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El más bello de mis males. — capítulo 9

Era un día fabuloso, ese sábado había conseguido la aprobación de Dumbledore para salir a Hogsmeade y se sentía llena de energía. Era la primera visita del año al encantador pueblito y ella necesitaba salir del colegio desesperadamente. No creía correr ningún peligro, además de que había llegado a comprender que si ella no podía protegerse nadie más lo podría hacer, así que era el momento de disfrutar y pensar en algo más, para variar.

Había pasado mucho tiempo esforzándose por controlarse y no salir en busca de Severus, como Hermione le había aconsejado, y en el Gran Salón demostró una gran fuerza interna evitando dirigirle la palabra. No sabía si eso estaba dando resultado, pero por lo menos su corazón no era herido con algún comentario sarcástico de su parte y eso ya era una gran ventaja.

Cuando llegó a la calle principal observó con detenimiento los negocios, nada había cambiado o por lo menos eso se veía superficialmente. Caminó con cautela, verificando que nadie sospechoso la estuviera persiguiendo, pues estaba dispuesta a cometer ese error nuevamente y notó que algunos alumnos la saludaban a los lejos.

Diandra volaba muy cercana a ella, era un buen momento para que estirara sus alas, hace mucho que no enviaba ninguna carta o paquete, así que la lechuza estaba un poco fuera de práctica. Se distrajo un poco observándola al vuelo, cuando dos chicas la golpearon cuando salían de una tienda.

—¡Perdón, Profesora! —gritó una de ellas, al momento en que corrían hacia las Tres Escobas

—¡No se preocupen! —les respondió con una sonrisa.

*"Mmm.... esta tienda no la conozco",*contempló con curiosidad el gran ventanal. A simple vista, Celeste se encontró con algunas muestras de muchas baratijas. A su mente de inmediato vino una imagen, todo aquello le recordaba a un bazar muggle. De esos que se acostumbraba a hacer, cuando querían deshacerse de las cosas que ya no necesitaban.

Desde el interior, una alegre anciana le hacia señas invitándola a entrar y al no querer ser descortés, aceptó la petición.

—Buenos días, señorita —le sonrío la bruja, amablemente—. Adelante, no sea tímida, puede ver y preguntar lo que le interese.

—Gracias —dijo la rubia, cortésmente y comenzó a husmear el lugar.

Pronto se encontró con varios calderos llenos de polvo, libros con hojas faltantes y muchas bolas de cristal, que se humeaban y aclaraban conforme las tocaba.

—Talvez aquel escaparate te interesé preciosa —apuntó la anciana, hacia el lado derecho del ventanal— A las otras chicas les gusta mucho observar las piezas de joyería mágica.

Con una sonrisa, Celeste obedeció y se asomó a contemplar los collares, pulseras y anillos que también, como todo lo demás, estaban cubiertos de polvo. Consideraba que eran demasiado pomposos para ella, pues prefería las piezas mas sencillas; sin embargo al estar escudriñando, se topó con un pequeño dije en forma de corazón, plateado y con una frase grabada, la cual ya estaba bastante borrosa.

—Disculpe… —interrumpió a la anciana que conversaba con una estudiante de Hufflepuff—. Me podría ayudar ¿No sé si sepa que tiene grabado este dije?

—Por supuesto que sí. Déjame verlo —Celeste lo alzó y lo colocó en las manos de la señora— ¡Ah!, ya recuerdo. Dice: "Entrambi sono uno"

—Ambos son uno solo —Celeste, tradujo automáticamente ante la asombrada mujer.

—Así es. Veo que usted habla lenguas —la contempló impresionada—. Ese corazón se puede partir en dos, sólo necesita mencionar esas palabras y apuntar con la varita hacia el centro del corazón.

—¿En dos?

—Sí, se supone que uno es para usted y el otro para una persona que le importe mucho —la bruja volvió a colocar el dije en el mostrador—, puede ser una amiga o amigo, familiar o la pareja.

—¿Y que tiene de especial eso? —frunció el ceño—, cualquier articulo muggle tendría el mismo efecto, ¿o acaso tiene algún hechizo?

