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El más bello de mis males. — capítulo 8

El tiempo estaba pasando muy rápido para Celeste y hace días había recibido a los campeones para su primer examen medico. Harry tenía un poco de gripe y se encontraba muy nervioso ante la primera prueba y sólo faltaban unas semanas. Aún no habían descubierto quien lo había metido en semejante aprieto, pero era obvio que lo querían muerto.

Temía por Harry, sólo era un crío. Para ella estaba muy verde para esas pruebas, lucia vulnerable y a veces bastante distraído. Hermione trataba de ayudarlo, pero Ron se mostraba distante y molesto.

—¿Qué le sucede a Ronald? —Celeste se atrevió a preguntarle a Hermione, cuando ingresó a la enfermería por un pequeño problema dental.

—Hombres… —susurró y movió la cabeza negativamente—. Ron cree que Harry miente y que él puso su nombre en el cáliz. Y Harry esta indignado de que Ron piense eso.

—¡Ah!, entonces es sólo eso —sonrío Celeste. Cuando Poppy se acercó con una poción para ayudar a la niña—. Gracias, yo me encargo.

—A ver Hermione, con esto se reducirá el tamaño de tus dientes. No creo que tus padres lo aprueben pero… —se la dio a beber—, no creo que quieranesos dientes para su hija

—Gracias —le respondió Hermione, con lágrimas en los ojos—. Malfoy siempre esta molestándome. Siempre ha creído que no tengo las cualidades para ser una bruja, y estudiar en Hogwarts.

—No lo dudo. Conocí a su padre antes de venir a Hogwarts —la miro mientras sus dientes de reducían poco a poco— Me da escalofríos ese tipo, demasiado refinado para mi gusto.

Ambas soltaron una risa de complicidad, definitivamente le agradaba mucho aquella estudiante. Hermione era una chica muy madura e inteligente, al verla podía recordar como en un pasado ella también andaba con el cabello alborotado y metida en los libros casi todo el día.

—¿Sabes una cosa? Estoy segura de que llegarás a ser alguien importante, Hermi —le dijo con dulzura—. No importa, que ese tonto de Draco se burle de ti. Al final se comerá sus comentarios.

—Gracias, profesora —sin esperarlo, Celeste sintió su abrazo—. Lamentablemente, no todos los profesores piensan lo mismo.

—No puedo creer que algún profesor lo dude —volvió a sonreír—. Deberían ser bastante miopes para pasarte por alto

—Me gustaría que se lo explicara al Profesor Snape —se miró al espejo detenidamente— ¡Ya esta, así quedaron bien!

—Pero… —no entendía el comentario de la estudiante— ¿Él también te molesta?

—Claro —contestó indiferente—. Si no perteneces a Slytherin, ya tienes la batalla perdida con el Profesor. No importa que tan inteligente pueda ser uno.

—Vaya, debí de imaginarlo —movió la cabeza negativamente—. ¡Por cierto! ¿Ya sabes con quien iras al baile de Navidad? —le preguntó sin pretender hostigarla.

—Pues… —se sonrojó—, no se si voy a ir. Muchas chicas están emocionadas, pero talvez no soy tan interesante como para que alguien me invite.

—Bueno, de seguro que muchos piensan que eres interesante —la animó con emotividad— Te aseguro de que ya notaste a alguien que desea invitarte.

—Sí, existe alguien, profesora —sus ojos se iluminaron—, pero no se si malinterpreto las cosas.

—Aquí entre nosotras, puedes llámame Celeste —y le guiñó el ojo—. Y el susodicho es…

—Me da pena decírselo —desvió la mirada y mordió su labio inferior—. Ya sabe, es posible que sólo sean ilusiones. Además, tengo mucho que estudiar y…

—Talvez pueda ayudarte si me platicas.

—Lo que sucede es que siempre… —dudó con nerviosismo y agregó—, esta en la biblioteca y al pasar me sonríe —por fin se desahogaba—, pero muchas chicas están detrás de él y cada vez que se me acerca y terminan interrumpiéndolo.

—¡Wow! De seguro te refieres a Viktor Krum —se sorprendió la profesora y comenzó a reír—. No pienses que me burlo de ti —habló de prisa al ver la cara de la niña—. Es que ya se me hacia raro verlo tanto tiempo en la biblioteca.

Hermione soltó una risita nerviosa. Era extraño estar hablando de eso y mucho menos con una profesora; pero consideraba que Celeste, era una persona agradable.

—Y como sabrá, no creo ser muy de su tipo. No para que me invite al baile.

