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Lazos de sangre — capítulo 8

Bien, Harry predijo que sería difícil, pero no tanto como lo lucía en ese preciso momento. Severus Snape, se veía como el hombre más poderoso de esa era. Las personas estaban asombradas. La gran captura de Potter, estaba en marcha. Varios entes ministeriales estaban al acecho, cuando Severus meditó.

¿Por qué no dejarlo ir y decirle a Dumbledore, que fue un pequeño error? Esa idea se hizo muy tentadora, hasta que los entes estuvieron en el mismo podium. Bien, luego debía oír las quejas de Black y compañía, mientras trataban de demostrar cuánto querían morir junto a Potter, por ilusos. Suspiró y rápidamente echó la capa sobre Harry. El joven no entendió lo que ocurría.

Pues, ambos desaparecieron bajo la capa y las luces del reflector. Extraño decir que era un acto de magia, puesto que ellos ya tenían magia propia. Antes de que Harry pudiera decir palabra alguna, con su varita, Severus ya había apagado los reflectores. El público presente, soltó un grito, cuando cada farolilla comenzaba a romperse. Harry intentaba caminar, pero no veía nada del camino.

  • Potter, ¡Muévase si no quiere que lo apresen ahora mismo!

  • Pero señor... ¿Para qué aparecer y luego simplemente, desaparecer?

  • Por que el aparecer, implica que nos atraparán. O bueno, a usted.

Harry no podía caminar. Severus era muy alto para la capa y él quedaba medianamente expuesto. Mientras caminaban torpemente, Snape tuvo una mejor idea. Idea que detestaba, pero que iba a sacarlos del aprieto. No podían aparecerse o los localizarían, pero al menos podía intentar aquello que pensaba.

Abrazó a Harry, quien simplemente por su salud mental, prefirió no decir nada y comenzó a arrástralo con su propio peso. Mantenerlo contra su cuerpo, era la mejor forma de que al moverse ambos, ninguno sobresaliera de aquella capa. Había una estación de trenes al final de la calle. Si conseguían entrar en el subterráneo, podrían trasladarse o hacer algún señuelo, que confundiera a los que quizá estaban por perseguirlos. Apenas pudo bajar las escaleras, con el cuerpo de Harry adherido al suyo. Podía el muchacho, sentir su aliento, sobre su cabeza. Lo soltó en cuanto llegaron a la estación de trenes. Las luces estaban por quemarse. Se quitó la capa e inspiró con cierto asco.

  • Supongo que el preciado cuerpo del héroe, debe ser protegido a toda costa- inspiró, apartando sus grasosos cabellos adheridos a su rostro. Harry negó con la cabeza, sin poder siquiera, mantener el respeto.

  • No soy ningún héroe- dijo, comenzando a caminar por el subterráneo. Severus le alcanzó al poco tiempo y lo miró por un rato. Luego miró a los vagones, cuyos maquinistas iban a descansar. ¿Cómo diablos iban a regresar, si no podían aparecerse, trasladarse o usar algún tipo de magia? Meditándolo con detalle, miró uno de los vagones vacíos, que estaba detenido a un lado de ellos.

Su cerebro se iluminó en un dos por tres. Eso debía servir. Harry lo miró, mientras Severus se subía al vagón vacío. ¿Qué demonios intentaba hacer? Bueno, supuso que ya era adulto para jugar a los trenes. Inspiró y decidió que lo mejor era seguirlo. Severus mantenía su varita en alto y miraba a su alrededor.

  • Siéntate, Potter- le ordenó y Harry tuvo un gracioso presentimiento de lo que ocurriría. Severus apuntó su varita al techo de aquel vagón y muy pronto, las luces se encendieron. Pues, su gracioso presentimiento, quedó sepultado por otro presentimiento. Un cosquilleo que indicaba que el vagón se estaba moviendo.

Y muy rápido.

¡Un vagón trasladador! ¿Quién iba a notarlo, si andaba a su normal velocidad? Bueno, ligeramente más rápido. Definitivamente, Snape comenzaba a asustarle en cierta forma. Para cuando el vagón se detuvo, sintió que su estómago y su páncreas, estaban en lugares diferentes. En lugares intercambiados. Y no sabía con exactitud, dónde estaba su páncreas. Sintió náuseas terribles.

