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A golpes — capítulo 3
Terminé de recoger sus juguetes, de hacer nuestras camas y simplemente me senté en el suelo y miré a mi alrededor. Todo tan organizado, meticulosamente reordenado. Claro, mis malditas manos recogían su mierda. Por supuesto. ¿Quién había especificado, que los hombres trabajaban?
- ¡Vámonos a dormir, ya!- me gritó, y yo simplemente alcé mi cabeza. Seguramente, se aprovechaba de mí en la cama, para dormir placenteramente.
Me recosté a su lado y simplemente, me enrollé en sábanas. Con mucha parsimonia, miré en dirección a la puerta y luego, sentí dos manos que subían por mi vientre, dentro de mi pijama. Bien, Blaize tenía deseos de jugar otra vez. Llegó hasta mi pecho, permaneció allí.
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Un día pesado- dijo y yo solamente quería girarme y decirle cuánto lo había sido. pero sé, que hablaba de él- Necesito relajarme un poco- dijo y mi pecho estaba siendo masajeado. Se sentía tan asqueroso. De todas formas, eso siempre derivaba en una cosa. Yo, sintiéndome excitada, "yo" queriendo tener algo con él. Claro, por supuesto. Yo siempre tenía la culpa.
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¿Me podría dormir?- dije, con el tono más amable que pude. Él no me dijo nada y supuse, que me golpearía o me pellizcaría un pezón. Qué se yo.
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Sí mujer, duérmete ya. Cada día, amaneces más fea. Así que, a ver si eso te sirve.
No dije nada y sonreía con ironía. ¿Más fea? El único mierda en la casa, era él. Claro, otra vez, yo era la peor. Y en esa mañana, estaba feliz de que él se hubiese ido tan temprano. Caminé hacia la cuna y saqué a la bebé de la misma. Ella estaba feliz de verme y sin embargo yo, no entendía qué tanto le gustaba de ella y no de mí.
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¡Ma... má!- me dijo y yo simplemente la miré. ¿Por qué te ama más que a mí? ¿Por qué a mí no me puede tratar como te trata a ti? ¿Por qué sueño con tu inexistencia? ¿Y si te fueses, él ya dejaría de molestarme? Volviste a mirarme y con tus manos sobre mi cara, me alejaste de los pensamientos- ¡Mama mama mamá!
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¿Qué sucede?- te pregunté y sonreíste. Tocaste ese morado que tanto me duele y que ahora no podía maquillar. Me quejé y me dejaste en paz. Claro, el amor de mi "esposo" era nada más que ella. Nada más que su maldita hija. Pero mis morados, ellos, ellos me hacen compañía.
- Mamá...