—Yo creo que si. Estoy segura —Celeste trataba de hacer que la niña se sintiera mucho mejor—. Cuando te invite, yo te ayudare a arreglarte ¡Te dejare preciosa!

—¿En serio? —No podía creer aquel ofrecimiento—. ¡Me gustaría muchísimo!

—Muy bien, entonces es un trato —y ambas se estrecharon la mano.

Hace mucho que no entablaba una conversación que no tuviera nada que ver con el trabajo, Mortífagos y sin mencionar, las discusiones con Snape.

—¿Y usted?—dijo intrigada, Hermione— Perdón, ¿Tú tendrás pareja en el baile?

—Bueno, a parte de Fred y George —dijo como si hubiera hecho alguna travesura—, nadie me lo ha pedido. Pero de seguro no debe de ser adecuado, dado que soy una Profesora —y de inmediato sus ojos se entristecieron— Auque si me gustaría poder bailar con…

—¿Con quien? —la interrogó, emocionada.

—No, con nadie —inmediatamente se mordió la lengua, pues estaba arrepentida de haber abierto la boca. *"Que indiscreta eres Nobilis".*Se reprendió.

—De verdad que yo no diré nada —Hermione estaba decidida a sacarle la información—. Creo que debe de ser muy tonto para no desear bailar contigo. Hasta Ron piensa que eres muy guapa.

—Bueno… no creo que sea tan bonita como los Weasley dicen —aseguro y suspiró—. Creo que algún día tengo que decírselo a alguien, a parte de Diandra.

—¿Diandra?

—Es mi lechuza —Celeste, comenzó a reír nerviosa—. Es mi mejor amiga, por así citarlo. Sé que es algo patético, pero es la verdad.

—¡Oh! Ya veo, no existen muchas personas de tu edad aquí ¿no? —sin saberlo, ella había acertado. Celeste no tenia con quien hablar sobre eso— ¿Y entonces?

—Bien —habló más bajo, que de costumbre—. Hermi, tienes que jurarme que nadie lo sabrá. Si alguien se entera podríamos ambos tener problemas con el consejo del colegio.

—De mi no saldrá, puedes confiar —le aseguró la niña, con seriedad— ¿Puedo decírselo a Ginny?, siempre comparto con ella estos asuntos y entre las dos nos ayudamos a resolverlos

—¿La hermana de Fred, George y Ron? —Hermione asintió—. No se… bueno, pero solo a ella ¿De acuerdo?

—Hecho —le respondió con formalidad.

—Desearía poder bailar con… —cerró los ojos—, con el Profesor Snape.

—¿¡Que!? —la chica grito escandalizada, con una evidente mueca de asco dibujada en su dulce rostro—. Pero es un hombre horrible, engreído, orgulloso, completamente cerrado de mente, y tú… tú eres todo lo contrario, eres diferente.

—No creas, podemos ser similares en ciertas cosas —sonrío con tristeza—. Pero sabes, desde los 10 años me he sentido atraída por él.

—¿De verdad? —alzó las cejas suspicaz— ¿A los 10 años?, pero… él es mayor que tú ¿no? Y a esa edad (perdón que te lo diga) realmente uno no puede estar enamorada.

—Si, sé a que te refieres. Snape me adelanta por seis años —suspiró recordando aquel día— Es verdad que la primera vez que lo vi, yo era una niña, mas sin embargo no dudo en decir que mi corazón se agitó al sólo mirarlo. Cuando salí de Hogwarts tenía 15 años y no puede hacer aquí mi último curso. Ha esa edad deje de verlo y él ya se había convertido en profesor de pociones. Ahora que me lo he vuelto a encontrar, descubrí que sigo sintiendo algo muy fuerte aquí adentro —se tocó el pecho con una mano—. Y no puede pasar ni un solo día sin que desee encontrarme con él.

—¡Vaya! Si tenías 15 años en séptimo, eso quiere decir que ingresaste muy joven en el colegio. Debiste de haber impresionado mucho al consejo —la miraba con los ojos muy abiertos. Había encontrado un modelo a seguir—. Pero entonces, ¡él también llego a ser tu Profesor de Pociones!

—Algo así —tapó la botella de la poción que habían utilizado— Aunque no conseguí graduarme en este colegio fue como mi hogar. Así que comprenderás que era bastante obvio que terminara enamorada de alguno de los estudiantes o de algún profesor…aunque él lo fue sólo por un día —sonrío ruborizada—. Yo sé que él es extravagante y no es nada atractivo o seductor, pero a ambos nos apasionan las pociones, los libros y los dos ya éramos bastante raros para los demás, en ese entonces. Sin contar que somos bastante testarudos cuando nos lo proponemos…

—¿Pero? —la conversación se tornaba cada vez mas interesante, tanto que Hermione ya estaba sentada a la orilla de la cama.