Severus estaba exhausto. El vagón misteriosamente se detuvo en la estación correspondiente y el hombre, se tomó un tiempo para descansar. Supuso que mover maquinaria pesada. O hacer que una cosa enorme, casi tan pesada como una casa, se moviera de un lado al otro, requería mucha magia. Severus empalideció más de lo que solía estar.

  • Lo que hace uno y usted lo desperdicia, Potter- dijo, suavemente y Harry permaneció callado. Si hubiese estado Hermione junto a ellos, ya hubiese querido aprender ese conjuro. Auque Severus Snape, no se lo hubiese enseñado- Camine de una buena vez.

Pues el resto del camino estuvo en silencio. Harry aún sentía los brazos de su profesor de pociones, alrededor de su cuerpo. Eran como dos grandes pinzas, cerradas sobre él y no pudiendo escapar, se asfixiaba como un tonto. Además de sentir su "aroma" masculino. Todo eso que no percibía normalmente. Mientras pensaba, lo miraba. Severus lo notó y devolvió la mirada, cargada de odio que solía reservarle. Harry parpadeó y despegó la vista. Muy pronto estaban fuera del subterráneo en ese feo lugar, donde Snape solía vivir.

¿Cómo había sido tan fácil, un escape tan apresuradamente planificado? Severus Snape podía ser el maestro de las mentiras, pero dudaba que siquiera él, fuese tan diestro. Ahora veía, por qué Dumbledore ni se inmutaba cuando hacía algún pedido peligroso. Lo podía entender, más no aceptar. Seguía siendo un traidor de primera mano.

Entrar en aquella casa, era como entrar en un ambiente muerto y sin colores de ningún tipo. Severus rodeó el salón y se dejó caer en el primer sillón que soportó su cuerpo. Al oír aquella puerta, Hermione Granger bajó apresuradamente, con el profeta en la mano. ¿Cómo era posible que ya fuesen noticia?

"Misteriosa huida y Potter, se nos escapa de las manos". Leyó, antes de que Hermione llegara hasta él y le abrazara como si fuese una especie, de resurrección. De milagro. Snape también miró el periódico en sus manos. Miró los tabloides.

  • ¿Eso no es mala publicidad?- preguntó Hermione, mirando el periódico- ¿Eso no le haría perder la elección?

  • El ministerio es tan estúpido, que me hará ganar para acercarse a Potter- vaticinó Snape, mientras Hermione respiraba con agitación- Me tenderán una trampa, para que ambos caigamos en sus redes.

  • ¿Eso es posible?- preguntó ella con estupefacción y Snape, asintió sin más.

  • Los conocemos. Son capaces de cualquier cosa y sus cabezas descerebradas, no piensan en planes mejores. Si el señor tenebroso estuviera...- Se silenció, al mirar a Harry.

Sí ya iba a decir lo que Harry imaginaba. "Si el señor tenebroso estuviese en el poder, ya nunca..." o algo similar a ello. Hermione carraspeó levemente, cuando Nymphadora bajaba las escaleras. Seguía luciendo pálida y Harry se preguntó, cuál de los dos lucía peor. La mujer se detuvo en el salón y miró a Snape con una curiosa expresión. Sus ojos brillaban a la luz de un fuego opaco, débil. Hermione siguió carraspeando y sostuvo el brazo de Harry, pero él no quiso moverse.

  • No, no he visto a Lupin- dijo Snape, sin darle mucha importancia.

  • Hay algo importante que tengo que decirle. ¿No has sabido nada de...?

  • No Nymphadora. Y es muy probable que dado el encuentro sostenido...Esté.

  • No tienes que decirlo- dijo ella, con la voz más fría que Harry le había oído en varios días o meses. Severus simplemente guardó silencio, mientras ella se llevó una mano a la frente. Hermione brincó suavemente ante ese gesto y en poco tiempo, estuvo a su lado. Sentía que se desmayaría de nuevo.

  • Deberías descansar, recostarte, Tonks- argumentó, esbozando una sonrisa nerviosa- de todas formas no estamos seguros de que él o que tú...

