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Historia 45483 — capítulo 10
Un potente escalofrío recorrió a Hermione de arriba abajo. Ron la miraba a los ojos con una expresión de sorpresa que no le favorecía demasiado. En ese momento, Ginny dijo con tono serio: -De ti, Ron. Para Hermione fue como si le hubiesen dado un puñetazo en el estómago. ¿Qué era lo que su amiga acababa de hacer? Ron se había quedado lívido. -¿Qué... acabas de decir? La chica pelirroja se echó a reír de repente. -Tendrías que haber visto tu cara, Ron- comentó entre carcajadas. Hermione soltó todo el aire que había contenido en los pulmones. No había nada mejor que una verdad increíble para hacerla pasar por mentira. -Ah- dijo Ron, sin saber muy bien cómo reaccionar-, ¿y de quién hablabais, entonces? -Era un modo de decir que a todas nos tiene como locas el profesor Wellman, tonto- respondió su hermana, aún sin dejar de reírse del todo. <<Buena salida, Ginny>>, pensó Hermione, tranquilizándose. -Sí, ya os he visto la cara de babosas que ponéis nada más verlo- comentó Ron con fastidio, sentándose junto a su amiga castaña. -¿A ti también te tiene como loca?- preguntó Harry, que no había intervenido en la conversación hasta ese momento, sentándose al lado de su novia y cogiéndola por la cintura. -Mmm... Más o menos- contestó la chica, besándolo fugazmente.
La noche llegó veloz al castillo. Después de lo que había resultado ser un día agotador, la actividad en Hogwarts se fue apagando. En la sala común de Slytherin, sólo las llamas acompañaban a Severus. Él también había estado estudiando todo el día, en vista de que no tenía nada mejor que hacer, y le había sorprendido la cantidad de cosas que no recordaba de materias que no fueran Pociones o DCAO. Había pensado que si su sino era tener que pasar los ÉXTASIS de nuevo, más le valdría empezar a estudiar desde ya.Un sonoro aleteo lo sacó del mutismo con el que observaba las llamas verdosas que salían de la chimenea. Localizó entrando por la ventana a Star, una de las más veteranas lechuzas del colegio. Llevaba un sobre atado a la pata, cuyo destinatario había sido escrito con una torcida caligrafía y tinta verde. <<Albus...>>, pensó, suspirando. Cogió el sobre e hizo una leve caricia a la lechuza. Miró a ambos lados a su espalda, esperando que no hubiera nadie espiándolo, y abrió la carta. Se trataba de una breve misiva en la que había sólo siete palabras escritas: Ven a mi despacho. Necesito hablar contigo. Severus arrugó el papel en su mano y lo lanzó al fuego. Siempre acababa ocurriendo lo mismo... Albus y sus malditos favorcitos... Estaba harto de verdad de ese viejo. Y sin embargo, no podía negarse a lo que él le pedía. Aunque le molestara reconocerlo, lo apreciaba mucho.Se puso en pie sin pensárselo demasiado y salió de su sala común en dirección al despacho del director, al que llegó en menos de cinco minutos. Albus estaba de pie, dando vueltas por la habitación. Se lo notaba preocupado. -¿Qué ocurre, Albus?- preguntó, una vez hubo entrado y cerrado la puerta tras de sí. -Se mueven... Bellatrix y los suyos se mueven, Severus- contestó Dumbledore sin andarse con las ramas. Los dos hombres se sentaron. Severus miraba al anciano con los ojos entrecerrados. ¿A qué demonios se refería con eso de "se mueven"? -Desde tu última misión, Severus, no había vuelto a percibir ningún tipo de movimiento por su parte. Bien, pues en los últimos días, varios de ellos han estado aterrorizando poblaciones en lugares aleatorios, supongo que para distraer la atención. Sin embargo, he encontrado un patrón que me hace estar casi seguro del lugar que van a atacar próximamente y, por tanto, de la ubicación de su escondite actual... El ex profesor de Pociones, que ya sabía por dónde iban los tiros de Dumbledore, se evadió en parte de la conversación. <<Supongo que va a pedirme que vaya allí... ¿Qué debo contestar? >>. -Y quiere que yo vaya allí para impedir que hagan más daño, ¿no?- lo interrumpió bruscamente. Albus suspiró, cerrando los ojos, apoyando sus brazos en su regazo. -Sí, Severus, eso es exactamente lo que quiero que hagas. Pero ya sabes, y antes deberías haberlo deducido, que tienes la posibilidad de elegir. Snape tragó saliva. <<¿Qué debo hacer? ¿Qué es lo que realmente quiero hacer?