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Historia 43943 — capítulo 3

Harry Potter tenía tres años la primera vez que le preguntó a su madre cómo se había hecho la cicatriz en la frente. Era una tarde de verano. Ayleen y Lucy volaban en sus escobas de juguete. Sirius las vigilaba mientras Lily y Laura preparaban una merienda. Harry estaba coloreando los dibujos de un libro y se miró al espejo y le preguntó a su madre.

-Mami, ¿Qué me hice acá? - Lily cerró los ojos un segundo. Sabía que el niño algún día preguntaría eso, y también sabía que debía decirle la verdad… Pero le parecía muy difícil.

-Ven aquí que te explico - dijo mientras lo levantó y lo sentó en su falda - Eso te lo hizo un mago muy malo. El mismo que mató a Papi. Quiso matarte a ti también, pero no pudo.

-¿Por qué no? - preguntó el pequeño.

-Porque Papá dio su vida por ti. Eso es una magia que crea una protección que impidió que te maten, y que además, hizo que el mago ese perdiera sus poderes.

-¿Se volvió muggle?

-No, desapareció. Algunos magos creen que está muerto, pero yo no creo.

-Ese mago es muy malo, porque me quería matar y yo no le hice nada. Y además mató a mi papi y yo no lo conocí, y Ayleen tampoco.

Luego del momento tenso, todos merendaron en silencio, sólo se escuchaban risas de Ayleen y Lucy.

Un año más tarde, Leen, como le decían a la menor de los Potters preguntó a su madre.

-Mamá ¿Por qué no tenés hermanos? Laura tiene una hermana que tiene un hijo, y ese hijo es primo de Lucy. A mí me gustaría tener primos.

-¡Sí! Yo también quiero tener primos, mami - dijo Harry.

-Bueno, la verdad es que sí tengo una hermana. Pero ustedes no la conocen. Vive aquí cerca, lo que pasa es que no nos llevamos bien.

-¿Y tiene hijitos tu hermana? - preguntó su hijo entusiasmado.

-Sí, tiene un hijo de tu edad.

-¡Quiero conocerlo, Mami! ¡Yo quiero conocer a mi primo! ¿Cómo se llama? - gritó Harry.

-Se llama Dudley Dursley.

-¡Va conmigo al jardín! Pero es malo, siempre le está pegando a todo el mundo. Quiero otro primo. - protestó Harry.

-Lo siento, pero es el único primo que tienen, y no tienen otros tíos.

-¿Por qué papi no tuvo hermanos? - quiso saber la pequeña Ayleen.

-En realidad - dijo Lily - sí tuvo. Pero las mató Voldemort antes de que ustedes nacieran. Las mellizas, Sarah y Abril, eran un año menor que su padre y yo. Estaban solas en su casa cuando atacaron los mortífagos.

-¿Qué edad tenían? - preguntó Harry.

-Catorce años. - dijo Lily con pesar.

Cuando Harry cumplió los seis años, su madre lo llevó a comprar el uniforme para su primer día de clases. Ayleen comenzaría el jardín, pero ella quería ir a la primaria con su hermano. Luego de comprar lo que necesitaban, Harry insistió a su madre para que le compre una escoba de verdad.

-La de juguete vuela muy bajito, quiero una de verdad ¡Por favor mami! ¡Dale, cómprame una escoba!

-¡Yo también quiero una escoba de verdad! - protestó Ayleen.

-No, los quiero demasiado como para dejar que se estrellen con una escoba. No les voy a comprar escoba a ninguno de los dos.

-Entonces quiero un animalito. - dijo Ayleen.

-Eso puede ser. Vamos.

La niña eligió un puffskein al que llamó Elmer.

-Harry, chiquitín de mami, vamos, despierta. - susurró Lily al oído de su hijo mientras él dormía. - Vamos, hoy comenzarás las clases ¿No querrás llegar tarde?

-No, mami. Ya me levanto. - respondió el pequeño mientras se desperezaba.

-Mami - Ayleen acababa de entrar al dormitorio de su hermano - Yo también quiero ir a una escuela.

-Ya te dije que cuando cumplas seis. - respondió Lily. - Pero vamos a vestirte así acompañamos a Harry a su primer día ¿Sí?

Lily le puso a su niña su blusa preferida y una pollera de jean. La calzó con unos lindos zapatos negros. Después peinó su cabello con una media colita que abrochó con un moño. Luego bajó con la pequeña a preparar el desayuno. Un minuto más tarde, Harry bajó luciendo su uniforme nuevo.

Los tres desayunaron conversando alegremente. Lily le recordaba a su hijo que no comentara en la escuela que volaba en escoba, ni nada referido a la magia.

-¡Ya lo sé, Má! - replicó el niño.

-Hay algo que yo no entiendo - intervino Ayleen.

-¿Qué cosa, Princesa?

