Tituladas 16.2% · 32,381 de 199,415 descubiertas
Rescatado 63.6% · 59,982 de 94,296 páginas identificadas · 59,972/60,586 caps con texto ☕ Invitanos un café

← Historia 45483 · de

Historia 45483 — capítulo 9

Severus sentía los labios de Hermione sobre los suyos, moviéndose con suavidad. <<¿Dónde está toda mi capacidad racional? ¿A dónde se ha ido mi autocontrol? Definitivamente, se ha fugado con mi frialdad>>. Se dio cuenta de que se encontraba bien, de que le resultaba tremendamente dulce el aroma de Hermione que se colaba indolente por sus fosas nasales. Incapaz de contenerse, empezó a responder al beso, saboreando cada vez más el aliento de la chica, que había empezado a embriagarlo demasiado. Sin embargo, un instante después, Hermione se separó de él. Una lágrima brilló un momento en su mejilla y fue a caer sobre los labios entreabiertos de Severus. El sabor salado se coló en sus entrañas, conmoviéndolo como pocas cosas lo habían hecho. Hermione le acarició suavemente los labios, como intentando borrar las últimas huellas de su llanto silencioso.

-Perdona- susurró-, y adiós para siempre.

Con una última caricia, Hermione salió de las cortinas y desapareció. Severus se incorporó de golpe en la cama. Se llevó las manos a la cabeza, sintiendo que se mareaba. La sábana le resbaló por el cuerpo, dejando a merced de la luna su blanca espalda. La cabeza le daba vueltas, y no sólo por su repentina y brusca incorporación. <<¿Es real lo que ha pasado? ¡Granger me ha besado! ¿Cómo...? ¿Por qué?>>. Estaba tan nervioso, que se sentía incapaz de permanecer en la camilla por más tiempo. <<¿Cómo se ha atrevido? ¡Maldito valor Gryffindor! Técnicamente, tendría que estar furiosa conmigo, por lo que no tendría que haber venido. Y después de besarme se va así, ¡sin más! Definitivamente, sí se ha propuesto volverme loco>>. Se puso en pie sin calzarse. Lo único que llevaba puesto era un boxer negro con una fina banda roja en la parte superior de la tira elástica. Salió del espacio cortinado y caminó por el pasillo entre las dos filas de camas. El suelo frío en contacto con sus pies lo despejaba. Vio un espejo al final de la habitación y se acercó a él muy lentamente. Su cuerpo pálido se fue dibujando en el espejo a medida que se aproximaba a él rodeado de sombras. Se observó a sí mismo con atención: unas largas piernas cubiertas de un fino vello negro subían hasta una estrecha cintura, digna de un deportista que nunca en su vida hubiera pisado un gimnasio. La cintura daba paso a un delgado pero fibroso pecho, también con algo de vello que terminaba en el pubis,  en el que los músculos no se marcaban pero se notaban si uno se fijaba un poco. Movió sus ojos hacia su rostro. Cortinas de pelo negro y lacio enmarcaban una pálida faz, de la cual destacaba especialmente su prominente nariz que servía de punto de separación entre dos penetrantes ojos negros. Clavó su mirada en sus labios finos, aristocráticos, siempre prietos y en esos momentos, relajados... <<Estás cambiándolo todo, Granger, incluso a mí, cosa que consideraba imposible>>. Llevaba bastante tiempo sin mirarse al espejo, desde antes de su transformación, pero se dio cuenta de que algo, aparte de lo obvio, había cambiado en él. Abrió los ojos desorbitadamente al percatarse de qué era. Volvió a observar todo su cuerpo. No vio ni una sola cicatriz. Su piel, antaño cercenada y marchita, volvía a estar impoluta, virgen, como cuando realmente era un adolescente. Sus ojos buscaron con ansiedad su antebrazo izquierdo. Estuvo a punto de soltar una exclamación de sorpresa. Sólo vio la piel lisa, tan pálida como el resto de su cuerpo. <<¿Qué ha pasado? ¿Dónde están todas mis cicatrices? ¿Y... la marca tenebrosa?>>. Se llevó una mano a la cabeza y se notó el pequeño chichón que el golpe le había provocado. <<No estoy soñando. Entonces, esto debe de ser real. ¿Cómo es posible?>>. Unos pasos a su espalda lo sacaron de sí mismo. 

-¡Señor Stapleton!- exclamó la señora Pomfrey, acercándose apresuradamente a él.

Severus dejó de mirarse al espejo y se dio la vuelta hacia la enfermera.

