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Historia 46324 — capítulo 6

"6.- ¡Esto no puede ser! ¡Tú estabas muerto!" Prefacio: …-La muerte abre la puerta de la fama y cierra la de la envidia… (Laurence Sterne (1713-1768) fue un escritor y humorista inglés.)

Prefacio: …-¡No! ¡Esto no puede ser! ¡Tú estabas muerto!... (Rufus Scrimgeour (Ministro de magia))

Todo el ancho mundo estaba conmocionado por lo que acababa de suceder, las letras rojas seguían marcando el cielo con la espectral profecía que se rezaba y que tanto humanos como criaturas divisaban y veían, algunos con terror otros como creyendo que se trataba de una broma por parte de los mortífagos, pero sólo los mas idiotas creerían que se tratara de una broma. … Harry simplemente aclaro su mente, una vez más su maldita suerte y su miserable vida dependían de una estúpida profecía. Luna y los demás observaron como Harry se lamentaba así mismo en su interior, no sabían como ayudarlo esta vez, la profecía tenía la razón, solo estaba, su corazón jamás encontró el amor y sin armas caminaría directo hacia la muerte. Snape veía con temor como la profecía se esfumaba letra por letras y la luz de la luna no apareció nuevamente, el cielo quedo oscuro y en ese preciso momento las nubes amenazaban con querer soltar la lluvia que retenían, con una mirada aún de preocupación puso su mano sobre el hombro de Harry dándole su total apoyo. Draco se acercó a él y con la mirada conectó a Harry en su mente, dándole a entender que jamás lo dejaría, que el juramento que hicieron no lo rompería por nada del mundo. Alisé también se acercó a él y con un beso en la mejilla su apoyo total entregaba a Harry. Luna por su parte lo abrazó y desprendió su magia como Harry le había enseñado a hacerlo, reconfortante el aura amarilla de Luna embargó a Harry quien sonrió débilmente ante esta acción por parte de su mejor amiga.

-Veo que nuevamente una profecía rige mí vida… -Dijo Harry casi en un lamento muy bien notado por sus cuatro amigos-. Y sin querer daremos el siguiente paso al regresar a nuestro hogar. Esto nunca acabará, estoy empezando a pensar que mí vida es esto y que ese es el destino, si al menos pudiera saber algo más de lo que se avecina. Nadie dijo nada simplemente tomaron la mano de Harry cuando este la tendió y en el acto desaparecieron hacia su destino, un destino muy incierto para los cinco, un destino que nuevamente tendrían que cumplir. El viento dejó de soplar, las nubes jamás se quitaron, al parecer lo que decía la profecía en el cielo se estaba cumpliendo, los días serían nuevamente oscuros para el mundo, ésta vez algo mas fuerte y poderoso se alzaría en el mundo un cuarto señor oscuro, y una tercera guerra de oscuridad se llevaría a cabo, la cuenta corría desde ese momento en el que Harry Potter regresaba al lugar que alguna vez le hizo tanto daño, donde encontró la traición y la desolación de un mundo al que solo le interesaba el niño de la maldita cicatriz y no el Harry quien perdió a sus padres y el que tanto sufrió con sus tíos. **†禾†**La gente de todo el mundo al igual que las criaturas, entraban a sus hogares aún con el temor de lo que acababan de presenciar, de ver como todo lo que conocían prontamente se vería afectado con la oscuridad que nunca había acabado cuando Harry Potter había vencido a Lord Voldemort tres años atrás. **†禾†**En la madriguera todos los que se encontraban allí platicaban asustados sobre lo que había ocurrido momentos antes. Hermione y Ron habían aparecido en ese lugar por el miedo a que algo les pasara a los padres de Ron, ya en la cocina estaban todos sentados tomando una taza de té, Remus Lupin y los demás miembros de la Orden del Fénix se habían reunido también en la madriguera al llamado de McGonagall que era la líder de la Orden desde que Dumbledore había muerto.

-¡Esto es imposible, debe ser alguna broma de los mortífagos! -Gritó Ron enojado ante lo expectante de todos los presentes. -No lo creo, tú mismo lo has visto Ron, algo nuevo y más poderoso que él innombrable se acerca, sea lo que sea que haya puesto esa profecía en el cielo era algo muy poderoso ya que se podía sentir la misma maldad o más poderosa de la que irradiaba el innombrable -dijo Ojoloco temeroso. -Debemos informar al ministerio, tenemos que estar muy alertas a todo lo que pase en estos días, si la profecía es cierta no saldrá más el sol al terminar este día y según lo que esto decía… Aunque a eso no se refería con lo dicho sobre el sol. Pero McGonagall no pudo terminar de decir lo que tenía en mente ya que Remus intervino. -La profecía habla sobre Harry… Todos los presentes se giraron rápida y bruscamente hacia Remus quien le daba un sorbo a su té, nadie se había puesto a analizar bien las frases contenidas en la dicha profecía y no se habían dado cuenta que lo que Remus decía era verdad. -¿Acaso éstas loco? ¡Harry esta muerto y jamás regresará! -Gritó Ron exaltado y temeroso de que eso ocurriera en verdad. -¿Eres idiota o que, Ron? -Dijo Fred que había estado callado todo este tiempo. -¿Idiota por qué,  Fred? -Dijo indignado Ron quien lo veía retadoramente. -Sabes muy bien que la profecía en el cielo hablaba sobre Harry, él es el único marcado por un oscuro y su símbolo es en rayo en la frente, las misma profecía lo dice, imbécil, Harry está vivo, la profecía lo marcó y yo creo que él estuvo vivo todo este tiempo. -¡No lo creo, Harry está muerto y eso no va a cambiar! -Lo dices por que tienes miedo de que regrese Ron -dijo George sonriente y mirando amenazadoramente a Ron ante la mirada