  • No lo digas- dijo la mujer y eso acarreó en Snape, un movimiento de cejas. Harry presintió, que Hermione sabía más de lo que quería contar y se moría por mencionarlo.

Así fue, cuando él subió las escaleras hacia su habitación.

  • ¡Harry, tenemos que hacer algo!

  • ¿Qué ocurre?

  • ¡Tonks quiere acometer una locura!

  • ¿Qué cosa?

  • Ella está...Bueno está, tú sabes.

Harry negó con la cabeza y Hermione se preguntó, por qué los chicos eran tan tontos que no veían los síntomas. Incluso Snape, que parecía no verlo.

  • ¡Tonks está embarazada!- le dijo con un susurro forzado- Y planifica ir tras Remus. Eso podría hacerle daño a su bebé.

  • ¿Perdona? ¿Emba qué...?

  • Embarazada de Remus...- mencionó ella con un dejo de preocupación- Su desmayo...Ella se enteró en el momento en el cual, discutía con Snape. Dijo que no vio nada claro y luego, se desmayó. Ella cree que está embarazada...

  • Pero ¿No lo ha confirmado?

  • No es tan fácil así- dijo la muchacha- y tenemos que hacer algo.

Antes de que Harry pudiera hablar, Hermione se había mordido el labio y miraba hacia atrás, donde estaba él parado. Tonks estaba en medio del pasillo de las habitaciones y miraba a su alrededor con un gesto de tristeza. Otra hora más sin saber nada sobre Remus Lupin, el licántropo. Estaba comenzando a preocuparse en demasía.

  • Es probable que Nymphadora esté embarazada- dijo Snape, mientras Remus le miraba con mucho detalle- Supongo que ya imaginabas eso.

Dumbledore suspiró levemente. Un bebé era una buena alegría para el mundo sumido en oscuridad. Remus soltó un gemido lastimero y se cubrió el rostro con sus dos manos. ¿Qué había hecho? Lo más probable era que aquel niño, terminase licántropo como él. ¿Por qué le había arruinado la vida a alguien como Nymphadora Tonks? Severus esbozó una sonrisa suave.

  • Sí, ya lo sabes. ¿Y sabes que eso significa que podría tener una linda cría de lobo?- comentó y Remus lo miró con cierto resentimiento. Severus no se detuvo allí- aunque es claro que terminaría indefinido. El pobre terminaría siendo licántropo y metamórfago. Pobre, tendría un conflicto de indentidad tal que...

No continuó hablando. Remus se había levantado y sostenía su túnica con violencia. Dumbledore se interpuso entre ambos, pero Remus lucía desquiciado.

  • No te atrevas a seguir adelante, Severus Snape...

  • Es tu culpa...No mía- Intentó decir, bajo el sostén de Remus. El mismo, lo soltó con violencia. Severus tenía razón, la culpa había sido suya. Inspiró y trató de pensar. ¿Y si le pedía a Tonks que...? No, no era tan mezquino como para hacerle perder el bebé o pedírselo. No podía matar a una vida inocente. Dumbledore trató de calmar los ánimos.

  • Tener hijos no es una desgracia. Es la puerta a nuevos momentos en la vida.

  • Será un licántropo

  • No está demostrado aún. Y podríamos hacer algunas salvedades.

  • ¿Vivir de pociones toda su vida, como yo?- preguntó- No tendría el valor de verlo.

  • Es ya muy tarde para lamentarse, Remus- dijo Dumbledore, colocándole una mano en el hombro- Nymphadora será una gran madre y tú estarás allí para ayudarle y aconsejarle. Ya has vivido mucho.

Remus sabía que eso era cierto, al igual que Harry. Recostado en su cama, sentía que había estado caminando por meses. Inspiró y meditó lo nuevo que había sucedido. Nymphadora Tonks, embarazada. Eso era nuevo. La orden podría contentarse de recibir una noticia como esa, una novedad nunca hacía mal.

Pero mientras estaba recostado, no podía dejar de pensar. Pensar en como Severus Snape, había salvado su vida. En como había sostenido su cuerpo a través del viaje. En como no lo había entregado al ministerio.

¿Por qué?