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Lazos de sangre — capítulo 14
Remus iba de un lado al otro, mientras Alastor gruñía con fuerza. Iba a terminar en la cárcel, al igual que Kinsgley. Aunque ambos aurores aseguraran, que no habían tenido nada que ver con el supuesto "ataque".
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¡Estoy seguro de que ese maldito infeliz, ha inventado todo!- dijo Alastor Moody y su bastón resonó en la fría piedra de aquel lugar.
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Tenemos que calmarnos, atenernos a lo que ocurre. No podemos simplemente tomar una mala reacción. Quién sabe, qué podría suceder.
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¿Qué carajo crees tú que pase?- dijo Moody con otro gruñido- Ya vas a casar al chico con Snape, para intentar rebatir un maldito plan que simplemente no tiene sentido para nadie.
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Severus cuidará de Harry.
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¡Sigue creyendo en cuentos de hadas! Ese hombre ha de estar más enlodado en el asunto, que mis botas, cuando termino en un pantano.
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Confiemos en Severus- continuó Dumbledore, mirando a Kinsgley- Luego de que él sea ministro, podríamos cambiar las cosas.
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El curso de Hogwarts está por comenzar- analizó Kinsgley- ¿Quién será el nuevo director?
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Me temo que será, directora
Harry miraba a Snape, mientras Molly hablaba de la boda que llevarían a cabo. Tenía entre sus manos un pedazo de pergamino y temblaba, mientras lo sostenía. Snape negaba con la cabeza, ante la estúpida propuesta que sostenía.
Un matrimonio forzado, la mejor forma de salvar al mundo. Harry ladeó la cabeza y se preguntó, si sus amigos, allí presentes, estaban pensando algo extraño de él. Bien, eran sus mejores amigos, pero eso no evitaba que tuviesen pensamientos impropios. En realidad, no iba a servirle, saber si Ron lo consideraba más allá de lo permitido o si Hermione, se sorprendía al saber lo que iba a ocurrir.
Iba a ocurrir.
- La boda tiene que concretarse pronto- dijo Albus y tanto Harry como Snape, lo miraron. Remus estaba en silencio, pero Sirius no dejaba de quejarse.
Para Sirius, no era necesario, pero Dumbledore no lo escuchaba. Albus se detuvo junto a Harry y bajó la vista hacia el muchacho. Harry supuso, que el mensaje no iba a gustarle, aunque la expresión del director, era muy calmada.
- Harry, necesito pedirte un favor. ¿Podrías venir conmigo? Hay algo que debo decirte.
Harry asintió en silencio y caminó junto al director. Severus los siguió con la mirada, hasta que se perdieron por las escaleras. Dumbledore entró en una habitación y se sentó en una de las viejas camas, probándola. Luego de ello, le pidió a Harry, que se sentara a su lado. Eso hizo.
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Harry, quisiera que me hicieras una promesa. Sin importar la circunstancia, la tienes que cumplir, al pie de la letra.
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Sí señor...
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Quiero que me prometas, que pase lo que pase, harás todo lo que el profesor Snape te pida. Todo eso que él ordene, lo harás. Sobretodo, si te pide que te quedes, que te ocultes.
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¿Qué cosa?- repitió, confundido- ¿Hacer...?
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Sí. Por favor, solo quiero pedirte eso. Él sabe lo que hace y necesito que le brindes todo el apoyo que sea necesario.
-
¡Pero señor!- se defendió Harry- a Snape no le agrado, ni siquiera es uno de los nuestros...Es un...
-
Harry...
El muchacho guardó silencio, en cuanto los azules ojos de Albus, lo analizaron. ¿Por qué tenía que hacer todo lo que ese hombre le pidiera? Si por él fuese, le diría que se lanzara de la primera ventana que encontrara y ¿tendría que escucharlo? Negó con la cabeza, alejando ese pensamiento de la misma. Albus sonrió suavemente y volvió a mirar hacia el colchón viejo y sus resortes, a punto de saltar por los aires.
- Sé que será difícil, pero ambos lograrán encontrar el verdadero camino. La solución a todos nuestros problemas.
No dijo nada, lo mejor era no contrariar al director. Con un suspiro suave, Albus se levantó de la cama y contempló a Harry, con una sonrisa amplia. Inspiró y luego, colocó una de sus manos, sobre el hombro del muchacho.
