Tituladas 15.1% · 30,063 de 199,415 descubiertas
Rescatado 23.3% · 21,950 de 94,296 páginas identificadas · 21,944/22,652 caps con texto ☕ Invitanos un café

← Lazos de sangre · de

Lazos de sangre — capítulo 19

Harry se quedó helado. El público presente, también. ¿Cómo podía decir semejante cosa? Las personas murmuraban, mientras Snape asentía en silencio. Sin embargo había un potencial detonante. La información que supuestamente, él tenía. "Que tenía".

  • ¿Y qué clase de información tiene él?- preguntó una mujer, baja y Snape ladeó la cabeza hacia ella. Se temía esa pregunta.

  • Cuestiones ministeriales. No podemos compartirle todo a la ciudadanía- sonrió con un gesto sarcástico y la mayoría estuvo de acuerdo.

  • ¿Cómo sabemos que no miente? ¿Que no está en verdad, enamorado de ese muchacho?

  • ¿Lo estaría, a mi edad?

  • Se han visto casos- dijo la mujer y Snape se permitió sonreír con mucha calma.

  • Seguro no han leído a Skeeter- comentó y el público se miró- lo odio. Lo odio con todo mí ser. ¿Por qué lo amaría?

Se bajó del podium y había comenzado a caminar, cuando Harry lo alcanzó. Lo miró con un gesto de cólera, que no supo dominar. Snape parecía feliz, mucho más de lo que estaba, cuando solía apresarlos en un acto indebido.

  • ¿Era necesario decir todo eso?

  • Ciertamente- dijo Snape, mientras caminaba. Harry se sorprendió. Una cosa era prometer algo que podría cumplir y otra...Un momento.

  • ¿Apresarán a Albus?- dijo, deteniéndose en medio del camino. Snape se detuvo a pocos metros y ladeó la cabeza hacia él.

  • ¿Lo prometí, no es cierto?

  • ¿Habla enserio?

  • Te sorprenderías más, Potter, si supieras lo demás- dijo Snape, con una sonrisa suave y continuó su camino. Harry meditó y corrió detrás de él. ¿A qué se estaba refiriendo?

Lo supo tiempo después, cuando Albus estaba en el nuevo cuartel. Harry escuchaba lo que estaba diciendo, sin podérselo creer. Una sorpresa increíble. ¡Tenía que estar bromeando!

  • Confiarán en Severus, si dejo que me capturen.

  • ¡Pero eso es injusto!- exclamó Hermione y Harry, tuvo que estar de acuerdo.

  • Harry, ¿recuerdas la varita que te di?

El muchacho la sacó de la mochila que llevaba consigo y miró la punta de la misma. Dumbledore sonrió.

  • Yo ya no tengo varita. La varita de sauco, no tiene gemela que pueda ser de utilidad para la varita completa. Entonces, la fusionaron con el núcleo de las demás.

  • Pero eso es ridículo- dijo Ron, sin poderse contener- No ha de estar hablando enserio.

  • Me temo que sí, señor Weasley. Por eso los he reunido aquí, hoy.

  • ¿Dejarse capturar?- preguntó Harry- Eso sería...

  • Sí, Voldemort podría tomar eso como un aval para atacar. Pero confío en que pueden detenerlo. A mí no me necesitan. Se necesitan entre ustedes.

  • ¿Y nunca va a salir?- preguntó Ginny, con un suspiro.

  • Sí voy a salir. Severus me sacará. Luego. Cuando todo esto termine. Si esperamos, me temo que no terminará nunca.

Harry y sus amigos se miraron. Sonaba deprimente, sacrificarse, para intentar conseguir algo, que Severus Snape parecía no desear. Estaba tan despreocupado, ignorando la situación.

¿O sabía más de lo que aparentaba? Harry sentía una sensación de pérdida, de solo pensar en lo que iba a ocurrir, cuando Dumbledore se entregara. Hogwarts, todos iban a quedar a la deriva y personas como Bellatrix Lestrange, Lucius Malfoy, todos ellos, tendrían una nueva oportunidad.

Temía que ese día, llegara. Que ese día se volviera realidad y la situación empeorara. El único que acobardaba a Lord Voldemort, ya no estaría para seguir luchando en su contra.

Hermione sonrió con suavidad, tratando de calmar los ánimos caldeados de los presentes. Por supuesto, solamente unos pocos conocían el plan. Minerva entre ellos, que debía apegarse a él y proteger Hogwarts del ministerio y sus decisiones.

Pero con Snape, la situación podía turnarse mejor de lo que esperaban. Severus podía designar al nuevo director de la escuela e intentar beneficiarse del asunto.

Comenzaba a tener un propósito. Todo comenzaba a tener sentido. Solo que Harry, no se lo veía en lo más mínimo.

  • Descuiden, estarán bien en Hogwarts. Severus los cuidará.

Claro sobretodo Snape. Quien odiaba hasta a la cucaracha, que le pasara por los pies. Eso no era nada reconfortante. Con una sonrisa suave, Snape miró a los jóvenes y ellos dudaron de inmediato.

  • Seguramente- se le escapó a Ron y Albus sonrió suavemente.

  • Hará un buen papel. Estoy seguro de eso.

Dumbledore caminó hasta estar junto a Snape y por un instante, intercambiaron miradas silenciosas. Harry se preguntó si se estaba sentenciando, sin hablar. Con una inspiración honda, Snape y el director o ex director, desaparecieron por un pasillo oscuro, de la casa.

  • Entonces, vamos a estar en problemas- dijo Ron- ¿A quién pondrá Snape, como director?