-¿Puede saberse qué hace levantado? Que yo sepa, nadie le ha dado permiso para hacerlo.

Agarrándolo del brazo, y ante su total desagrado, llevó a Severus a la fuerza a su camilla.

-Veo que no se lo puede dejar solo. La última vez también se escapó, cuando se INVENTÓ la excusa de la histeria de la señorita Granger al irrumpir en el despacho de Dumbledore...

Le echó una mirada censuradora. 

-... Por suerte, el director no se puso peor en mi ausencia.

<<Claro que no, vieja arpía. De hecho, mejoró gracias a mí>>.

-Por cierto, ¿cómo está su pierna? Déjeme examinarla.

Un escalofrío recorrió la espalda del ex profesor. Sin embargo, y aunque intentó impedirlo, su posición horizontal facilitó la labor a la señora Pomfrey. La mujer examinó la cicatriz de curiosa forma con el entrecejo fruncido.

-¡Vaya!- no pudo más que exclamar-. Ya está perfectamente curada. Es muy singular la forma que...

-Por favor, señora Pomfrey- dijo Severus, tapándose con precipitación hasta el cuello-. ¿Qué forma va a tener una cicatriz? Además, ¿le importaría dejar de mirarme así? Esto es un poco violento para mí.

La enfermera se encogió de hombros, pero lo miró con los brazos en jarras.

-No quiero tener que volver a meterlo en la cama, ¿ha quedado claro?

El chico emitió un gruñido de conformidad, sin apenas escucharla. El momento vivido con Hermione en ese lugar había vuelto a su mente: el tacto de sus labios, su olor... Sintió que su entrepierna se abultaba un tanto, y agradeció que la enfermera ya se hubiera marchado. Apretó los dientes, poniéndose de lado. <<Hacía años que no perdía el control así... ¿Qué va a ser lo siguiente, declararle mi amor delante de todo el Gran Comedor?>>. 

El día siguiente amaneció soleado. Hermione apenas había dormido. No dejaba de recordar lo que había hecho y quería que se la tragase la tierra. Por suerte, Stapleton estaba dormido cuando le entró ese comportamiento tan extrañamente exaltado. Bajó a la sala común a encontrarse con Ron y Harry. Fueron al Gran Comedor a desayunar.

-No me puedo creer que por fin sea sábado- dijo Ron, engullendo una tostada.

-Sí, pero tampoco podemos relajarnos demasiado. Te recuerdo que tenemos una montaña de deberes- respondió su amigo.

-Oh, vamos, Harry... Déjame soñar con un poco de libertad. Ya te pareces a Hermione.

-¡Oye!- dijo ésta, pellizcándolo.

En ese momento, el grupo "Malfoy" hizo su aparición. 

-Míralos- murmuró Ron con rencor-, se pasean por el colegio como si fueran sus dueños.

-Ya sabes cómo son...

-Parece que el nuevo no está con ellos.

-¿Aún no ha salido de la enfermería?

-Herms, le diste un buen...

-¿Un buen qué, Ron?- respondió la chica, dando un salto.

-Golpetazo. Quería decir "golpetazo".

-Ah...

Hermione se concentró en sus huevos revueltos. Por un momento se le había pasado por la cabeza que Ron se refería a lo *otro,*pero se dio cuenta de que eso era una idiotez. ¿Cómo iba Ron a saber que ella había ido a la enfermería en mitad de la noche y había besado a Stapleton como nunca lo había besado a él?

-¡Mirad, ahí está!- exclamó de pronto el pelirrojo, sacándola de su mutismo.

Tanto Harry como ella lo miraron. A la chica se le cayó el tenedor al plato, produciendo un sonoro golpeteo. Varios de sus compañeros se giraron hacia ella. Stapleton caminaba despacio hacia su mesa, arreglándose la corbata. No hizo ademán ninguno de mirar hacia los de Gryffindor. Hermione sintió que la comida se le paraba en medio de la garganta. <<¿Por qué tiene que pasarme esto cada vez que lo veo?>>. 

-No sabes el asco que me da- volvió a decir Ron con desprecio-. Ojalá se hubiera quedado en su estúpida escuela. ¿Por qué ha tenido que venir a Hogwarts?

-Yo tampoco lo entiendo, Ronald- dijo Hermione, intentando deshacer el nudo que se le había formado en la garganta-. Yo tampoco lo entiendo.

