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Lazos de sangre — capítulo 17

Harry permaneció allí, cuidando de su profesor, de su pareja. No supo nada más de él, en toda la noche. Se había sentado a un lado, en una silla y amenazaba con dormirse. No podía mantenerse despierto y la cabeza le colgaba, de una forma dolorosa.

Deseaba que llegara el amanecer.

Y cuando llegó, solo sintió un terrible ardor en su cuello. Severus ya estaba despierto y estaba sentado en la cama, mirando con sorpresa, lo que tenía a un lado. Harry Potter, en una silla y a punto de resbalarse o algo similar. ¿Qué estaba haciendo allí sentado?

Pues su respuesta tuvo lugar, al mirar su mano atada a un pañuelo que seguía ligeramente húmedo. Con mucho cuidado, comenzó a desatarlo y miró su mano. La hinchazón, había cedido aunque seguía luciendo herida, su mano.

¿Había sido él, quien lo había hecho? ¿Quién lo había cuidado? Comenzó a pensar, que algo había ocurrido el día anterior, que él no había notado.

Se acomodó en la cama y con su mano sana, movió el hombro de Harry para despertarlo. El muchacho se despertó de inmediato, con un gesto brusco y sus gafas, se resbalaron. Las atrapó en el aire, mientras Severus lo miraba.

  • Levántese de allí, Potter. Antes de que termine con alguna contractura muscular.

Harry inspiró y pronto su mente, maquinó muchas preguntas que dudó que Snape, quisiera responderle. Se levantó de la silla y sintió que se caería. Su cabeza soltó un quejido que pudo sentir en todo su ser. Un embate eléctrico. Severus había tomado su saco y abierto la puerta de la habitación. Estaban solos, ya no había ningún miembro de la orden en ese lugar. ¿Qué se suponía que iban a hacer allí, encerrados? Con una sonrisa escueta, Snape pensaba lo mismo. Al menos, tenía la certeza de que debía cumplir misiones para ambos bandos y no viviría encerrado en ese lugar, junto a Potter.

Harry quiso pensar en algo coherente, pero su estómago tuvo la última palabra. Un fuerte ruido, salió de él y la sonrisa de Snape, se ensanchó más aún.

  • Baje a la cocina, seguramente podrá encontrar algo que calme a su angustiado estómago.

Quiso decir algún insulto, algún sarcasmo, pero no tenía cabeza para eso. Caminó detrás de él, mientras Snape contemplaba la casa, como si buscara algo.

Como Harry imaginó, el desayuno estuvo tan callado y muerto, como solía estarlo, cuando cenaba con los Dursley. Bueno, no cenaba con ellos, solamente cenaba encerrado y cuando querían permitírselo. De todos modos, el punto que trataba de demostrar, quedaba claro.

Severus era muy meticuloso, hasta para comer. Era sorprendente, lo organizado que era. Vasos y cubiertos, pañuelos y alimentación. Todo lo medía con una concentración tal, que resultaba tenebroso.

No había líneas rotas, en la vida de Snape. No había dobles opciones, ni otras posibilidades. Vivía en la monotonía cromática. Comenzaba a resultar inquietante que una persona así, tuviera una vida. De ser él, ya se hubiese desesperado por ser tan aburrido.

Pero así era Severus Snape y se preparaba mentalmente, para verlo todos los días, de la misma forma. Haciendo lo mismo, diciendo lo mismo y sintiendo lo mismo.

  • ¿Qué tanto me mira, Potter?- preguntó, cuando se hubiese ensimismado en sus pensamientos.

  • ¿Eh? Nada señor

  • Pues le diré, que no me gusta su mirada- confesó Snape con una mueca de su boca. Una mueca de asco- y será mejor que deje de hacerlo.

Se obligó a asentir y a bajar la vista hacia su plato. Mientras terminaba el desayuno, Severus ya estaba en el salón, buscando un libro en la biblioteca personal que tenía en su poder.

