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Historia 45483 — capítulo 7
Hermione sólo escuchaba los latidos de su corazón. Tenía a Stefan Stapleton pegado a su nariz y estaba siendo fulminada por sus ojos. <<¿Por qué me haces esto, Stapleton? ¿Por qué me obligas a que ahora te odie, cuando yo... no quiero hacerlo?>>. -Cobarde...- susurró por última vez, bajando la mirada. Severus notó que su autocontrol se rompía. Esa endemoniada chica podía sacarlo de sus casillas con extremada rapidez. La agarró por la túnica a la altura de los hombros y la pegó al muro de piedra con una inusitada fuerza. Unió su frente a la de Hermione y cerró los ojos, respirando velozmente. Tenía sus brazos a ambos lados de la cabeza de la chica, que no podía moverse. -No... me... llames... cobarde...- respondió él en un tono casi inaudible-. Por favor, Hermione... La chica se estremeció al escuchar su nombre dicho por él. En esos momentos, le recordaba más al profesor Snape que nunca, pero, para su sorpresa, eso no le preocupó lo más mínimo. <<¿Qué más me da a quién se parezca o hijo de quién sea? Yo... Lo único que me importa es él>>. En esa posición, tenía un ángulo de su cara bastante sugerente: visión directa de su boca, con los labios entreabiertos. Parecía que la estaba retando a que se atreviera a besarlo. Inclinó un poco su barbilla hacia arriba, acoplando su cara a la de él. Se encontraban a un escaso centímetro, cuando el chico se separó bruscamente de ella. Un barullo de voces la confundió por un momento. Al recuperarse, pudo apreciar una cabellera pelirroja y otra morena que corrían por el pasillo. -¿Estás bien, Hermione?- preguntó Ron llegando a su altura. La chica asintió, buscando a Stapleton con la mirada. Lo vio tirado en el suelo, y a Harry apuntándolo directamente a los ojos. El muchacho no parecía tener intención alguna de defenderse. -Déjalo, Harry. No me estaba haciendo nada. -Hermione, éste es uno de los responsables de que ayer tuvieras unos dientes de veinte centímetros. Merece pagar por ello- arguyó su amigo, sin dejar de apuntar a Severus. -Por favor, Harry, la ofendida fui yo. No seas orgulloso y te lo tomes como una ofensa personal. -¡Pero Hermione...! Severus observaba la escena, atónito. De repente, tuvo un flash-back: Él cuando tenía quince años, James Potter y sus amigotes y Lily. ¿Por qué tenía que pasarle a él? ¿Por qué se repetía la historia de ese modo tan caprichoso? No podía soportar que Granger lo defendiera. No después de haberse propuesto que le iba a ser indiferente, que incluso iba a aborrecerla, que no... iba a sentir nada por ella. Le daban igual la Félix Felicis y todas esas tonterías. Se puso en pie ágilmente y, empujando a Harry a un lado, se encaró a la chica. -No quiero que me defienda una asquerosa Gryffindor como tú...- le escupió a la cara, todo lo venenosamente que pudo. -¿Cómo te atreves...?- dijo Ron, apuntándolo con la varita. -Y qué pena que te hayas quitado los dientes que te puso Malfoy...- continuó Severus, ignorando a Ron por completo-. Le quedaban muy bien a tu cara de marmota. Ron lo cogió por la pechera, y junto con Harry, que ya había llegado a su altura, lo pegaron a la pared de enfrente. Hermione se había quedado inmóvil. No podía creer... No podía entender... ¿Por qué de repente se había transformado? ¿Tenía doble personalidad o qué? Sintió que los ojos se le llenaban de lágrimas. Se mordió el labio con todas sus fuerzas. <<No voy a... llorar delante de él. No voy a mostrar que me ha hecho daño con sus palabras. Nunca sabrá que yo... lo he querido en algún momento>>. -Muchachos, ¿va todo bien?- dijo una potente voz por detrás de ellos. Todos se dieron la vuelta. El profesor Godric Wellman los observaba con la ceja levantada. Llevaba una túnica burdeos, con unos pantalones negros muy ajustados. A Hermione se le olvidó por un momento la discusión con Stapleton de unos minutos antes. -Sí, sí, profesor- dijo Harry, mientras Ron y él soltaban a Stapleton de mala gana-. Sólo charlábamos. Wellman entrecerró los ojos, mirándolos con sospecha, pero después sonrió. Habían empezado a llegar más alumnos al pasillo, entre los que estaban Malfoy y los suyos, que, aun viendo cómo tenían a Severus Harry y Ron, no movieron un dedo por ayudarlo. -Bueno, me fío de vosotros. <<¡Qué ingenuo!