Mientras que sus amigos se pasaron toda esa mañana en el entrenamiento de quidditch, Hermione estuvo en la biblioteca. La verdad es que no le cundió en absoluto, pues no les prestó la más mínima atención a los libros que había cogido de las viejas estanterías. Su mente vagaba de un lado para otro: de Stefan Stapleton a la Felix Felicis, de la Felix Felicis a Stefan Stapleton... No sabía qué había cambiado dentro de ella, y por supuesto, no lo entendía. Apenas conocía al chico, no le parecía guapo y ni siquiera había sido amable con ella... ¿Cómo había podido enamorarse así de él? Entonces, como una chispa en su cabeza, la Felix Felicis entró en la ecuación. ¿Y si todos esos sentimientos no fueran más que una ilusión creada por la poción? Eso no sólo suponía una respuesta plausible a su pregunta, sino también un alivio. <<Ya, pero si fuera cosa de la poción, Stapleton también debería estar enamorado de ti>>, dijo una voz en su interior. Hermione arrugó el entrecejo. Era cierto, desde luego, y sin embargo, él parecía aborrecerla más que nunca. <<Bueno, quizás la poción que le correspondía a él la absorbió mi túnica, y a él sólo le tocaron los cristales>>, se dijo a sí misma. <<Claro, pero si eso fuera cierto, no habría ocurrido lo de la luz en la enfermería, ¿no?>>, volvió a contestar la voz. <<Eso... Tal vez fuera una reacción lógica después de haberme protegido del golpe contra la pared, como ocurrió con la madre de Harry cuando Voldemort la asesinó. Quizá eso evocó algún tipo de magia ancestral que...>>. <<Mira, Hermione Granger, eso ni tú te lo crees>>. La chica se preguntó por qué estaba manteniendo una conversación metal con su conciencia. <<¿Por qué intento justificarme? ¿Qué tiene de malo que... lo quiera? ¿Me convierte eso en una criminal o algo parecido?>>. 

Severus entró en el despacho de Dumbledore sin llamar a la puerta. Sentía la necesidad imperiosa de hablar con él. Estaba preocupado por la situación en la que se hallaba su vida en ese momento. Encontró al viejo director sentado tras su escritorio, muy ocupado con algo que tenía, literalmente, entre manos. No levantó la mirada, pero dijo sin dudar:

-Buenos días, Severus. ¿Cómo te encuentras? Según tengo entendido, llevas unos días que no sales de la enfermería.

El ex profesor puso una mueca, pero no dijo nada.

-¿Te importaría ayudarme con esto?

Por toda respuesta, se acercó a la mesa y se inclinó un poco para ver lo que Albus tenía en las manos. Estuvo a punto de echarse a reír, y lo habría hecho, de no ser porque su naturaleza era seria desde niño.

-Llevo toda la mañana intentando abrir esta caja de "Grageas Bertie Botts de todos los sabores", pero se me ha roto el cordel y soy incapaz.

-¿Y no ha pensado que podría usar su varita, director?- preguntó Severus con ironía.

-Estas cosas es mejor abrirlas del modo muggle, Severus... No quiero ni acordarme de lo que pasó la última vez que intenté abrir una rana de chocolate por medio de la magia. Creo que en el cuarto vagón del Expreso de Hogwarts todavía quedan restos de chocolate pegados en las paredes.

Severus extendió su mano con hastío, cansado de las chocherías de Dumbledore. El director puso la pequeña caja en su mano delicadamente. Con un ágil movimiento, el chico la abrió. Se la tendió de nuevo a Albus, que la miró con los ojos llenos de emoción, como si de un niño se tratara. Se lanzó una gragea a la boca y mientras la saboreaba, le indicó a Severus que se sentara.

-¿Qué querías hablar conmigo? Mmm, ¿es cereza?

Snape puso los ojos en blanco. <<Quizá debería volver en otro momento...>>

-Verá, Dumbledore... Me encuentro en una situación confusa para mí.

-¿En qué sentido?- preguntó, llevándose otra gragea de un vivo color naranja a la boca.

-En que siento que... Algo ha cambiado. Y no sólo me refiero al cambio físico- añadió, al ver que Albus alzaba una ceja-. Parece que me estoy volviendo un adolescente de nuevo.

-Cambios internos...- murmuró Dumbledore para sí-. Esto es muy interesante, Severus, sí... ¡Vaya, es pimienta!

-¿Cómo?

-La gragea que me he comido... Cayena de la buena, además...

-Dumbledore, ¿me está escuchando?

-Sí, sí, perdona, Severus... Es que estos dulces son de lo que no hay. No sabes qué te puedes encontrar en una pequeña cajita. Se parece a las personas, ¿no crees?