Harry lo miró con curiosidad, pero lo mejor era no preguntarle. Con un suspiro suave, Severus caminaba a lo largo de la biblioteca, acariciando con los dedos, el lomo de cada uno de los libros que miraba.

  • Me imagino que lee, Potter.

  • Sí, leo- contestó Harry con una voz cargada de rabia. Severus asintió y continuó mirando su vasta colección.

  • ¿Qué libros lee, Potter?

  • Diferentes tipos- dijo Harry y Snape asintió en silencio, paseando a lo largo del estante.

  • ¿Cómo cuales?

  • De misterio...

  • ¿Quiddicth, cierto? A su padre le encantaban y vivía sacándolos de la biblioteca.

  • No solo eso- dijo Harry, con el tono más calmo que pudo adoptar. Snape volvió a asentir y sacó un libro de la biblioteca. Harry se preguntaba qué estaba haciendo.

  • Por supuesto, a su madre…La compadecí en un momento. Teniendo que escuchar sobre esas lecturas tan superficiales. ¿No cree usted también, que son muy superficiales?

Insistía en provocarlo. No sabía qué buscaba. Severus miraba el libro, pasaba las páginas con mucha calma, mientras Harry se preguntaba qué estaba haciendo. ¿Qué era lo que sentía gracioso? Con una inspiración profunda, Severus continuó pasando las páginas. Al encontrar lo que buscaba, simplemente se sentó en una silla alta y se dispuso a leerlo, como si nada hubiese ocurrido.

  • Entonces, tiene el mismo hábito que la Srta. Granger.

  • ¿Por qué me pregunta todo esto?

  • Bueno, es bueno saber que sirve para algo. Quizá pueda leer alguno de mis libros y servirme para algo.

¿Por qué se esperaba algo distinto? Inspiró e iba a contestar, pero una lechuza entraba revoloteando, con mucha fuerza. Se cubrió la cabeza, cuando la lechuza aterrizó cerca del sofá en donde estaba parado, de forma aparatosa. Snape le quitó la carta de la pata, antes de que se estrellara con un cojín. Harry la miró levantarse y sacudirse. Le recordaba tanto a Errol. La lechuza de Ron.

Por la expresión de Snape, la carta no tenía un mensaje llamativo. Inspiró y para la sorpresa de Harry, la leyó en voz alta y arqueó las cejas.

  • Querido Severus- dijo y Harry supuso de quién se trataba. La única persona que lo llamaba de esa forma

"No quiero molestarte a ti ni a tu esposo ¿O es al revés? En fin, quisiera decirte que he mirado el profeta de hoy y dice que las elecciones a ministro de magia comienzan. ¿Por qué figuras como candidato, cariño? En fin, quisiera que me dijeras en qué problema te has metido. Estoy muy preocupada. Muchos cariños para ambos, querido"

Harry se preguntó, si una carta podía ser más cursi que esa, que acababan de recibir. El profeta no tardó en llegar hasta sus manos. O más bien, el artículo.

Severus Snape, estaba a la cabeza de las "encuestas" realizadas por Rita Skeeter. Snape miró la carta y la dobló en pequeños trozos. Supuso que ser llamado "Querido", frente a él, no le agradaba. Torció el gesto y la dejó en la mesa. La lechuza ululó y Harry le acarició la cabeza. Ella le dio un picotazo y ladeó su cabeza, esperando algo, que también Harry se preguntó.

  • ¿No contestará?

  • ¿Debería?

  • Supongo que su madre quiere saber, de usted- confesó el muchacho y Snape no continuó hablando por unos segundos. Se encogió de hombros y se levantó.

  • Si tanto quiere saberlo.

Harry lo miró irse con una expresión de confusión. Entonces las elecciones comenzaban ese día y él, ¿él no se mostraba interesado? Se preguntó como sería su vida, una vez que ganara aquella elección.

