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Lazos de sangre — capítulo 13

Severus despertó con la sensación, de que simplemente se había acostado y no había hecho más que eso. Se despertó con la sensación de que iba a ser un mal día para él. La realidad era, que desde que estaba "casado", todos los días lo era.

Pero empeoraba, cuando escuchó lo que discutían en el salón. Albus Dumbledore le indicaba a Molly Weasley, que debían preparar una boda con todas las de la ley. Que una cosa era colocarse los anillos y otra, era casarse.

Estaba comenzando a enfadarse. Comenzando a detestar lo que estaba viviendo. Más aún de lo que ya lo hacía. Se preguntó si Harry y su cerebro de héroe, habían oído la noticia.

Seguramente se quejaría. Al menos en eso estaban de acuerdo. Los dos no debían estar juntos, ni en un libro. Ni en un escrito.

Harry en cambio, estaba pasmado, escuchándolo. Ese día, Hermione estaba en el nuevo cuartel. Miraba con ligera preocupación a Molly. La mujer asentía, mientras Dumbledore le daba las últimas instrucciones, antes de irse. Era realmente inquietante, tener que vivir como fugitivos y escapar de todos los puntos de reunión. Eso comenzaba a irritar a Harry. Cada día, pensaba que la situación no podía ponerse peor, pero se quedaba corto como un tonto.

Se ponía peor. La Sra. Weasley, lo contempló con un suspiro, incómoda. No se imaginaba a ambos, dentro de una boda. El objetivo de Dumbledore era hacer lo más público que pudiera, que Severus Snape tenía posesión, sobre Harry Potter. Por supuesto, escondiendo los verdaderos propósitos de la boda.

Tenían todas las de ganar.

Severus bajó las escaleras y contempló la reunión que se estaba gestando allí. Paseó su vista hacia los presentes y con un gruñido suave, comenzó sus quejas diarias.

  • Acabo escuchar lo que has dicho- dijo Snape y Dumbledore asintió en silencio- ha de parecerte gracioso. Pero, noticia, a mí no me parece.

Hermione se mordió el labio inferior y miró a Harry. Por alguna razón, ese iba a ser un momento incómodo. Inspiró y caminó hacia la cocina, mientras Albus y Snape, se miraban en silencio. Harry estaba en medio de ellos.

  • Bueno, es la única forma de...

  • ¿Te ha pasado por tu brillante cerebro deductor, que quizá yo no quiera seguir con este jueguito?

  • No tienes el poder para escoger.

  • Cuando sea ministro...- susurró Snape, pero Harry sí pudo oírlo. Tembló ante la idea de que Snape pudiera decidir, el destino de cada uno de ellos. Eso era inquietante en todo sentido. Y parecía que su profesor, había notado que le perturbaba, puesto que sonrió de forma sarcástica.

  • No puedes hacer otra cosa, más que apegarte al plan. Y no discutiremos las razones- dijo Dumbledore, con una voz suave pero ligeramente dura. Snape no dijo nada más y ladeó la cabeza. Tonks bajaba las escaleras y miraba a su alrededor.

  • Lupin... ¿Querida?

  • No es a Lupin, a quién busco. Es a Snape...

Severus la miró, ceñudo. Con un suspiro, ella asintió en silencio y él, caminó detrás de ella. Se dirigió a la habitación que ella ocupaba en aquella casa. Snape inspiró, mientras ella cerraba la puerta y se giraba para mirarlo.

  • Estoy sangrando- dijo, con una voz suave. Severus parpadeó, ligeramente sorprendido- No se lo he dicho a Lupin, puesto que...- inspiró, nerviosa. Su rostro empalideció notablemente- Pensará que es mi culpa que...Pierda al bebé...

  • ¿Qué demonios, haces levantada?- fue lo único que dijo- ¡Recuéstate y quédate allí!

