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El más bello de mis males. — capítulo 21

La fecha de la segunda prueba del torneo se acercaba cada vez más, los campeones se encontraban en buen estado físico, pero Harry aun no encontraba la respuesta al enigma del huevo de oro.

  • ¡Harry, Ron miren! - dijo Hermione sorprendida pero en voz baja - estaba buscando haber si encontraba algo en estos libros sobre campeones y estudiantes destacados de Hogwarts y descubrí algo

  • ¡Ya sabes como abrir el huevo! - dijo Harry entusiasmado

  • No, eso lo tienes que hacer tu solo Harry - lo miro fijamente - me refiero a esto, a los premios anuales

Harry observo una enorme lista, dividida por el año, de los estudiantes que habían obtenido ese honor y justamente donde la niña tenía su dedo comenzó a leer.

  • 1966… - siguió la línea punteada hasta el nombre - Nobilis, Abigail Nicefora. Séptimo grado, Slythe… ¿Qué?

  • ¿Hermione crees que sea pariente de Celeste? - quiso saber Ron

  • ¿Mi pariente? - se escucho la voz de Celeste - ¿Ahora que están planeando?

  • ¡Celeste! - grito Hermi sin recordar que se encontraban en la biblioteca - no planeamos nada, solo que encontré algo que tiene tu apellido escrito…

  • Haber - Celeste estiro la mano para que le dieran el libro -puede ser, mi familia ha venido a Hogwarts por generaciones

Miro atentamente la lista, al llegar al nombre de su madre el ambiente se torno tenso, los chicos observaron que Celeste respiraba agitadamente y cuando esta se llevo una mano a la boca para ahogar un gemido supusieron que algo no estaba bien.

  • ¿Celeste? - Hermione la tomo de un brazo y la movió - ¿Qué pasa?

  • Ella es mi madre… - balbuceo aturdida

  • Esa es una buena noticia ¿no? - dijo Ron animándola - si yo me hubiera enterado que mi madre gano el premio anual me sentiría muy orgulloso

  • No es que no me encuentre orgullosa Ron - contesto deprimida - es que me acabo de enterar de una cosa que ignoraba por completo

  • ¿De que? - se apresuro a decir Harry

  • De que ella… - trago saliva - estaba embarazada cuando cursaba el último año del colegio

  • ¡Que! - gritaron los chicos al unísono

  • Yo nací ese año… en Septiembre - agacho la mirada apenada - yo, yo se que pertenecía a Slytherin, pero de lo otro casi no hablábamos mucho al respecto, ella evadía cualquier platica referente a mi nacimiento…

Los chicos se miraron unos a otros sin saber que decir, ellos también se habían quedado sorprendidos con esa noticia, jamás habían escuchado de alguna estudiante que hubiera pasado por eso y mucho menos dentro de Hogwarts

Ella capto de inmediato sus pensamientos, cerro el libro, se lo entrego en las manos a Hermione y salio de la biblioteca sin importarle que con su huida había derribado una gran pila de libros.

  • Cada día el personal docente esta peor - se burlo Malfoy al verla partir, no se habían dado cuenta pero se encontraba a una corta distancia de ellos

  • Guarda silencio Malfoy - lo amenazo Harry

  • Celeste - la llamo la Profesora Minerva - podría ayudarme con…

Pero se quedo callada al notar la expresión de la chica, no era de tristeza, si no de enojo, la rabia que traía adentro era tan evidente que podía verse a kilómetros de distancia

  • Lo lamento Profesora McGonagall - se disculpo sin ser grosera - pero ahora no puedo, tengo que preparar una de mis clases

  • Celeste, algunas veces no sabes mentir tan bien como crees - al decir aquello Minerva toco el hombro de la chica - ven, tomemos un poco de té

Al entrar al despacho de Minerva pudo observar Celeste que había muy pocos cambios desde la ultima vez que tomo clases ahí, tomaron asiento y teniendo las tasas llenas se miraron por un instante.

  • Cuéntame que ocurre - Minerva busco la mirada de Celeste - últimamente te encuentras muy extraña, te has vuelto solitaria y siendo sincera a veces luces cansada o enferma…es evidente que algo sucede

  • Profesora McGonagall - por fin hablo la chica - mi madre tomo clases con usted ¿No es así?

  • Si - respondió tranquilamente - Abigail era una chica bastante astuta y sabia lo que quería, siempre encontraba la manera de obtenerlo

  • Por consiguiente recuerda que ella estuviera en Slytherin - trato de afirmar sin levantar la voz - ¿Verdad?

  • Si - volvió a responder Minerva pero esta vez dejo escapar un suspiro - como te mencione conseguía lo que quería a cualquier costo

  • Ya veo - medito por un momento y sorbió un poco de té - me acabo de enterar que gano el premio anual en su ultimo grado en Hogwarts

Minerva se movió incomoda en su asiento, al parecer sabia a donde quería llegar Celeste y eso parecía irremediable.

  • Celeste - dijo Minerva al mismo tiempo que tomo una galleta - supongo que también averiguaste que estaba embarazada de ti, ¿eso es lo que te molesta?

  • Algo - agacho de nuevo la mirada - si ella sabía lo que quería ¿Cómo termino así?

