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Historia 45483 — capítulo 6

Severus corría por los pasillos oscuros. No veía nada, sólo se movía a tientas. A su alrededor, únicamente las respiraciones agitadas de sus compañeros, y en su cabeza, un solo pensamiento: "¿Por qué?" ¿Por qué había permitido lo que acababa de pasar? ¿Por qué había dejado que Malfoy y los demás se burlaran de ella cuando no podía defenderse? ¿Por qué le dolía tanto el pecho al pensar que había vuelto a hacerlo? <<Y después he huido como un miserable...>>. Intentó pensar con la cabeza fría. ¿Qué era lo que le estaba impidiendo racionalizar la situación? Se dio cuenta de que la pierna le ardía. <<¡No! La Félix Felicis...>>. Si seguía escociéndole así, tendría que pararse. A duras penas, consiguió llegar a su sala común junto a sus compañeros.

-¿Habéis visto su cara?- preguntó Malfoy, riéndose a carcajadas, mientras se tiraba sobre uno de los sillones de cuero negro.

-Sabelotodo Granger por fin ha recobrado sus verdaderos dientes- colaboró Pakinson.

-Tenía ganas de darle de su propia medicina- volvió a decir Draco-. ¿Recordáis lo que dijo de mi padre antes de entrar en Pociones? Se lo tiene merecido, esa sangre sucia...

Severus escuchaba la conversación. Apretaba tan fuerte los dientes que casi le chirriaban. Se dio cuenta de que estaba haciendo un esfuerzo inconmensurable por controlarse. No le faltaba nada para perder la paciencia.

-Ha sido genial, Draco- dijo en ese momento Pansy, mirándolo con ojos de cordero degollado.

-No, no ha sido genial, querida Pansy... ¡Ha sido glorioso! Me moriría por saber cuán grande es el charco de lágrimas que ha dejado Granger en el suelo del pasillo. Ojalá Filch los haya pillado a ella y a Weasley. ¡Qué lástima que el profesor Snape no esté aquí para terminar bien la noche rebajándoles unos cuantos puntos de su casa!

En ese momento, Severus no pudo más. Se levantó en silencio y se dirigió a los dormitorios.

-¡Eh, Stefan! ¿A dónde vas?

-Estoy cansado. Me voy a la cama.

-Venga, ¿no dices nada? ¿Qué te ha parecido cómo nos ha quedado la broma?

-No tengo palabras- respondió Severus.

Draco sonrió con suficiencia, pensando que esa respuesta era un halago a su brillante plan. El chico moreno abandonó la habitación. Subió las escaleras arrastrando los pies. <<¿Qué me está pasando?>>. La cicatriz de la pierna seguía ardiéndole. Al llegar al dormitorio, se quitó los pantalones y se miró la herida bajo la luz de la luna que entraba por la ventana. El aire se le congeló en el pecho por unos instantes. La cicatriz, con su forma de corazón roto, perfectamente definida, aparecía en relieve sobre la pierna, y tenía un color rojizo oscuro. Acercó sus dedos a ella con cuidado y la tocó muy despacio. <<¡Palpita!>>. Parecía que ese trozo de piel tenía vida propia, como un corazón real. Entonces, la imagen de Hermione de unos minutos antes apareció muy nítida en su mente: tirada en el suelo, llorando y mirándolo con una mezcla de incredulidad y... ¿tristeza?

-¡No, no, Severus! ¿En qué estás pensando?- se preguntó en voz alta, metiendo la cabeza entre sus manos y apoyando los codos en las rodillas.

<<Es obvio, ¿no?>>, dijo en su cabeza la vocecita que solía darle la lata. <<Esa chica te gusta... Es más, te importa>>.

-No digas tonterías.

<<¿De verdad son tonterías?>>.

-¡Claro que lo son! Por Dios, no se me ha olvidado quién soy yo ni quién es ella.

<<¿Y de verdad te preocupa tanto como aparentas?>>.

-Es mi alumna. ¡Por supuesto que me preocupa!

<<Ya no lo es. De hecho, ahora es una compañera tuya, con tu misma edad>>.

-Yo no tengo la edad que aparento. Eso ya deberías saberlo.

