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Historia 45483 — capítulo 4
Llegó a su habitación hecho una fiera. Por suerte, sus compañeros dormían, porque de haberle dicho algo, les habría hecho un crucio a cada uno. Sólo la cama de Malfoy permanecía vacía. Habría de estar haciendo su ronda de prefecto, como Granger y el idiota supremo de Weasley. <<Granger...>>, pensó Severus, quitándose la túnica con violencia y lanzándola a una silla. <<¿Qué demonios...? ¡Es mi alumna, por el amor de Dios! ¿Cómo se me habrá ocurrido pensar...?>>. Se sentó en la cama y apoyó los brazos en las rodillas. Primero la pelea con Dumbledore y después su encuentro con ella... Esa noche sólo le faltaba que Malfoy entrase en la habitación llamándolo "profesor Snape". Se tumbó sobre la colcha sin ponerse el pijama y cerró los ojos. Su pálido y delgado pecho subía y bajaba rápidamente. Inconscientemente repitió la escena en su mente: Granger pegada a la pared y él sujetándola por los hombros. Sentía su varita encajada en su cuello, presionándolo sin titubear. La había mirado a los ojos, intentando achantarla, pero había caído en su propia trampa. La chica le había devuelto una mirada que lo había paralizado por completo. No entendía cómo lo había hecho, pero de repente había pensado que todo lo demás no importaba, que lo único que necesitaba para continuar vivo era seguir contemplando esos ojos. Y entonces, un fuego le había subido por la garganta, abrasando su boca. Necesitaba calmar esa sed, ese ardor que había empezado a matarlo. De pronto, como si su cuerpo fuese una marioneta de sus deseos, se había inclinado hacia delante, con la única intención de besarla. <<¡BESARLA! A Granger, a esa...>>. Para su sorpresa, la chica no lo había rechazado. Al contrario, había cerrado los ojos, como si lo estuviera esperando, como si también... lo deseara. Entonces, un rayo de lucidez lo había iluminado, dándole una perspectiva objetiva de la situación, y se había dado cuenta de que lo que tanto deseaba era imposible. <<Severus, reacciona, ya no eres un crío de dieciocho años, aunque lo aparentes. Eres un hombre, y esta chica es tu alumna, es tan solo una niña... No puedes hacerlo>>, le había dicho la voz de su conciencia. Y así, el momento mágico que se había creado, había acabado por romperse. La había mirado, tragando saliva y apretando los dientes hasta casi chirriarle. Y se había ido. Simplemente. Bueno, en realidad, antes había sacado la Félix Felicis del bolsillo y se la había metido a ella en el suyo. Esperaba que así la chica alejase de su mente la absurda idea de que había intentado besarla. Porque era exactamente eso, una idea absurda.El chico se incorporó en la cama, con la piel de gallina a causa del frío. Cogió su pijama y se lo puso. Apartó las sábanas y se metió dentro, deseando que el sueño borrase ese maldito día de su memoria.