-Si usted lo dice...

-Sí, piénsalo un poco: Un envoltorio tan pequeño como el cuerpo de una persona puede esconder grandes cosas. Tú eres un claro ejemplo de ello, muchacho.

Severus se removió incómodo en su silla.

-Por favor, continúa. No era mi intención interrumpirte tan bruscamente. Dejaré las grageas para cuando te marches- comentó, apartando la caja hacia una esquina del escritorio e invitándolo a continuar.

-Ayer por la noche, mientras estaba en la enfermería, me miré a un espejo. Y nada.

-¿Nada? ¿Qué quieres decir con "nada"? ¿No te reflejabas?

-Cuando digo nada...- respondió Severus, cargándose de paciencia- me refiero a "ninguna marca", es decir, "nada".

-¿Ninguna marca?

-Ni las cicatrices, ni las magulladuras... Ni la marca tenebrosa tampoco. 

-Déjame verlo.

Severus se remangó la manga izquierda y le mostró el brazo al director.

-¡Oh, vaya!- exclamó con sorpresa el hombre-. Esto es... No puedo entenderlo.

-¿Qué está pasando, Albus?

El director examinó con detenimiento el antebrazo durante un minuto más, recorriéndolo con las apergaminadas yemas de sus dedos. Después, bruscamente miró a Snape a los ojos.

-No lo sé- contestó, sin dejar de observarlo-, pero es algo fascinante.

-¿Fascinante? Albus, yo ya tenía mi vida hecha... O más bien, desecha, pero era mi vida. 

-Ésta sigue siendo tu vida.

-No, no lo es. Yo tenía diecisiete años cuando Lily estaba viva y la panda de merodeadores se dedicaban a martirizarme, no ahora, no... No tengo derecho, Albus.

-¿Por qué?

-¿Que por qué? Porque ha muerto gente, Dumbledore. Yo he matado a personas sin piedad, y muchos han perdido la vida por luchar contra aquello que yo defendí algún día. ¿Y ahora se me da la oportunidad de volver a vivir como alguien limpio?

-Tú lo has dicho, una oportunidad... ¿La vas a desaprovechar?

-Debería decir que no... pero tantos años contigo me han acercado a posturas gryffindorianas. No es justo.

-¿Desde cuando te ha importado a ti que algo sea justo o no? Permíteme que te recuerde cómo tratabas a tus alumnos hasta hace apenas un par de meses...

-Eso no tiene nada que ver. Que esos descerebrados sean incapaces de...- se calló al ver la expresión que ponía Dumbledore.

-¿Y es justo acaso que tú hayas sido desgraciado durante toda tu vida, desde tu infancia?

-Es la vida que me tocó. Aprendí a resignarme hace mucho.

-Pero, ¿a que si pudieras cambiarla... lo harías? Si hubiera la más mínima esperanza de que todo lo que has vivido fuera diferente... ¿te arriesgarías?

Severus no contestó. El viejo sabía pillarlo por donde más le dolía. El tema de su pasado estaba más latente que nunca ahora que había vuelto a ser joven.

-¿Qué contestas?

-¿Qué es lo que quiere oír?

Dumbledore se apoyó sobre el respaldo, satisfecho. Sabía que tenía razón, y eso ponía de muy mal humor a su ex profesor.

-Por cierto, el otro día no terminaste de contarme algo acerca de una poción y de lo que podía producir entre dos personas...

Severus tragó saliva. ¡Por Merlín! Se le había olvidado por completo el tema de la Felix Felicis y Hermione Granger. Una sonrisa estúpida debió de dibujársele en la cara, porque Albus también sonrió y dijo:

-Veo que es más interesante de lo que imaginaba... Cuéntame.

Snape prefirió obviar la parte relativa a Hermione. Al fin y al cabo, eso sólo era un dato circunstancial que un alcahuete como Albus no tenía por qué saber. Prefirió centrarse en las consecuencias de la mezcla de sangres con la poción.

-Albus, ¿qué ocurría cuando la sangre de dos personas entraba en contacto con la misma Felix Felicis?

-Mmm, déjame pensar... No podría decirlo con seguridad, pero según cuentan...

Hermione salió de la biblioteca cuando se acercaba la hora de comer. Después de autoconvencerse de que lo que creía sentir por Stapleton no era más que una confusión producida por su mente calenturienta, había conseguido centrarse en los libros. Había hecho toda la tarea de DCAO y los cuarenta centímetros que les había pedido el profesor Slughorn sobre el Veritaserumy sus efectos en personas. Caminó rápidamente hacia el Gran Comedor. Se encontró con Ginny al pie de las escaleras del Hall.