>>, pensó Severus, mirándolo con desprecio desde donde lo habían pegado los dos amigos. El profesor se giró hacia Hermione, sin borrar la sonrisa. -¿Y usted qué tal se encuentra, señorita Granger? -Bien. Gracias, profesor. -¿Cómo va su herida? ¿Está mejor? -Sí, sí, ya no... me duele nada. Mentía. La noche anterior, mientras veía a Stefan no hacer nada por ella y echar a correr, le ardió la cicatriz. Ahora entendía a Harry cuando éste les contaba que estaba a punto de estallarle la cabeza del dolor. De hecho, ahora que se daba cuenta... Sí, volvía a escocerle. Intentó poner cara de inocencia. -Me alegro- su sonrisa se ensanchó, provocando el sonrojo de Hermione. Ron miró a Harry con cara de no entender por qué la chica se ruborizaba porque el profesor hubiera sonreído y su amigo se encogió de hombros. Severus también observaba la escena con cara de asco. -Bien, chicos. Entrad en el aula, vamos. Todos los alumnos obedecieron, incluyendo a los tres amigos. Severus se unió al grupo de Malfoy, pero no les dijo nada a ninguno. No se le olvidaba que no se habían atrevido a ayudarlo cuando estaba en problemas con Potter y Weasley. Todos pasaron al centro del aula, que volvía a estar despejada. -Bueno- dijo Wellman dando una palmada-, creo que ayer empezamos un poco fuerte. Hoy restringiremos un poco los hechizos a usar. Al fin y al cabo, no me dio tiempo a ver la habilidad de todos vosotros. Volveréis a poneros por parejas y mientras uno practica el hechizo de ataque, el otro intentará rechazarlo. Los ataques a usar son, por tanto, el Everte Statum y el Depulso. Y por favor, chicos... Controlaos un poco. No quiero que vuelva a haber incidentes hoy. Así, empezó a poner a los chicos por parejas, como había hecho el día anterior, pero esta vez, por ejemplo, puso a Malfoy con Goyle. Cuando casi todo el mundo había sido "emparejado", Wellman se acercó a Hermione. -Señorita Granger, creo que lo mejor será que usted y el señor Stapleton se pongan juntos. No creo que él se atreva a hacerle daño, después de lo visto ayer... Hermione lo miró sin poder creérselo. ¿Por qué tenía que pasarle a ella? ¿Por qué con Stefan Stapleton? ¿Por qué con él precisamente en ese momento? -¿Le parece bien?- preguntó Wellman con una sonrisa. La chica no supo cómo negarse. Esbozó una pseudosonrisa, que el profesor interpretó como que aceptaba su propuesta. Se giró hacia Stapleton, que permanecía estático unos pasos más allá, y le hizo una seña para que se acercara. <<¿Qué se cree este idiota que soy, un perro? Vuelve a dirigirte a mí así y te lanzaré un Sectunsempra, mono de feria>>. Su cara no denotaba la mayor de las ilusiones que digamos. -Señor Stapleton, usted y la señorita Granger trabajarán juntos hoy. -¿Qué? Wellman lo miró, alzando una ceja. -¿Algún problema?- preguntó, empleando un tono muy distinto al usado con Hermione. -No, ninguno- respondió Severus entre dientes, acribillando a Hermione con sus ojos negros. -Bueno, pues... ¡A trabajar! El profesor se levantó y se dirigió a los alumnos que quedaban por que les fuera asignado un compañero y Hermione y Severus se quedaron solos. La chica se dio la vuelta para buscar un sitio apropiado, localizando a Ron y pidiéndole ayuda con los ojos, que el pelirrojo no pudo brindarle porque ya batallaba con los embates de Pansy Pakinson. Llegó a un lugar donde había bastante espacio para practicar. Paró y sacó su varita. Severus se detuvo unos tres metros más allá, frente a ella, y también sacó su varita. <<Vamos, Hermione... Es sólo Stapleton. Un compañero sin más. Concéntrate en la clase>>. -¿Prefieres atacar o defender, Granger? Lo había dicho con un tono tan desagradable, que la chica ni siquiera respondió. Alzó su varita y gritó: -¡Everte Statum! Un rayo de luz blanca salió en dirección a Severus, quien lo bloqueó con un leve movimiento de varita. <<Lo ha bloqueado sin decir nada. Es que no ha movido ni los labios>>. -¡Everte Statum! De nuevo ocurrió lo mismo. Hermione apretó los dientes y tensó la mano con la que sujetaba la varita. -¡Everte Statum! -Me aburres, Granger- dijo Stapleton, bostezando, mientras volvía a parar, distraído, el hechizo que ella le enviaba. -Y tú me das asco, Stapleton. ¡Everte Statum! -¿No te das cuenta de que así no vas a conseguir nada? Eres tan cándida y