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Lazos de sangre — capítulo 10
Bueno. Más de este fan fic. Espero que les guste y gracias por todo lo que han dicho. Saludos y besos entonces.
Corregidos los errores del capítulo anterior.
MariSeverus.
Severus sabía que el viaje a casa, era asfixiantemente largo. Suspiró, incómodo. Viajar en carreta hasta el hogar de su madre, no era lo que le apetecía. Si podía aparecerse, seguramente lo haría hasta más "entretenido". Harry Potter, pensaba diferente. Una sentencia, estaba por ser servida en una bandeja de plata.
Ron regresó a aquella casa, enterándose de aquello. Estaba condenado, no podía evitar pensar en eso, aunque Hermione discrepara con él. Solo era una simple visita y ambos, iban a salir ilesos del asunto. Bueno, Harry. No sabía qué le preparaba el destino, al profesor de pociones, Severus Snape.
El viaje estuvo muy callado. Severus como siempre, vivía abstraído. Harry en cambio, sentía que no podría mantenerse en sus cabales, por mucho tiempo. Estaba por perder la cordura, por desesperarse. Se sentía asfixiado, aunque su jersey negro, no le quedaba ajustado. Sus manos le sudaban frío y sus lentes se resbalaban constantemente, de su nariz.
- Potter, ¿Podría calmarse y dejar de actuar, como una niña?- le preguntó Snape, cuando sus gestos intranquilos, comenzaban a incomodarle en sumo grado. Harry no dijo nada y juntó sus manos, sobre su regazo. Ni siquiera él, actuaba así, cuando iba a ver a su madre.
El carruaje se detuvo, luego de tres horas de agonizante viaje. Severus Snape fue el primero en bajarse, mientras que Harry, permaneció dentro del vehículo. El profesor de pociones, introdujo su brazo en el carruaje y sacó a Harry, halándolo por el jersey.
Lo primero que encontró, fue a uno de los ayudantes de la casa. No quería saber quién era y simplemente pasó de largo. Harry lo miró. Era alto y delgado, de tez blanca y de cabello corto y surcado por canas. ¿Era una obsesión que tenía esa familia, por hombres altos, delgados y blancos? Por que Severus Snape, se le parecía en demasía.
Comenzaba a ponerse nervioso.
Su madre estaba al final de un enorme salón, lleno de tapizado viejo, que se caía por trozos. Tenía figuras de ángeles y enormes telarañas, en el tejado. Había una enorme escalera de madera, que se conectaba al final de un pasillo, en el piso superior. Severus caminó hasta su madre y se detuvo frente a ella.
-
Pensé que no vendrías, Dorian.
-
No soy Dorian. Soy Severus.
-
¡Oh, es cierto cariño!- dijo la mujer con una sonrisa, colocando una mano sobre su hombro. Severus era más alto que su madre. Considerablemente más alto. Harry se imaginó a su hermano. Seguramente idéntico a él. Mientras pensaba, la mujer miró en dirección a Harry y le sonrió de una forma, que lo atemorizó en sumo grado- ¿Y quién es él, cariño?
-
Él... Él es Potter.
-
¡No puede ser cierto! ¿Potter? ¿Harry Potter? El niñito ese que se salvó de la maldición que...- la madre de Snape, lo miró como si fuese una especie de antigüedad y caminó hacia él, encorvada. Era una mujer de cabellos negros, con algunas canas producto de la edad y con la piel arrugada. Era increíble, pero se imaginó que así iba a terminar Snape.
-
Buenas tardes...Señora.
-
No. Señorita. Hace tanto que no tengo pareja. Desde que su padre murió. ¡Y qué bueno que se ha muerto, ese cochino hombre!
Harry inspiró, tenso. Por la expresión seria de Snape, lo mejor era no opinar. La mujer tomó uno de sus brazos y lo tocó, como si se tratase de una especie de coleccionista de pieles, que comprobaba si su producto tenía calidad o no. Harry permaneció quieto, mientras la mujer lo contemplaba.