—Si que lo tiene —la miró dulcemente—. Si el cariño y amor es el mismo en ambos, cada pieza emite una ligera luz azulada cada vez que la contraparte se encuentre en verdadero peligro de muerte

"¡Vaya! Eso me seria muy útil, si la parte del amor reciproco no fuera un inconveniente".

—Es un objeto interesante —Celeste no podía dejar de contemplarlo—, pero… lamentablemente por el momento no creo necesitarlo.

—Es una lastima —entristeció la vieja—. Supuse que siendo tan encantadora le vendría como anillo al dedo.

Celeste se encogió de hombros, no supo que responder, así que optó por darle las gracias y salir de aquel negocio. En cuanto cruzó el portal, algo se atravesó en su camino.

—¡Disculpen! —Dos personas estaban paradas fuera del local, al parecer el que chocaran con ella se estaba volviendo un pasatiempo

—Celeste, buenos días —el Profesor Karkarov la saludó jubilosamente—. No sabia que vendrías, en caso contrario te hubiera acompañado.

—Buenos días, Igor. Ni yo misma sabia que vendría, tomé la decisión de último momento —le explicó despreocupada, pero un carraspeo de garganta la congeló.

—Veo que aún continua chocando con las personas, Profesora Nobilis —Severus, la miró de arriba hacia abajo y sonrío con desden—. No me extrañaría si un día mandara a alguien directo a San Mungo.

—Buenos días, Profesor Snape —trató de dirigir la voz a un nivel de despreocupación—. No había advertido que estaba usted aquí.

Sin mas explicación volvió su mirada hacia Igor y le sonrío lo más atentamente que pudo, sin sentirse idiota.

—Me ha parecido ver que le ha interesado un objeto de este lugar ¿No es así?

—Sí, me interesaron algunas cosas, pero por el momento decidí no adquirir nada —intentó no mirar a Severus, aunque este se movió varias veces algo ansioso.

*"No existe, no existe"*se decía a si misma de manera tajante, pero resultaba difícil creerlo.

—Es una pena —suspiró Karkarov—. Me hubiera gustado regalarte algo que te agradara, para esta navidad.

—Cualquier regalo estará bien —y para rematar agregó con naturalidad—. Cualquier cosa que venga de ti, es muy bien recibida.

"Aunque me gustaría que fuera tuyo", sonrío con melancolía y miró por un segundo el rostro pálido de Snape.

—Eres muy amable en mencionarlo —el mago, inclinó un poco su rostro y dirigió la mirada a los labios de Celeste. Ella lo notó inmediatamente

—Deberán disculparme ambos, pero esta haciendo mucho frío y prefiero ir a tomar algo a Las Tres Escobas —dio un paso hacia adelante, pero Igor hizo algo que ella no esperaba.

—¡Es una fabulosa idea! —Miró triunfante a Snape—. ¿No hay ningún inconveniente si la acompañamos, Profesor Snape?

—No —contestó Severus, cortante y molesto—. Adelante, por mi no existe ningún impedimento, pero como le mencione hace unos segundos… estoy ocupado.

Celeste esperaba que él reaccionara como aquella noche que la salvo de la compañía de Igor, pero al parecer esta vez, a pesar de ser obvio su disgusto, parecía que no haría nada por impedirlo.

—Excelente. Entonces yo iré con ella —le dirigió una sonrisa y sus dientes amarillos sobresalieron— ¿Vamos de una vez, Celeste? —le ofreció amablemente el brazo y ella aceptó sin mucho agrado.

—Hasta luego, Profesor —se despidió Celeste, sin atreverse a mirarlo.

"Es obvio que ambos son el uno para el otro", caviló sarcásticamente Snape al dar la media vuelta. "Me pregunto ¿qué pensaría si descubriera que Karkarov fue un Mortífago?" y de repente paré en seco. "¿Qué pensará si descubre que yo también lo fui?!"

Ella aseguraba que lo quería a su lado, pero no estaba muy seguro de que estuviera conciente de lo que podría significar eso. Era una ironía pensar que Celeste intentaba esconderse de los magos tenebrosos y al mismo tiempo, le profesaba su amor a uno de ellos. Con una sonrisa entre dientes, continuó caminando por la calle y no dudó en voltear varias veces para asegurarse de que ambos habían entrado al Pub.