incrédula de todos los presentes excepto la de Fred y unos cuantos más de la Orden que sabían a lo que se refería George. -¿Miedo, miedo de qué? -Todo este tiempo has abusado de la confianza de Harry, cargas siempre su varita tratando de aparentar que eres muy poderoso, has tratado de abrir sus cámaras en Gringotts para dividir su herencia, cosa que no existe Ron, lo has desacreditado estos tres años que él ha estado desaparecido. A eso le tienes miedo Ron, tienes miedo de que él regrese y se entere y te ponga en tu lugar de una buena vez. -¡No le tengo miedo a ese idiota! -Exclamó Ron ante la mirada atenta de todos los presentes. -Claro que le tienes miedo Ron, él fue el único que pudo con Voldemort, y cuando el regrese afrontarás la furia del Elegido, y créeme que estaré de su lado, apoyándolo para que te siente de una buena vez -dicho esto se levantó de su asiento y con la mirada le indicó a Fred que era hora de irse. Sin despedirse de nadie los dos salieron al patio y desaparecieron de la madriguera. Nadie dijo nada, todos estaban con la boca abierta por lo revelado por los gemelos y miraban a Hermione y Ron con una cara de decepción infinita, pero nadie dijo nada. Todos mantuvieron el silencio. Ginny que estaba recargada en el hombro de Lierin escuchaba con atención la conversación, sus latidos se habían acelerado y por alguna razón su corazón empezaba a sentir gozo, ¿tenía aún esperanza de poder retomar el amor que alguna vez tuvo con Harry? Pero eso era algo que el Escritor conversaba atentamente con sus demonios internos. No, eso jamás se daría de nuevo, no en esta historia. -Lo único que no entiendo es ¿dónde ha estado todo este tiempo? -Dijo Molly preocupada por Harry. -La profecía dice que viene con la compañía de cinco personas… ¿pero quienes serán? -No lo sé, tenemos que investigar, la profecía -si es que eso es- dice que regresará al caer la noche de este día, tenemos que informar al ministerio sobre toda posibilidad, esperemos que venga a alguno de los sitios donde encuentre a uno de nosotros. Ginny sentía que iba a reventar, los nervios la invadían y los latidos de su corazón cada vez eran más fuertes. Lierin a su lado no sabía ni lo que pasaba, simplemente estaba pensando en una joven de cabello azulado que había conocido en el callejón Diagon hacia casi dos semanas y de la cual él solo sabía. **†禾†**En el ministerio de magia un asustado ministro de magia; Rufus Scrimgeour analizaba con profundo detalle la profecía junto a su asistente Percy Weasley quien había anotado lo que decía tal profecía. Los dos habían visto desde las afueras del ministerio como el rayo marcaba las letras rojas en el cielo oscuro.

-¿Señor ministro? -Dijo Percy llamando la atención de su jefe. -¿Sí Percy, dime? -Dijo él ministro algo preocupado. -Bueno señor, creo que la profecía habla sobre Harry Potter -contestó Percy viendo lo escrito por él mismo. -¡¿Pero que demonios dices, Percy?! -Gritó el ministro algo sorprendido. -Sí señor, en estos escritos dicen que el marcado por un oscuro regresará, y que yo sepa sólo Harry Potter ha sido marcado como el igual a un mago oscuro y es el único que ha sobrevivido a una maldición imperdonable, y eso también lo dice la profecía que se escribió en el cielo -dijo Percy temeroso de que el ministro lo golpeara por decir tales barbaridades, pero su sorpresa fue otra cuando el ministro dijo: -Espero que sean ciertas tus palabras, Weasley, tanto he esperado que él regrese y ese día puede ser hoy, él es el único que nos ha salvado una vez de la oscuridad, ahora nos puede salvar de nuevo. -Sí señor, eso es verdad. Las dos únicas personas que quedaban en ese momento en el ministerio esperaban con un temor de que no fuera cierto, el regreso del mago más poderoso en la tierra. **†禾†**Ginny había regresado a su habitación y se había acostado en la cama, no sabía que pensar ante tal hecho, ¿y si era cierto que Harry volvería? ¿Cómo actuaría? ¿Qué cara daría al haber dicho semejantes cosas cuando él supuestamente murió? Varias preguntas rodeaban la mente de la pelirroja que no se había dado cuenta cuando Lierin había entrado en la habitación y se acostaba a un lado suyo y cerrado los ojos, para quedarse dormido unas pocas horas más. **†禾†**Por otro lado, Remus caminaba junto a Tonks rumbó a Grimmauld Place que abarcaba el numero once y trece que Harry había comprado para acrecentar la casa y ya no estaba bajo el encantamiento fidelio. Los dos pensaban y sumidos en sus propias mentes llegaban a la posibilidad de que tal vez la profecía pudiera ser verdad y a la vez una mentira. Pero algo era seguro, los dos guardaban esperanzas de que así fuera. **†禾†**Las seis y media de la mañana habían dado, y la lluvia empezaba a caer, el cielo oscuro se había apoderado del día y la luz del sol, el día se veía tétrico y el viento soplaba con fuerza. Cinco encapuchados de color negro en las túnicas caminaban por la avenida Magnolia. El encapuchado que iba enfrente de todos al cual se le notaban sus poderosos ojos verdes como si fueran las esmeraldas más brillantes en al tierra se detuvo al reconocer el pequeño parque donde muchas veces al cumplir los quince años salía para pensar y distraerse un rato de las labores que su tía le imponía todos los días. Recuerdos se galoparon en su mente, varias cosas pasó en esos lugares. El ataque de los dementores a él y a su primo Dursley cuando recién iba entrar a su quinto año del colegio. Allí vio como en ese entonces su primo Dudley maltrataba a los niños más chicos que él y destrozaba todo lo que encontraba a su paso con sus malvados amigotes. Pero ese lugar también era el recuerdo de su última plática con él, poco antes de partir en busca de los horrocruxes…:

Harry se encontraba sentado en uno de los columpios ya casi destruidos por Dudley y sus amigotes que sólo se dedicaban a destruir la propiedad ajena. Sumido en sus pensamientos y en todos los eventos que habían pasado en su vida hasta ese momento. La muerte de sus padres cuando tan solo era un bebe, la muerte de Cedric en el torneo de los tres magos a manos de Voldemort ya regenerado. La muerte de su padrino un año después, su muerte fue un golpe sumamente duro ya que apenas empezaba a conocerlo más a fondo pero por su estupidez su padrino fue a rescatarlo y murió a manos de su prima. Y por último, la única persona que le quedaba en el mundo mágico, la persona quien le había ayudado y entrenado en conocimientos sobre la ubicación posible de los horrocruxes que buscaría. Una lágrima recorrió su mejilla y se perdió en su barbilla. Se impulsó para que el columpio agarrara fuerza y el viento que ya era fuerte ese día se volviera más fuerte para refrescarlo. Escuchó unos pasos provenientes de la entrada, las hojas secas que estaban en el suelo crujían cuando la persona que venía las trituraba al pasar. Alzó la vista y vio que era su primo Dudley el que se acercaba a él con la cara decidida a hablar y de preocupación en la misma. Harry decidió parar el columpio cuando Dudley se sentó en otro que estaba a su lado. Los dos se miraron a los ojos pero nadie soltó palabra alguna. Pasaron unos cinco minutos de incomodo silencio cuando al fin Dudley fue el que primero habló:

-Me dijo mamá que estarías aquí, veo que tuvo razón -Dudley no sabía cómo empezar la plática. -Sí, bueno, vengo aquí para pensar y para distraerme un rato, tengo ahora muchas presiones en el mundo donde pertenezco -contestó Harry algo melancólico, cosa que notó Dudley. -¿Es cierto que ya no vas a volver, Harry? -Preguntó Dudley algo triste, eso era algo fuera de lo normal. -Sí, pero creo que eso te hará bien, a ti y a tu familia -dijo Harry algo molesto por la pregunta de Dudley. -Bueno, pues se que es difícil de creer pero no, no sé si alguna vez nos perdones, pero sabes que siempre aunque sea solo un poco tuvimos algo de cariño por ti. -Sí, claro que sí -dijo Harry sarcásticamente. -Sé que cometimos errores tan grandes que no tenemos perdón, pero quiero que sepas que sea a donde quiera que vayas podrás contar con mi ayuda de ahora en adelante. -Supongo que gracias… -respondió Harry ya no tan molesto. -¿Y a donde irás?, supongo que terminarás tu ultimo año en esa escuela -Preguntó Dudley. -Pues para serte sincero, no, tengo que hacer otras cosas, pero muchas gracias por tus palabras, Dudley. Tal vez ésta sea la última vez que te vea, no sé que me depara el futuro y no sé si viviré después de lo que viene -Harry ya no hablaba con preocupación, sino como si lo que le fuera pasar fuera la cuestión de cada día. -¿Irás tras ese mago que mató a tus padres, cierto? -Dudley sonrió con pesar. -Sí, por eso no sé si volveré a verte, no tengo un futuro por el cual ver, no sé si mañana podré ver la luz del sol, tal vez el me mate y yo no pueda hacer nada, pero sinceramente, me alegra haberte conocido, ojalá algún día nos volvamos a ver -Harry sonaba feliz por su nueva y repentina amistad con su primo, siempre pensó que eso jamás ocurriría y ahora estaba feliz de que algo bueno le había sucedido en estos años de tanto sufrir. La gotas de una lluvia repentina empezaron a caer sobre Surrey y Harry y Dudley veían el horizonte, esperando que algún día los azares del destino los volvieran a reunir, para recordar los últimos días que fueron felices juntos como una familia junto a sus dos tíos que mostraban un total arrepentimiento.

-Es increíble cuantos recuerdos pueden invadir tu mente al regresar al hogar que alguna vez dejaste para enfrentar la muerte -dijo Harry entrando al parque ante la mirada atenta de sus amigos quienes lo veían con curiosidad-. Veo que los columpios siguen igual de cómo los vi la última vez -Harry tocó las cadenas que sostenían el asiento del columpio y se sentó en uno, empezó a darse impulso y a columpiarse, no recordaba esa sensación que sentía al sentir el viento de la fuerza al columpiarse mezclado con el viento que ya se estaba provocando, las gotitas de lluvia eran débiles pero en gran cantidad. Harry bajó del columpio y se dirigió hacia sus amigos que lo esperaban con las caras tristes al ver a Harry sufrir por sus recuerdos-. Será mejor que nos vayamos, son casi las siete y al parecer nadie en aquí va a trabajar, creo que la conmoción de lo que pasó en el cielo los ha dejado a todos asustados. Vengan, falta poco para llegar. Todos siguieron a Harry quien caminaba al frente, su capa ondeando y sin la parte que cubría su cabeza hacían que el pelo se alborotara más con la lluvia y le diera un aspecto muy frío y tenebroso. La espada de Godric envainada en una funda plateada se agitaba al paso de Harry. -¿No será mucho para ti, Harry? -Dijo Luna preocupada por la decisión que estaba a punto de tomar Harry ante la situación que se llevaba a cabo. -Sí Luna, pero estoy seguro de esto -esa fue la respuesta de Harry quien divisaba ya la casa número cuatro de Privet Drive-. Andando. … En la cocina de la casa número cuatro una familia desayunaba tranquilamente mientras escuchaban el reporte de las noticias sobre los acontecimientos pocas horas atrás, sin duda alguna los tres de la familia no sabían ni lo que estaba ocurriendo.