Tonks hizo lo que él le había gritado. Pudo mirar la sangre, que estaba en el suelo y en las sábanas. Esperaba por amor a Circe, que no perdiera a ese bebé. Una tragedia mundial, en el cuartel. Ya lo imaginaba.

  • No quiero perderlo. ¡Severus, ayúdame!

Bien... ¿Qué hacía? Dos cosas.

Una: Ir a San Mungo con ella. Dos: quedarse allí e intentar hacer algo por ella que conllevara, mirar sus partes privadas, para buscar algo que no sabía qué era...

La primera opción sonaba perfecto, pero la duda era si ella podría aparecerse para llegar hasta el hospital.

  • ¿Puedes aparecerte?

La respuesta no fue ni afirmativa ni negativa, pero igual se trasladó hasta el lugar acordado. San Mungo tenía que resolver ese problema. Mientras estaban allí, Harry y los demás en el hogar, ya comenzaban a preguntarse, qué ocurría.

Ellos nunca charlaban y mucho menos, pasaban horas encerrados en una habitación. Harry inspiró, preguntándose si Severus, estaba hiriendo a Nymphadora Tonks, con sus comentarios sin sentido y cargados de sarcasmo.

Nymphadora terminó en una cama de aquel hospital. Severus corrió las cortinas y miró a la mujer, que mantenía los ojos cerrados y respiraba con lentitud. Le habían dicho que de no haber llegado a tiempo, hubiese perdido a su bebé. Contaba con dos meses y medio de gestación.

Se había dado cuenta, ligeramente tarde. Bueno, ¿qué sabía él, de organismos femeninos y todo eso? Nada.

Estaba sentado, mirándola. Mantenía sus manos sobre la cama y la contemplaba, mientras dormía. Pensó que estaría largo tiempo allí y prefirió estarlo, que recordar todo lo que le esperaba en el cuartel.

Mientras dormía, la mano de Nymphadora, de improvisto, tocó la suya. Le habían recomendado un buen descanso y él supuso, que en el cuartel, no lo tendría. Sin saberlo, su mano estaba cubierta por una más grande.

Iba a necesitar, un informe para la orden. Un informe de que estaban descuidando a su miembro más débil. A uno de ellos.

Lupin abrió las puertas de las habitaciones, pero ellos no estaban allí dentro. Inspiró y bajó las escaleras. De regreso, nadie tenía una respuesta.

¿Dónde podrían estar?

  • En realidad...- comentó Hermione, preguntándose si era una buena idea decirlo- El profesor Snape, prepara pociones. ¿Cierto?

Todos estuvieron de acuerdo.

  • Quizá le pidió algo y fueron a buscarlo o quizá...Se sentía enferma y la llevó a algún lugar.

Bendita su mente, que estaba en lo cierto. Sirius apretó los dientes e inspiró con fuerza. A dónde fuera que estuviesen, seguramente Snape, no le haría nada bueno. Harry no pudo evitar pensar lo mismo que su padrino, en cuanto éste lo comentó.

Lupin parecía nervioso, desquiciado. Quería encontrarla. Había notado la sangre en la cama y comenzaba a creer que Snape y ella, habían discutido o algo parecido.

Severus permaneció sentado, mientras Tonks se despertaba con lentitud. Lo contempló e inspiró, casi sonrió. Él no dijo nada, se mantuvo adusto, en su lugar.

  • Severus...

  • Está bien, el bebé está sano- fue lo que contestó, adelantándose.

  • Quisiera hacerte una pregunta- dijo y el hombre parpadeó, nuevamente sorprendido.

  • ¿Qué cosa?

  • ¿Por qué me proteges? ¿Es que acaso?...

  • Me pediste ayuda y te la di. ¿Y qué esperaba? Que me quedara allí parado, mientras miraba como te "diluías" tú misma. Aunque a ciencia cierta...

  • Ya, eso me sirve- dijo ella con una sonrisa- gracias...