Ya estando en aquella taberna, Celeste vio a Hermione sola y al parecerrevisaba estresada, algunos documentos que separaba y amontonaba por toda la mesa.

—¿Podrías conseguirme una cerveza de mantequilla, Igor? -pidió con amabilidad— Si no es mucha molestia.

—Por supuesto —respondió justamente como ella esperaba— Ahora regreso.

Se movió entre las mesas para llegar hasta la estudiante y al pararse frente a ella, la saludo; pero al momento de tomar una silla y querer recorrerla, para tomar asiento, ésta no se movió ni un centímetro.

—¡¿Pero qué…?! —exclamó extrañada, antes de que la castaña la interrumpiera.

—¡Aquí, profesora! —le indicó rápidamente otro asiento y sonrío forzadamente. Celeste comprendió que algo le estaba ocultando—¿Cómo ha estado?

—Muy bien, gracias por preguntar —le regresó la sonrisa con naturalidad—. He hecho lo que me sugeriste, pero no estoy muy segura de que funcione…

—¡Ah, que bien! —entonó con rapidez — ¿Y que tal las clases?

—Excelentes… —respondió con una ceja alzada y sonrió de lado— De acuerdo, ¿Qué esta sucediendo?

—Nada —seguía nerviosa—. Todo esta perfecto.

Celeste, ágil de mente, de inmediato tradujo aquella frase por: "Estoy ocultando algo grande". Sin pensarlo mucho se dio una idea de que estaba ocurriendo. Miró atentamente la silla vacía y fingiendo algo de torpeza, derramó la bebida de Hermione sobre el lugar vacío. De inmediato obtuvo la respuesta que imagino. Un grito ahogado se escuchó y la silla tembló.

—Buenos días, Harry —saludó, casi en un susurro— Veo que no deseas platicar con nadie el día de hoy.

—Lo que sucede es que, Harry no quiere ser visto —al fin confesó la niña— Ya sabe, por lo que se ha dicho en "El Profeta".

—Entiendo —intentó no mirar hacia donde estaba Harry— No me párese nada grave el querer evitar ciertas miradas. Yo no diré nada al respecto, pero tienen que ser cuidadosos.

—Gracias, profesora —se escuchó la débil voz de Harry y Celeste colocó ambas manos sobre la mesa.

—Me puedes llamar por ni nombre —le guiñó el ojo a Hermione—. Así me llaman mis amigos. Bueno, yo me retiro. El profesor Karkarov me esta esperando.

A lo lejos, el mago alzó un brazo para indicarle a su compañera que su bebida la esperaba en la barra. Celeste, ante la mirada de sorpresa de Hermione, se puso de pie y regresó por donde había llegado.

            Ese día pasó tranquilamente hasta que Celeste se topó con Snape de camino al Gran Comedor, cuando se dirigía a cenar.

—Buenas noches —lo saludó de prisa y aceleró el paso

El mago se detuvo al escucharla y la observó alejarse entre las mesas. Poco tardo en entender que su andar lo magnetizaba y que el movimiento de sus caderas, comenzaba a ser un delirio para su persona. Al sentir algunas miradas, provenientes de algunas estudiantes de Ravenclaw, optó por fruncir el gesto y continuar su camino hasta la mesa de profesores.

Cuando llegó hasta su lugar, Celeste ya se encontraba bebiendo una taza de té, y con la misma solemnidad de siempre, tomó su asiento para servirse algo de cenar.

—¿Su día fue grato, con el Profesor Karkarov? —preguntó Severus con pereza mientras picaba la comida sin ningún deseo de comerla.

—Por supuesto—sorbió un poco de la taza dorada—. Igor resultó ser una persona muy amable. Me parece agradable.

—Lamento no compartir esa opinión con usted —evitó mirarla y continuó jugando con su comida—. "Agradable", sería la última palabra que yo utilizaría, al dar una opinión respecto a él.