-¿Qué tal el entrenamiento?

-Uff, no demasiado bien... No sé qué le pasa a Ron, que últimamente anda algo antontado... Bueno, más de lo normal, quiero decir- añadió la pelirroja, entre risas.

-¿Y dónde están?

-Pues cuando yo me vine, él y Harry seguían en el campo, repasando no sé qué tipo de parada...

-¿Y eso fue hace mucho?

-Bastante. Aunque no creo que hayan vuelto todavía. Ya sabes que cuando esos dos se ponen a hablar de quidditch...

-Ya- contestó Hermione con desánimo.

-¿Te encuentras bien?

La chica se encogió de hombros por toda respuesta. 

-Anda, ven- dijo Ginny, cogiéndola de un brazo y llevándosela a uno de los bancos del Gran Comedor.

Cuando se hubieron sentado, la hermana de Ron la escrutó con la mirada.

-¿Me lo vas a contar por las buenas o tengo que torturarte?

-Es que... Vale, pero, te lo suplico, no se te ocurra contárselo a nadie.

-Hermione, somos amigas. Por favor, confía en mí.

-Mmm... ¿No preferirías contarme tú qué tal con Harry?

-Harry y yo estamos genial, ¿satisfecha? Ahora, empieza a largar.

Hermione sonrió ante el desparpajo de su amiga. Ojalá ella tuviera el mismo cuando lo necesitaba.

-Vale, pues... Creo que... me gusta un chico.

-¡Pero eso es genial, Herms! ¿Quién es?

-Por favor, deja que eso... me lo guarde para mí. Ya estoy pasando bastante vergüenza con esto.

-¿No será... mi hermano, por casualidad?- insistió la chica, ignorando su petición.

Hermione quiso contestar rápidamente que no, pero lo único que pudo hacer fue esbozar una sonrisa forzada. Ginny se rió como si hubiera descubierto una verdad universal.

-¡Ya lo sabía, Hermione! Se notaba a la legua...

Hermione pensó en ese momento que quizá no fuera tan malo que Ginny creyera que quien le gustaba era su hermano, porque así alejaría todo tipo de sospechas de quien realmente le movía el tapete.

-Por favor, Ginny, ¿te importaría ser un poco más discreta?

-Vale, vale, perdona. Bueno, ¿y qué?

-¿Qué de qué?

-Vas a lanzarte, supongo.

-¡NO!

-¡Oh, vamos, Herms! Ya deberías saber que mi hermano está loco por ti desde hace mucho. No sé a qué esperas si a ti también te gusta.

-Pues a que yo no soy como tú, Ginny. Lo de lanzarme no... es mi fuerte.

-Si no es tu fuerte, refuérzalo. No puedes estar como un espantapájaros durante toda tu vida.

-Muchas gracias por la comparación.

-No, joder, es cierto. A ver, ¿qué sientes cuando lo ves?

Hermione formó la imagen de Stefan Stapleton en su cabeza: su pelo negro, su pálida piel, su nariz prominente, sus ojos penetrantes, sus labios finos... <<Sus labios...>>, pensó, suspirando involuntariamente. Ginny volvió a reír.

-Herms, creo que esto es peor de lo que pensaba...

-¿Por qué?

-¿Acaso no es obvio? Estás enamorada.

Hermione notó cómo el corazón le rebotaba en los oídos con su doble palpitar. Ya no sólo era ella quien lo pensaba. También Ginny se había dado cuenta. Una voz de sobra conocida dijo a su espalda:

-¿Enamorada? ¿De quién estás enamorada, Hermione?

Al darse la vuelta, se encontró con los ojos azules de su amigo pelirrojo.

  •   *   *

En fin, ¿qué puedo decir para disculparme? ¿Lo siento, tal vez? Bien, como he comentado por ahí, esta semana he empezado la universidad y he tenido que centrarme en algún que otro examen (creedme que prefiero a Severus mil veces antes que tener que aprenderme todas las gilipolleces que hizo Fernando VII durante su reinado).

Como ya os dije, el ritmo que llevaba de "a capítulo por día" no iba a poder mantenerlo durante mucho tiempo... Bueno, aquí está la prueba. ¡Qué más quisiera yo que poder actualizar noche sí, noche también! Pero toca aplicarse y ya está.

Mil gracias por vuestra paciencia y por la fidelidad que demostráis leyendo y comentando este fic.

Un beso a todos y a todas

L&S