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Lazos de sangre — capítulo 11
Bueno, espero que les guste este nuevo capítulo y les dejo besos también.
MariSeverus.
Al abrir los ojos, Harry entendió que estaba solo en el dormitorio. Se había quedado dormido, con el saco de su profesor. Lo apartó lentamente y por un momento temió, que lo hubiese dejado allí y se hubiese marchado, muy feliz.
Pero él no sería capaz. Dumbledore no se lo permitiría. ¿O sí? Se levantó rápidamente y caminó hacia la puerta de la habitación. Antes de irse, tomó el saco y luego, simplemente apresuró el paso, hacia las escaleras.
- Ah mira, allí está el muchacho dormilón- dijo la mujer y Severus, se dio la vuelta para mirar a Harry, que parecía haber corrido en un maratón. Eileen sonrió y juntó sus manos, con una expresión de felicidad- ¡Ya podemos desayunar! No seas asocial, Severus. Ayúdale. El pobre parece que vio un fantasma.
Severus no dijo nada y caminó hacia la escalera, mientras Harry bajaba hacia él. Extendió su saco hacia el hombre, quién lo tomó con mucho cuidado, como si fuese una serpiente venenosa. Inspiró y ambos se miraron por un rato.
-
¡Vamos a desayunar! Vengan queridos...Dorian tú te sientas allá.
-
¿Enserio nunca...?
-
No pregunte- dijo Snape, caminando hacia la cena. Eileen los miró con felicidad, mientras ellos se sentaban en sus respectivos puestos, del día anterior.
-
¿Por qué tan secos? ¿No son esposos?- le preguntó a Snape y él tuvo miedo de pensar, en lo que estaba pidiendo- ¿Un beso de buenos días?
Harry se revolvió incómodo en la silla y Snape, hizo un gesto de enojo con la boca. No iba a besarlo, solo por contentar a su madre. Harry miraba a su profesor, con un gesto nervioso. Bien ya lo había besado antes, pero esperaba que esa opción, no se repitiera en un largo tiempo. Severus carraspeó y negó con la cabeza.
-
El amor no necesita besos, todo el tiempo- dijo y Harry, se preguntó de qué estaba hablando. Su madre lo contempló en silencio y luego le dio la razón.
-
Sí, Severus. Tienes mucha razón en eso, cariño.
El desayuno estuvo mucho mejor de lo que Harry esperaba. Con una sonrisa, ella insitía en que comiera más y más tostadas, que estaba muy delgado. Para cuando pudo terminar, se sentía como un pavo de acción de gracias. Severus estaba deseoso de salir de esa casa de locos.
-
Entonces, ya se van- dijo su madre, con una expresión de tristeza, que no pudo convencer a Harry. Snape asintió.
-
Sí. Tenemos que irnos.
-
No te metas en problemas, muchacho. Severus te cuidará, aunque yo que tú tendría cuidado. Mi amado Dorian pasó a mejor vida ya...
-
Entendido- comentó Harry, inseguro. Snape inspiró, mirando el carruaje y al cochero, que subía el equipaje, con mucho cuidado. Estaba deseoso de salir de toda esa locura, en la que siempre terminaba, cuando su madre solicitaba verlo.
-
Adiós, cariño- dijo ella, colocando una mano sobre su hombro- Que te vaya bien en el viaje. Igual que a ti, Harry Potter.
-
Bien, vámonos, Potter.
-
Cuídate de los mortífagos. El señor tenebroso dice que quiere dominar al mundo.
-
Como sea. Camine, Potter.
Harry caminó junto a su profesor y agradeció poder respirar el aire puro, fuera de esa casa. Severus pensaba igual, en cuanto el cochero dio la vuelta en un camino. Inspiró y contempló el camino. Se sentía vulnerable, mostrándole la mayor parte de su pasado a su némesis, a su "esposo" que era un niño con suerte y amigos con "dotes".
-
Ni una palabra, de lo que vio allí, Potter.
-
Sí, señor.
En el regreso, los esperaba Sirius. Amistosamente, el perro caminó junto a Harry, mientras pasaba a su alrededor. Severus sentía que estaba siendo muy obvio. Sirius Black, no tenía seso alguno.
- Compórtate Black...- le dijo- deja de parecer un perro. Espera un momento, eso eres.
El perro, soltó un gruñido y Snape sonrió con malicia. Regresar a la pequeña y desaliñada casa, solo significaba problemas. Ron estaba allí, para confirmar, las suposiciones de Harry, al respecto.
- Harry. Mira lo que dice el profeta. Snape va liderando las encuestas...
¿Por qué era todo, como Severus Snape había afirmado? ¿Por qué todo estaba tan fríamente calculado? Conocían mucho al ministerio. Pero ¿Y si todo era una trampa? No dudaba que lo fuera, pero no los creía tan estúpidos, como Snape afirmaba que eran. Miró el titular del tabloide.
- De pociones a ministro. Un ingrediente nuevo...
Severus se dejó caer en el sofá y escuchó lo que Harry Potter estaba leyendo. Si era todo como lo imaginaba, muy pronto ganaría todo lo que quisiera. Incluso lo más insulso. Dumbledore ya lo habría previsto.
-
¿Y Hermione?
-
Se fue con sus padres. No debemos estar todos reunidos.
Por una curiosa razón, Ronald parecía sonrojado. Harry se preguntó, si había sido una despedida muy emotiva, la que ambos se habían dado. Bueno, no era misterio que ambos se gustaban entre sí.
-
¿Qué tal la visita?
