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Un amore cosi' grande — capítulo 35

Reproduce:

Por Ariana:

Salí decidida del hotel. Llegué en tiempo récord al supermercado y volví más rápido  si cabe, tras revisar una y otra vez las instrucciones del producto decidí hacerlo. Veinte minutos después, una sonrisa absurda en mi rostro y el pelo de color naranja. Puse la música lo más alto que pude y, con ella resonando por toda la habitación, me dediqué a bailar y saltar por todas partes como hacía demasiado tiempo que no hacía. Reía como desquiciada y cantaba desafinando todo lo que se podía. Varias canciones más tarde, justo cuando cruzaba el pasillo de nuevo la puerta de la entrada se abrió de golpe dando paso al castaño de grandes ojos. Por un momento los dos nos quedamos congelados justo donde estábamos.

  • Ari la puerta estaba abie… rta -me miro anonadado.

  • buenas tardes -dije sobre la música con una sonrisa en mi rostro.

  • ¿Ariana?

  • no, Jesucristo -contesté rodando los ojos.

  • tu cabello…

  • ¿Acaso no es genial? -sacudí el pelo alborotándolo más aún si se podía.

  • pero…

  • puedo cambiarlo si quiero, o si me aburro.

  • anda, apaga eso, pelirroja -Dimitri, solo ese tono cargado de cosas que no quería mencionar podía ser suyo.

Reí y bailoteando entré a la sala de estar para apagar la mini cadena, que después de todo, tenía más volumen del que jamás pensé. Me iba a girar cuando sentí un aliento contra mi cuello.

  • estas realmente sexy así -murmuró antes de girarme.

  • gracias -dije ruborizada.

Iba a replicar, aunque aun no estaba segura sobre eso, pero de repente no había nadie detrás de mí, me giré de golpe y vi a Dimitri caminando hacia donde estaba Alejandro, quien iba pasando por mi puerta, Dimitri se giró y me guiñó un ojo antes de salir, cerró la puerta, todo pasó entre un pestañeo y el siguiente. Sacudí la cabeza y subí escaleras arriba, cogí un rotulador y taché la primera cosa de la lista: Teñirme de pelirroja. La siguiente era algo más complicada, pero pensaba cumplirla. Me dejé caer sobre la cama cuando de repente mi móvil empezó a vibrar, con el ceño fruncido le saqué de mi bolsillo, lentamente mis cejas se fueron elevando mientras leía en contenido del mensaje:

"¿Salimos a dar un paseo? Maryfer se ocupará toda la tarde y pienso que te haría bien algo de compañía."                                                                                                                                         Nazio B.

Sentí como me reía, mientras un absurdo recuerdo que nada tenía que ver aparecía en mi cabeza… Yo realizando una lista de mis sueños frustrados en mi afán por deshacerme de todas aquellas cosas que Piero amaba o debería decir, amo de mí. Empezando por mí cabello.

Volví en si rápidamente, contestando un "si, te espero en quince" como respuesta al sms de Nazio. Tenía tanto derecho como el a hacer de mi vida una diversión eterna si me placía.

Quince minutos después llaman a la puerta y un apuesto castaño de cejas tupidas tras de ella, su sonrisa parecía agrandarse mas al ver mi nuevo yo.

  • pero que bien te ves -sonrió el castaño- ¿a dónde le place ir, pelirroja?

  • gracias -sonreí aun más- vamos a gastar dinero a lo tonto ¡ahora!

Le tomé del brazo justo después de cerras estrepitosamente la puerta de mi habitación, tanto escandalo provoco mi portazo que tenía por seguro que  todos se habían enterado de mi partida.

Foster The People sonando alto en la radio, cantos no tan afinados, pizza, bolsas de ropa mucha ropa, sonrisas ahogadas por risas absurdas que parecían provenir del simple hecho del bien que me hacía su compañía, tiramisús, una película, fotos de todos y cada uno de los lugares a los que llegamos, más tiramisús y diversión desbordante.

…

Por María Fernanda:

Con un milagro había logrado salir temprano de los ensayos, pasé por casa de los Boschetto a buscar a Nazio y me encontré con la sorpresa que aviso que me iría a visitar. Más fue mi impresión cuando al llegar a mi habitación del hotel, mi madre no estaba y él tampoco se encontraba ahí. Luego llaman a la puerta.

  • ¡Nazio! -mi sonrisa se borró- a eres tú Lucía.

  • cuanto te alegra verme -dijo con sarcasmo,  pasando directo a sentarse- tengo tanto que contarte.

  • si, lo imagino…

  • me paso lo mejor de la vida ayer -suspiro.

  • ¿has visto a Ignazio, por casualidad?

  • ¿me estas escuchando siquiera? -dijo molesta.

  • lo siento -espete cabizbaja- estoy distraída, mi mamá se salió a quien sabe donde, pensé que Nazio estaría aquí cuando regresara pero tampoco lo encuentro por ningún lado. Y su móvil esta apagado, me manda al buzón.

  • déjalo respirar un poco, el chico se pasa la vida esperándote, procurándote y a tu lado siempre amiga.