Era muy cómico verlo hablar consigo mismo sentado sobre su cama, como si realmente hubiera alguien en la habitación respondiendo a lo que él decía.

<<¿Por qué te inquieta eso ahora? Por lo que dijo Dumbledore, estando en la casa esa no encontró nada que explicase lo que pasó. Eso implica que seguramente te quedes así por mucho tiempo... ¿No os convertiría eso en personas de la misma generación?>>.

-Te repito que parezcoun adolescente, pero dejé de serlo hace veinte años.

<<¿Seguro que has dejado de serlo?>>.

-¡Vaya pregunta tan absurda!

<<Pues permíteme recordarte que has tenido últimamente una serie de reacciones que denotaban bastante inmadurez: la discusión con Granger por la Félix Felicis, lo que le dijiste a Albus, el casi-beso en el pasillo del séptimo piso, el golpe en el hombro de Weasley... Eso por no hablar de la bromita de hace un rato>>.

-Eso ni me lo recuerdes- comentó Severus, volviendo a meter la cabeza entre las manos.

<<¿Lo ves? Conducta propia de adolescentes: hacer algo que no les agrada para ser aceptados en un grupo. Creo que ya conozco esta historia, Severus>>.

-¿Y qué me quieres decir con eso, que siento algo por ella?

<<La Félix Felicis os ha unido... Eso no puedes negarlo. ¿Qué tendría de malo?>>.

Severus se levantó y se sentó en el quicio de la ventana.

-Que es imposible.

<<No, ya no lo es, pero desearías que lo fuera>>.

-¡Bueno, ya está bien! ¿Por qué, si puede saberse?

<<Porque tienes miedo>>.

-¿Miedo?

<<Miedo de sufrir, miedo de que se repita lo que pasó con Lily... Miedo de enamorarte, Severus>>.

-¿Enamorarme? ¿De Granger? Por favor, no me hagas reír...

<<¿Te hace mucha gracia? ¿No quieres creerlo? Piensa por un segundo en ella y cuéntame lo que le ocurre a tu corazón>>.

Severus lo hizo un poco a regañadientes. Recordó el momento en que había estado a punto de besarse con ella en medio de ninguna parte (pues eso había sido el mundo para él en ese instante) y notó que, efectivamente, algo le subía por el estómago y le aceleraba el ritmo cardíaco.

<<¿Qué?>>, preguntó la vocecilla con recochineo.

-¿Qué de qué? Sabes perfectamente la respuesta, así que no me hagas pronunciarla en voz alta.

<<O sea, que admites que...>>

-¡No! Yo no he dicho eso ni nunca lo diré. Además, pensándolo bien, celebro lo que ha pasado esta noche. Así, Granger me odiará y no tendré que volver a cruzarme con ella. Punto y final.

<<¿Crees que es tan fácil? No es por repetirme, pero la Suerte Líquida fluye por vuestras venas... ¿De verdad piensas que porque seas un tozudo cabezahueca las cosas van a cambiar?>>.

-No creo que exista el destino, y de existir... Bueno, el mío sería estar solo, lo sé. Siempre lo he sabido.

<<El tiempo lo pondrá todo en su sitio, ya que tú eres incapaz de enfrentarte a la vida por una vez. ¡Cobarde!>>.

-¡Basta! ¡Déjame en paz!

-¿Hablabas con alguien?- preguntó una voz a sus espaldas.

Severus se dio la vuelta, sobresaltado. Al instante, sus mejillas se tiñeron de rojo, aunque la oscuridad reinante en la habitación lo disimuló. Draco lo observaba con la ceja levantada. Severus esperaba que el chico acabara de llegar.

-No, no... Sólo era una pesadilla. Me he tumbado y me he dormido sin darme cuenta.

Malfoy lo miró con suspicacia. Sin embargo, no dijo nada. Se fue directo a su cama. Un minuto después entraban Zabini y Goyle, que también se fueron a sus respectivas camas sin abrir la boca. Severus terminó de desvestirse y de ponerse el pijama y se metió en la suya. No podía creerse la estúpida conversación consigo mismo que había tenido unos minutos antes. <<¡Yo no siento nada por Granger! De hecho, ¡odio a Granger! ¡No la soporto! ¡No la aguanto! ¡No...!>>.