—Lo interesante de todo, es que sólo es valido lo que yo piense —por fin se creyó lo bastante fuerte para mirarlo a los ojos—. De hecho, estoy considerando la propuesta que me hizo hace días. Creo que vale la pena considerarlo.

Al decir aquello, un pedazo de papa salio volando del plato de Snape. Había pinchado el trozo con tanta fuerza, que llegó hasta un estudiante de Hufflepuff, alcanzando a golpearlo en la cabeza.

—¿Le sucede algo, Profesor? —dijo ella, con una voz serena—. ¿O por alguna extraña razón, su comida pretende escapar de usted?

La Profesora Sinistra, que estaba a un lado de Celeste, soltó una media sonrisa ante el comentario que acababa de escuchar.Snape lentamente, con las mejillas débilmente sonrojadas, volteó a verla y le sonrío desganado. No le estaba resultado nada graciosa la actitud que Celeste estaba tomando.

—Tiene razón, Nobilis —su boca se torció con amargura—. Si usted acepta o no al Profesor Karkarov, no es de mi incumbencia. Por lo menos, siempre y cuando respete las reglas.

—Efectivamente —asintió con una enorme sonrisa.

Sin previo aviso, las constantes voces de los alumnos la alertaron de que algo sucedía. Diandra entró volando por encima de las cabezas de los estudiantes y planeó hasta aterrizar, como si nada pasara,sobre el plato de Celeste.

"Que lechuza tan rara", se escuchó el comentario de un alumno. "¿De quien será?" dijo otro.

—¿Qué es eso? —miró extrañada, pues del pico colgaba una pequeña cajita con una nota pegada.

Con mucho cuidado, la bruja desprendió la caja y la desenvolvió ante la mirada escéptica de Snape. Al desprender la tapa, observó que en su interior venia el dije que había visto ese día en Hogsmeade; pero con la diferencia que sólo se trataba de la mitad del pequeño corazón plateado.

—¡Que bonito! —exclamó Sinistra— ¿Quién te lo envía?

—No lo sé —abrió la nota nerviosa— Aquí debe de decir algo…

Celeste

Consérvalo y siempre estaré a tu lado.

Era todo lo que decía, no había ni firma, ni nota de despedida; mas sin embargo, pudo apreciar que se trataba de la misma letrade la nota que había recibido, el día que Diandra llegó a su lado.

—Que raro —intentó recordar si esa letra le resultaba familiar, pero fue en vano.

—¿Te ayudo a ponértelo? —se ofreció la profesora.

—Sí, gracias.

—Si fuera usted, comprobaría primero que fuera seguro —le recomendó Snape, al momento que sacaba su varita—. ¿Me permite?

—El Profesor Snape, tiene razón. —lo secundó Sinistra.

Severus, tomó el dije de la mano de Celeste y le apuntó con su varita, pero nada ocurrió. Volvió a intentarlo con otro hechizo, pero aún nada pasó.

—Al parecer, está limpio —confirmó, decepcionado de no haber encontrado nada—. Tómelo, es suyo.

Ella advirtió que no le agradaba a Severus el hecho de que alguien le hubiera enviado algo, y en ese momento, se le ocurrió una idea para tenerlo un poco más próximo a su cuerpo.

—Profesor… ¿Me haría un favor? —le mostró de nuevo el dije con la palma de mano extendida— ¿Podría ayudarme a colocarlo en mi cuello?

—No es mi trabajo ser lacayo de nadie —murmuró fastidiado, aunque después agregó con un suspiro—, pero si no existe otro remedio...

La verdad no le resultaba nada desagradable hacerlo, pero tenia que actuar de manera insensible ya que la Profesora Sinistra, los contemplaba con curiosidad.

Celeste se tomó el largo cabello, con ambas manos, y lo levantó para dejar su cuello al desnudo. Él se coloco a sus espaldas, con cara de pocos amigos, y enganchó el seguro de la cadena.

*"¡Esto es ridículo",*berreó en su interior, y cuando sus dedos tocaron la suave piel de la chica, brotó el odioso impulso de acariciarla.