-A lo mejor algún loco trata de hacer una broma al mundo, Petunia -dijo Vernon, comiendo su tocino. -Sí, ya lo creo, pero es realmente extraño el asunto -respondió Petunia poniendo atención al noticiero donde se veía desde el helicóptero como la gente aún miraba el cielo. -Mamá, ¿crees que sea obra de los que mataron a Harry? -Preguntó Dudley temeroso. En ese momento los padres de Dudley se giraron para observarlo y ver que tal vez cabía la posibilidad en que aquellos a los que derrotó alguna vez Harry Potter volvieran a amenazar. -No lo creo, según me dijo el señor Remus… que después de que Harry venciera a ese mago que según los aterrorizaba y en donde Harry también perdió la vida, los seguidores del mago ese se escondieron después de que el mago muriera y no han podido ser capturados -contestó Petunia seriamente preocupada. En esos momentos el timbre de la casa sonó y los Dursley se sorprendieron ya que era muy temprano y al parecer nadie quería salir después de lo ocurrido pocas horas antes. -¿Quien será, Petunia? -Dijo preocupado Vernon Dursley que se asomaba por el pasillo hacia la puerta y veía como alguien estaba parado esperando a que contestaran a su llamado abriendo la puerta. -No lo sé, iré a ver. -Ten cuidado Petunia, no sabemos que está ocurriendo. Petunia asintió y se encaminó a la puerta temerosa de ver lo que pasaba. Llegó a la puerta y cuidadosamente giró el pomo, abriendo lentamente. Al Cuando estuvo totalmente abierta soltó un grito de espanto al ver a los encapuchados, si más lo recordaba esos eran los que habían seguido al hombre que había matado a su hermana años atrás. Vernon y Dudley corrieron hasta donde se encontraba Petunia y al ver lo que Petunia veía con terror en los ojos los dos se hicieron para atrás bruscamente no sin antes jalar a Petunia con ellos. -¿Qué es lo que quieren aquí? No tenemos nada que ver con ustedes -dijo Vernon corriendo a los que estaban postrados en la entrada de su casa. -Cuanto tiempo ha pasado, ¿no lo creen? -Dijo el que encabezaba al grupo-. Espero que no se hayan olvidado de mí -dijo el encapuchado levantando la cabeza con la capucha que no le dejaba ver más allá de su boca. -¿Quién demonios eres? ¿Qué es lo que deseas de nosotros? -Preguntó nuevamente Vernon temeroso. -Soy aquél que murió y ha regresado de la muerte -dijo el encapuchado quitándose lo que le cubría el rostro, y el grito de los tres Dursley se escuchó. Nadie de los tres sabía como reaccionar, pero lo tenían enfrente de ellos, no era posible, según lo dicho por sus amigos él había muerto al enfrentar a Voldemort, pero no, ahora lo tenían enfrente de ellos, allí tan parecido a Potter el esposo de su hermana, los profundos y penetrantes ojos de Lily, el mismo cabello rebelde que alguna vez portó James Potter, la cicatriz producto de lo que mucho tiempo ellos le hicieron creer provocada en un accidente automovilístico, esa cicatriz en forma de rayo que adornaba su frente. No podía ser cierto. -¡Esto no puede ser! ¡Tú estabas muerto! -Gritó Petunia horrorizada al ver a su sobrino frente a ella. Al ver a Harry Potter parado en la entrada de su casa. -Eso es lo que todos piensan, tía Petunia, pero como puedes ver no lo estoy -dijo Harry dedicándole una sonrisa. En ese momento Dudley se puso de pie aún gratamente sorprendido por lo que sus ojos veían, caminó hasta estar frente a Harry y para sorpresa de todos abrazó a Harry, abrazó al que unos días antes de que él partiera se había vuelto en su mejor amigo y compañero. -¡Pensé que jamás te volvería a ver, Harry! ¿Dónde has estado todo este tiempo? -Preguntó Dudley derramando unas cuantas lágrimas por su primo que había regresado. -Es una larga historia, una muy larga historia. -Tenemos tiempo de escucharla, muchacho -dijo Vernon poniéndose de pie y ayudando a Petunia a levantarse, después de eso invitando a Harry y a los demás a entrar a la casa para que no se mojaran. -¿Quieren tomar una taza de té, muchachos? Todos asintieron. -Sí, gracias tía Petunia. Los ya ocho reunidos alrededor de la mesa en el comedor de la casa de los Dursley bebían su té con sumo cuidado para no quemarse, la casa estaba muy calientita gracias al calor que desprendía la chimenea, la casa seguía tal y como la recordaba Harry. -¿Entonces… en donde estuviste todo este tiempo, Harry? -Preguntó Petunia sentándose y poniendo las teteras con diferentes sabores de té. -Estuve en México, en un pequeño pueblo del estado de Querétaro llamado Bernal, vivíamos en las afueras del pueblo. -¿Pero por qué nunca regresaste, hasta ahora?, ¿Qué fue lo que ocurrió? -Cuando me enfrente a Voldemort tres años atrás mí vida fue puesta al filo del abismo, no sé ha donde me transporté pero al momento de que lo maté un rayo mortal me dio a mí también, en esos momentos sentí que mí muerte estaba cerca, pero una extraña luz me envolvió y después de allí solo recuerdo que amanecí en una extraña casa con Luna a mí lado -señaló a la rubia que tomaba una galleta y la sopeaba en su té-. Al poco tiempo me di cuenta de que Draco y Severus me ayudaron a recuperar mí estado ya que mí cuerpo había sufrido mucho daño en la batalla que libramos, ellos dos eran mortífagos -Los Dursley se miraron con miedo-. Pero no se preocupen, ellos son mis amigos y nunca fueron fieles a Voldemort. -¿Y nunca trataste de volver? -Preguntó Dudley asombrado. -La verdad hace casi dos años regresé a visitar las tumbas de mis padres y me encontré que los que alguna vez fueron mis amigos se aprovecharon