>>. Un delicado rostro empezó a tomar forma en su cabeza: una larga y enredada cabellera marrón, unos generosos labios y unos preciosos ojos de color miel... Se dio cuenta de que eso era lo que quería, que no le apetecía lo más mínimo poner su vida en peligro por unas caras sin rostro y sin nombre, porque ahora había alguien a quien le importaba su bienestar, a quien le importaba ÉL... Empezó a negar con la cabeza. -Lo siento, Albus, pero no. No esta vez. Tras un momento de silencio, el director contestó: -Lo comprendo, Severus. Ya te he pedido demasiado. Gracias por haber acudido a mi llamada, de todos modos. El ahora alumno se puso en pie, hizo una ligera reverencia con la cabeza a modo de despedida y salió del despacho. Estaba pletórico. Había rechazado uno de los molestos y arriesgados encargos del director únicamente por ella, por Hermione Granger. <<Si cuando yo decía que estabas cambiándolo todo...>>
En ese mismo pasillo, justo en esos momentos, otra conversación iba a tener lugar. Dos amigos caminaban en silencio, cada uno absorto en sus propios pensamientos. De repente, el muchacho pelirrojo paró en seco, lo que provocó que su compañera castaña también lo hiciera. -Oye, Hermione... -¿Ocurre algo, Ron? -No, bueno... A ver, no ocurre nada del otro mundo, pero... Bueno, también podría decirse que... -Ron, me estás recordando a Neville. ¿Te importaría aclarar las ideas antes de hablar? Una persona que escuchaba en las sombras, escondido tras las sorpresa inicial de habérselos encontrado allí, se rió entre dientes. Ron tomó aire. -Verás, he estado pensando... La verdad es que llevo mucho tiempo pensando en decirte esto, pero cuando lo he intentado, siempre ha habido algo que... Bueno, es igual. El caso es que... me gustas, Hermione. Es más, estoy enamorado de ti... desde hace mucho tiempo. A la chica estas palabras le cayeron como un balde de agua fría. Apenas un mes antes habría dado saltos de alegría ante tal confesión, pero en esos momentos sólo pudo poner cara de sorpresa. -¿No vas a decir nada? -Yo... Es que...- balbuceó la leona, sin recuperar todavía su sentido del habla. -Estuve hablando con Ginny esta tarde, ¿sabes? Fue ella la que... me animó a dar el paso definitivo. <<¡Maldita pelirroja! Espera a que te pille por banda...>> Miró a su amigo a los ojos. Sabía que ya no lo quería del mismo modo que él a ella, pues Stefan lo había sustituido en su corazón, pero había tal emoción en él, tantos deseos de escucharle decir que ella también lo correspondía, que fue incapaz de darle una negativa rotunda. Al fin y al cabo, con Stefan Stapleton no iba a llegar a ninguna parte, y ya había empezado su medida "pro-olvidodeamoresimposibles". <<Quizás si le diera una oportunidad a Ron...>> -Tú... también me gustas, Ron- dijo finalmente. El chico sonrió con verdadera alegría. Por un momento había pensado que Hermione lo rechazaría de lleno. Subió sus manos al rostro de la chica y lo agarró delicadamente, aunque con algo de torpeza. Se acercó despacio a sus labios, titubeante, como si realmente no supiera muy bien cómo actuar. Hermione lo vio, vio sus intenciones, y sin embargo no pudo reaccionar. Se dejó besar por su mejor amigo.
Severus presenció toda la escena desde las sombras. Había visto cómo Weasley se paraba, y había disfrutado con sus torpes intentos de declararse a Hermione. Incluso había tenido la esperanza de que no lo consiguiera finalmente, pero lo había hecho. Ahora sólo quedaban las calabazas que Granger le iba a dar... <<Unas calabazas que harán juego con tu pelo, zanahorio>>, pensó con regocijo. Por eso, que ella le dijera que también le gustaba había sido como un mazazo en el estómago para él. Sintió que la serpiente de su uniforme cobraba vida y empezaba a pasearse por su cuerpo. Cuando Ron la besó, el reptil mordió su corazón con saña, haciéndole apretar los puños. ¿Por qué no reaccionaba? Podía salir ahí y hacerle un poderoso Crucio a Ron, haciendo que se volviera loco del dolor, pero eso no iba a servir de nada. Ella lo odiaría, y no sabía si podría soportar otra vez el odio de una mujer de la que se había enamorado perdidamente. Apoyó la espalda contra la pared, apartando su vista de la empalagosa escena y cogiendo aire. Con decisión, y sin mirar ni una vez atrás, desanduvo el camino andado e irrumpió en el despacho de Dumbledore. -Albus... Aunque no destrozase cosas ni hablara a voces, estaba tan rabioso que podía haber matado a alguien con tan solo mirarlo a los ojos. El director, que ya llevaba puesta su túnica de dormir, con su gorrito incluido, se acercó a él con premura. -¿Qué sucede, muchacho? -He cambiado de idea... ¿A dónde dice que tengo que ir para enfrentarme a Bellatrix Lestrange?