- Será mejor que te alistes, hay una boda en camino.
¿Cómo podía decirlo tan fácilmente y no inmutarse al respecto? Asintió, sin saber qué decir y lo observó salirse de la habitación. Se sintió vacío, estúpido. Estaba por casarse, con un hombre que le cuadruplicaba la edad y sin embargo, el mundo no veía el fallo en el asunto. El mundo solo veía lo que iba a salvar, gracias a ello.
Al bajar las escaleras, Severus Snape, estaba irritado. Escupía saliva, mientras Sirius gritaba muchos insultos a la vez. No podía escucharlo, pero tampoco podía entender a Snape. Albus estaba en medio de ambos hombres. Seguramente estaban por pelear y creía que para Sirius, no había varita que valiera. Y eso era peligroso para Snape, puesto que Sirius era considerablemente, más fuerte que él.
-
¡No le harás daño a Harry o juro que voy a matarte, Quejicus! ¡Voy a matarte y no...!
-
¡Potter es tan parecido a su padre, que cualquier comentario que haga en su contra, se diluirá como el agua!
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¡Vuelve a insultar a James y te haré tragar tus palabras!
-
¡Señores, por favor!- pidió Molly Weasley, pero ninguno de los dos le escuchó. Dumbledore alzó una mano hacia los dos y trató de hacerlos razonar.
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No podemos hacer nada, Sirius. La boda debe llevarse a cabo.
-
Él estará feliz, así podrá llevarle a Harry a su querido señor. Para que se enamore de él y pueda lamerle los zapatos.
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Me honra tu análisis. Muy sesudo, Black.
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Por ahora, necesitamos más uniones que desuniones. Necesito que vigiles lo que ocurrirá con Alastor y con Kinsgley, Sirius- le pidió Dumbledore, con una mirada severa, ya que Sirius daba apariencia de querer insistir.
Sirius soltó un gruñido y con paso militar, rodeó el salón y caminó hacia la salida. Hermione miró al hombre, que respiraba como si hubiese corrido un maratón y estaba pálido. Severus no se diferenciaba lo suficiente, excepto que era más bajo y mucho más blanco que el propio Sirius. Miró a su alrededor y luego, se perdió en una de las habitaciones, del piso inferior. Molly suspiró, mientras Dumbledore sonreía.
- Está nervioso. Una boda, no es cualquier cosa.
Ron negó con la cabeza y Harry se preguntó, cuál era el chiste de todo eso. Mientras pensaba, pasó largo rato, mirando a la nada, por una ventana. Todo estaba oscuro, las luces poco funcionaba y la situación también.
Estando allí, sintió algo muy curioso. Su cuerpo se sintió diferente, se sintió...Deprimido. Tenía sensaciones que no estaba experimentando, ciertamente. ¿Por qué? Ladeó la cabeza, al mirar un pasillo a oscuras. Severus Snape, se había quedado allí, por un largo rato. ¿Por qué estaba experimentando...?
Ira...Tristeza, rabia...Una sensación que no podía describir en realidad. ¿Acaso? No, no estaba volviéndose loco. Pero las sensaciones parecían ser...
De pronto, su cabeza se llenó de sentimientos tristes, de pensamientos diferentes. Sensaciones de desespero, de asfixia. Eso en definitiva, no era suyo.
Se levantó del alfeizar y se dirigió a la cocina. La sensación asfixiante sobre su garganta, no le permitía respirar, en lo más mínimo. Tomó un vaso y lo llenó con agua, acercándolo hasta sus labios, que estaban secos. Bebió unas pocas gotas, apenas podía pensar. Seguía sintiendo tristeza, rabia...Que su cabeza daba vueltas de un lado al otro.
Y entonces lo entendió y sus ojos terminaron sobre su muñeca. Su mano, el anillo y las sensaciones compartidas. Un embate muy poderoso. Pero... ¿No solo compartían los dolores físicos? Ahora también... ¿Las sensaciones?
Eso comenzó a preocuparle. Dejó el vaso sobre la mesa y caminó hacia el pasillo a oscuras. Se suponía que Severus Snape, estaba teniendo todas esas sensaciones juntas y su anillo, estaba reflejándoselas a él.