  • A veces no somos tan listos como pensamos - intento explicarle - Abigail a veces en el camino tomaba decisiones apresuradas, pero no por ello tan equivocadas

  • Lo dudo - Celeste dejo salir un suspiro - creo que… talvez interferí en sus planes de vida

  • ¡No digas eso! - la reprendió la profesora - estoy segura de que tu madre te amaba, tanto que soporto la burla de sus compañeros, el acoso del Consejo por expulsarla y el hecho de estar sola frente a lo que se le venia encima

  • Minerva… - era la primera vez que Celeste se atrevía a tutearla - se que me amaba solo que no estoy muy segura de que me deseara en ese momento

  • Celeste no pienses mal de tu madre ni en sus razones para callar

La chica tapo sus rostro con ambas manos, cada vez su mundo se derrumbaba más, su vida se estaba complicando, no llevaba mucho tiempo en Hogwarts y ya muchas cosas las veía de otra manera.

  • Vamos, vamos - Minerva la abrazo - todo pasara, pronto llegara la primavera y las cosas se verán diferentes, sonríe no te dejes vencer

Celeste también abrazo a la profesora, pero ahora estaba dispuesta a actuar.

*"Extrahere" -*Celeste conjuro en silencio el hechizo aprovechando la proximidad de Minerva y cerro los ojos.

Las imágenes iban y venían como rompecabezas en su cabeza, Celeste busco más atrás en la memoria de su victima hasta encontrar a su madre en esos recuerdos.

- ¿Qué pasa Nobilis? - se burlaba un estudiante de Slytherin - ¿vas a llorar?

Una chica menuda de cabellos castaños y ojos marrones tapaba su vientre con algunos libros, lucia pálida pero no por eso dejaba de ser bonita.

- No tengo porque llorar Prewett - respondió ásperamente - quítate de mi camino que me estorbas

- ¿Por qué? - la miro con burla delante de varios alumnos que se encontraban a las afueras del salón de Transformaciones - ¿Acaso no soy de tu tipo?, pensé que podíamos divertirnos… se nota que te gusta hacerlo

Todos soltaron una carcajada, varias chicas la apuntaban al mismo tiempo que se secreteaban y su compañero de casa la tomo de un brazo.

- Aunque puede ser que solo te gusten los sangre sucia o squib - la acerco hacia a él - ¿Qué dices Abi, quieres pasar un buen rato conmigo? no te vas a arrepentir

- ¡Te dije que te quitaras de mi camino! - grito Abigail al mismo tiempo de que intento soltarse - eres un idiota

"¡Como te atreves!" - dijo Celeste rabiosa y saco su varita, pero inmediatamente recordó que no podía hacer nada al respecto más que observar impotente como destrozaban a su madre

- ¡Ustedes! - se escucho la voz de la profesora McGonagall - debería de darles vergüenza acosar así a una compañera de su misma casa

Varios alumnos se deslizaron lentamente para escapar, otros fingieron demencia y por ultimo el alumno rubio que había iniciado todo puso su cara de inocencia.

- 100 puntos menos para Slytherin - sentencio Minerva - ahora hagan el favor de retirarse, me asegurare de que el Jefe de su casa este enterado de esta falta tan grave

Pronto el pasillo se encontró solo, Celeste estaba completamente exaltada, su respiración empezaba a entrecortarse, era demasiado insultante lo que sus ojos contemplaban.

- Gracias Profesora - dijo Abigail no muy contenta - pero se cuidarme sola

- No lo dudo - le contesto Minerva observándola fijamente - los que me preocupaban eran ellos…

-¿Celeste? - a lo lejos la voz de McGonagall la hicieron regresar a la realidad, aun se encontraban abrazadas, pero cuando Minerva sintió el apretón de Celeste más fuerte supo que algo sucedía.

Al desprenderse la joven bruja lucia lejana, sus ojos grises demostraban un repentino fuego que no desebaba apagarse y lucia extrañamente diferente.

  • ¡No necesito su ayuda! - Celeste grito y se puso de pie tan esporádicamente que movió la mesa y tiro ambas tazas al piso - ¡Yo puedo sola, puedo llegar a ser una excelente madre sin ayuda de ninguno de ustedes!

  • Por todos los Magos antiguos - contemplo a Celeste abrumada - ¿De que hablas Celeste?

  • ¿Celeste? - pregunto sin entender la chica - Yo no… no se…

La cabeza parecía querer estallarle al momento que quiso ubicarse, aun se encontraba enardecida, el sentimiento de enojo que recolecto de su intromisión a la mente de la Profesora de Transformaciones no quería desaparecer tan fácilmente y con ambas manos presiono su cabeza tratando de desaparecer aquellas pulsadas que la molestaban.

  • ¿Qué has hecho? - dijo McGonagall quitándose las gafas y entendiendo por fin lo que sucedía - esto se hace cada vez más peligroso

  • Discúlpeme - dijo con remordimiento antes de salir corriendo - solo quería saber más sobre de ella…

A la hora de la cena no saludo a nadie, llego directamente a su lugar y casi no probó alimento. Todos notaron que algo le ocurría, más sin embargo nadie se atrevió a preguntarle nada, ni siquiera Snape lo hizo. Al terminar recorrió el comedor algo pensativa y bajo a los subterráneos hasta llegar a su aula de clases, tenia que distraerse en algo y el crear pociones la tranquilizaba.

Sin darse cuenta la noche la tomo por sorpresa, ya era muy tarde pero se resistía a irse a dormir, se encontraba de mejor humor y había decidido que el hecho de descubrir algo de su madre debía de tomarlo como algo invaluable, no como un castigo hacia su persona.

Un ruido metálico se escucho atronadoramente, las mazmorras poseían una percusión que envidiaría hasta el mejor teatro o foro de Londres, lamentablemente para cualquier intruso era una debilidad perceptible.

Espero un momento para volver a escucharlo pero nada paso, trato de seguir en sus asuntos y escribió algunas notas, pero la curiosidad por fin termino por ganar, apago la flama del caldero para después levantarse y salir al pasillo.