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Lazos de sangre — capítulo 16
Pues que los anillos retuvieran a las personas, por mero deseo, no se lo esperaba. Lo dejó "ir", no supo como, pero simplemente lo hizo. Severus desapareció ante sus ojos. Ya sabía que era mortífago, no tenía por qué mentirle al respecto.
Y no podía tampoco. Todo lo que sintieran sus emociones, lo iba a sentir él también. Curioso. Supuso que su padre quería proteger a su madre. Una forma un tanto compleja, pero a lo mejor quería deducir cosas, con sus sentimientos.
Algo que Dumbledore no le había explicado. Exhausto, Harry se dejó caer en la cama más cercana y meditó. El peso muerto de su profesor, su aliento sobre su cuello y la mirada cargada de dolor en sus ojos, no abandonaba sus pensamientos.
Mensajes iban y venían, eventualmente, tendrían que leer más. Cartas del ministerio actual, no dejaban de llegar. Sorprendidos, ante la decisión que Snape acababa de tomar. Fudge estaba dispuesto a dialogar con Snape a llegar, a algún acuerdo que pudiera brindar la "paz" a lo que estaba por caerse.
El telón de la mentira. Mientras pensaba, algo apareció en el salón de aquella casa. Era Remus. Traía noticias. Noticias alegres, otras malas. Lo normal, en esos momentos de guerra y de indecisiones.
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¡Hola Remus, querido!- exclamó la Sra. Weasley y él sonrió- ¿Cómo ha estado todo? ¿Cómo está...?
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¿Tonks? Está bien. El bebé y ella están bien.
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¿Es...?- preguntó la Sr. Weasley y él inspiró. Parecía muy feliz.
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Es un varón- dijo él, emocionado por revelarlo- Nymphadora se hizo uno de esos exámenes y resulta que es un varón.
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Nos alegramos mucho- dijo la mujer y Hermione asintió en silencio, con una sonrisa- ¿Ya han pensado en cómo llamarlo?
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No, aún no. Nymphadora estaba dormida, cuando la dejé- dijo, quitándose la gruesa bufanda. El frío afuera, volvía a ser inclemente.
Harry se detuvo en la escalera y bajó con mucho cuidado. Al verlo, Remus sonrió y encorvado, se acercó a él. Juntó sus manos con las suyas y sonrió, abiertamente. Harry se sorprendió ante el gesto, pero prefirió esperar por su mensaje.
-
Harry, tengo algo que pedirte. Ya lo he hablado con Nymphadora.
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¿Qué es, Remus?
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¿Querrías ser el padrino de nuestro hijo?
Parpadeó un par de veces, sorprendido, ante la proposición que estaba recibiendo. Remus lo miró, expectante. Comenzaba a creer, que estaba soñando o algo por el estilo. Inspiró y asintió en silencio. Remus pareció feliz, por su respuesta.
- Nosotros nos sentimos honrados, de que seas el padrino, Harry.
¿Por qué no Sirius? Ellos dos, eran grandes amigos. No se atrevió a dudarlo y sonrió con él. La Sra. Weasley, traía un par de copas y un poco de vino. Quería brindar por el bebé que nacería pronto. Hermione sonrió, al colocar las copas sobre la mesa.
- Esto tenemos que celebrarlo. ¿O no, Harry? Una buena noticia, en lo que va de mes, siempre es celebrable.
Harry asintió, mientras bebía junto a Hermione, un poco de vino. A ella no le gustaba mucho así que después de unos pocos sorbos, desistió de continuar. Harry solo bebió una copa. El vino lo mareaba ligeramente. Remus parecía tan feliz, que podía pensarse, que no estaba ocurriendo nada en absoluto.
- Una copa más, Harry, para celebrar- dijo ofreciéndosela. Harry asintió y bebió el último sorbo de placer, en cristal.
Pero Severus no la pasaba tan bien, como él. Su señor estaba allí, parado, mirándolo con una expresión de profunda concentración. Estaba enterado de los movimientos ministeriales, que se estaban presentando.
Él también quería que Snape, su fiel Severus, terminara ministro. Le encantaba el plan de Dumbledore y jamás se creyó, partidario de una de sus ideas. Severus solo sabía y entendía una cosa.
Problemas para su persona.