Mientras Tonks descansaba, Severus escribía una carta. Tenían que saber de su estado. Lupin en cambio, prefería lanzarse a la búsqueda. ¿Dónde demonios estaban? Comenzaba a preocuparse. Severus no tardó en redactarla y enviarla.

Esperaba que se percataran del dilema. O que al menos, entendieran que ella necesitaba descansar. Aunque... ¿Quién podría?

Lupin, agotó todos sus recursos. Estaba comenzando a pensar negativo. Comenzando a inquietarse por Snape.

Lo mataría, de hacerle daño a Tonks. Aunque Albus insistía, en que debían mantener la calma, que conociendo a Snape, las respuestas llegarían.

Y llegaron. Una carta.

Al poco tiempo, Lupin caminaba hacia su "pareja". Severus emergió, de las cortinas y Dumbledore lo miró con una sonrisa suave.

  • Has hecho bien, Severus...- dijo y Snape, simplemente inspiró- ¿Cómo está ella?

  • Está a salvo, solo necesita descansar y será mejor que le des un buen descanso. A no ser, que quieras oír sus quejidos.

  • Sí, ya lo había pensando. Lupin se quedará con ella, mientras gesta a su hijo. No es conveniente, que pase tanto estrés.

Harry inspiraba, mirando a su profesor de pociones. Mientras esperaban por el veredicto de Lupin, acerca del estado de Tonks, el muchacho creyó ver algo. Creyó ver a una persona que no pensaba encontrar, en ese lugar. Caminó, casi corrió hacia ella. ¿Qué estaba haciendo allí adentro?

La contempló, mientras recorría el lugar, con mucha calma. Se detuvo detrás de ella y ese ser, se detuvo también. ¿Por qué estaba allí, qué estaba buscando?

  • Hola, Harry Potter.

  • ¿Qué haces aquí?- preguntó, con resentimiento.

  • Visitaba a unos amigos. Los Longbottom. ¿Los conoces? Claro que los conoces...

  • ¿Te has divertido mirando, cómo has destruido sus vidas?- gruñó Harry, con su varita en alto. La sombra sonrió.

Las curvas de aquella mujer, se perdieron en la oscuridad de un pasillo. Harry soltó un gruñido. ¿Qué hacía Bellatrix Lestrange, en San Mungo?

  • Lucius- dijo Albus y Snape, lo contempló- ¿Qué haces aquí? Supuse que no podías poner un pie en lugares como este. Lleno de enfermos...

Lucius no dijo nada y para cuando Harry regresó, se sorprendió de encontrárselo. Severus alzó la mirada, para contemplar a Harry y Lucius, se dio la vuelta. Claro, ¿Cómo olvidar al famoso Potter?

  • ¿Qué haces aquí, Lucius? Si se puede saber, por supuesto.

  • He venido con mi hijo- dijo, con su usual voz arrastrada- Lo atacaron.

  • ¿Quienes?- dijo Albus y Snape, lo miró, ceñudo.

  • Unos aurores. Y como hay una orden para apresarlos. ¿No es cierto? ¿Albus?

Severus despegó los labios, pero Albus movió una mano, para que no siguiera. Lucius sonreía, pero Harry sabía que mentía.

  • ¿Aurores?

  • Sí. Dos. Y los identificamos.

  • ¿Los?

  • Bellatrix y yo...Los identificamos.

  • Ah, entonces me alegro de que Bellatrix siga siendo tan audaz, como siempre lo ha sido. Un poco loca, si me permites decíterlo.

Lucius no dijo nada y torció el gesto. Snape se preguntaba si los aurores que iban a enlodar, eran muy importantes para la orden. Conociéndolos, seguramente buscarían a sus presas más jugosas.

  • Los aurores irrumpieron en nuestro hogar y atacaron, a mi familia.

  • ¿Quienes?

  • Alastor Moody y Kinsgley...Intuyo que los conoces.