débil... -No soy débil, y mucho menos, cándida. ¡EVERTE STATUM! El hechizo fue más potente esta vez, pero siguió sin ocurrir nada. El chico bloqueaba los hechizos como si no existieran. -¿Ah, no? ¿Y entonces por qué resulta tan fácil dañarte? Eres frágil como una hoja seca. -¡Y tú eres un idiota! ¡Everte Statum! ¡Everte Statum! Lanzó dos hechizos esta vez, y la cosa cambió, pero no para su beneficio. Lo que hizo Stapleton fue reenviárselos. Le dieron de lleno en la tripa y la tiraron al suelo. Se levantó llena de rabia. -¡El ejercicio no consiste en esto! -Ya te dije que me aburría. Me has aburrido desde el primer momento, Granger. Hermione sintió estas palabras como una bofetada. No sabía por qué, pero intuía que Stapleton no se refería sólo a la clase. Decidió contestar. -Y yo ya te he dicho a ti que me das asco. Me recuerdas tanto a una persona a la que desprecio profundamente- no era cierto del todo, pero si Snape resultaba ser su padre, al menos le tocaría un poco las narices-, que me es imposible contener las náuseas cada vez que veo tu prominente narizota. A Severus se le encogió el estómago. ¿Lo sabía, sabía quién era él y por eso le había hecho esa confesión encubierta? ¿Y cómo era posible que se atreviera a meterse con su nariz? ¿Quién se creía que era ella, la Venus de Botticelli? -Mira, a mí me pasa lo mismo cada vez que pienso en tus dientes de rata y en tus pelos de loca. Eres hija de muggles, ¿no? ¿En tu casa no te han enseñado lo que es un peine? -¿Y a ti lo que es una ducha? Severus no respondió enseguida. Primero, intentó matarla con la mirada, pero le fue imposible. <<¡Maldita niñata! Te vas a enterar de quién manda aquí, estúpida e insufrible sabelotodo>>. -Sí, Granger, sé lo que es una ducha. Es a lo que te parecías tú el otro día en el pasillo del séptimo piso, ¿no? <<¡Cabrón! ¿Por qué sacas ahora ese tema?>>. No quiso contestarle. Prefirió atacar. -¡Everte Statum! ¡Everte Statum!- vio que Stapleton se acercaba a ella, bloqueando sin ninguna dificultad sus hechizos. Eso la enardeció más-. ¡Everte Statum! ¡Everte...! ¡DESMAIUS! No pudo contenerse. Él la miraba con tal superioridad, que su orgullo habló por ella y dijo: Callémosle la boca a este zoquete. Stapleton estaba tan cerca ya que casi sintió el impacto del hechizo en su cuerpo. El chico, desprevenido ante un ataque mucho más potente que el anterior, salió disparado unos metros más allá, chocándose contra uno de los muros, con tan mala suerte, que se dio en la cabeza. Cayó al suelo, inconsciente. Toda la clase se quedó en silencio. Wellman corrió hacia él. -¿Qué ha pasado? Su cara fue la sorpresa personificada al ver que se trataba de Stapleton. Se levantó, mirando a Hermione con la boca semiabierta. -¿Señorita Granger? -Yo... Yo no...- titubeó la chica. Wellman suspiró. <<¿En qué lío me has metido, Albus? Creo que no valgo para ser profesor>>. Echó una mirada a todos sus alumnos y dijo con una voz que aparentaba seguridad. -La clase ha terminado. Recoged vuestras cosas mientras llevo al señor Stapleton a la enfermería. Ante el movimiento de los alumnos, encantados porque la clase acabase antes otra vez, Wellman añadió: -Señorita Granger, quédese aquí. Quiero hablar con usted. Hermione, que no se había movido, asintió lentamente. Observaba con horror a Stefan Stapleton inconsciente. El profesor lo hizo levitar y lo sacó del aula con cuidado. En ese momento, Harry y Ron corrieron hacia su amiga. -Herms, ¿qué ha pasado?- preguntó el pelirrojo, mostrando una seria preocupación por ella. La chica miró a sus dos amigos por toda respuesta. Acto seguido, los abrazó con fuerza. Los muchachos rodearon a su amiga, acariciándole la cabeza a modo de consuelo. -Venga, mujer, que seguro que no es tan grave... -Sí, quizá sólo nos quiten unos puntos y ya está. Alguna vez tenía que ser la primera, Hermione- dijo Ron, sonriendo. La chica los escuchaba sólo a medias. No podía borrar la imagen de Stefan Stapleton de su mente. ¿Y si le había hecho daño de verdad? En su cabeza, no paraba de repetir una y otra vez <<Yo no quería hacerlo. Yo no quería hacerlo>>.* * * **Bueno, amigos y amigas, aquí queda otro. Uff, es que no paro, ¿eh? Espero que no os haya disgustado mucho y que me dejéis vuestras opiniones escritas en un lindo comentario.**Un besito a tod@s