-
Entonces, solo se fue- dijo Sirius, con una expresión que confundió a Harry. Esperaba que gritara, que lo insultara- Y te pidió que me lo dijeras.
-
Sí, me dijo que tenía que decírtelo. Que tú le dirías a Dumbledore. ¿Decirle qué, Sirius?
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Creo que es un asunto entre miembros, Harry.
-
Pero, yo soy miembro...
-
Entre miembros superiores- insistió Sirius, levantándose de la cama en donde estaba sentado, dando por finalizada la conversación- Por cierto, dile a Hermione que Ron le ha enviado una carta. Creo que si no le cuentas que nos ha llegado, enviará más y más. Está algo desesperado por ella, ¿No es cierto?
Algo era una frase muy corta, para como estaba actuando Ron. Bien, no lo culpaba. Proteger a Hermione, también era su trabajo. Asintió, con una sonrisa fingida y regresó a sus planteamientos, en cuanto Sirius, trancó la puerta.
¿Qué podía estar haciendo Snape, que requería de máximo secreto? Comenzaba a dudar del modus operandum de la orden y sus miembros. Inspiró y se levantó de la cama. No iba a conseguir nada, quejándose.
Tenía que comenzar a mirar el asunto, desde otra perspectiva. Mientras pensaba en eso, muchas cartas comenzaban a llegar. Ya sabían que Snape residía allí, pero lo más extraño, era que estaban dirigidas a él también.
Simpático el hecho de que las firmaran como "Señores Snape". Las contempló, cuando nadie había ido a mirarlas. Muchas preguntas, muchas entrevistas para el profesor, para su "esposo". Encuestas realizadas, parecían demostrar que Snape tenía todas las de ganar. Estar aliado a Harry, era algo que los ciudadanos veían como positivo.
El niño que vivió, era el arma perfecta para una victoria segura. Se sintió como una especie de trofeo y desistió de seguir leyendo los titulares. Su estómago no resistía tanta mentira. Sobretodo, aquel anuncio de más de dos páginas, de Rita Skeeter. Detallando su beso, como "apasionado", con sentimientos ocultos que ambos no se habían demostrado. Que ese odio que sentían por el otro, simplemente era una cortina de humo, para engañar a las posibles parejas que podían aparecer a su alrededor.
El beso con su profesor, había sido menos que apasionado. Había sido frío, en cierta forma, distante. No esperaba algo más que eso, ni quería más que eso. Simplemente, no podía abandonar su mente, esa escena.
Mirarlo a los ojos, solo fue la respuesta a muchos de sus temores. Severus Snape, lucía tan muerto a la vez de infeliz. Todos esos sentimientos, los pudo percibir en el beso. Quizá estaba loco, pero sintió una especie de punzada en su estómago. El anillo que llevaba le decía, que su pareja, estaba sintiendo algo similar, en el beso.
¿Significaba algo en particular? ¿Cómo saberlo? Ni siquiera había comprendido aún, cómo lo ataba a él, sin esperárselo. Bueno, apartando todo eso, sentía que Snape iba a tener problemas de ahora en adelante.
Ser de dos bandos a la vez, no era anda fácil y temía por una razón que no pudo describir, que la noche de bodas, terminara como "noche de muerte". Y era muy probable, con tantas noticias que circulaban por el mundo en el que vivían.
Al anochecer, la casa estaba muy callada. La mayoría de los miembros de la orden, ya la habían abandonado. Solo quedaba Sirius y esperaba a Snape, que insistía, estaba por volver. Harry sentía que iban a dejarlo solo, con el profesor de pociones. Parecía que la vida en pareja, se tomaba muy enserio.
Y se quedó dormido, pensando en una forma fácil de morir, gracias a él. Quizá lo mataría ahogándolo. Envenenando su jugo al amanecer o simplemente mientras dormía. Cualquier cosa podía pasar.
Estando en la cama, escuchó un curioso ruido. Algo muy fuerte que se escuchó en la planta inferior. Harry ubicó sus gafas, lo más rápido que pudo y caminó hacia la puerta, para escuchar. Pensó que era Sirius, pero en el salón, ya no había nadie. ¿Snape habría vuelto?
Bajó las escaleras, en silencio. Sorprendido ante el ruido que se acrecentaba. Inspiró, manteniendo su varita junto a él y preparado para cualquier eventualidad. Ladeó la cabeza, cuando una sombra se acercó a él, por la cocina.