La semana transcurrió lentamente. Hermione esperaba encontrarse con Stefan Stapleton en cualquier momento para, ahora sí, tener una conversación seria con él. Pero, por increíble que pareciera, desde su acalorado encuentro de la noche del lunes, no habían vuelto a cruzarse. Tan sólo lo había visto en el Gran Comedor a la hora de las comidas, y ya estaban a jueves. Se estaba planteando seriamente la idea de que el chico la estaba evitando. Pero eso ya no le iba a servir por más tiempo. Esa misma tarde tenían su primera clase de Defensa Contra las Artes Oscuras, y precisamente era con Slytherin. <<No podrás seguir rehuyéndome, Stapleton>>.Ese al medio día comió con apetito, segura de su próxima victoria. No entendía muy bien lo que le había ocurrido con el nuevo a lo largo del lunes, pero achacó su debilidad a que había luna llena y tenía el ánimo exaltado. Además, tenía algo suyo que quería devolverle. <<No pienso quedarme la Félix Felicis, te pongas como te pongas>>. -Por fin tenemos DCAO- comentó Harry, mirando su horario. -Sí, pero vuelve a ser con Slytherin- se quejó Ron, al que no atraía nada la idea de volver a encontrarse con Stapleton. -No te quejes tanto, Ron- intervino Hermione-. Además, también conoceremos al nuevo profesor. Dijo Dumbledore que era amigo suyo. -Sí, Dumbledore también considera amigo suyo a Snape, y ya ves... -Y hablando de Dumbledore- dijo Harry, mirando hacia la mesa de los profesores-, ¿dónde está? Ahora que caigo, hace días que no lo veo. -Creo que tienes razón, Harry- contestó Hermione, clavando sus ojos en el alto sillón donde solía sentarse el director-. Me parece que el lunes durante la cena fue la última vez que estuvo aquí. -¿Creéis que le habrá pasado algo?- les preguntó con preocupación el chico moreno a sus amigos. -Es Dumbledore, Harry. Estará bien- lo animó Ron. Sin embargo, Hermione no se quedó muy convencida. Era cierto que el director solía ausentarse durante largo períodos cuando Voldemort andaba por ahí, pero ya todo eso había acabado. ¿Por qué iba a irse del colegio nada más empezar el curso? De repente, recordó algo. -¡Ron, Ronald!- exclamó, sacudiendo a su amigo de la túnica. -¿Qué? ¿Qué? -¿Dónde estábamos la otra noche cuando nos encontramos a Stapleton? A Ron se le pusieron las orejas coloradas, pero Hermione pareció no darse cuenta. El chico habló entre tartamudeos. -Ah, esa... Esa noche... Pues... A ver, déjame pensar... Creo que estábamos... No sé, ¿puede ser... en el pasillo del séptimo piso? -¿Y qué hay en el pasillo del séptimo piso?- dijo la chica con el tonillo propio de haber encontrado la respuesta que había estado buscando. -¿Ta... tapices? ¿Cuadros? ¿Sillares de piedra? ¡Por Dios, Hermione, sé un poco más concreta!- contestó Ron. -¡El despacho de Dumbledore! Está muy claro: Stapleton venía de hablar con Dumbledore. -Hermione- dijo Harry-, no es por dudar de tus hipótesis pero, ¿para qué iba a querer Dumbledore hablar con el alumno nuevo el primer día? Y, de ser así, ¿qué importancia real tendría? Quizá sólo se estaba interesando por cómo le fue. -No, no, Harry, va más allá de todo eso... Tú no viste cómo iba Stapleton. Parecía... nervioso y enfadado. Lo vi en sus ojos. -¿Lo viste en sus ojos?- preguntó Ron, atragantándose con una patata frita-. ¿Cuándo fue eso? Hermione se ruborizó. -Ah, bueno... Tú estabas inconsciente en el suelo y yo fui tras él... -Me dijiste que no lo habías alcanzado. El rubor de la chica aumentó aún más. Al final, tendría que acabar confesando que estuvo a punto de besarse con él. -Ése no es el tema, Ron... Lo que importa aquí es que Stapleton estaba muy nervioso, y no precisamente porque lo pilláramos fuera de la cama. -¿Crees de verdad lo que estás diciendo, Hermione?- intervino Harry. -Puede ser, ¿no? -Chicos- dijo Ron-, os recuerdo que hace cinco años también creímos que Malfoy era el heredero de Slytherin, porque parecía que todos los indicios conducían a él. ¿Qué ocurrió al final? Ninguno contestó, pues sabían que su amigo pelirrojo tenía razón. Quizá se estaban precipitando. -Tienes razón, Ron- contestó Harry-. Tal vez nos estemos dejando llevar por la situación. -Pero...- empezó a decir Hermione. -Herms, ¿no crees que te estás obsesionando un poco con el nuevo? Lo ves por todos lados, y a cada cosa que ocurre, a él lo encuentras responsable. La muchacha se cruzó de brazos. <<¿No creéis que lleve razón? Acabaré por demostrarlo, y entonces os tendréis que tragar vuestras palabras>>.