-
Lo siento. Le prometí al profesor Snape, que no comentaría nada al respecto.
Ron lo miró con decepción y se encogió de hombros. Mientras, Severus miraba a Nymphadora Tonks. Estaba pálida y parecía que se desplomaría en cualquier momento. Se lo hizo saber con su usual tono de voz.
-
Sé que te encanta la idea de tener, una cría de lobo en tu interior. Pero, podrías darle paz y dejar de caminar.
-
Tú no entiendes, así que te ruego que no emitas una opinión.
-
¿Ah sí? Es que cualquiera tiene dos dedos de frente, para saber que lo que saldrá, será una amenaza.
-
Severus Snape, no te atrevas a continuar- dijo la bruja, cuyo tono de voz se alzaba con su enojo. El hombre sonrió con malicia y continuó provocándola.
-
Mírate, pareces un inferi. Apenas puedes caminar. ¿Qué diablos puedes hacer si Lupin está jugando con lobos allá afuera?
La mujer lo miró con resentimiento y Harry sintió, que se había propasado. Ella no dijo nada y continuó su camino hacia la cocina. Se detuvo allí por un poco de agua. Ronald miraba a Snape con rabia, mientras él seguía indiferente. Antes de que pudiera soltar un insulto en su contra, escucharon un vaso que se caía al suelo y se partía en muchos pedazos, que se diseminaban por toda la habitación. Harry caminó hacia la cocina, alarmado. Nymphadora Tonks, estaba en el suelo.
- Apártate Potter, yo puedo hacerme cargo de esto- dijo Snape con mucha calma y Harry, se vio obligado a apartarse.
Severus terminó, recostando a Tonks en una habitación polvorienta. La miró con desdén, mientras ella regresaba en sí. Simplemente les cerró la puerta en la cara y se quedó dentro de la habitación.
Tonks abrió los ojos con sorpresa. Creyendo que aún se encontraba en la cocina. Severus sin embargo, no esperó a que ella entrara en conocimiento de mayores detalles. La abordó enseguida.
-
Deberías entenderlo, cuando te lo estoy diciendo- se quejó y ella, parpadeó, confundida.
-
¿De qué...?
-
Ya veo que quieres suicidarte, en dado caso yo no te detendría. Pero, ¿De qué te sirve maltratarte de la forma en que lo haces?
-
¿Qué puedes saber tú de...?
-
Mucho.
-
Tú no lo entiendes, por que nunca has estado interesado en alguien. Nunca has entendido lo importante, que es otro ser humano, para ti.
Severus no dijo nada. No iba a caer en detalles, al respecto. Pero sí estaba seguro de una cosa. Ella iba a hacerse mucho daño, si seguía en ese tipo de acciones. Bueno, mujer al fin. ¿Cómo convencerla de lo contrario?
-
Medita lo que acabas de decir. Puesto que si eso fuera cierto, no estarías encontrando formas fáciles, de asesinar a ese bebé que llevas en tú interior.
-
¡Estoy cansada de estar aquí, esperando noticias suyas, mientras ustedes juegan a los héroes!
-
Y por eso pensabas salir de aquí, a ver si te mataban. Pero al menos podrías decir "hice algo útil".
Nymphadora no dijo nada y suspiró. Severus dio por entendido su mensaje y se dispuso a levantarse, cuando la mujer lo detuvo, con una expresión de preocupación. Él bajó la vista y contempló su mano, sosteniendo una de las mangas de su túnica.
-
¿Al menos procurarán cuidar de él? Ya no me escucha y es capaz de hacer cualquier tontería.
-
Lupin es como Black. Terco como un animal. Y lo gracioso de todo esto, es que son animales.
-
Temo por su vida.
-
Albus Dumbledore, no permitiría que lastimen a sus estimados "niños". Así que, puedes estar segura de que...
-
No. A él ya no le importa lo que Albus piense hacer. Me lo ha dicho. Está decidido a arriesgarse y sé que no lo conseguirá.
-
El que no arriesga, no gana.
-
No lo conseguirá...
Severus suspiró y caminó hacia la puerta, mientras la mujer lo miraba con mucha atención. Antes de irse, simplemente negó con la cabeza y apagó las luces del dormitorio. Con un susurro suave, comentó lo último de ese día.
- Si tanto deseas que lo proteja, entonces veré si sus enormes orejas, le dejan escuchar algún mensaje.
Al cerrar la puerta de la habitación, Harry estaba allí. Miraba a Snape, con un gesto de curiosidad. Él se lo confesó. No había nada que ver allí y lo mejor era que se fuesen, a dormir. Sin embargo, Ron no podía pensar en dormir.
-
¿Y si Tonks se escapa esta noche?
-
Lo dudo, señor Weasley. A no ser que quiera vérselas con el mismísimo infierno.
Y no mentía. Severus regresó a la habitación y se quedó allí dentro, cuidándola. No se movería. El futuro del plan, estaba en juego. Ella dormía, cuando él alzó la cabeza para mirar su estado. Lo mejor sería que no lo intentara. Sin duda alguna, eso sería lanzarse a la muerte segura, de una forma imbécil.
Ninguno en ese lugar, podía dormir. Harry no dejaba de soñar, lo que había experimentado en aquella casa Snape. No dejaba de pensar en la muerte del hermano menor de Snape y el cómo pudo haber sido.
Ron, estaba tan preocupado por Tonks, como su amigo. Pensaba en Hermione y cómo debía estarse sintiendo. La situación aparentemente, no tendría una solución por la vía pacífica. Comenzaban a ponerse las cartas, sobre la mesa.