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Historia 44340 — capítulo 4
Cruzó rápidamente una mirada con Juliette a su lado y luego se volteo hacia Madeleine para responderle....
-Es que mi padre quería trasladarme aquí a Beauxbatons, pero no pudo por problemas personales, hace una semana se le presento la oportunidad perfecta para que viniera a la academia y... aquí estoy-dijo Rose terminando la oración con falsa emoción. Madeleine asintió pensativa y luego continuo con otra conversación. Rose suspiró aliviada y Juliette le susurró al oído "muy bien".
Luego de la cena, Juliette y Rose se dirigieron a su habitación. Allí se encontraban otras dos chicas que según la rubia se llamban Claire y Laurine. Cuando elas se durmieron las amigas comenzaron a hablar, esta vez de las familias de ambas y otros datos que no tuvieran que ver con el novio de Rose.
Los días sucesivos fueron muy tristes para Rose, extrañaba a Scorpius tanto, que sentía que le costaba respirar cada vez que pensaba en él. Era como tener constantemente un mano estrujando su corazón, haciendole recordar la falta que le hacía estar sin su novio, y la desesperación por volverle a ver. Trataba de encerrar los recuerdos, no para olvidar, sino para amortiguar el dolor. Sus ojos pedían a gritos que las lagrimas salieran pero Rose se negaba a llorar de esa manera y mucho menos frente a tanta gente desconocida. Juliette ayudaba de sobremanera a Rose. Le levantaba el animo, trataba de distrerla y la consolaba cada vez que los recuerdos escapan libres por la mente de Rose y las lagrimas ganaban la batalla que se libraba constantemente en los ojos de la misma. Todas las noches trataban de pensar en la manera de que Rose se encontrara con Scorpius. Pero no había forma. Ninguna de sus ocurrencias era practicable o, siquiera, realista.
El domingo de esa primer semana por fin llegó. Al despertarse, Rose agradeció como el día anterior, por no tener que usar el uniforme de la Academia. Realmente prefería su falda y su camisa de Howarts. Se ducho rápidamente y luego de vestirse con ropa normal esperó a Juliette, que se estaba duchando. Habían terminado de desayunar y se encontraban caminando por uno de los bellos jardines del colegio. Si había algo que no se le podía negar a Beauxbatons, era lo bello y majestuoso del palacio y sus jardines. Juliette y Rose hablaban sobre quidditch cuando una lechuza cruzó volando el cielo para entrar por una de las ventanas del palacio.
-Juliette,-la chica rubia se volteo- ¿Que acaso aquí nunca envían correspondencia? ¿Por qué nunca he visto a nadie recibir una carta?-Juliette rió del comentario de Rose y luego le respondió.
-Nadie te explicó lo del correo ¿cierto?-Rose negó con la cabeza confundida-Claro... sí, recibimos corespondencia pero solo vamos a recogerla los domingos.
-¿Y por qué tu no has ido a recoger la tuya?
-Porque mis padres son muggles y no me mandan cartas. Por esa misma razón no tengo lechuza. Pero tampoco muchos chicos de aquí tienen. Utilizan las que ya estan en la lechuzería. Es más práctico...-Juliette seguía parloteando sobre las lechuzas y el servicio de correo, pero Rose no la escuchaba. ¿Cómo no se le había ocurrido antes? Lo más probable es que se le olvidara ya que no sentía ánimos de contarle nada a nadie, ecepto a Juliette, y que nunca vio entrar una lechuza con el correo en el comedor, y tambien que su amiga nunca mencionara nada del correo por lechuzas, o que ella misma nunca tuvo una lechuza con la cual mandar cartas. El rompecabezas se armó rápidamente en la mente de Rose. Ella nunca había mandado muchas cartas, nunca se le dio muy bien eso de escribirles a los demás, ella prefería decirlo con sus palabras; pero...¿Cómo podría hablarle a Scorpius desde donde ella estaba, como podían hacerse compañía a tanta distancia, como podían dejar de estar solos si no era por medio de las cartas?-Rosie... Rose... ROSE!!-terminó gritando Juliette al ver que su amiga no respondía.
-¿¡Que?!-preguntó sobresaltada Rose al momento de volver en si.
-Rose ¿qué te sucedió?-dijo preocupada la rubia. Rose sonrió como hacía mucho que no lo hacía y respondió a su amiga con una nota de esperanza en su voz:
-Ya lo decubrí, descubrí como estar con Scorpius mientras estoy aquí, descubría como hablar con el sin usar las palabras, descubrí como acompañarlo a estar solo...-rápidamente explico lo de las cartas. Juliette estuvo tan ilusionada como la propia Rose con el nuevo plan y rápidamente ambas se dirigieron a la sala de correo para escribir la primera carta.
La sala de correo era un gran habitación dividida a unos cuantos metros de la entrada por un largo mostrador. Detras de este hbían muchas estanterías en las que se encontraban cartas, paquetes, periodicos, todos esperando ser reclamados por sus dueños. En una de las paredes laterales se encontraba una gran venta abierta por la cual entraban las lechuzas con sus envíos. Del lado de los alumnos tambien había varias mesas y algunas ojas de pergamino, en cada mesa había cuatro tinteros con una pluma cada uno, "para cartas de emergencia" le respondió Juliette a Rose cuando le pregunto por estos. La pelirroja había traído pergamino, tinta y pluma para escribir su carta. Con su amiga se sentaron en una de las mesas que se encontraban vacías y mientras muchos alumnos llegaban y se iban de la sala luego de pedir su correspondencia el par de amigas se concentraba en la carta.
Querido Scorpius: ...