Los tres amigos no se hicieron de rogar para ir a clase de DCAO. Diez minutos antes de la hora se encontraban ya en la puerta, deseando empezar cuanto antes. Sentían bastante curiosidad por el nuevo profesor, al que sólo habían visto de pasada, pues el día que Dumbledore lo presentó, estaban demasiado ocupados celebrando que Snape no iba a dar clase ese curso. Ginny no les había dado muchos detalles, pero le había contado a Hermione en privado que el profesor Wellman era como un sueño hecho realidad, mientras suspiraba repetidas veces. En ese momento, llegaron los de Slytherin. Draco charlaba con Goyle y Zabini mientras Pansy Pakinson hacía un intento de conversación con Stapleton, que sólo contestaba con monosílabos. Hermione lo vio aparecer y buscó sus ojos, pero el chico ni siquiera se dignó en mirarla. <<Pero, ¿quién se ha creído que es?>>, pensó, furiosa. Cuando fue la hora en punto, la puerta del aula se abrió sola, invitándolos a pasar. Harry miró a sus amigos y los tres entraron los primeros. Los siguieron algunos de sus compañeros de casa y después entraron los Slytherins. Su sorpresa fue mayúscula al no ver mesas ni sillas en la clase. El aula estaba completamente despejada. Mientras comentaban en susurros lo excepcional de la situación, la puerta del fondo se abrió, golpeándose contra la pared. Por ella entró un hombre alto, vestido con una reluciente túnica roja. No era muy mayor (quizá unos treinta y cinco/treinta y seis años) y llevaba una larga melena de ondulado pelo castaño que le llegaba un poco más abajo de los hombros. Unos vivaces ojos de un marrón claro observaron las caras atónitas de los alumnos. Se rió con una potente carcajada ante tanto estupor por su llegada y, después de recuperarse, dijo con voz grave: -Pasad, pasad, no seáis tímidos. En conjunto, daba el aspecto de un poderoso león. Al ver que ninguno de los chicos se movía, volvió a reír. Se escucharon algunos suspiros femeninos, y se dirigieron a él algunas miradas recelosas, enviadas básicamente por varones. El profesor se había apoyado en su mesa, y continuaba sonriendo. -Bienvenidos a Defensa Contra las Artes Oscuras, alumnos de séptimo año. Mi nombre es Godric Wellman, Auror. Trabajaba para el Ministerio de Magia hasta que Dumbledore me propuso dar clases como profesor este curso aquí, en Hogwarts. Ante el silencio de los alumnos, continuó. -Bien, no sé cómo habéis planteado la asignatura en cursos anteriores, pero yo creo que es fundamental una visión práctica. Por lo tanto, la parte teórica os la prepararéis antes de venir a clase, y una vez en el aula, la aplicaremos. ¿Alguna pregunta? Como todos suponían, el brazo de Hermione se levantó al instante. Severus, que la observaba con disimulo, soltó una risita entre dientes. <<Granger, Granger... O sea, que eres igual de irritante con otros profesores que conmigo. Bueno, es un alivio no saberme la única víctima de tu curiosidad insaciable>>. -¿Sí? Diga su nombre, por favor. -Hermione Granger, señor. -Bien, señorita Granger, plantee su duda. -Pues- estaba incomprensiblemente nerviosa-... Verá, profesor, estuve echando un vistazo al libro antes de volver al colegio y... Bueno, hay temas que difícilmente podrían tratarse en clase, como es el caso de los licántropos o las mantícoras. -Bien pensado, señorita Granger- contestó Wellman con una sonrisa-. Quizá les dé una sorpresa a usted y a todos sus compañeros llegado el momento. Cinco puntos para Gryffindor por su inteligente observación. Hermione se puso colorada. Harry y Ron la felicitaron por lo bajo, pero se separaron de ella en cuanto Wellman dio una palmada. -Vale, si nadie tiene ninguna otra pregunta, será mejor que comencemos. Lo