—Pero a pesar de que hace semanas le dije que lo amaba, él ahora parece ignorarme por completo. —Intentó evitar llorar, pero su voz terminó quebrándose— La situación es complicada y yo siempre he sabido que jamás podría ser correspondida.

—Eso demuestra mi teoría de que nunca cambiaran los hombres —dijo moviendo la cabeza negativamente—. Hombres o niños, se comportan casi igual. Deberías de ignorarlo también, demostrarle que no te afecta y no se, talvez… buscar a alguien mas, o por lo menos a Ginny le ha funcionado.

—¿A Ginny? —le pareció raro, ya que la pequeña Weasley aún era muy joven— ¿Ginny, esta enamorada?

—Pues, sí —se encogió de hombros al darse cuenta de que había hablado de más—… pero le sugerí que sería mejor que no lo tomara tan apecho, que se divirtiera un poco más.

—Talvez tienes razón —sonrió, al aceptar que la niña decía las cosas con sentido—.Si las cosas no pueden cambiar no debería de angustiarme tanto.

—¡Exacto!, el profesor Snape luce normal, como si nada hubiera pasado —recapacito—, mientras quetú estas sufriendo. Las cosas deberían de ser iguales, ¿no te parece?

—¿Qué? ¿Cómo? —Hermione realmente la superaba, a esa edad ella nunca hubiera pensado de esa manera—. No creo que las cosas puedan ser iguales, como tu lo dices.

—Bueno —se tocó la barbilla meditando—. Podrías intentarlo y verificar si en realidad es tan indiferente como aparenta. Además, si esto funciona, talvez el profesor cambie su estado de ánimo y mínimo sonría alguna vez.

—¿Sonreír? - no sabia a que rayos se refería.

—Sí, nunca lo ha hecho. Por lo menos nosotros no lo hemos visto. Deberías intentarlo y comportarte de la misma forma en como él lo hace. Ganarle en su propio juego, te aseguro que lo desconcertarías.

—Puede que tengas algo de razón. Me agrada tu idea, Hermi —el sólo pensar la cara que pondría Severus, la llenó de energía—. Creo que debo de terminar ya con mi actitud de princesa en apuros, como en los cuentos muggles.

—¡Correcto!, demuéstrale que sigues tu camino y si no puede ver la grandeza que existe en ti, él se lo pierde, no tú —y al final agregó confiada—.Estoy segura de que eres lo mejor que le podría pasar en su vida. Talvez si te diera una oportunidaddejaría de estar tan amargado y vería lo que tiene frente a él.

—Realmente eres una gran Bruja —le dijo agradecida— Increíble que no haya pensado en eso antes.

"Una oportunidad, debo de conseguir que me de una oportunidad"

Jamás se le había pasado por la mente, el ser también indiferente con Severus. Era un buen plan, aunque dudaba un poco que resultara. Desde que paso lo del uso indebido de su poder no se dirigía la palabra, ni siquiera para los buenos días, así que tendría que esforzarse mucho para que el cambio en ella fuera notable ante sus negros ojos.

Se dirigió al su aula de clases y de una caja de madera sacó un reproductor de discos de vinilo, era un objeto muggle que ella misma alteró para que pudiera funcionar dentro de lugares mágicos, como Hogwarts, y el Director Albus le había permitido el traerlo a pesar de ser un objeto bastante ilegal.

Sacó uno de sus discos, le quitó el polvo acumulado y lo colocó para escucharlo, gozaba mucho de la música muggle. Lo cual era un punto más para sus rarezas.

La música comenzó a escucharse y cerró la puerta para que no se escurriera por todas las mazmorras. Con un movimiento de su rojiza varita (de Serbal), hizo aun lado las mesas y sillas, dejando un espacio despejado para bailar. Estaba contenta, su ánimo había vuelto y tenía que practicar, pues hace mucho tiempo que no bailaba.

Delicadamente empezó a danzar por todo el salón con una pareja invisible, no era una experta pero lo hacia bastante bien. Era verdad que estaba un poco enmohecida, pero la practica hacia al maestro.

Sin darse cuenta la puerta del salón se abrió lentamente.

—¿Profesora Nobilis? —una voz delicada atravesó el lugar—. Espero no estar interrumpiéndola.