La mañana siguiente amaneció soleada en Hogwarts. Harry, Ron y Hermione desayunaban juntos en el Gran Comedor. No hablaban. A duras penas, Harry se había enterado de lo ocurrido la noche anterior, y sabía que si hablaba, no podría controlarse. Cuando el grupito de Malfoy (Severus incluido) entró en la Sala, a Ron se le formó una mueca horrible en la cara. Se veía que hacía grandes esfuerzos por contenerse. Harry les echó un vistazo a sus dos amigos y volvió a intentarlo.

-¿Y decís que fueron esos cinco?

Ron respondió con un gruñido.

-¿También el nuevo?

Hermione sintió que el corazón se le aceleraba. Asintió muy despacio con la cabeza.

-Ha terminado uniéndose al enemigo. Era lo que me faltaba para terminar de despreciarlo.

A su amiga se le escapó un sollozo. No le había dicho a ninguno de los chicos lo ocurrido en la enfermería con la herida hecha por el frasco roto de la Félix Felicis. Había sido tan íntimo, tan profundo, tan... increíble, que había preferido guardárselo. Y después había colaborado con Malfoy en hacerle daño, a ella...

-Hermione, ¿estás bien?- preguntó Harry, preocupado.

-Sí, estoy bien, Harry. Es que...- contestó, sollozando de nuevo.

El chico la abrazó por toda respuesta. Hermione lo rodeó con los brazos a su vez. Quería mucho a Harry. Era un muy buen amigo. En esos momentos, su abrazo era lo que realmente necesitaba. No se percató de que había unos ojos negros fijos en ellos.

-Stefan... ¡Eh, Stefan!

Severus se giró hacia Pansy Pakinson, que era quien lo llamaba. La miró, intentado tragarse la bilis que se le había subido a la boca tras ver cómo Harry y Hermione se abrazaban.

-¿Podrías ayudarme hoy con unos ejercicios de Pociones? Es que no sé cómo...

-¿Mmm? Sí, sí, vale...- contestó sin prestarle mucha atención. La chica podría haberle pedido matrimonio, que él habría aceptado.

Volvió a mirar la "enternecedora" escena entre los dos amigos, mientras se llevaba a los labios una copa de zumo. ¿Quién se creía que era ese Potter para tocarla de esa manera? Deseó volver a tener su cuerpo de siempre para poder vaciar del todo el reloj de Gryffindor de sus puntos. Pudo ver cómo Ron se acercaba también a ella y la abrazada como su amigo de gafas. La copa se le cayó a la mesa, salpicando a varios de sus compañeros. Entre quejas, cogió su mochila y echándole una última mirada al trío de moda, salió casi corriendo del Gran Comedor.

Hermione se separó de Ron.

-Perdonadme, chicos. Lo de ayer fue muy chocante para mí.

-No te preocupes, Herms- dijo Harry, acariciándole la cabeza.

-Sí, esos cinco se van a arrepentir de lo que hicieron- corroboró Ron.

Hermione los miró con una ligera sonrisa. ¿Qué se suponía que le pasaba? Lo que de verdad le dolía era que el mismo chico de profundos ojos negros que la había protegido con su propio cuerpo hubiera sido capaz de reírse de ella de esa manera. <<¿Estoy así por Stapleton? ¡Pero si ni siquiera lo conozco! ¿Y qué pasa con Ron? ¿Ya se me ha olvidado lo que sentía por él? No, esto no... No tiene ni pies ni cabeza. Ha quedado muy claro lo poco que le importo, así que no merece la pena que me siga rayando con estas tonterías>>. Se levantó.

-Voy a la sala común. Se me han olvidado las plumas y la tinta. Nos veremos en DCAO, ¿de acuerdo?

-¿Quieres que vaya contigo?- preguntó Ron.

-No, no hace falta. No tardaré. En serio, nos vemos en clase.

Y sin dar posibilidad a réplica, salió con paso ligero del Gran Comedor. Ron se sentó al lado de su amigo.

-Lo que ha pasado, no puede quedar así, Harry. No sabes cómo se pasaron con ella. Si pudiera coger a Malfoy, te juro que...- dijo el pelirrojo, haciendo un gesto de lo más elocuente con sus manos. 