primero que quiero ver es cómo andáis en cuestión de contramaldiciones, por lo que os quiero ver ejecutar los hechizos Expeliarmus y Protego.Trabajaréis en parejas. Uno de los dos realizará los hechizos mencionados, mientras que el otro le lanzará un hechizo de ataque. ¿Ha quedado claro? Se produjo un murmullo de asentimiento general. -Bien, aquí tengo un listado con vuestros nombres. Os iréis poniendo según os vaya diciendo. Y empezó a nombrar alumnos al azar, poniéndolos por parejas. Neville se acercó a los tres amigos. -Por favor, que me toque con alguno de vosotros. Ya he visto a varios de Slytherin que me miraban con una sonrisa malévola. -¡Longbottom, Neville!- exclamó la potente voz del profesor Wellman. Neville se giró despacio, temblando casi inapreciablemente. -Usted se pondrá a trabajar con Ostinev, Jeremy. Un alto alumno de Slytherin se adelantó un paso hacia ellos. Neville tragó saliva. -¿Potter, Harry? Su compañera será Pakinson, Pansy. La fortachona chica de Slytherin lo miró con una sonrisa torcida. Harry le sostuvo la mirada, desafiante. Ambos se alejaron a donde tuvieran espacio para hechizarse mutuamente. -Bien, ya sólo nos quedan dos parejas. ¿Malfoy, Draco? El chico rubio lo miró con altanería. Wellman alzó una ceja y miró a Hermione. -¿Le importaría trabajar con el señor Malfoy, señorita Granger? Hermione negó con la cabeza, sonriendo, aunque por dentro tuviera ganas de vomitar. <<¿Por qué con Malfoy?>>. -Y por último- concluyó el profesor- tenemos a la pareja formada por el señor Weasley y el señor Stapleton. Ron estuvo a punto de perder la compostura. ¿De todos los asquerosos miembros de la Casa de la serpiente le había de tocar precisamente con él? <<Este idiota no sabe lo que se le viene encima>>.La cara de Severus, por el contrario, era de total indiferencia. Aunque a él tampoco le gustaba demasiado esa situación, podría haber sido peor. Podría haberle tocado con Granger y, quién sabe, con lo estúpido que estaba últimamente, quizá en vez de embrujarla, la habría atraído hacia él y la habría besado delante de toda la clase. <<Severus, te estás "estupidizando" por mezclarte con estos descerebrados>>, se dijo a sí mismo. -Bien, podéis empezar. Yo me pasearé a vuestro alrededor, valorando los ejercicios de cada pareja. Los clase comenzó. Los alumnos de Slytherin lanzaban con saña los distintos hechizos de ataque, pero los de Gryffindor, cuando llegaba su turno, no se quedaban atrás. Wellman se dio cuenta mientras paseaba de que quizá hubiera sido mejor poner a los de Slytherin con los de Slytherin y a los de Gryffindor con los de Gryffindor. -Recordad que esto es sólo un ejercicio. No quiero que uséis mi clase para saldar venganzas personales. Por lo tanto, debéis dejar que el compañero que se protege, se recupere del hechizo antes de enviar otro. Sin embargo, esta orden pareció no afectar a Draco Malfoy. Le lanzaba a Hermione maldiciones sin tregua, que la chica detenía no sin cierta dificultad. Vio por el rabillo del ojo que Ron atacaba a Stapleton, al que sólo le faltaba bostezar. -¿Te diviertes, Granger?- preguntó Malfoy, lanzándole dos hechizos seguidos. -Eres un cerdo, Malfoy. -¿En serio? El rubio, ofendido, enconó su ataque, haciendo que Hermione tuviera que retroceder varios pasos para aguantar los impactos de los hechizos. Wellman se percató de pronto de la situación y, al no acordarse de cómo se llamaba el rubio pedante al que había puesto con Hermione, gritó: -Señorita Granger... La chica lo miró, quitando por un segundo su atención de Malfoy, quien aprovechó su oportunidad y la atacó con todas sus fuerzas. Nadie lo llamaba cerdo y salía indemne. Hermione giró la cabeza