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Lazos de sangre — capítulo 12
Esa mañana helada, Severus estaba dormido, en la silla. Alzó la cabeza y se llevó una mano al cuello. Se había dormido en una mala postura y toda su cabeza, le dolía de una forma catastrófica. Miró en dirección a la cama y Tonks, seguía allí, durmiendo. Suspiró y se levantó, lentamente. Antes de salir, escuchó un ruido en el salón de abajo. Parecía que discutían.
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Es tu última oportunidad de rendirte- escuchó, una voz arrastrada que por lo poco que escuchaba, no pudo entender.
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Y es tu última oportunidad, para entender que no tienes oportunidad.
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Juegan su mejor carta, pero el juego no termina, hasta que termina. Hasta que todos hemos puesto las nuestras- dijo aquella voz y escuchó pasos que se encaminaban hacia la salida. Escuchó la puerta y cómo se cerraba de forma violenta.
¿Quién habría sido, esa misteriosa visita? Abrió la puerta de la habitación, pero no salió. Tonks despertaba en ese preciso momento.
Con un suspiro y una mirada de preocupación, Tonks despertaba de un largo sueño. Sentía que había algo mal, en ese preciso momento, aunque ni siquiera había dicho una sola palabra o interactuado con alguien.
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Severus...
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¿Qué?
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¿Has visto a Lupin?- preguntó, nerviosa. Snape, negó con la cabeza.
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No he salido de aquí.
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Quisiera que...Si lo vieras...Le pidieses que viniera a verme- dijo y se llevó las manos a la boca. Severus supuso de qué se trataba. Náuseas matinales. Tonks, se levantó de un saltó y se encerró en el baño.
Esperó por ella, aunque tenía curiosidad de saber, quiénes eran esas dos personas que discutían en el salón. Al salir, Tonks lucía pálida y apenas caminaba. Se sentó en la cama y Snape la contempló en silencio. Luego de un par de minutos mirándola, simplemente decidió hablarle.
- ¿Todo en orden?- preguntó. No sabía mucho sobre asuntos de mujeres. Tonks asintió en silencio y se recostó en aquella cama- Le pediré a Potter que...
Dejó de hablar, cuando escuchó pisadas que se dirigían a la habitación. Ladeó la cabeza para mirar y notó, como el picaporte giraba, en señal de que abrirían la puerta. ¿Quién podría ser, que entraba sin anunciarse?
En cuanto se abrió la puerta, el rostro de Nymphadora, se iluminó. Remus había regresado. Ella sonrió, mientras él entraba.
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Vaya. Hasta que te has dignado, a tomar las responsabilidades que te corresponden- siseó Snape con un gesto Débil. Remus lo ignoró y caminó hasta acercarse a la cama.- Por si no te han dicho aún, Nymphadora ha intentado escaparse y camina como un inferi por toda la casa. No sé qué clase de hijo quieren tener, si no...
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Lo sé- le cortó Remus, con una inspiración- Gracias por cuidarla.
Severus no dijo nada y abandonó la habitación. Con una sonrisa, Tonks miró a Remus y suspiró. El hombre se sentó a su lado y ella, tomó su mano. Feliz.
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¿Cómo te sientes?- preguntó, en voz baja, temeroso. Ella sonrió y colocó su mano, sobre la de Remus.
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Mejor, ahora que has venido a verme.
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No dejaría de hacerlo. Aunque veo que según Snape, has estado teniendo comportamientos extraños. ¿Son esos cambios de humor que le dan a las mujeres embarazadas o realmente, estabas intentando atentar contra tu vida?
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Pensé que no lo querías- dijo ella, con un gesto lastimero- Pero no sé qué le pasa a él...
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Solo está preocupado. Así suele actuar, cuando algo le preocupa- sonrió Remus y su mano, terminó sobre su vientre- ¿Cómo podría rechazarlo? No soy tan inhumano.
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Pues hubieses comenzado por ese tópico y quizá, no hubiera ocurrido todo esto, en primer lugar.
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Lo lamento, Nymphadora. En verdad lo lamento.