  • creo que tienes razón ¿pero y mi madre?

  • seguramente bajo a comer o que se yo. No pensarás que se quedarán aquí aburridos esperándote hasta que llegues ¿cierto?

  • es cierto -bufé- bueno… cambiemos el tema y cuéntame ¿qué es eso tan magnifico que te sucedió anoche? Sea lo que sea te tiene radiante.

  • Ayer… en la noche, Gian y yo… -suspiro y exhalo tras una sonrisa- estuvimos juntos -sonrió nuevamente,

  • ¡¿Qué?! -dije boquiabierta pero a la vez sonriente, me alegraba mucho por ella.

Una parte de mi cerebro realmente prestaba atención a la conversación con Lucía y me sentía contenta con lo que le había sucedido, eso la llenaba de alegría al igual que ella y yo no quería ni podía destruirle aquello con mis preocupaciones. La otra parte de mi cerebro no podía dejar de lado el hecho de que Nazio había mentido en su casa, que mi mamá no aparecía y que ninguno de los dos se dignaba a llamarme, nunca he sido la clase de chica celosa al extremo y no tendría por qué empezar a hacerlo ahora, esa era la única razón que me mantenía quieta.

…

Hotel Villa Athena

Narrador Omnisciente:

Dieron las ocho de la noche, la pelirroja reía y su risa inundaba todo el lobby. El castaño de cejas tupidas acompañaba unísono la risa de la chica, habían pasado un momento realmente agradable, tanto que ni de la hora se percataron hasta  que vieron el cielo oscurecer.

  • Gracias por lo de hoy, me divertí muchísimo -sonrió la pelirroja.

  • no me des todo el crédito a mi. Eres una lindura de persona.

  • adulador -le golpeo en el brazo izquierdo.

  • sabes… aun es temprano y tengo una excelente idea para aprovechar el tiempo que nos queda -sonrió el chico.

  • ¿pero… y Fernanda?

  • ella llega más tarde -su sonrisa permanecía pero se había tornado algo rígida- anímate, te fascinará lo sé -le tomo de la mano- ¿vienes?

  • claro -sonreí.

  • pero debes cerrar los ojos. Solo ábrelos hasta que yo te lo diga.

  • de acuerdo, de acuerdo.

Un par de tropezones mas tarde lograron llegar a la sala de espectáculos del hotel, Ignazio no permitió que la chica abriera los ojos hasta que estuviera sentada y completamente cerca de su tan genial idea.

  • ¡Llegamos! Puedes abrirlos -dijo el castaño.

  • ¿el salón de espectáculos? -alzo una ceja.

  • pero que aguafiestas eres… ven -la acerco al piano y comenzó a interpretar una conocida melodía por la pelirroja.

  • no sabía que tocaras.

  • si eres amante de la música al igual que yo, tratas de involucrarte con  ella lo más que te sea posible -sonrió el chico- canta conmigo.

Reproduce: http://youtu.be/3qtJar2v9B4

  • claro que no -rió la chiquilla a más no poder- aquí el único cantante eres tu ¿Qué te hace pensar que lo haré?

  • que sabes la letra -comenzó a cantar.

La canción era una balada muy del gusto de Ariana y la manera tan contagiosa en la que Ignazio la interpretaba hizo ceder a la pelirroja, no era tan mala después de todo. Como había descrito el castaño, la música era su más grande amor, al igual que para ella. Y aunque evitaba demostrar su gran pasión, cada oportunidad que se le presentaba terminaba por aprovecharla.

Los dos pasaban un buen momento haciendo lo que más disfrutaban.

Por Dimitri:

Baje para encontrarme con Ariana, hacia un tiempo considerable que me avisaron que había llegado más sin embargo, ella no subió a su departamento. La busque por todo el lobby pero no logré dar con ella. No fue hasta que escuche música proveniente del salón principal que me di cuenta de la razón de su demora, cantaba como nunca antes había notado y acompañada del otro italianito pesado, quien creía era pareja de una de las amigas de Ari.

No pensé ni dos veces en entrar a interrumpir semejante escena que dejaba brotar mis más remotos y profundos celos, pero logré escuchar que alguien se acercaba así que no tuve otra opción que esconderme.

Se trataba del imbécil de Piero Barone… no tenía ni la mínima idea del porqué de su visita fuera de lugar y no tenía la intención de averiguarlo, solo observaba con cautela mientras me escondía tras una pared, el espiaba con extrañez y desanimo la misma escena que hacia unos pocos segundos también yo había presenciado. Sabía que estaba igual o incluso más celoso que yo. Preocupado, llevo sus lentes hacia el centro para evitar que cayeran e hizo su cabello hacia atrás, pensó unos minutos como si quisiera entrar, y después simplemente se fue…

Yo tampoco obtuve el valor como para arruinarle el momento a mi pequeña Ari, se veía realmente feliz como hace días no sonreía, lo único que se la pasaba haciendo era llorar por ese idiota de Barone. De todas maneras no pensaba permitir que el otro italiano me la quitara así como así, solo me quedaba una visita por hacer para que todo este asunto se solucionara.