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Historia 45483 — capítulo 8

El profesor Wellman no tardó en regresar de la enfermería. Hermione, Harry y Ron permanecían sentados en los escalones que daban paso al estrado en silencio. Los chicos lo habían intentado, pero Hermione no había dicho ni una palabra desde que la clase se quedó vacía. Wellman se aproximó a ellos.

-¿Les importaría dejarnos solos, señores?- preguntó, mirando a Harry y Ron.

Los chicos asintieron sin decir nada y se pusieron en pie.

-Te esperaremos fuera, Herms- comentó Harry.

-Sí, después nos iremos juntos a clase- corroboró Ron.

-Gracias, chicos.

Subió los ojos hacia Wellman, mientras que por el rabillo del ojo observaba cómo sus amigos se iban del aula. Un segundo después, el profesor se sentó a su lado.

-¿Cómo está?- se atrevió a preguntar la chica, sin mirarlo a los ojos.

-Parece que no es nada serio. Se dio un mal golpe y quedó inconsciente, pero sobrevivirá.

Un leve suspiro se escapó de los labios de Hermione. Wellman la miró.

-¿Puede decirme qué ha pasado?

La chica no supo que contestar. Sabía que ambos habían tenido la culpa de lo ocurrido, pero había sido ella la que lo había dejado inconsciente.

-Supongo que en parte ha sido culpa mía- dijo Wellman, viendo que su alumna no contestaba-. Ayer creí ver... Bueno, me imagino que dará igual. Así que las cosas entre Gryffindor y Slytherin no han mejorado mucho, ¿no? En mi época de alumno, ocurría lo mismo. Lo único es que yo no recuerdo incidentes como estos en ninguna de mis clases.

-Yo... estoy muy avergonzada, profesor- susurró Hermione.

-Lo sé, señorita Granger. Puedo ver que no es usted de esas personas que atacan a los demás porque sí. Es Gryffindor, al fin y al cabo- en su voz se reflejó un cierto tono de nostalgia.

Hermione lo miró extrañada. Entonces, ¿no iba a regañarla?

-Yo estuve en Gryffindor también, ¿sabe? Y... Bueno, no es que estar en Gryffindor nos libre de toda responsabilidad en cuanto a peleas se refiere... Cuando yo estaba en primero, había un grupo de Gryffindors (todos ellos mayores que yo, claro está) que se pasaban el día torturando a un chico de Slytherin. No quiero que... El señor Stapleton me recuerda mucho a él. De hecho, habría jurado que era él la primera vez que lo vi, de no saber que es imposible.

Al oírle hablar, la mente aguda de Hermione ató cabos: el grupo de Gryffindors torturadores debía de ser el formado por James, Sirius, Remus y Peter Pettigrew y el chico de Slytherin era sin duda el profesor Snape. La chica recordó las sospechas que se habían formado en su cabeza cuando conoció a Stapleton, y de las que se había olvidado completamente desde entonces.

-Pero bueno, no...- Wellman volvió a hablar, sacando a Hermione de sus cavilaciones-. No creo que haga falta regañarla por lo sucedido. Sólo espero que no vuelva a repetirse.

-No, descuide, no volverá a pasar.

Wellman sonrió por toda respuesta. Hermione lo encontró arrebatadoramente guapo y se sonrojó. Las hormonas últimamente no dejaban de jugarle malas pasadas. Como un rayo, la imagen de ella misma besando los labios carnosos del profesor pasó por su mente, pero pronto fue sustituida por otra semejante, pero ésta protagonizada por ella y un joven de pelo largo y negro, piel pálida, nariz ganchuda y voz susurrante. <<¡Maldito Stapleton! ¡Sal de mi cabeza de una vez!>>, pensó, levantándose de golpe y sobresaltando al profesor.

-¡Ah! Mmm... Lo siento, profesor... Si me disculpa, me voy ya, que tengo clase.

-Sí, claro, vaya... No se preocupe.