de mí fama. Las cosas ahora son muy diferentes, lo que vieron en el cielo es una profecía, algo malo se acerca nuevamente, mas poderoso que las dos eras de oscuridad pasadas. Esta vez los humanos sin magia o con magia deberán unirse, nadie esta seguro de ahora en adelante -terminó de decir Harry seriamente a sus tíos quienes observaban a Harry y a sus palabras con temor. -¿Entonces volverás a tu mundo? -Pregunto Vernon. -Lamentablemente sí, tengo que hacerlo, no sé a que nos enfrentamos y no sé que más va a pasar, pero tengo que estar presente, según la profecía en el cielo soy el único que puede hacer algo. -Ten mucho cuidado, no queremos que te suceda algo malo, hijo -dijo Petunia preocupada. -No se preocupe señora Dursley -dijo Draco-. Nosotros estaremos a su lado, apoyándolo. -Sí, es verdad, él confió en nosotros, nos dio su amistad, ahora estamos unidos -dijo Snape con algo de pereza. -Sí, sus verdaderos amigos jamás lo decepcionaremos, estaremos con Harry hasta la muerte si es necesario -dijo Alisé sonriente también y apoyando con decisión a Harry. -Sí, siempre con el en las buenas y en las malas, no tiene de que preocuparse señora Dursley -agregó Luna. Entonces Dudley se levantó de la silla y miró a Harry con decisión. -Llévame contigo Harry, quiero ir con ustedes, si es verdad lo que dices entonces a nosotros también nos incumbe esta nueva guerra -Dudley tenía decisión en los ojos y sus padres por dentro se llenaban de orgullo y temor por las palabras claras y transparentes de su hijo. -¿Estás seguro de tus decisiones, Dudley?, esto no es un juego, lo que viene puede ser mortal para todos nosotros -dijo Harry viéndolo fijamente y convenciéndose de la determinación de su primo. -Estoy seguro Harry, quiero ir contigo y pelar por los que me rodean, no puedo quedarme de brazos cruzados cuando mi familia esta en problemas. -No solo tu familia esta en problemas, Dudley -dijo Draco dándole un sorbo a su té y comiéndose una galleta de fresa. -Lo sé y por eso mismo he decidido ir con ustedes si es que me aceptan, quiero pelear de ahora en adelante por un mundo mejor -contestó Dudley con firmeza y decisión. -Muy bien, sí eso es lo que deseas, te llevaremos con nosotros, pero tendrás que esperar hasta mañana que venga yo por ti, ahora tenemos que arreglar unos asuntos y esto es muy importante para todos -dijo Harry sonriendo-. Pero te prometo que mañana como a esta hora vendré a recogerte. Por lo mientras toma algunas cosas, las demás las compraremos en Londres, si mis bóvedas aún no han sido abiertas tendremos el suficiente dinero como para comprar lo que nos falte. -Bien, entonces estaré listo para eso.   -Sí, ahora si me disculpan… ¿Tía, mi cuarto no ha sido removido? -Preguntó Harry viendo a su tía que negaba con la cabeza. -No lo hemos ocupado desde que tú desapareciste -dijo Petunia-. ¿Por qué, Harry? -Antes de partir para siempre de esta casa dejé algo en ese cuarto, algo que no recuerdo exactamente que era pero que nadie encontraría, solamente yo…  -y dicho esto Harry caminó hasta llegar a las escaleras, subiéndolas y entrando en la puerta del cuarto que él habitaba. El cuarto estaba tal y como él lo recordaba, la única y más grande diferencia era que estaba muy limpio, las paredes ya no estaban sucias ni casi cayéndose de viejas, ahora todo era nuevo, incluso la cama, el viejo guardarropa estaba en el mismo lugar, con la imagen de una lechuza pegada en la puerta derecha. Harry sonrió, recordaba ese cuarto con algo de nostalgia ya que mucho tiempo estuvo encerrado en ese lugar, pero ahora eran tiempos mejores y las cosas no se podían decir que estaba bien, por un tiempo sí, pero ahora las cosas se iban al caño nuevamente. Caminó hasta la cama y se acostó en ella, sus ojos miraban el techo y lo recorrían como muchas veces antes lo había hecho, pero ahora no era con nostalgia. -Bien, creo que el colgante con la llave estaba en… -Harry miraba las cuatro esquinas del cuarto y fue cuando vio el destello de color rosa que desprendía el collar, fue directamente hacia el y removió el hechizo que formaba un hueco no muy profundo entre el piso y la pared. Tomó el collar dorado, era una figura de un fénix con las iniciales HP en su pecho. Lo observó detenidamente y decidió ponérselo de una vez. En el momento en que el collar tocó su pecho, un destello color verde salió de su cuerpo, sus ojos se ensombrecieron y los recuerdos regresaban a su mente.

-¿Para qué es el collar, profesor? -Preguntó Harry confundido por el collar que el profesor Dumbledore le entregaba. -Ese collar es la llave de un libro muy antiguo, el libro está escondido en alguna parte del mundo y es el contrario al libro de las almas condenadas al infierno, ese libro contiene algunos hechizos, según escritos por el mismo Merlín, para serte sincero no sé en donde lo puedes encontrar, pero por lo que sé, si eres el indicado, el libro solo te guiará a él. -Tal vez pueda necesitar el libro para la guerra con Voldemort profesor -dijo Harry contento. -No creo que te sirva con él, Harry, ese libro sólo despertará si… -Calló para no decir más de la cuenta. -¿Sí qué… profesor? -No me corresponde a mí decírtelo, yo estoy muerto ya y un muerto no puede revelar los secretos de la vida, tal vez esta sea la última vez que nos veamos Harry Potter, siempre estuve orgulloso de ti muchacho y me dio gusto haberte enseñado cosas que nadie conocía, espero que logres vencer en esta guerra y cuídate de los peligros que vendrán después de eso.