Severus Snape, sin sospecharlo, estaba cayendo bajó las alas de Celeste.Mientras tanto, ella seguía meditando sobre quien podría haberle hecho el obsequio. "Tal vez sea un regalo de Patrick y he confundido su letra", trató de convencerse. "O talvez fue Igor, el aceptó que me había visto observar algunas cosas, en Hogsmede".

Aquellos pensamientos la siguieron toda la noche y al concluir la cena, Celeste salió por las puertas principales del salón. Estaba decidida a caminar un rato y despejar su mente. No llevaba mucho caminando por el séptimo piso cuando se tropezó con el Profesor Alastor Moody.

—Buenas noches —sin proponérselo, el saludo le había salido espontáneamente.

—Buenas noches, Nobilis —un escalofrío recorrió la espina dorsal de Celeste cuando el mago la miró detenidamente con su ojo mágico—. No debería de deambular sola por los pasillos.

—¡Oh! —reaccionó sorprendida—. No sabía que fuera peligroso.

—Recuerde que puede existir alguien no deseado rondando por Hogwarts —volteó a todos lados, como si buscara algo o a alguien—. La misma persona que puso en nombre de Potter en el cáliz.

—Tiene usted razón —por algún extraño motivo, no se sentía cómoda ante él —Creo que debo de regresar a mi habitación…

—He escuchado por allí, que usted hubiera sido una excelente Auror —le impidió el paso con su cuerpo— ¿Es eso cierto?

—Eso dicen, pero no estoy tan segura —dio un paso hacia atrás, intentando guardar una distancia razonable entre ambos—. No creo que hubiera sido tan buena Auror. Por lo menos no, como piensan los demás.

—¿Y por qué no?, según el Ministerio usted tiene una habilidad bastante especial —por un momento Celeste, pensó que el tono de uno de los ojos de Moody cambiaba. Pero lo atribuyo a que era producto de su mente ya cansada—. Creo que malgasta su potencial, Nobilis.

—¿Usted cree eso? —la situación ya no le estaba gustando. Tenia que escapar de ahí—.Bueno… para ser un excelente Auror como usted, uno debe de estar dispuesto a matar y yo no creo poder hacerlo.

—Talvez si su vida dependiera de eso lo haría, Nobilis —dijo avanzando con su bastón, acercándose a la chica que ya lucia nerviosa—. Debería de considerarlo.

—Sí, talvez tenga razón —con un rápido moviendo, se abrió paso para poder alejarse—, pero ya debo de retirarme. Como usted dijo, es peligroso rondar por los pasillos.Con su permiso, profesor.

—¿Sucede algo? —aquella voz alteró aún más los nervios de Celeste y pegó un grito ensordecedor—. ¡Por todas las brujas!… podría no ser tan exagerada.

—Profesor Snape —lo miró agradecida de que se hubiera presentado—. Yo ya me retiraba, sólo conversaba con el Profesor Moody, sobre la seguridad de los pasillos.

—¿Rondando solo, Snape? —Alastor, lo observó con malicia— ¿Acaso trama algo?

—Yo puedo hacerle la misma pregunta, Alastor —Severus, le regresó la mirada son rigidez— ¿Talvez usted sepa quien me ha estado robando? Mis reservas de ingredientes personales han sido saqueadas.

—No he visto nada sospechoso —el ojo de Alastor giró hasta donde se encontraba Celeste—, pero se lo diré si detecto algo.

—Muy bien —cruzó los brazos y allí se quedó de pie—. Profesora Nobilis, debería de retirarse a descansar.

—Sssí, sí. Es buena idea —tartamudeó alejándose sin darle la espalda a ambos—. Buenas noches.

Una vez que salio de la vista de ellos, corrió desesperadamente hasta su habitación y cerró con un hechizo de su varita. Algo no cuadraba con aquel Auror, pero no sabia bien que era. Gracias a Merlín, Severus había aparecido de la nada en el momento preciso, volviéndola a sacar de una situación bastante desagradable. Aunque tenía que admitir que era sospechoso, casi podría asegurar que Snape la había estado siguiendo.

Con su imagen aún en sus pensamientos, se colocó un camisón de algodón color azul cielo, desató su dorada melena para cepillarla y se sentó frente al tocador. Ya no lo recordaba, pero el reflejo de su collar llamó su atención. Este colgaba delicadamente de su cuello y estaba segura de que jamás abandonaría ese lugar.