Hermione caminó hacia la puerta lo más deprisa que pudo sin llegar a correr y salió. Ron y Harry, que esperaban fuera, se pusieron en pie de un salto nada más verla.

-¿Qué, Herms? ¿Cómo ha ido?- preguntó el pelirrojo.

-Muy bien, la verdad. No me ha regañado. En realidad, no me ha dicho nada.

-¿Qué?

-Vamos, chicos, que llegamos tarde a Transformaciones- dijo ella con fingido entusiasmo, revolviéndole el pelo a Harry y echando a correr.

Éste miró a Ron unos instantes y después se pusieron tras los pasos de su amiga.

-Bueno, chicos, ha sido un día agotador- comentó Hermione, bostezando.

Llevaban un rato charlando en la sala común, después de haber acabado de estudiar y de haber subido del Gran Comedor.

-Oye, ¿tú no estás demasiado tranquila para las fechas que son?- preguntó el pelirrojo, mirándola con ironía.

-No sé a qué te refieres- contestó la chica con fingida indignación.

-Pues a que éste es el año de los ÉXTASIS, y tú tendrías que estar tirándote de los pelos porque ya estamos una semana más cerca de los exámenes.

-Este año he decidido tomarme las cosas con más calma.

-Sí, yo también- dijo Ron con una sonrisa.

-Tú siempre te las tomas con calma.

-¡Vaya, saltó la ratona de biblioteca!

-¡Oh, Ronald!

-Harry, díselo tú- comentó, volviéndose hacia su amigo, que en esos momentos se estaba dando un lento y prolongado beso con Ginny. La cara del pelirrojo tomó un color parecido al de su pelo.

-Ejem- carraspeó Hermione, intentando que la pareja se diera por aludida, cosa que no consiguió.

-¡GINNY!- exclamó Ron dirigiéndose hacia la pelirroja.

Su hermana se separó de Harry de mala gana y lo miró con enfado.

-¿Qué quieres, pesado?

-¿Podrías no meterle a Harry la lengua hasta el estómago? Intento que me apoye en algo.

-Yo le meteré la lengua a Harry hasta donde crea conveniente.

-Pero...

-Ron, búscate una novia de una vez y déjanos a los demás vivir en paz.

Las orejas de Ron se tiñeron de escarlata.

-Eeeeh... Ésa no es la cuestión. Lo que intento es salvarle la vida a mi amigo.

-Pues en estos momentos le estás arruinando la vida a tu amigo- se metió Harry, refiriéndose a sí mismo en tercera persona.

-¡Harry!

Hermione, ante tanto barullo, creyó conveniente retirarse a su habitación. Pronunció un suave "buenas noches", del que nadie se percató, pues los tres seguían enzarzados en una ardua discusión acerca de hasta dónde tenía Ginny que meterle la lengua a Harry y viceversa. Llegó a su habitación, donde ya dormían sus compañeras de curso. Se puso el camisón y se tumbó en la cama, tapándose hasta la barbilla. Aunque pensaba que le costaría más, se durmió enseguida.

No sabía cuánto tiempo había dormido cuando se despertó en mitad de la noche, incorporándose de golpe. No entendió qué era lo que había provocado tan repentino despertar hasta que estiró la pierna derecha. 

-¡Ay!- se le escapó involuntariamente.