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Está bien. Simplemente, no me des tantos dolores de cabeza. Con los mareos, es suficiente.
Remus sonrió, mientras besaba la frente de aquella, que sería la madre de su hijo. Mientras estaba allí, Severus bajaba las escaleras para investigar, sobre el suceso anterior. Según había escuchado, alguien le pedía a otra persona, que se rindiera. Pero... ¿Quién podría ser ese alguien, que no quería rendirse?
Al entrar en el salón, Albus Dumbledore estaba allí. Miraba sus viejos libros y pasaba un dedo, por sus cubiertas. Severus, carraspeó para hacerse notar. Dumbledore no se dio la vuelta y acomodó sus gafas de media luna, para mirar la descripción de los libros.
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Sé que estás allí parado, Severus. Aún siendo tan viejo, tengo mis reflejos bien calibrados y... ¡Ah! Remus ya subió a verla. Le dije que algunas veces, las mujeres se ponían mañosas con esos temas. Tú sabes, lo entiendes. Y lo mejor es no disgustarlas por que...
-
¿Qué ocurrió antes, Albus?- interrumpió Snape y Dumbledore bajó la cabeza, para mirarlo a través de sus gafas.
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¿Antes? ¿Te refieres a...?
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¿Qué ocurrió aquí abajo? Sonaba que alguien le pedía a otro, que se rindiera.
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Ah, tu amigo Lucius, vino de visita- confesó, sin mirarlo. Mirando un libro antiguo, con bordes dorados y revestido de terciopelo rojo- Tienes una colección muy interesante. Madame Pince, estaría orgullosa, de recibir algunos.
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¿Qué quería Lucius?
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Lo mismo que quieren todos tus rivales. Sacarte del camino. Incluso Fudge o...
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El ministro actual.
-
Exacto. Apropósito. Harry está en la cocina. Le haría bien, un par de tus clases sobre Oclumancia.
-
¿Oclumancia? Si ni siquiera puede cerrar la boca, no cerrará la mente.
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Puedes intentarlo, probar un poco.
Severus inspiró, meditando el asunto. Potter era tan listo en Oclumancia, como Granger con una escoba. Dumbledore sonrió y devolvió el libro a su lugar. Mientras limpiaba sus anteojos, Harry salió de la cocina.
- Hola, Harry. Le decía al profesor Snape, que debería enseñarte Oclumancia. ¿Qué te parece?
Harry sintió, que todo lo que había comido, bailó en su interior. Que su estómago se redujo en tamaño y sus ácidos estomacales, se esparcían por todo su cuerpo. Estaba exagerando un poco tal vez, pero no quería recordar y repetir, esas fatídicas clases con su profesor y ahora pareja.
-
Mientras no aprenda a controlarse, no podré hacer milagros. Y lo sabes, Albus.
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Creo que ambos no saben controlarse- dijo y Severus, compuso un rostro de estar ofendido. Albus caminó a través de la sala y de pronto, ya había desaparecido. Snape inspiró y contempló a Harry, con ese enojo que solo tenía su nombre impreso, entre ceja y ceja.
Subió las escaleras y entró en su habitación. Se sentó a meditar los acontecimientos. Lucius había llegado a decirle, que desistiera de su campaña. Y en realidad, ya quería renunciar al asunto, pero estaba inmerso hasta los pies.
Mientras pensaba, se miró las manos y contempló el anillo. ¿Por qué por todos los dioses, Circe y Merlín, tenía que usar algo que aparte de afeminado y no sólo por el concepto, sino lo que representaba, que los hacía sentir lo mismo, al llevarlo puesto?
Y eso era sin sentido y estúpido. Contempló el anillo y las inscripciones que había en él. Seguramente Potter lo había hecho así, para sentir el embarazo de su esposa y decir que le servía de algo.
Cómo lo detestaba. Miró el anillo y se preguntó, qué clase de cosas podía sentir, usándolo. Bien, sentía las heridas...Pero, ¿Qué más podría sentir con usarlo? Imaginó un par de cosas que podía sentir y tembló. Sobretodo con asuntos sexuales, que no supo por qué llegaron hasta su mente.