No podía ver muy bien, en realidad estaba oscuro, lleno de telarañas y de polvo. Inspiró, tratando de no estornudar y delatarse. Era un largo pasillo y al final, una puerta. Él debía estar allí, encerrado.
Caminó con mucha calma hacia ella, no quería delatarse. Lentamente, posó su oreja sobre la puerta y trató de escuchar algo. Sin embargo, no había ni un solo ruido. Su corazón latía muy fuerte, estaba tenso y las manos le sudaban de una forma increíble. ¿Qué podría estar ocurriendo?
Estuvo allí por largos minutos, pero no escuchó nada más. Tampoco sintió otra cosa. Todo estaba en paz, en su cuerpo, excepto por el hecho de que estaba muy nervioso. Despegó la cabeza de la puerta y pensó en regresarse. No había nada que buscar allí y Severus podía enfadarse si se enteraba que lo seguía.
Se dio la vuelta y comenzó a caminar, de regreso al salón. Mientras caminaba, escuchó un sonido fuerte y sintió un terrible ardor en su mano derecha. Soltó un quejido y se sostuvo la mano, que visiblemente, no tenía ninguna herida. Ladeó la cabeza hacia la puerta y regresó sobre sus pasos.
La abrió con la otra mano y miró hacia adentro. Severus estaba parado al final, le daba la espalda y algo caía en el suelo. Era rojo y oscuro, olía muy fuerte y él sabía lo que era. Snape comenzó a darse la vuelta y Harry notó con horror, lo que había estado tratando de hacer.
Su dedo estaba herido, lleno de sangre. Había tratado de quitarse el anillo, pero había fallado. Harry, sentía un dolor terrible e insoportable, pero Severus no se inmutaba. Inspiró con rabia y rápidamente, cubrió su dedo con su túnica. Pensaba caminar hacia el lugar donde Harry estaba oculto. El muchacho se apartó rápidamente y se cubrió con la oscuridad.
Severus miró a su alrededor y luego, caminó hacia el salón, con paso redoblado. Harry se quedó allí, inspirando y tenso. ¿Qué demonios le pasaba a ese hombre por la cabeza?
El dolor cedió tan pronto, Severus entró en la cocina. Imaginó que había hecho algo para curárselo y que sabía que Harry sentía ese mismo ardor. Una buena forma de torturarlo, intuyó él mismo.
- Profesor...La boda- dijo Molly- estamos listos para comenzar.
Snape soltó un gruñido y se levantó del sofá en donde estaba sentado. Harry, mientras, estaba en su habitación compartida con él, junto a Ronald. Miraban el "traje" que debía usar para la famosa boda.
-
Se supone que esto debería resolver el problema, pero no le veo la pizca de ayuda que hará por todos nosotros- se quejó Ron y pese a que el que se casaba era Harry, él no dijo anda al respecto.
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Al menos sabemos que el profesor Snape, no le hará daño a Harry- dijo Hermione y Ron se permitió reír en su rostro.
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Sigues creyendo eso, al igual que él...
Eso no le reconfortaba en lo más mínimo.
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Vamos Harry, se nos hará tarde- dijo Molly Weasley, acomodándole el cuello de el traje- te ves muy guapo en él.
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¿Por qué tengo que usar esto?- preguntó él, con confusión y Molly inspiró.
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Bueno, Albus quiere que todos sepan que te casarás con el profesor y cree que la presencia hará todo, muy creíble.
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Claro...Es que esto parece un cuento de terror- dijo Ron, caminando hacia la salida- te veremos luego, Harry.
Antes de que Harry pudiera pensar en contestar, la señora Weasley se inclinó para estar del tamaño del muchacho y plantó un beso en su frente. Con un suspiro, colocó su mano sobre su hombro y con una sonrisa nerviosa, se dirigió a él.
- Pase lo que pase, sabes que cuentas con nosotros, Harry.
Harry asintió y no supo en qué parte de ese mensaje, agradecerle a la señora Weasley. Con un suspiro suave, la mujer planchó con su mano, las últimas arrugas de su traje y caminó hacia la puerta. Al bajar las escaleras, Severus Snape estaba en el salón, parado junto a la chimenea. Miró el aspecto de Harry y negó con la cabeza.