Lo único que la respondió fue un ronquido de Lavender Brown, la pelindrusca sin cerebro que andaba tras los huesos de Ron. Hermione aguardó un momento y después se llevó la mano con cuidado a la cicatriz. Notó que estaba inflamadísima y que al más mínimo contacto le ardía. <<¿Por qué...?>>. Recordó entonces que la última vez que le había dolido fue cuando vio a Stefan y a su grupo reírse de ella. <<¿Tendrá tanta importancia de verdad lo de la Felix Felicis? Y de tenerla, ¿cómo repercutiría entre Stefan y yo? ¿Y qué demonios hago yo llamándolo Stefan?>>. Miró el reloj: las dos de la mañana. El recuerdo de Stapleton chocándose contra la pared en DCAO volvió a su memoria, golpeándola como un mazo. De pronto tuvo la necesidad imperiosa de ir a la enfermería. <<¿Qué pretendes, Hermione? ¿Estás loca? ¿Quieres tener otra discusión con él? Ya te dejó muy claro que no le importas, que le caes mal y que prefiere que te mantengas alejada>>. Hermione se respondió a sí misma. <<Pero él no tiene por qué enterarse de que he ido a verlo. Seguramente ahora esté dormido. Es mi momento para comprobar que está bien de verdad>>. Sin darle más vueltas, se puso las zapatillas y un cuco batín blanco perla que le había regalado su madre cuando cumplió los dieciséis años, y salió de la habitación sin hacer ruido. Como supuso, la sala común estaba vacía, aunque la leña carbonizada todavía rezumaba algo de humo. La Señora Gorda la vio perderse en la oscuridad con una mirada reprobatoria y murmuró algo como: "Estos tres siempre están igual... Ni siendo prefecta evita escaparse en mitad de la noche". Hermione llegó a la enfermería un cuarto de hora después, habiendo esquivado con éxito a la señora Norris, que la había obligado a desviarse de su recorrido inicial. Abrió la puerta con sigilo y oteó el interior. No se escuchaba nada salvo las tranquilas respiraciones de los que tenían la desgracia de estar durmiendo en las camillas en lugar de en sus camas. Cerró la puerta tras de sí y se fue moviendo muy despacio, en busca de Stefan. Lo localizó casi al final de la sala, entre unas cortinas que lo aislaban en parte del resto. Hermione se rió para sí. <<Seguro que ha sido él mismo quien ha exigido que las pongan>>. Se coló en el improvisado habitáculo sin hacer ningún ruido y se acercó a la cabecera de la cama. Lo observó sin ni siquiera respirar. Un rayo de luna distraído bañaba su cara, ya de por sí pálida, de un blanco brillante, definiendo sus rasgos. Sus ojos recorrieron con avidez cada una de sus facciones, demorándose a propósito en todas ellas hasta que casi le dolía mirarlo. Sabía que los demás no estarían de acuerdo, que quizá la tomarían por loca, pero ella lo encontraba extremadamente hermoso así. Podía no serlo, pero su rostro estaba en paz, sin el ceño fruncido que acostumbraba. Sus labios finos estaban entreabiertos, y su pecho subía y bajaba a un ritmo tranquilo y constante.

-Lo siento- susurró Hermione tras un rato de observación-. Yo... no quería que pasase esto.

Stapleton respiró profundamente.

-Es que... me hizo tanto daño lo que me dijiste... No supe cómo afrontarlo. Perdóname. No es cierto que me des asco ni que te odie. Muy a mi pesar, me parece que es al contrario.

Alargó la mano con algo de timidez y le acarició la mejilla. Stefan suspiró en sueños, como si hubiese percibido a la perfección la caricia.

-Puede que sea una tontería, pero... Para mí, la Felix Felicisnos ha unido. No sé siquiera si esa unión es real, o me la estoy imaginando para creer tener algo que me vincule a ti, pero no voy a renunciar a ella.

Pasó su mano a la otra mejilla de Stefan y se inclinó sobre él, quedando su frente pegada a la del chico, como había ocurrido la noche aquella en el pasillo del séptimo piso. Cerró los ojos y respiró hondo.

-Aunque esto no pueda ser... Aunque me esté equivocando...- se pasó la lengua por los labios, humedeciéndolos-. No puedo evitarlo. Necesito hacerlo aunque... sea la primera y última vez que lo haga.

Se separó un poco de él y, girando un poco el ángulo de su cabeza, se agachó lentamente sobre sus labios. Entreabrió los ojos un momento para comprobar que todo lo que estaba pasando no era una jugada de su mente, y su boca atravesó la distancia que la separaba de la de Stefan como si de repente hubiera habido en ellas sendos imanes colocados de forma opuesta. Lo besó.