En una oscura y ruinosa habitación se escuchaban unos murmullos. Eran apenas inteligibles, y podrían haberse confundido con el viento que se colaba por los boquetes de las pareces y hacía crujir la vieja madera quebrada de lo que debieron ser unas majestuosas puertas en otros tiempos de bonanza para aquella destartalada casa. Había dos personas en un rincón del cuarto, sentadas en el suelo. Esperaban, intercambiando algunas palabras de impaciencia. No tardaron en aparecer allí tres individuos más. Uno de ellos era una mujer no muy alta, demacrada, con pelo rizado y ojos de demente. Los dos que estaban en el suelo, se pusieron en pie. -Al fin llegas, Bella. Creíamos que te echarías para atrás. -Yo nunca me hecho para atrás, Windelart, ya deberías saberlo. ¿O acaso se te ha olvidado quién fue la más fiel y ferviente seguidora del Señor Tenebroso hasta su caída? El hombre llamado Windelart no respondió a eso. -Estábamos impacientes- dijo entonces la otra persona, que se descubrió como otra mujer. -Vaya, vaya... Eleonora Bulstrode. Siempre es un placer. Eleonora Bulstrode era una enorme mujerona de anchas espaldas y pelo negro y fosco. Tenía una gran papada y unos ojos negros que carecían de toda luz. A cualquiera que la mirara con atención, podría asemejársele a una gigantesca bulldog con muy malas pulgas. -Tenemos noticias que quizá os interesen- contestó Bulstrode, sin hacer caso de la fingida cordialidad de Bellatrix. -¿En serio? Nos habéis hecho cambiar todos nuestros planes por esas supuestas "interesantes noticias"... Espero que de verdad merezcan la pena, porque estamos muy cerca de Dumbledore, y ese viejo es ahora el mago más poderoso del mundo. -Lo son... Mi sobrina Millicent me ha informado de que Severus Snape no está este año en Hogwarts. Eso supone que el aliado más poderoso de Dumbledore está fuera de la circulación. -¿Esa rata asquerosa no está en Hogwarts?- preguntó Bellatrix con verdadera sorpresa. -No, no lo está. Y supongo que no está detrás de vosotros, pues si no, no estaríais tan tranquilos. -No que nosotros sepamos... Aunque ese traidor es tan escurridizo que bien podría ser nuestra sombra sin que nos diéramos cuenta. ¡Maldito imbécil felón! No sabes las ganas que tengo de encontrarme con él cara a cara para acabar con su vida de una vez por todas... -Pues ya puedes dejar tus oraciones, Bellatrix. Aquí me tienes. Todo el grupo se dio la vuelta hacia él, que había irrumpido en la habitación por uno de los huecos de la puerta. La psicópata mortífaga se echó a reír en cuanto lo vio. -¿Pero qué es esto? ¿Un bebito que se ha escapado de la cama sin permiso? Mmm... Y ha ido a parar al lugar que menos debía. Creo que se merece un castigo... Severus enarcó una ceja. O sea, que se lo había dicho a la muy zorra y ni aun así lo había reconocido. <<¿Bebito? ¿Castigar? ¡Ven a por mí, puta, que te estoy esperando!>>. -¡CRUCIO! Un torrente de luz roja salió en su dirección desde la desequilibrada, pero lo bloqueó sin problemas. Bellatrix lo miró con furia, relanzándole otro hechizo de iguales características, que corrió la misma suerte que el anterior. -Parece que sabes las reglas del juego, bebé... El chico la seguía con la mirada, mientras empezaba a girar alrededor de la habitación. Sabía que tramaba algo, y su ágil mente intentaba desentrañar qué. Se había olvidado por completo de que en la habitación había cuatro personas más, y que no estaban precisamente de su lado. -Es una lástima- continuó Bellatrix con fingida voz infantil- que nosotros no las respetemos. ¡Ahora! Los cinco ex mortífagos a la vez, como sincronizados por alguna fuerza especial, lanzaron la maldición cruciatus hacia él. Intentó protegerse de algún modo, pero la fuerza de los hechizos lo lanzó al suelo, donde empezó a retorcerse entre alaridos de dolor. Nunca en su vida había sentido algo semejante. Sólo se le aproximaba un poco lo que sintió cuando Lily fue asesinada, y ni siquiera llegaba a eso. El único pensamiento que invadía su mente era el deseo de la muerte, como si de una dulce amante se tratase. <<¡Mátame! Por favor, mátame ya... No puedo soportar esto por más tiempo. ¡Acaba conmigo de una vez!>>. Y en su total agonía, sólo un pequeño rayo de luz se abrió paso. <<Adiós... Adiós para siempre, Granger>>.
- * *En fin, chicos, cada vez me sorprendo más a mí misma... He empezado a escribir este capítulo sólo porque sabía cómo quería que comenzase, y al final lo he acabado... Espero que tanta improvisación haya merecido la pena a la hora de leerlo. Si no, os aseguro que no ha sido de mala fe. Si en algún momento os llegara a cansar este fic, ¿podríais decírmelo, por favor? Porque creo que si tuviera que escribirlo sin nadie a quien le gustase acabaría matándome (risas) **Son las... 3:32 de la mañana, y me toca releerlo para publicarlo con los menores errores posibles. En fin, no me importa siempre que obtenga el resultado esperado.**Gracias de antemano por vuestros comentarios y por estar ahí. Un beso L&S