-¿Por qué a los muggles no les gusta jugar al quidditch?

-Porque no saben - le explicó Harry.

-¿Y por qué ningún mago les enseña? Porque si no, pobrecitos, no se pueden divertir nunca. - opinó la niña.

-No pueden aprender a volar. - explicó su madre - pero se divierten con otras cosas.

En ese momento llegó Alice. Ella y su marido habían decidido enviar a su hijo a un colegio muggle, y como el niño era amigo de Harry, decidió que vayan juntos. Había convenido con Lily en dejar a Neville en su casa un rato antes de la hora de entrada.

La escuela quedaba cerca, Lily salió con sus hijos y su ahijado quince minutos antes de la hora de entrada. Llegó al edificio y entró.

-Mami - susurró Harry.

-¿Qué pasa, Tesoro? - preguntó inclinándose hasta pegar su oreja a la cara de su niño.

-¿Y si algún compañero se da cuenta de que soy mago? - preguntó el niño preocupado.

-No se darán cuenta. - dijo mientras se erguía. En ese momento sus ojos se detuvieron en una mujer que hacía muchos años no veía. La mujer clavó sus ojos castaños en ella, con un gesto como de miedo.

-Hola, buenos días - saludó una maestra - ¿Primer grado?

-Sí - respondió Lily. Seguía mirando a la mujer del otro lado del patio. De su mano iba un niño gordo de cabello rubio.

-Perfecto. - dijo la maestra - Yo soy la señorita Anne Swann.

-Lily Potter, él es mi hijo Harry y él mi ahijado Neville Longbottom.

-Bueno, Harry, Neville, vengan por aquí. Lily, puedes esperar allí la formación - indicó la maestra señalando un espacio a pocos metros de distancia. Un minuto más tarde vio como la señorita Swann se acercaba al niño rubio, que no quería separarse de su madre. La mujer se dirigió hacia donde estaba Lily con el resto de las madres de primero.

-Hola, Tuney. Tanto tiempo sin verte. - saludó Lily.

-Agradecería que no me llames así.

-Está bien, Petunia. Ella es mi hija Ayleen. - dijo señalando a la pequeña que miraba tomada de su mano. - Ayleen, ella es tu tía Petunia. - la niña sabía que su madre tenía una hermana con la que hacía años no hablaba.

-Hola, tía Petunia - saludó Ayleen.

-Hola niña. - respondió la mujer con los labios tensos. - ¿Y no tenías un niño? - preguntó a Lily.

-Está formando con los de primero. Es el que está…

-Tres por delante de Dudley. Es idéntico al bueno para nada.

-Petunia, por favor, no me obligues a echarte un maleficio y luego desmemorizar a todos los muggles.

-Está bien. Tu niño es igual a su padre. A propósito de Potter, oí que lo mataron ¿Es cierto?

-Sí, es cierto.

Para Navidad, Harry y Ayleen recibieron cada uno una escoba voladora, regalo de Sirius. También le había regalado una a su hija, por lo que los niños pasaban las tardes jugando quidditch.

Ayleen y Lucy tenían cinco años el día que descubrieron que Sirius era animago. Las dos niñas estaban jugando en la vereda muy tranquilas. Ayleen tenía en sus brazos una muñeca que paseaba en un cochecito de juguete, y Lucy había armado con unas cajas un "supermercado" al que su amiga iba con su bebé a hacer las compras.

-Buenos días señora - saludó Lucy cuando Leen se acercó.

-Buenos días, estoy buscando leche para bebés.

-Tengo esta que vale tres libras, y esta otra de…

-¡Cuidado Lucy! - gritó Ayleen cuando vio que un perro siberiano se acercaba gruñendo atrás de su amiga.

-Aaaaaagghhhhh - gritaron las dos niñas y salieron corriendo. El enorme siberiano blanco las perseguía. Lily, Laura y Sirius estaban tomando un té y oyeron los gritos de las niñas. Salieron todos a la vereda a ver que ocurría, seguidos de Harry.

Cuando vieron que el perro las estaba por atacar Lily sacó su varita, pero antes de que pudiera lanzar una maldición, Sirius ya estaba convertido en un enorme perro negro que atacó al siberiano. Los dos perros se ensartaron en una feroz pelea mientras las niñas corrían con sus madres.

-¡Impedimenta! - gritó Lily apuntando al perro blanco que enseguida quedó tendido en la vereda. Sirius volvió a su forma humana y miró varias veces a ambos lados de la calle. No había nadie. Ningún muggle los había visto.

-¡Puedes convertirte en perro! - exclamó Lucy emocionada mirando a su padre.

-¿De qué imbécil es este perro? - preguntó Sirius furioso.

-De la vecina del frente - dijo Laura.

Sirius fue a la casa de la vecina a exigirle que mantuviera a su perro encerrado si no quería que él mismo lo mate.