quedar encima, reír y sentir como él buscaba esas carcajadas, besarle y morderle, ser besada y mordida.
Fin del Flashback…
Estaba empezando a sonrojarme, lo sentía, una carcajada escapó de mi garganta.
-
Dios, pero que ridícula soy.
-
en realidad, a mi me parece que eres realmente sexy -me besó- te amo.
Volví a reír, huevos revueltos, conversaciones absurdas, mucha agua y sonrisas, muchas sonrisas. Estaba medio corriendo por la sala, en un intento de que no me hiciera cosquillas para torturarme y que me duchara con él, palabras textuales.