"La próxima vez, tendré que preguntarle a aquella bruja si recuerda quien lo compro", estaba decidida a descubrir el secreto de su místico seguidor anónimo. Ya habían pasado más de 10 años desde el primer regalo y creyó haberlo dejado por la paz, pero nuevamente aquella situación se presentaba. Ahora estaba tibio el asunto y aprovecharía esa ventaja.

La chimenea se encontraba encendida, esa noche seria muy fría y el viento se colaba por la ventana, a pesar de que esta estaba completamente cerrada. Aunque era raro que la cortina se meneara, como si la brisa se hubiera colado dentro de la habitación.

—¡Rayos!, y yo no tengo cobertores extras —se lamentó con pesar—. Bueno, a lo mejor…

Tardo unos minutos pensando en sus opciones. Podría quedarse ahí y acurrucarse en la cama tratando de entrar en calor o bien, bajar hasta las cocinas y buscar a algún elfo domestico que pudiera ayudarla. Aunque también podría hacer algún hechizo y avivar las llamas, pero había hechizos que simplemente no se le daba, a pesar de practicarlos y realmente seria muy tonto de su parte, intentarlo. Las probabilidades de incendiar la habitación eran demasiado altas.

"Así es. Magos y Brujas de Hogwarts, Celeste Nobilis no es perfecta"

Con pereza, se puso de pie y tomó su bata con abatimiento. Odiaba esas dichosas batas con toda el alma, las consideraba innecesarias y toscas, pero no quería quedar congelada e inmóvil en pijama justo en medio de algún oscuro pasillo.

—Eso seria darle un arma bastante poderosa a Severus, me sabotearía a mi misma —se dijo cuando cruzó el primer pasillo descalza y giró en una esquina—. No estoy dispuesta a darle ventaja…

—¿Ventaja?

Celeste, al escuchar una voz profunda, puso los ojos en blanco. Snape se encontraba frente de ella.

"¡¿Porque siempre me lo tengo que estar topando!?"

—Buenas noches —lo saludo desganada y cubrió sus ojos al recibir la luz de la varita de él— ¿Todavía esta jugando al detective?

—Al parecer es usted un baúl de sorpresas —como siempre, el sarcasmo era su carta de presentación— Tiene la facilidad para caminar dormida.

—¿Disculpe? —no entendía a lo que se refería aquel murciélago nocturno.

—Esta disculpada —le respondió con la burla dibujada en sus labios—, pero empiezo a creer que ya se le esta haciendo costumbre. Al menos de que… —hizo una pausa dramática—. Este involucrada en los hurtos que se han hecho en mi almacén.

—Yo no me estaba disculpando —caminó indignada hasta chocar contra de él y logró apartarlo de su camino— Debería de buscar mejor mis cosas, de seguro las tiene perdidas entre todo el desorden de su oficina.

No pudo percibir la expresión que Severus puso, aunque estaba segura que él comenzaba a desesperarse con ella.Ya lo había dejado atrás en las tinieblas cuando apreció que la tomaban del brazo, jalándola hacia atrás con bastante fuerza.

—¿Qué le suce…? —trató de hablar, pero Severus ya le había tapado la boca con la mano.

—Shhhh —le indicó que se callara categóricamente y pegó su pecho al de ella—. Debe de ser Peeves.

No sabia que rayos ocurría con Snape, a veces parecía que quería matarla y otras veces protegerla. Simplemente esa actitud llegaba a confundirla.

Así continuaron por algunos minutos y al desaparecer por completo la amenaza, percibió que Severus todavía continuaba aplastándola contra la pared, lo cual hizo que su corazón brincara con pasión. Celeste, sólo llevaba bajo el camisón ropa interior, así que sintió el calor del cuerpo del mago con mayor intensidad.

—Creo que ya se fue —dijo evidentemente nerviosa—. ¿Podrías por favor…?

—¿Quitarme? —le respondió de forma mordaz y la miró directamente a los ojos— ¿Qué obtendría si lo hago?, no estoy para ser caritativo en este momento.