—¡Profesor Dumbledore! —Se tapó la boca con la mano—. Lo siento, no debería de estar haciendo eso.

—No te preocupes —sonrío con picardía—, me has ayudado aunque no parezca

—¿Ayudado?

—En efecto. Los encargados de las casas están encomendados a enseñar a sus alumnos el bello arte del baile —la contempló emocionado—, pero lamentablemente para los jóvenes de Slytherin, el Profesor Snape no esta muy de acuerdo en hacerlo.

"Le creo, no puedo imaginármelo bailando", sonrío para si misma.

—Así que me pidió pedirle a algún otro profesor que tomara su puesto y les diera unas lecciones a los chicos. Por suerte (para mi) me has evitado la búsqueda.

"¡¿Cómo?! debe de ser una broma. ¿Bailar con los de Slytherin?"

—¿Qué le parece? —la miró a la expectativa—. Creo que es una buena idea.

—¿Yo? —estaba abrumada, pero no podía ignorar que le debía demasiado a Albus, como para resistirse—. Bueno… esta muy bien. Yo les enseñare.

"Atrapada y sin ninguna madriguera a la vista para esconderme"

—¡Muy bien! —aplaudió emocionado—. Estoy seguro que usted podrá hacerlo mejor que nadie.

—¿Necesita algo más, Profesor? —Celeste, no creía que sólo habría ido por lo del baile y deseaba terminar con esa situación de una vez—. Me pareció que venia por otro asunto.

—¡Ah si!, ya me había olvidado del designio que me trajo hasta aquí —con un gesto la invitó a sentarse en uno de los asientos de los estudiantes—. Siguiendo con el tema, del Profesor Snape me contó lo sucedido con la invasión a su intimidad. Estuve algo ocupado y hasta ahora pude venir a conversar contigo ¿Quieres contarme que paso?

"Se lo contó. ¿Cómo se arriesgó a hacerlo?, eso era privado. Sólo entre los dos". La piel de Celeste se tornó más pálida que lo acostumbrado.

—Bueno, es que nosotros, yo… —se mordió el labio nerviosa al recordar sus caricias—. Se que traspase las leyes del colegio y que no debí de hacerlo —alegó en su defensa—. Ambos somos Profesores y se supone que no debemos quebrantar las reglas dentro de Hog…

—¿Quebrantar? —no parecía molesto, para la sorpresa de ella—.No creo que lo hayas hecho. Snape me dijo que creíste que te estaban atacando… debes de ser más cuidadosa, sabes lo que podría ocurrirte si utilizas erróneamente tu poder.

"¡Cielos! Que tonta soy ", al parecer él no se refería a aquel pequeño asunto, en el que Snape y ella se habían besado. En lugar de eso, la queja fue respecto a lo que había pasado antes de eso. Casi había hablado de más y eso la avergonzó.

—No fue mi intención —agachó la mirada y decidió despejar una duda que arrastraba desde entonces— Profesor, cuando entre en la mente de Snape pude ver una parte de una conversación entre ambos. Era sobre mí, ¿Por qué usted le dijo a Snape que me protegería y no dejaría que me ocurriera lo mismo?... ¿a que se refería usted con "lo mismo"?

—Eso es algo que yo no puedo contarte, Celeste —era obvio que evitó darle una respuesta—. Sólo puedo decirte que no deberías de extralimitarte y actuar antes de tiempo. No debes de aplicar tu poder sin el consentimiento de la otra persona ¿De acuerdo?

—Sí… —su voz sonó bastante apagada. No era la primera vez que la reprendía, pero si la primera desde que ya era adulta

—Bueno. Quedando todo aclarado, yo me retiro. Deberías de ir a descansar —se levantó lentamente—. Cuando tengas la fecha para las lecciones de baile, por favor áselo saber al Profesor Snape.

—Así será, Profesor. Buenas noches —lo despidió un poco apenada por su forma de actuar tan indebida.

—Buenas noches, Celeste —se despidió son una dulce mirada—. Y no te sientas mal, yo también lo hubiera hecho —le guiño un ojo, al salir del aula.

No había nada más que decir, había cometido un grave error con Severus, pero ahora lo que le preocupaba eran las dichosas clases de baile y el hecho de tener que convivir con un Profesor que no le hablaba y con un niño mimado: Draco Malfoy. 

Definitivamente prefería aplazar las lecciones hasta después de que pasara la primera prueba del torneo. Ya tenía bastantes preocupaciones como para agregar una más.