-
¿No es muy joven para ti, cariño?- preguntó y Snape no contestó- Aunque siempre creí que te gustaban las mujeres. ¿Por qué no me dijiste que...?
-
No es mi decisión- se adelantó Snape, antes de que ella continuara. Su madre, soltó a Harry, de forma violenta y contempló a Snape por un rato. La tensión se podía sentir, entre el hombre y lo que estaba presenciando.
-
¿En qué te has estado metiendo esta vez? La vez pasada, leí en el profeta, que estabas por ser enviado a Azkaban.
-
Eso fue hace muchos años, madre- dijo él, con un gesto de incomodidad.
-
¡No me lleves la contraria, Dorian Snape!
Harry hizo un gesto de curiosidad, pero Snape colocó un dedo en su boca, en señal de que debía guardar silencio. Mientras caminaba hacia el enorme salón, la mujer se dio la vuelta para mirar a Harry.
- Anda Severus, trae a tu amigo a la mesa. Vamos a cenar.
Severus caminó militarmente, hacia el salón y Harry, dudó si debía seguirlo. Con un suspiro temeroso, se sentó en la enorme mesa donde iban a cenar. La mujer lo miró y de improvisto, sostuvo una de sus mejillas y negó con la cabeza. Severus se mantuvo adusto, en su lugar. Luego de mirarlo a él, la mujer miró a su hijo.
-
Dorian, deja de sentarte en el puesto de Severus.
-
Dorian ya murió- dijo Snape, en silencio. Harry técnicamente, brincó de la silla, al escuchar una especie de chillido agudo. La mujer se echaba a llorar, como si nada y Severus, apoyaba su cabeza sobre su mano. Harry se preguntó si lo que estaba haciendo, era normal. Era parte de su comportamiento.
-
¡Dorian! ¡Tú lo mataste! No lo rescataste y por eso se cayó.
-
Yo no maté a Dorian. Él se resbaló.
-
¡Tú odiabas a Dorian, por que era mi bebé!
Harry apresuró la sopa que estaba en su plato y esperaba que no hubiese más platillos. Mientras tanto, Severus escuchaba la interminable queja de su madre, sobre su maltrato hacia su hermano Dorian. La cena más extraña en la que había estado. Y creía que las cenas con la familia Weasley, eran particulares.
Después de la cena, Severus y su madre, subieron a las habitaciones. Al piso superior. Harry la seguía muy de cerca, pero la mujer caminaba muy apresurada. Su profesor de pociones, en cambio, prefería mantenerse al pie de las circunstancias. Había sido extraño, escuchar a la mujer, relatar las tres cuartas partes del pasado de Snape, en esa cena.
Bueno, al menos sabía que Snape sí tuvo una mala infancia. Ya no tenía que hacer conjeturas, al respecto.
-
Este será su dormitorio- dijo la mujer y Snape asintió-Pero... Un momento. Ambos son esposos. ¿Cierto?
-
Sí, lo somos. Por desgracia- contestó Snape y Harry, asintió en silencio.
-
Entonces, podrán dormir los dos aquí.
Harry echó una vista rápida hacia su profesor de pociones. Severus despegó los labios, pero se imaginó que su madre diría otra de sus famosas frases célebres, así que decidió rendirse. Ante el silencio de su profesor, Harry decidió que lo mejor era hablar. Quizá ella le escucharía. No tenían nada en común, como para dormir juntos.
-
Señora. Con el debido respecto.
-
Eileen, cariño- dijo ella, con una sonrisa. Harry asintió en silencio.
-
Eileen. No creo que sea una buena idea, que el profesor y yo...
-
¿No es tu pareja cariño? ¿También es tu profesor? Qué corrompedor eres, Severus. Profesor y aparte, ¡Te has enamorado de él!