Harry miraba las brasas en la chimenea y pensaba igual que su profesor de pociones. El anillo. ¿Para qué servía estar conectados, las veinticuatro horas? Dudaba de que su padre simplemente lo hubiese regalado por su atractivo. ¿O podría ser así? Algo ocultaban esos anillos y él ya tenía deseos de descubrirlo.
De quitárselo.
- ¿Qué pasaría si?- preguntó, alzando la cabeza. Con mucho cuidado acercó dos dedos hacia su mano derecha, donde reposaba el anillo y se pellizcó ligeramente.
Severus lo sintió. Como si hubiese recibido una pequeña descarga eléctrica. Ladeó la mirada hacia la puerta y se preguntó, qué rayos estaba haciendo Harry.
Pero el joven no se detuvo. Colocó su mano sobre su pecho y con suavidad, trazó un pequeño círculo, sobre su piel. Severus también sintió eso. Bien, ya comenzaba a inquietarse.
La mano de Harry descendió por su pecho, trazando una línea recta. Severus inspiró, preguntándose si acaso Harry se estaba acostando con Ginny Weasley, que de seguro estaba deseando que se le subiera a la cama, para hacer algo útil. Harry no dejó la línea que había estado trazando, por su pecho. Quería saber si su profesor sentía todo eso, que él sentía. Trazó figuras en su pecho, era divertido. Por una razón que no pudo entender, Severus ya había cerrado los ojos, ante el cosquilleo que sentía.
Fuera lo que fuera, lo había hecho e involuntariamente. Harry se detuvo, inspirando. Seguramente todo eso se había sentido. Severus abrió los ojos y se levantó de la silla en la que estaba sentado y abrió la puerta. Harry estaba parado junto a la chimenea. Quiso bajar y preguntarle qué carajo estaba haciendo, pero Ron caminó hacia él.
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Remus dice que deberíamos irnos a dormir.
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Está bien...Pero...
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Él se quedará con Tonks. Según lo que ha mencionado, él no están importante como otros aurores y no lo han buscado con tanta insistencia.
Harry dudó del asunto y comenzó a subir las escaleras, con su amigo Ron. Mientras subía, admiró el rostro de Snape, que lo contemplaba con seriedad. Con su enojo acostumbrado.
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Buenas noches, profesor Snape- dijo Ron, perdiéndose en su habitación. Harry ladeó la cabeza hacia Snape, cuando éste, lo rodeó. Se imaginó que iba a brindarle un comentario envenenado.
-
¿Qué se supone que estaba haciendo, allá abajo?- preguntó y Harry inspiró con fuerza- Olvida que puedo sentir...Pero yo no.
Harry no dijo nada y suspiró, caminando hacia la habitación. Para Snape, la conversación no había terminado. Lo contempló, mientras él se dejaba caer en la cama. Majadero e insolente, como su padre. Pero no, él lo haría entrar en cintura.
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Solamente...
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No, Potter. Se acabaron los "solamente" y los "no hice nada". Ahora que estará bajo mi protección, tendrá que seguir mis reglas.
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¿Y quién le dijo, que quiero su protección?- dijo Harry, sentándose en la cama. Severus lo contempló, pero no dijo nada al respecto. Harry se acomodó los lentes y miró el anillo. Colocó sus dedos sobre él y pretendía quitárselo.
Como sea, no pudo hacerlo. Estaba prácticamente pegado a su dedo. Inspiró y soltó un quejido, cuando el esfuerzo, solo significó dolor. Severus lo sintió y también se inquieto.
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Deje de tirar de su dedo. Es muy obvio que no va a salirse. El director sabía muy bien, lo que hacía- espetó, dejándose caer en la cama. Duérmase y deje de jugar de una buena vez, Potter.
-
Usted también- dijo Harry, dándose la vuelta. Severus lo miró y muy pronto, las luces dejaron de iluminar, para darle paso a la más profunda oscuridad. Harry sentía, que Snape le ahorcaría, mientras dormía.
Esperaba que no se cumpliera. Aunque con los anillos, era probable que se ahorcara a sí mismo.