  • No tengo idea, pero seguramente será a alguien, que le pida Voldemort.

  • Pero Harry, Dumbledore dijo.

  • Lo sé. Pero él debe de pensar que Snape le hará caso. Pero recuerden que Snape le es fiel a Voldemort también.

Los jóvenes asintieron y tuvieron que estar de acuerdo con él, por fría lógica. Con un suspiro de frustración, Harry se preguntó si Dumbledore había escogido a Snape para la misión por ese mismo motivo.

Entonces, estaban condenados.

  • Recuérdalo, Severus. La persona que escojas, debe ser...

  • Lo sé.

  • También deberás evitar que Harry, intente escaparse o alguna de las locuras que suelen ocurrírsele a los adolescentes, en estado de peligro o tensión. Es importante que estén dentro del castillo. Solo así, el plan podría funcionar.

  • ¿Vacaciones?

  • Sabes qué hacer en vacaciones. Trata de llevar un perfil público, muy respetable. Si estás casado con Harry, solo podrás tener tú, su custodia.

  • ¿El señor tenebroso, no debería pensar que podría acceder a él, una vez que yo lo tenga en mi "poder"?

  • Podría. Pero en dado caso, tendrás que protegerlo. No puedes evitar que interactúen, sino, tu integridad estará en peligro. Trata de aconsejarlo, trata de revertir sus ideas y él te escuchará. Eres el ministro ahora. Seguramente te escuchará.

  • ¿Qué persona sería la más indicada para dirigir Hogwarts?

  • Alguien que no genere polémica- dijo Dumbledore- alguien que imagino, sería neutral para ambos bandos.

  • No existe ningún ser así.

  • Yo conozco a uno.

  • Soy ministro.

  • Hay cierta persona que podría serte muy útil en este preciso momento. Bueno, estaría muy confundido, quizá se negaría. Pero contigo detrás, podría aceptarlo.

  • ¿De quién estás hablando?

  • Toma esto y díselo a Tom. Quizá él, esté de acuerdo.

Snape tomó el sobre que Dumbledore le mostraba y suspiró, mirando el nombre que estaba sobre él. Con una mirada de preocupación, alzó la cabeza hacia Dumbledore. Debía estar bromeando.

  • Eso no va a funcionar.

  • Creo que sí. Sino, ¿Para qué está el nuevo ministro?

  • Pides mucho- dijo el hombre, sorprendido- no te extrañes de que tus planes luego, vayan cuesta abajo.

  • Lo dudo. Estarás tú. Estará Harry, para colaborar.

  • Pides milagros.

Antes de continuar, Hermione pasaba por ese pasillo y ambos hombres, se silenciaron al verla. Ella inspiró y sonrió suavemente.

  • Lo lamento- indicó- Señor director, ¿Podría preguntarle una cosa?

  • Sí Hermione, puedes preguntármelo.

  • Si son núcleos gemelos, los que posee la varita, ¿No se romperían con la original? Si son copias de sus centros...

  • Sí Hermione, se romperían. Se destruirían entre ellas.

  • ¿Y la varita de Sauco?

  • También.

Hermione quiso decir lo que pensaba, pero Albus ya lo estaba pensando. Se quedaría sin su varita. Sin la poderosa varita de Sauco. Bien, esperaba que el golpe asentara perfectamente y no tuviera que usarla más. Luego, ya vería qué haría con su vida. Aún tenía mucho tiempo.

La reunión se terminó, tan pronto había iniciado y había dejado a todos, con un mal sabor de boca. Dumbledore luego les informaría, de la fecha dispuesta para su "captura" y entrega a Azkaban. Por supuesto, Severus mantendría a raya a los dementores de él.

Pero Harry no podía estar seguro de ese dilema. Con una inspiración suave, regresó a la habitación y Snape, hizo lo mismo.

Hora de dormir y despertar de esa pesadilla.

  • Humilde morada, para el nuevo ministro- sentenció Harry con una inspiración. Severus no le prestó atención y se dejó caer en la cama.

  • No me gustan las exageraciones. Solo soy el ministro de magia. No soy el presidente.

  • Es lo mismo.

Severus sonreía, burlándose de Harry. Terminó de recostarse y ladeó la cabeza hacia la ventana. Lechuzas como esas, no dejarían de llegar a su hogar. Ahora era el nuevo ministro. Tendría correspondencia, hasta cansarse.

  • Correo ministerial- dijo Harry, mirando la carta- Mmm, no me extrañaba que ya comenzaran a creerse sus propuestas.

  • Soy un hombre de palabra.

  • Por supuesto. Una carta de su madre. Parece contenta por su nombramiento.

Severus miró la carta con desdén y la echó a un lado. Harry inspiró, negando con la cabeza y con un suspiro suave, sostuvo la vela que era lo único que iluminaba la habitación. Se disponía a apagar la vela, en cuanto sintió un fuerte ardor en su cicatriz. La vela se le cayó al suelo y él, soltó un gemido. Severus miró la vela que rodaba en el suelo y tocaba una de las sábanas. Comenzaría a prenderse en llamas. Se apresuró a apagarla.

Era Voldemort. Su marca comenzaba a quemar también. Harry se llevó una mano a la frente y se la frotó varias veces. Seguramente quería hablar con él, sobre el nombramiento y su victoria. Estaba comenzando a creer, que eso iba a ser todo, menos divertido.

Y sería así, puesto que estaba entre ambos bandos. Harry miró a su alrededor, mientras Severus se miraba el brazo, sin mayor disimulo. Por supuesto, ¿Qué más podría esperar, del borrego de Tom Ryddle?