Harry quiso hablar, pero Snape negó con la cabeza. El muchacho se rindió también. Miró hacia adentro. La habitación tenía apariencia de ser de un niño de nueve años. Llena de planeadores de madera, de juguetes diversos.
- Espero estén cómodos. Y no quiero ningún tipo de demostración de cariño, en esta casa.
El muchacho creyó comprender el mensaje y Snape, pensó igual que él. En silencio, Harry se introdujo en la habitación y se sentó en la cama. Eileen sonrió con suavidad.
- Que descanses Harry. Que descanses Dorian.
Severus agradeció poder cerrar la puerta, una vez que su madre se había ido. En un momento no atenuante, eso hubiese desternillado a Ronald, de la risa. Pero no era momento de reírse. Era momento de dormir con su profesor.
Mala idea.
Su profesor, no dijo mayor cosa y se sentó en la cama, al otro lado. Harry meditó y se preguntó si su madre tenía algún tipo de problema mental. Severus se encargó de aclararle ese tópico.
- Desde que murió mi hermano, ella desarrolló un curioso comportamiento. Pero puede actuar en sus cabales, cuando quiere.
Una familia de locos. Ya sabía por qué Snape, parecía el más cuerdo de todos ellos. Se preguntó, qué particularidad, tenía su hermano.
-
Coleccionaba juguetes- dijo Snape mirando a Harry, que no podía evitar mirar a su alrededor. Sí, fetichista.
-
Entiendo. Buenas noches, señor Snape.
Harry se recostó. Lo mejor era dormir y apresurar el día. Las horas. Snape no dijo mayor cosa y se tumbó a su lado, con un respingo. ¿Qué faltaba? ¿Qué amaneciera dormido junto a Potter, pero abrazándolo? Inspiró y alejó ese pensamiento de la cabeza. Lo mejor era dormir con los cabales bien ubicados.
A media noche, mientras "dormían", Severus tuvo un extraño sueño. Entraba corriendo a la habitación de su hermano. Quería saber si estaba vivo. Tenía un extraño presentimiento. Algo estaba detrás de él. Pero él había visto caer a Dorian. Él lo había visto morir.
Se encerró en su habitación, lleno de miedo y temblando. Algo se detuvo junto a su puerta y la golpeaba con violencia. Iba a abrirse. Y eso fue lo que ocurrió. Se abrió y un rostro ensangrentado, estaba frente a él. Con una enorme sonrisa y los dientes destrozados.
Despertó agitado. Sudoroso y ladeó la cabeza hacia sus alrededor. Odiaba estar en esa habitación. Inspiró y tomó su saco. Se cubrió con él y abrió la puerta de la habitación, sin importarle mucho, que Harry estuviese dormido o no.
Se detuvo en el mirador del enorme pasillo. Un ala diferente de la casa, un ala donde siempre meditaba. Donde miraba al oscuro bosque, que circundaba su casa.
O la que fue su casa.
Mientras estuvo allí, meditó acerca de su hermano. El fantasma de su muerte, nunca dejó de acosarle, por más que lo intentó. Bien, se sentía culpable de haberle visto caer y de no haber hecho algo al respecto.
¿Qué otra cosa podía pensar?
-
¿Profesor Snape?- escuchó detrás de él. El hombre temblaba, hacía un frío terrible. Giró su rostro y se encontró con el molesto Potter.
-
Vuelva a dormir, Potter.
-
No puedo. Esa habitación tiene algo que no me gusta.
-
Ni a mí- dijo él, al parecer para sí mismo- ¿Cómo llegó hasta aquí?
-
No lo sé. Solo caminé...
Severus inspiró, mientras Harry temblaba, estando detrás de él. Con un quejido y una mirada envenenada, se retiró el saco y lo extendió, hacia él. Harry no entendió el gesto, pero su profesor insistió. Lo tomó y se lo colocó alrededor de los hombros. Estaba cálido, impregnado con ese aroma que ya había percibido antes.
Y se quedaron en silencio, mirando a la fría oscuridad.