Era él, Severus Snape. Apenas se podía mantener en pie. Se resbaló de una forma que pareció dolorosa. Cayó de rodillas en el suelo y Harry estaba allí, caminó aprisa para alcanzarlo. Lo miró, estaba pálido una vez más. Apenas respiraba y su mano, la mano donde estaba el anillo, estaba hinchada.
Pronto sintió los estragos de la molestia. Antes de que cayera al suelo, Harry como pudo, sostuvo su cuerpo. ¿Qué habría pasado? ¿Habría recibido el castigo, de estar casado con él? Seguramente, por como regresaba.
Su mano le ardía, la vieja herida que tenía ya, comenzaba a arderle de nuevo. Con una inspiración honda, Harry mantuvo el cuerpo de su profesor, junto a él. No podía levantarlo y parecía que Snape, no daba señales de intentar algo. Solo estaba allí, con los ojos cerrados y con una inspiración, apenas perceptible.
Tuvo curiosidad por saber qué había ocurrido, pero aparte de no podérselo decir por su estado, Snape, no se lo contaría. Sabía que eso sería lo inmediato. Él se levantaría en cuanto mejorase y simplemente se iría.
Pero fuera como fuera, parecía que el asunto era serio. Permaneció allí, esperando a que la situación se normalizara. No sabía si eso era lo que quería. Saber los pormenores, siempre era inquietante.
-
Potter- escuchó y se sobresaltó. No lo creía consciente de lo que ocurría a su alrededor- Busque...a Albus.
-
No puedo, no puedo dejarlo allí- bien. ¿Podría o no podría? Simplemente verlo allí, moribundo, no era algo que podía pensar en decidir.
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Búsquelo...- insistió Snape, con una voz gruesa que sonaba terrible.
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¿Qué ocurrió?
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Y por sobretodas las cosas, no haga preguntas necias...
-
¿Y luego de que lo encuentre, qué voy a hacer?
-
Dígale que...El señor tenebroso, quiere intervenir- dijo Snape, en voz baja y fue entonces, cuando Harry comprendió que estaban en malos términos.
Intentó encontrar una forma de dejar a Snape en una buena "posición". Pero realmente, era algo que no podía manejar. Tomó un par de cojines del sofá y acomodó su cabeza en él. Estando en el suelo, cerca del sofá, eso era lo mejor que podría hacer. Se levantó y miró a su alrededor, nervioso.
¿Cómo se lo hacía saber, sin aparecerse? Parecía que Snape le había leído la mente, puesto que lo miró con una mueca de ironía.
- Utilice su cabeza, Potter. La chimenea de Hogwarts, es la única...Donde el ministerio no tiene jurisdicción.
Eso era...Por supuesto. Con mucho cuidado pero con rapidez, tomó un puñado de polvos flú y al poco tiempo, ya no estaba en aquella sala.
Albus entró al poco tiempo. Severus seguía allí, como lo había dejado. Pidió que lo recostaran en su cama y lo dejaran allí. Harry quería muchas respuestas, que el director no iba a darle o no entendía.
-
¿Su mano, dices?
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Sí. Estaba hinchada, cuando llegó.
-
Quizá Voldemort, estaba experimentando algo. Muy probable. Tal vez quería remover el anillo.
-
¿Para qué?
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Si descubre cómo funciona, quizá quiera usarlo en tu contra, Harry.
-
Pero... ¿Y la varita completa?
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Ese es otro detalle. Pero esa tiene otra función. Solo dura una vez, Harry.
No comprendió el mensaje. Dumbledore inspiró y lo contempló con mucho cuidado. Sus ojos azules, destellaron por unos minutos.
-
Cuida de él, vigila que todo esté bien. Pobre Severus, ha de estar exhausto.
-
No me dejará acercarme.
-
A estas alturas, aceptará cualquier cosa. No lo notará. Solo ve.
Asintió y lo observó desaparecer. Inspiró, preguntándose si habría más noticias inquietantes. Con una expresión de curiosidad, se inclinó, para mirar a Snape. Mantenía los ojos cerrados y estaba dormido o eso parecía.
Su mano seguía herida. Tomo una especie de pañuelo y simplemente la humedeció en agua fría y la enrolló a su alrededor. Esperaba que la inflamación cesara.