Severus llevaba toda la tarde entre la realidad y el sueño, viendo cómo formas neblinosas se movían a su alrededor y decían cosas que no era capaz de entender. Estaba mareado y le dolía la cabeza. Y detrás de todo eso, una voz gritando: ¡Desmaius!, y oscuridad. Una densa y aterradora oscuridad. No podía pensar con demasiada claridad. Sin embargo, tenía claro con quién estaba muy, pero que muy enfadado. <<Granger... Siempre Granger. ¿Por qué no puedo, simplemente, ignorarla? ¿Por qué prefiero discutir con ella? ¿De qué quiero convencerme a mí mismo? Lo único que estoy haciendo es que cada vez me sea más difícil no sentir nada cuando la veo, o no estremecerme cuando se acerca a mí con esos ojos de miel. Todo ha cambiado... Ya ni siquiera me siento como cuando tenía mi anterior cuerpo, mi... verdadero cuerpo. Creo que me estoy olvidando de quién soy para volver a ser quien era...>>. Sin embargo, estos pensamientos lo agotaban, así que procuraba dejar la mente en blanco. Eso cuando no soñaba que Weasley se llevaba a la fuerza a Granger mientras él los perseguía con Malfoy sobre los hombros, a la vez que Potter le lanzaba un Densaugeo por la espalda. La última vez que se despertó de un sueño tan ridículo como éste, se dio cuenta de que ya había anochecido. La habitación estaba a oscuras, y sin embargo él notaba una tibieza de luz blanca en el rostro. Fue entonces cuando percibió que había alguien a su lado. Susurraba cosas. No las entendía todas, tan solo expresiones sueltas: ... daño... perdóname... asco... contrario. Su mente hizo un esfuerzo sobrehumano por reaccionar. Esa voz... <<No, no puede ser>>, pensó sorprendido, sin atreverse a abrir los ojos o a moverse. Y de pronto, una mano, una dulce calidez en su mejilla izquierda. <<¿Ella... me está acariciando?>>. Se dio cuenta que ya se encontraba completamente sereno. Tuvo que hacer uso de todo su autocontrol para que no se le notase. La voz volvió a él cuando una suave frente se apoyó sobre la suya:

-Aunque esto no pueda ser... Aunque me esté equivocando... No puedo evitarlo. Necesito hacerlo aunque... sea la primera y última vez que lo haga.

<<¿Qué pretendes, Granger, terminar de volverme loco? No sé lo que vas a hacer, pero no te atrevas a...>>. No le dio tiempo a pensar nada más. Cuando los labios de Hermione se posaron dulcemente sobre los suyos, todo su cuerpo se estremeció y perdió toda perspectiva racional de las cosas. Una chica que hasta hacía apenas tres semanas era alumna suya, ahora lo besaba como si él fuera realmente algo especial, como si mereciera la pena, como si... no hubiera nadie en el mundo como él. Severus tuvo que realizar verdaderos esfuerzos para no levantar los brazos y pegarla a sí como si la vida le fuera en ello. El deseo, la pasión, el ardor amoroso... se encendieron en su pecho de tal manera que fue prácticamente incapaz de sofocarlos. La besó. <<¿Será posible que me haya olvidado de todo, que no me importe nada más ahora mismo aparte de esto, que crea haberme comportado como el más idiota de los hombres? ¿Será posible que... me haya enamorado de ti, Granger?>>.

  •   *   *

Bueno, el capítulo de hoy es muy especial... Supongo que todos sabréis que hoy nuestro Sev habría cumplido 50 añitos (de no ser por cierta pelandrusca cuyo nombre son dos iniciales que... Aooommmm, tranquila, Déborah, tranquila...). Por ello he querido que no fuera igual a los demás. Quería, aunque suene presuntuoso, darle algo de felicidad como regalo. Y la única manera que tenía de hacerlo era así, como habéis visto. Espero que os haya emocionado el capítulo como me ha ocurrido a mí, y que dejéis comentarios contándome vuestros veredictos.

Hoy más que nunca os agradezco a todos que estéis ahí, ahora y siempre.

Un abrazo

L&S