-Con que era esto a lo que te referías, Dumbledore -dijo Harry pensativo y algo molesto por tener que recordar cosas en el pasado que le servirían para un futuro-. Detesto que esto suceda, la verdad, ¿pero qué puedo hacer? Ahora solo falta que encuentre ese libro a ver si de algo me ayuda. Harry terminó de hablar solo y salió de su antigua habitación para reunirse con los demás en la cocina que seguían platicando. -¿Encontraste lo que estabas buscando? -Preguntó Luna. -Sí, y también recordé algo que me había dicho Dumbledore, ahora creo que es momento de que nos retiremos, casi dan las nueve de la mañana y tenemos que ir al ministerio. -Bien, el día está muy feo aún, será lo bueno, así nadie nos va a reconocer -agregó Severus. -Sí, bien, andando… Tía, tío, Dudley, me dio gusto volverlos a ver. Mañana pasaré por ti, Dudley, prepara todas tus cosas. -Sí -fue la respuesta- de Dudley quien se veía animado. -Vengan mañana todos para que desayunemos de nuevo juntos -los invitó Petunia. -Muchas gracias tía, así lo haremos. -Bien, entonces aquí los esperamos. -Sí. Harry, Luna, Severus, Draco y Alisé salieron a la calle, la lluvia azotaba más fuerte, cuidaron de que nadie los viera y desaparecieron en el instante en que el viento se arremolinaba tras las verjas, apareciendo en una calle con oficinas de aspecto destartalado, un pub y una cabina telefónica de color rojo y con los vidrios rotos. Harry ingresó los números 6-2-4-4-2, dio un nombre falso y uno falso del de los que venían con él y bajaron a la planta principal del ministerio de magia. -Cúbranse, si alguien nos ataca, no duden en inmovilizarlos a todos, tenemos que llegar hasta donde se encuentra el ministro -la orden de Harry fue directa y todos se cubrieron los rostros. Al llegar al salón principal los cinco empezaron a caminar, los aurores que se encontraban en el lugar corrieron hasta ellos dando la señal de ataque al ministerio. -¡Mortífagos! -Los aurores apuntaron a Harry y a los demás, pero ellos los ignoraron, Harry convocó un escudo repelando todos los ataques de los aurores, entraron en la oficina del ministro y cerraron la puerta. -¿Qué demonios…? -Gritó Percy enfurecido, pero cayó al instante cuando vio a los encapuchados apuntarle con su varita, Percy quedó estático y Severus lo arrastró con él hasta la puerta que daba al despacho del ministro Rufus Scrimgeour. -¡¿Quién demonios son ustedes?! -Preguntó Rufus apuntándoles con su varita. -Vamos señor ministro, no venimos a jugar a los palitos mágicos -dijo Harry que con un movimiento leve de su mano la varita del ministro apareció en la izquierda-. Veo que no reconoce al que se ha librado de la muerte en más de una ocasión, ¿o me equivoco, señor Ministro? -¿Quién eres tú? ¡Responde! -El ministro se veía temeroso. -¿En serio quiere saberlo?... -Preguntó Harry con cierto desdén en la voz. -Sí -titubeó el ministro no tan seguro ahora. -Bien, usted lo a querido así -Harry se quitó la capucha y el ministro de magia al igual que Percy se llevaron la mayor impresión de su vida. -¡No! ¡Esto no puede ser! ¡Tú estabas muerto! El grito del ministro se escuchó casi en todos los lugares del ministerio, que para ser sinceros era bastante grande y más había crecido en el tiempo que estuvo Harry ausente. Harry algo molesto por el grito del ministro y la cobardía de Percy con un movimiento de fastidio indicó a Severus que sellara las puertas con silenciadores y hechizos para que nadie pudiera entrar. -¿Me va a decir que no se alegra de verme? -Dijo Harry irónicamente-. Vamos ministro, ¿acaso Voldemort le comió la lengua antes de que lo matara? -terminó de decir Harry soltando una leve carcajada. -¡P-p-p-pero t-t-t-tú, tú estabas muerto, nadie te encontró, nadie supo que había sido de ti, Potter, te vimos como desapareciste cuando te tocó la maldición imperdonable! -El ministro recordaba el momento de la escena con detalle y no se explicaba que era lo que había ocurrido. -Pues ya ve que no, sobreviví gracias a ellos -dijo señalando a los dos encapuchados hombres quienes con un movimiento se quitaron las capas y dejaron ver sus rostros. -¡Draco Malfoy y Severus Snape! ¡Ellos son unos traidores, deben ser ejecutados en el instante! -Gritó Percy poniéndose enfrente de Draco y apuntándolo con la varita. -Déjate de estupideces, Weasley -Harry con una onda de poder mágico lo aventó nuevamente contra la silla en donde antes estaba sentado y le arrebató la varita aventándola hacia la pared-. Ahora, señor ministro, si es tan amable…, tenemos varios puntos que discutir, así que le recomiendo que nos sirva un poco de té caliente y que se relaje para que escuche todo lo que tengo que decirle ya que es muy importante -Harry se convocó cinco sillas para él y para sus amigos quienes se descubrieron la cara y se sentaron esperando el té que estaba sirviendo nerviosamente Rufus con un Percy que no se podía mover del miedo que le provocó el chico de cabello negro desordenado. -Bien, creo que los aurores están llegando y se están agrupando para poder entrar, pobres idiotas, nunca van a poder pasar mis barreras -dijo Snape sonriente y con sarcasmo evidente. -Sí, pero ya vez como son de testarudos todos por aquí -dijo Luna sonriente. -Supongo que ahora me dirás el por qué de tu desaparición, ¿verdad, Harry? -Preguntó el ministro con una media sonrisa y sentándose en su silla. -¡Oh, pero claro que sí señor ministro!, será mejor que pongan atención en cada una de las palabras que les voy a decir porque no lo volveré a repetir. Tal vez era una locura, pero para todos los presentes, la voz de Harry sonaba más arrogante que la de Draco cuando iban en el colegio Hogwarts. -Para empezar, ¿recuerda el día en que desaparecí, el momento en que la maldición