justo a tiempo para ver un rayo azul que iba en dirección a ella. Sintió el impacto en el estómago y cómo salía despedida hacia atrás. Y sabía que lo que tenía detrás era el frío muro de piedra. <<¿Qué puedo hacer? Que alguien me ayude, por favor>>. No tuvo tiempo de pensar nada más, pues su cuerpo chocó antes de lo esperado. Al momento se dio cuenta de que no había sido contra la pared, sino con otro cuerpo. Unos brazos rodeándola así se lo indicaron. Y al segundo siguiente... CATAPUM, el golpe contra la pared, que no fue ni la mitad de fuerte gracias a la protección que le brindaba el cuerpo de la otra persona. Después de chocar, ambos cayeron al suelo. <<Seguro que ha sido Ron>>, pensó la chica, algo aturdida. <<Tendré que regalarle algo después de esto>>. Sin embargo, tras un instante de ruidos mezclados en la cabeza, la voz de su amigo le llegó desde muy lejos. -¡Hermione! Hermione, ¿estás bien? La muchacha abrió los ojos. Vio que tanto Ron como Harry corrían hacia ella tras el shock inicial. <<¿Entonces quién...?>>, pensó con pavor ante la respuesta. Rezaba porque fuera cualquier persona de la sala menos ÉL... Se dio la vuelta muy despacio y lo vio. Después del golpe contra la pared, volvió a chocarse con sus ojos negros. La miraba con seriedad. -¿Estás bien, Granger?- susurró Stapleton desde su espalda. -Sí, gracias- contestó ella, con una leve sonrisa en los labios. -Pues entonces, será mejor que nos levantemos. La posición era de lo más entrañable: Severus permanecía con la espalda en la pared y las piernas abiertas en uve, y Hermione estaba sentada en medio, apoyada en su pecho, y mirándolo con el cuello girado. Con la tensión del momento, ninguno de los dos había oído el ruido de cristales rotos que se había producido tras el choque. Se pusieron en pie con bastante esfuerzo, pero antes de que Hermione terminara de incorporarse del todo, notó un fuerte dolor en la parte trasera el muslo derecho. Perdió el equilibrio. Pensaba que iba a darse una culada contra el suelo, pero Severus la cogió en el aire, sosteniéndola por la tripa. <<No me lo puedo creer... Lo ha vuelto a hacer>>, pensó la chica, colorada. Se llevó una mano al foco del dolor, sabiéndose ya a salvo de caídas, y al palpar la zona, notó que estaba húmeda. Al mirarse la palma, la vio llena de un líquido de color rojo. -¡Estás sangrando, Hermione!- exclamó Ron. Severus observó con atención la mano de la chica, y se preguntó con qué se habría herido. De pronto, él también sintió un escozor muy profundo. <<¿Ya hasta me duelen sus heridas, Granger?>>, pensó, entre dolorido y sarcástico. Wellman se había abierto paso hasta ellos y en esos momentos cogía a Hermione de sus brazos. -¿Se encuentra bien? ¿Puede mantenerse en pie? -Cre... Creo que sí. La chica se dio la vuelta para mirar al joven que la había salvado del desagradable golpe, y vio que se apoyaba en la pared y se palpaba la parte delantera de su muslo derecho. <<¡Oh, no! Él también está herido. ¿Cómo demonios...?>>. Entonces, la respuesta llegó sola a su mente. -¿Qué diablos llevabas en el bolsillo, Granger?- gruñó Severus, intentando averiguar los daños de su pierna sin tocar demasiado. Hermione se ruborizó aún más. Si se lo decía, iba a matarla. -Llevaba... un frasco. -¿Un frasco? Vacío, espero. Las mejillas de la muchacha ardieron. Negó con la cabeza. Los ojos de Severus se abrieron desmesuradamente. -No me digas que llevabas... Hermione asintió. -... la Félix Felicis.
- * ***Bueno, amigos, perdonad que no me extienda más, pero son las 4:15 de la mañana y estoy muerta. Espero que el capítulo os haya gustado y que me dejéis vuestra opinión en el apartado de comentarios.**Un abrazo a todos.