-Pues a mí me apetece más pillar por banda al Stapleton ese. ¿De qué cojones va? ¿Primero salva a Hermione de un golpe contra una pared y luego se burla de ella? Eso es de ser despreciable.

-Mira, Harry- comentó de pronto Ron, señalando la mesa de Slytherin-. Parece que nuestro amigo ha abandonado a su panda de imbéciles... ¿Y si vamos a "hablar" con él?

-Estaríamos actuando como ellos, Ron. ¿Le vamos a coger entre los dos y vamos a reducirlo? Eso es muy propio de cobardes, es decir, de Slytherins.

-Entonces, ¿no vamos a hacer nada?

El chico de ojos verdes se encogió de hombros.

Hermione no había tardado nada en coger sus cosas de la sala común. Corrió hacia el aula de DCAO, por miedo a llegar tarde. No quería causarle una mala impresión al profesor Wellman, que tan gentil había sido con ella el primer día. Se sonrojó sólo de recordarlo. Llegó al pasillo donde estaba la clase y frenó. Tampoco era plan de entrar sin resuello. Esperaba que Harry y Ron ya estuvieran allí. Pero el lugar estaba desierto. Bueno, en realidad no. Hermione lo vio cuando estuvo a pocos metros de él. Stefan Stapleton permanecía apoyado en la pared, con la barbilla pegada al pecho. Al notar otra presencia, levantó la cabeza. Las miradas de ambos entrechocaron entre un mar tempestuoso de sentimientos: Hermione no podía perdonarle lo de la noche anterior y Severus intentaba contener el serio ataque de rabia que le había provocado verla tan cerca de sus amigos. 

-¿Qué, ya no eres tan arrogante sin tus amigos delante, no?- se oyó decir Hermione en un duro tono.

Severus la miró a los ojos. No quería hablar, porque si hablaba, sabía que empeoraría las cosas.

-Es muy curioso ver cómo Slytherin está lleno de ratas. ¿No me retarías ahora a un duelo, para ver quién es mejor de los dos?

<<Niña idiota. Si te retase a un duelo, te haría picadillo a los dos segundos>>.

-¿No? Por supuesto que no... ¿Cómo vais a hacer alguno de vosotros algo sin jugar sucio?

Mientras hablaba, se iba acercando a él, sin dejar de mirarlo fijamente.

-No imaginé que fueras así... Fui tan sumamente estúpida que creí que no eras como Malfoy y sus amiguitos, pero me equivoqué. Eres peor que todos ellos juntos.

Ya estaba frente al chico, que le devolvía la mirada con la mandíbula apretada.

-Eres un...

-¿Un qué, Granger?- preguntó Severus, llenando su cuestión de todo el veneno que fue capaz.

-Un cobarde. ¡Un maldito cobarde!

-No te atrevas a llamarme cobarde.

-¿Ah, no? ¿O qué? Porque es lo que eres... ¡un COBARDE!

-¡Cállate!- chilló él, pegando su nariz a la suya. La miraba con tal rabia, que a Hermione le dio miedo.

Sus respiraciones estaban completamente alteradas. Sus narices continuaban en contacto, mientras sus ojos se fulminaban. En ese momento, a Hermione se le aclararon todas las dudas que tenía. <<¿Cómo has podido enamorarte de semejante monstruo, Hermione?>>. Porque eso era lo que le pasaba. Por eso no podía dejar de pensar en él. Por eso le afectaba tanto todo lo que él hiciera. Por eso se le aceleraba el corazón cada vez que lo tenía cerca. <<Por eso quise que me besaras>>, pensó con amargura. Por eso le dolía tanto ver semejante rabia en sus ojos, y toda, exclusivamente, era para ella.

  •   *   *

Bueno, amiguitos y amiguitas, aquí os dejo otro capítulo más. Espero que no os haya defraudado (y que a Anita se le haya pasado el cabreo con Sev por lo del capi anterior). Ojalá que os guste este pequeño regalo de Reyes, que llega con 24 horas de retraso.

Un abrazo a todos los que estáis ahí, conmigo, siempre. Gracias por vuestros comentarios de antemano.