me dio de lleno en el pecho? -Sí, a partir de ese día no te volvimos a ver -contestó el ministro seriamente. -Pues bien, no sé ni como demonios pasó, pero al parecer la magia de amor que dejo mí madre en mí salió de nuevo a relucir, eso o algo más…, fue lo que me ayudó a casi no morir, no sé ni donde aparecí, pero Severus Snape y Draco Malfoy me ayudaron a vivir -Harry vio la expresión de Scrimgeour en el rostro y antes de que él dijera algo Harry siguió hablando-. Ellos nos ayudaron en la guerra, señor ministro. Se preguntará de que manera -el ministro asintió, Harry dio un sorbo al té y sonrió-: Como tres meces antes de que Voldemort supiera que iba tras su pista, Severus y Draco se unieron a mí en la lucha, me dieron el paradero de los objetos que le hacían inmortal. Me ayudaron e hicimos el juramento inquebrantable, pero este era diferente, si uno de los tres lo rompía, los tres corríamos el riesgo de morir -el ministro al oír eso, al igual que Percy, Luna y Alisé abrieron los ojos como platos y con las miradas a las que no se les podía medir el grado de sorpresa-. Pero como ve ninguno lo violó. Ya el día que llegó puesto en el momento en que teníamos que cumplir la profecía que se rompió y que les revelé un día antes de la batalla, ellos situados en la parte trasera del batallón empezaron a deshacerse de los mortífagos, por eso cuando ustedes llegaron a esa parte encontraron a varios inconscientes, amarrados y alguno que otro muerto. Si ellos no hubieran intervenido ustedes no hubieran tenido posibilidad de ganarle a los mortífagos. -Entonces ellos no son nuestros enemigos -dijo el ministro realmente aliviado. -No, y nunca lo serán, pero debo advertirle señor ministro, que lo que seguramente vio en el cielo, es una profecía, algo nuevo se avecina, más poderoso que él mismo Voldemort -aunque el lord ya estuviera muerto, Rufus y Percy sintieron un escalofrío-. Aún no sé que sea, pero la tercera era de oscuridad empezó -Harry no sonaba preocupado, solo mostraba indiferencia por la situación. Luna sabía que su frialdad era legítima y no fingida. -Pero… ¿Quién…? ¿Quién será capaz de tener más poder que el innombrable? -Preguntó el ministro evidentemente preocupado. -No lo sabemos, señor -contestó Severus-. Pero sea quien sea no podemos permitir que destruya más cosas de lo normal. -Sí, pero lo que no entiendo es como pasó, ¿por qué nunca regresaste? Todos te esperábamos con ansias -comentó el ministro viéndolo fijamente. -Hace casi dos años traté de regresar, pero al ver las tumbas de mis padres me encontré con que mis amigos me habían dado la espalda. Usted dígame, ¿regresaría si se enterara de todo eso? -No, creo que no… -Fue por eso que me deshice de mí poder mágico por un buen tiempo, hasta el momento… que casualmente es ahora…  debería que recuperarlo. Todo lo que el mundo conoce se irá derrumbando, día con día, el poder oscuro empieza a resurgir de nuevo. Ahora le preguntó: ¿está de mí lado, o en mí contra? El ministro pareció titubear unos momentos, pero su decisión era definitiva. -Estoy contigo, sólo espero que sepas lo que haces. -Claro, no por nada derroté al mago al que todos temían. Pero la verdad no creo salir vivo de ésta, pero haré mí mejor esfuerzo, no permitiré que el mundo caiga en las manos de un idiota que ha estado dormido por varios cientos de años. -¿Pero como te ayudaremos? -Preguntó Percy poniéndose de pie y parándose enfrente de Harry quien lo miró con sorpresa. -Deduzco que quieres ayudarme -Dijo Harry con el seño fruncido. -Sí, ahora es momento de que me rectifique, y qué mejor manera de hacerlo al lado de la persona que nos salvó dos veces del innombrable -contestó Percy decidido, cosa que hizo sonreír a Harry satisfecho. -Muy bien Percy, tu corazón siempre fue noble pero ingenuo y testarudo, si tu deseo es ayudar, se te será cumplido -respondió Harry con una sonrisa que mostraba satisfacción y felicidad. -Pero, ¿cómo actuaremos? -Preguntó el ministro algo confuso-. No sabemos cuando ni como va a empezar esto. -Al parecer empezará el día de hoy, según lo que logramos ver en la profecía en el cielo cuando caiga la noche, los pasos se mostraran y nuestro verdadero enemigo se mostrará, aunque supongo que aún no tiene fuerzas para levantarse, además tengo que buscar un objeto que me dijo Dumbledore tiempo atrás y quisiera visitar las tumbas de mis padres, y estar un momento en la casa en donde vivían, supongo que estará allí aún. -Sí, está todavía allí, pero sigue destrozada, nadie se atreve a poner un pie dentro. -Bueno, eso está bien, además tengo que ir en la noche a Grimmauld Place. Tengo que recoger algunas cosas que dejé en mí cuarto. -Por cierto señor ministro -habló Draco quien temía la respuesta de la pregunta que iba a realizar-. ¿Sabe que pasó con mis padres? Todos inmediatamente guardaron silencio, Harry más que nada no quería escuchar eso, bastante era con ya sufrir que él no tuviera padres y Luna al igual que Alisé estuvieran en la misma situación. Pero con Draco sería diferente. El ministro titubeo por unos segundo, respiró profundo y soltó el aire para empezar a hablar. -Lamento informarte que tu madre murió en un convoy de mortífagos, pero lo que no sabemos es dónde quedó su cuerpo, supuestamente por algunos rumores dicen que su cuerpo se quemó cuando tu casa, la mansión de los Malfoy fue destruida por los mortífagos, el día en que tu padre puso resistencia contra los aurores, no sabemos de lo que fue de tu padre, pero según las investigaciones, está en compañía de Pettegrew y Amycus quienes están juntando a los mortífagos para volver a amenazar a Inglaterra. Draco sintió como si un balde de agua de los polos le cayera encima, no sabía el como reaccionar ante la perdida de su