Tituladas 15.1% · 30,063 de 199,415 descubiertas
Rescatado 23.3% · 21,950 de 94,296 páginas identificadas · 21,944/22,652 caps con texto ☕ Invitanos un café

← Siete lunas de Invierno · de

Siete lunas de Invierno — capítulo 3

Seguía con mi extensa estadía en Venecia, hacia no mucho tiempo había tenido una conversación digamos extensa con Ann, una de mis hermanas…Ella se encontraba en Barcelona, acompañando a Stefan y a Austin, mis otros dos hermanos, pues se quedarían a disfrutar de la noche "candente" de España, según decían ellos, aunque claro se referían a unas cuantas chicas y unos cuantos tragos en bares costosos…

En fin le dije que regresaría pronto a casa, pero no se convenció mucho que digamos. Lo cierto es que estaba esperando a que el ciclo lunar de invierno que tanto había deseado ver llegara a su fin para recién regresar a casa…

Esa noche me encontraba en un bar tomando un café para calentarme o al menos para aparentarlo, puesto que en realidad no tenía frío, estaba concentrada pensando en lo que había escuchado de Simon hace unos días, me pedía por favor que vuelva, eso me tenía preocupada, pensaba que podría haber sucedido algo en casa, una lucha, alguien herido, o quizá alguien muerto… estaba tan ensimismada en mis propios pensamientos, que no noté al muchacho que estaba de pie al otro lado del ventanal del local y al mirarlo, él apartó la vista, se dio media vuelta y comenzó a caminar por la acera en dirección al parque, me apresuré a tomar mi abrigo, dejé dinero sobre la mesa y salí del bar con el propósito de seguir a aquel muchacho, comencé a caminar y antes de llegar al parque lo vi. Estaba sentado sobre la rama de un árbol no tan alto, me acerqué e intenté pasar por su lado y mirarlo sin que lo notara pero antes de llegar a su lado una voz procedente de la oscuridad dijo:

No pensé que me seguirías-la voz habló en tono grave pero a la vez divertido, me di cuenta de que había sido él, el muchacho del árbol me estaba hablando.

¿Me hablas a mi?- pregunté fingiendo estar distraída.

Al menos que veas a otra persona por aquí…-dijo él en tono de duda. Esperó y luego continuó- No pensé que me seguirías…-dijo entre sorprendido y divertido.

Si, yo tampoco pensé que lo haría-dije levantando mi cejas en tono de incredulidad-pero te pasaste casi una hora en ese ventanal, observándome y me resultó extraño, así que decidí preguntarte el por qué de ese acto…-concluí, mirándolo.

Has llamado mi atención-dijo el mirándome de pronto, era una mirada tierna.

¿Tu atención?-pregunté extrañada.

Si, eres muy bonita y estabas sola, no esperabas a nadie y me intrigó-dijo el en tono despreocupado.

¿Resulta tan extraño que una chica esté sola en un bar tomando un café para entrar en calor?-dije simulando un poco de intimidación.

No, pero seamos sinceros- dijo saltando del árbol y aterrizando a mi lado-es extraño ver a una vampiresa sentada en un bar tomando un café para entrar en calor…-concluyó mirándome con un gesto que suponía que estaba explicando algo obvio; pero su comentario me resultó de verdad extraño, había notado que yo no era humana, o más bien había notado que era una vampiresa, ¿Cómo? ¿A caso era también un vampiro?

¿Cómo lo sabes?-le pregunté comenzando a deducir la respuesta.

Porque eres demasiado bonita para ser humana, tu piel es blanca y no llevas mucho abrigo, tu ojos son de un color extraño, un azul demasiado profundopara pertenecer a los ojos de un humano-dijo esto mirándome con los ojos entrecerrados. Eso era pura adulación, nadie descubre a un vampiro solo así, a menos que tú poseas características similares…

Tú también lo eres- le dije.

Si, también soy un vampiro-dijo despreocupado- pero por favor cambiemos de tema, porque me estoy aburriendo.

No tengo mucha idea de lo que quieres hablar, pero está bien-dije dándome cuenta de que no conseguiría mucha más información que la ya obtenida-¿Sobre qué quieres hablar?- le pregunté.

Comencemos por saber quiénes somos-dijo el sonriente e hizo un gesto con la mano invitándome a sentarme en un banco que se encontraba al lado del árbol. Una vez que me senté me dijo:

Me llamo Alexandre, Alexandre Van Gogh -me sonrió- ¿Y tú?

Mi nombre es Amy,-dije mirando el suelo-Amy Vancouver.

Es bonito nombre- dijo sentándose a mi lado- y un muy prestigioso apellido. Ese último comentario me molestó, odiaba que quisieran conocerme solo porque mi familia era uno de los primeros clanes de nuestra raza y el más poderoso, me levanté del banco lo miré furiosa y con todo el desprecio que pude le dije:

¿Sabes? Estoy cansada de que todas las personas nuevas que conozco pretendan ser mis amigos por el simple hecho de que mi apellido sea Vancouver- Quizá no debí ser tan dura pero esas pretensiones no iban conmigo.

Lo lamento si te he ofendido-me dijo de pronto- pero por favor no te vayas…-eso último casi me lo rogó y yo estaba intentando sobreponerme a mis sentimientos por ese extraño.

No me has ofendido-le dije en un tono un poco más suave-es solo que no me gustan los interesados.

Pues no tengo idea de lo que hablas- me dijo riéndose un poco con nerviosismo- pero no estoy interesado en tu familia, lo de tu apellido lo mencioné porque es extraño que estés sola, es un tanto peligroso caminar solo a estas horas, en otro país y más aún portando ese apellido… solo quiero hablar contigo porque pareces ser simpática y un tanto interesante, esto que siento ahora es extraño pero es hermoso a la vez, pretendo conocer quién eres y no que es lo tienes -esto lo dijo serio y me convenció- Y de veras no quiero arruinarlo, por favor…

Solo porque tienes una risa muy bonita y unos ojos intrépidos es la razón por la que creo en cada palabra que me dices-le dije sonriéndole.

Eso es algo bueno-dijo él, respirando por primera vez desde que me levanté del banco con la intención de irme del parque- gracias por creerme, porque no es nada más que la pura verdad.

Creo que también estoy interesada en conocerte y creo que me gustaría saber más de tu familia y sobre todo averiguar de quien heredaste esos ojos tan bonitos, Austin-dije con sinceridad , pues me atraía de una forma increíble, incluso me atrevería a decir, que estaba a punto de conocer al amor de mi vida…

Bien-dijo el-entonces, ¿se le antoja una caminata por la ciudad de Venecia, señorita Vancouver?-concluyó extendiéndome su mano para que la tomara. Me reí ante la espontaneidad de su comentario, era muy bueno en ser el mismo…

Ja ja, me encantaría, intrépido caballero-dije tomando su mano aún extendida.

Empezamos una larga caminata bajo la luz de la luna que nos guiaba de la mano por un sendero que juntos caminaríamos, rumbo a un nuevo amanecer…un amanecer hermoso y cálido, señal que le indicaba a mi corazón que no volvería a estar solo…nunca más.