-
Estamos preparados- dijo Albus- será mejor que se vayan.
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¿Qué pasará luego de esto?
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No lo sé- dijo Dumbledore- quizá Severus, despierte ministro.
Eso tampoco calmaba a Harry, ni le importaba a Snape. Con un suspiro, Sirius los miró a ambos y luego, colocó su mano en el hombro de Harry. Estaban listos para aparecerse. Dumbledore ya lo había planificado. Nada fallaría.
- La boda está en proceso- dijo, el anciano director.
Desaparecieron en un abrir y cerrar de ojos. Se reagruparon en una curiosa edificación. Harry miró sus paredes de piedra y sus enormes columnas. ¿Dónde estaban? Eso no era una iglesia, como solían acostumbrar los muggles. Snape inspiró y caminó hacia el frente.
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¿Dónde estamos?
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En el ministerio de magia- dijo Sirius- en su departamento de casamientos.
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¿Hay un...?
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Acá hay de todo, Harry... Y mortífagos también.
Obviamente, el comentario era para Snape. Harry lo contempló en silencio, hasta que escuchó la voz del Sr. Weasley, que hizo un profundo eco entre aquellas paredes de piedra.
- Acércate Harry, para que demos inicio.
Harry se preguntó si no podía salir corriendo por el lado contrario. Con un caminar lento, se detuvo junto a Snape y se sentía estúpido. Con una sonrisa suave, Molly contempló a Harry.
- Deben sostener las manos que tienen los anillos- dijo el Sr. Weasley, con su varita en alto. Harry se preguntó, en qué parte de lo ocurrido en ese lugar, alguien iba a enterarse.
Se arrepintió de escuchar, cuando a sus oídos llegó una voz que conocía muy bien. Rita Skeeter y sus periodistas, estaban allí. Albus Dumbledore ladeó la cabeza, para mirar a la mujer, que parecía sorprendida.
-
Bienvenida a la boda, Rita- dijo, con una sonrisa y la mujer se sorprendió una vez más.
-
Ahora, Harry. ¿Juras que harás todo lo que esté en tus manos, para mantener esta unión y protegerla de cualquier eventualidad, mientras aún te quede vida para cumplir con esta tarea?
Harry meditó. ¿Jurar o no jurar? Miró en dirección a Snape y su insondable mirada. Sus oscuros ojos, si era posible, estaban más oscuros que antes. Con una especie de inspiración profunda, asintió en silencio.
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¿Qué? No pude oírte.
-
Lo juro...
No esperaba que lo jurara. Severus ladeó la cabeza hacia el Sr. Weasley, que trazaba una larga lengua rojiza, alrededor de sus manos.
- Profesor Snape, ¿Jura que hará todo lo que esté en tus manos, para mantener esta unión y protegerla de cualquier eventualidad, mientras aún te quede vida para cumplir con esta tarea?
Severus tardó en responder, meditaba. Realmente no deseaba casarse y mucho menos, con alguien como Potter. Ron estaba sorprendido y Hermione, simplemente miraba el asunto, sin parpadear. Dumbledore suspiró, mientras Snape se mantenía en silencio. Era crucial para el plan, que aceptara casarse.
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Lo juro.- confesó y Harry se sorprendió abiertamente. Albus inspiró en silencio.
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Por el poder que se me ha conferido, he decidido declararlos en matrimonio- comunicó, cuando la segunda lengua, se apagó entre sus muñecas- No habrán quejas que puedan sepáralos, en este preciso momento. Ya están unidos el uno al otro.
Harry esperaba que se terminara, pero lo peor estaba por ocurrir. El Sr. Weasley había inspirado y los miró a ambos.
- Harry, debes besar al profesor, para sellar la última lengua en sus manos.
No muy útil y nada práctico. Su peor temor, salió a la luz, en cuanto ambos se miraron. Harry no hizo ni dijo nada. Severus suspiró, soltando un quejido de frustración y tomó la quijada de Harry con una de sus manos. Sus dedos largos, se sintieron fríos, bajo la túnica.
Lo besó, sin siquiera dejarle espacio para el pensamiento. Sus labios se imprimieron sobre él, secos y ásperos, mientras la última lengua de fuego se cerraba sobre sus muñecas y la anonadada Rita Skeeter, escribía con rapidez.