—Severus Snape —Celeste trató de sonar convincente—. Apártese, o si no…

—O si no… —alzó ambas cejas, pero su expresión lucia casi insondable— Dime, a lo mejor y me conviene mucho más tu "opción".

—O si no, tendré que verme en la penosa necesidad de volver a invadir tu privacidad—. Severus frunció el gesto, se apartó un poco para tomarle ambas manos por las muñecas y acercó su rostro al de ella.

—¿De verdad quieres saber que escogería?

Esa respuesta le parecía extraña. Estaba segura que con esa amenazaretrocedería, aunque comprendió lo equivocada que estaba cuando Severus la apretó aun más contra el muro y la besó esporádicamente.

—¿Qué estas haciendo? —Alcanzó a decir cuando él le dio tiempo para respirar— No entiendo que…

—Dudo que sea la primera vez en que tu cerebrito no alcanza a cavilar —se burlo al mismo tiempo que soltaba sus manos.

Un ruido los sorprendió de nuevo y ambos guardaron silencio. Después de algunos minutos, de nuevo nada paso.

—Mi cerebro esta bien… —murmuró molesta, pero a la vez entristecida—. Sé perfectamente que siento o hago… ¡Tú eres el que actúa anormal!

—Tómelo como quiera, Nobilis —sus ojos ya no la veían a ella. Intentaba ver hasta lo más profundo del pasillo, algo que parecía estar inquietando, y sin decir otra palabra desapareció de inmediato.

—¡Severus Snape, eres un idiota! —exclamó a todo pulmón— ¡No vuelvas a tocarme!

Celeste jamás pensó pronunciar aquellas palabras. En realidad no lo detestaba, sólo lo había dicho sin pensar al sentirse vilmente utilizada. Su orgullo de águila había salido a flote al comprender que sólo eso podía pasar entre ellos dos. Estaba claro que él no la amaba, sabía que eso nunca ocurriría; mas sin embargo, a pesar de reconocer su realidad, ella no era de piedra. El asunto la hería en lo más profundo.

Pensó en volver a su habitación derrotada, sin cobertores, con frío y con un mal sabor de boca, pero antes de hacerlo recordó los ruidos extraños que había escuchado. De inmediato recordó lo sucedido en "Las Tres Escobas" y sus mejillas se ruborizaron.

—¿Harry?—dijo con cierto temor—. ¿Estas aquí? No te preocupes, te aseguro que no te encuentras en problemas.

De repente, una cabeza apareció flotando a escasos metros de ella, la expresión del chico era de un profundo desconcierto.

—Profesora Nobilis. Yo, yo no quise… —Harry no encontraba las palabras exactas para excusarse—. Sé que no debería estar fuera de la cama a estas horas.

—Puedes llamarme por ni nombre, Harry —sonrío y con un movimiento le indicó que se acercara—. Ven, acompáñame por favor. Tenemos que hablar.

Lo asió por el hombro y ambos caminaron por el pasillo, dirigiéndose con lentitud hacia la entrada de la torre de Gryffindor.

—¿Le dirá a la Profesora McGonagall que desobedecí las reglas? —preguntó Harry, preocupado.

—No —Celeste respondió de inmediato—. Seria una hipocresía de mi parte ¿No es así? Yo también estoy rompiendo las reglas.

—Yo tampoco diré nada —le aseguró el joven, aunque algo desilusionado—. Nunca imagine que usted y el Profesor Snape… usted sabe.

—Te debo una explicación, Harry —trató de calmar la situación—. Pero será mejor hablar mañana.

—No tiene que explicarme nada —se encogió de hombros—. Soy yo el que le debe una explicación.

—Sí, sí tengo que hacerlo —y agregó—. Estoy segura que nadie te explica nada y terminas siempre muy confundido. ¿No es así?

Harry guardo silencio, dando a entender a Celeste que no estaba equivocada.

—Mañana pasa a mi oficina después de desayunar y que te acompañe la Señorita Granger.

—¿Hemione?

—Sí —ambos se detuvieron frente al retrato donde la dama gorda dormitaba—. Ahora ve a descansar.

Harry obedeció desapareciendo por el retrato.