También se preguntó si Voldemort sabía algo de su matrimonio. Por alguna razón, no tenía idea de sus sentimientos o de lo que hacía. Su cicatriz no le había dolido en semanas y cuando Severus había sufrido bajo sus "manos", no lo había sentido. ¿Qué estaba ocurriendo? Era posible tal vez, que todo estuviera relacionado o terriblemente desligado. Entonces, habría dos guerras paralelas. Eso no le gustaba en absoluto.

Snape regresó con una carta y sin mirar a la lechuza, se la tendió. La lechuza ululó, tomándola con el pico y en poco tiempo, alzó el vuelo. Regresó a su asiento y Harry volvió a sorprenderse de la calma que mostraba.

  • Hoy anunciarán los resultados y se desarrollará la elección ¿y usted no se preocupa en lo más mínimo?

Snape inspiró en silencio y miró a Harry con detalle. El muchacho parecía preocupado, más que él, en esos términos. Negó con la cabeza y esbozó una sonrisa escueta.

  • ¿Debería preocuparme?

  • Lidera las encuestas

  • Entonces ¿Para qué me voy a preocupar?

  • Por que podría ganar.

  • ¿No es eso lo que Albus quería?

  • De todas formas, podría significar algo importante. Incluso para su señor…

No esperaba ese comentario. Suspiró, mientras Harry no bajaba la vista de sus ojos. Bien, podría tener razón, podría Voldemort dañar los planes de Albus. Pero como lo conocía, seguramente ya tenía un plan de contra ataque.

O esperaba que lo tuviera.

Harry se mantuvo allí, mirándolo con aprehensión. ¿Por qué actuaba como si nada a su alrededor, tuviese sentido? Muy centrado en sí mismo, aunque bien el egocentrismo no era propio de Snape, sentía que nada le importaba, solo lo que él representaba.

Snape esbozó una sonrisa torcida, al ver su expresión de concentración, su preocupación, por algo tan insulso como unas elecciones. Antes de que siquiera pudiera decir algo, muchas lechuzas entraban, una tras otra.

Cartas del ministerio. Todas y cada una de ellas, caía en el sofá donde estuvo sentado, anteriormente. Pedidos, parecían súplicas para que retirara su carrera de las elecciones. Aunque tanto mortífagos como pueblo, parecía estar interesado en que Harry estuviera junto a él. Curioso que ambos quisieran al mismo ser. Su cabeza.

Se imaginaba la expresión de Lucius Malfoy, al saber que Severus Snape le llevaba la delantera de forma increíble. Por supuesto, destrozarle los planes a Draco Malfoy y su familia, era algo que simplemente no podía olvidar. Con una sonrisa a medias, Severus miraba las declaraciones de sus contrapartes, en cuanto a su persona.

Pues pasó la noche despierto, las lechuzas no tardaban en llegar y más, más de ellas. Simplemente era una odisea de cartas. Informaban a cada minuto, quién estaba en la punta y quién abajo. Los aurores también escribían lo que escuchaban o escribían otros. Se convertía en algo desesperante. Pronto terminarían como un aviario.

Y sin embargo, Snape no se inquietaba en lo más mínimo. Estaba sentado en la cama, mirando un libro, mientras Harry observaba a las lechuzas que iban y venían, arrojando cartas a una pila de ellas. Era algo increíble de ver.

  • Más leña para el fuego- dijo el hombre y Harry quiso decir algo elocuente, pero estaba ocupado en mirar a los animales de distintas formas y tamaños, que entraban y se iban. Entraban y se iban de nuevo.

Nunca habría creído, que las elecciones en el mundo mágico, eran tan difíciles. Solo de mirar las cartas, las estadísticas que se manejaban y las opiniones, ya comenzaba a cansarse del asunto. Snape dejó el libro a un lado y se tumbó sobre la cama. Con una expresión de calma, cerró los ojos. Harry trató de imitar la acción, pero le era imposible. El rasgar de las pezuñas, en las lechuzas, al aterrizar en algo, era inquietante.