madre, por su padre no le importaba en lo mas mínimo por que su padre nunca se preocupo por él, pero su madre sí, y eso era lo que más le dolía, sin saber como hablar o como reaccionar, Draco se sentó en la silla y solo bajó la mirada dejando escapar una lágrima. Alisé lo abrazó, tenía que estar con él, no lo dejaría caer, Luna también se abrazó a Draco y Snape le puso una mano en el hombro en señal de apoyo. -No te preocupes Draco, ya habrá tiempo de llorar por los que nos dejaron, pero este no es el momento, buscaremos sus restos, podemos encontrar las cenizas que aún fueron de ellas en lo que fue tu hogar, y le haremos los honores correspondientes, es tu madre y es duro perder a un ser tan amado como ese, pero no es tas solo, tú mismo me has dicho esas palabras, y quien más a tu lado que Alisé, Draco, no te preocupes, no dejaremos que más gente muera. Draco entendió las palabras de Harry y ya más seguro le sonrió, sonrisa que devolvió Harry, los dos se habían vuelto muy buenos amigos y se entendían con las miradas, cosa que nunca logras con mucha gente que digamos. -Tienes razón Harry, ya habrá momentos para llorar, ahora tenemos que centrarnos en cosas más importantes -la respuesta de Draco fue directa, cosa que hizo a todos sentirse mas tranquilos. -¡Bien! Por ahora, creo que nos tendremos que retirar señor ministro, no quiero que sus aurores se preocupes por usted demasiado, le pido de favor que les diga que no los quiero enfrente de mi camino, o los mataré si no hacen caso. -Muy bien Harry, eso haremos. -Ah, por cierto. Una cosa más… -Sí, ¿dime? -Percy, ¿me podrías hacer el favor de buscar información de las personas que te nombraré? -Claro Harry, sólo dímelas -Percy sacó de su bolsillo una libreta y una pluma. -Bien, entonces quiero que busques a las personas con el nombre de: "Romilda Vane, Seamus Finnegan, Pansy Parkinson, Michael Corner, Cho Chang, Parvati y Padma Patil, Lavender Brown, Susan Bones, Katie Bell, Colin y Denis Creevey, Angelina Johnson, Lee Jordan, Alicia Spinnet, Blaise Zabini, y Terry Boot." Necesito saber que fueron de esas personas, tal vez me puedan servir para algo -dijo Harry pensativo. -Muy bien, te las tendré listas para como a las siete de la noche -dijo Percy, viendo los nombres y sonriendo al saber que ya tenía a varios de ellos casi a la mano. -Muy bien, muchas gracias Percy. -¿A dónde irán por lo mientras, Harry? -Preguntó el ministro curioso. -Me parece que iremos primero al cementerio del Valle de Godric, después iremos a restaurar mi casa, para allí hospedarnos en lo que dan las siete para venir a verlo. Por lo mientras le pido que de favor no le diga a nadie nuestra verdadera identidad, con el tiempo todos sabrán que hemos vuelto a saldar cuentas pasadas. -Muy bien, pero cuídense, es posible que los mortífagos al enterarse de que has vuelto traten de buscarte para matarte. -Sí, señor ministro, nos andaremos con mucho cuidado, ahora ustedes también cuídense, regresaremos más al rato. -Sí. Harry, los aurores están afuera… -No creo que nos lleguen a tocar, ellos siempre fueron muy inútiles, no creo que eso haya cambiado. El ministro no se ofendió por el comentario, sabía que era verdad las palabras de Harry. … Mientras tanto en el hall principal del ministerio varios aurores estaban dispersados, esperaban el momento de que los mortífagos aparecieran, fue en ese momento que llegaron Arthur Weasley y Remus Lupin para dar apoyo a los quince aurores que estaban dispersados.

-¿Cuál es la situación, Gregorio? -Preguntó Remus a un auror como de unos veinticinco años que estaba detrás de la fuente. -Cinco mortífagos entraron en el despacho del ministro y no han salido, no sabemos si el ministro y el joven Weasley siguen con vida -contestó Gregorio. Arthur que lo escuchó todo no pudo evitar sentirse muy preocupado, por más que estuvieran peleados con su hijo él lo amaba. -¿Cuanto tiempo llevan allí? -Preguntó Arthur. -Alrededor de unos cincuenta minutos, al parecer tienen una charla muy amena -dijo otro auror que llegó junto a ellos. -Estense alerta, no podemos dejar que estos cinco se nos escapen. -¡Sí señor! Remus y todos los demás se colocaron en posiciones, tenían que atraparlos a como diera lugar. … -Señor ministro, para que nos reconozcan, dígales que se fijen en el símbolo que nosotros llevamos en el pecho, si se da cuenta es la flor de lis, los que traigamos esto no somos mortífagos. -Bien, eso haré. -Nos veremos más al rato… -dijo Luna inclinando levemente la cabeza. Quitaron los hechizos y salieron del despacho del ministro, se encaminaron hacia la puerta mayor y al abrirla varios aurores se pusieron en frente de ellos, con las varitas alzadas y dispuestos a atacar. -¡No se preocupe ministro! -Dijo Arthur quien estaba enfrente de todos los aurores-. Enseguida nos desharemos de estos mortífagos. El ministro iba a decir algo pero Harry en frente levantó la mano para que no dijera nada. A nadie de los encapuchados se les veía el rostro, Harry empezó a avanzar seguidos de sus amigos y se abrieron camino por los aurores con una actitud desafiante. -¡Atrápenlos! -Gritó Remus. Varios hechizos salieron de las varitas de los aurores, Harry sonrió y sus ojos empezaron a brillar, un enorme y grueso campo de magia verde rodeó a los encapuchados y las maldiciones rebotaron contra los aurores que uno a uno salían disparados contra las paredes de la estancia, haciendo leves cuarteadas en las paredes. Remus que quedó en pie vio sorprendido y con la mirada de "no lo puedo creer" como el encapuchado que iba hasta adelante se regresaba y con una sonrisa que se le formaba en el rostro dijo: -Aquél que vuelva a ponerse en nuestro camino lo mataré. Que les quede claro. No somos mortífagos y nunca lo seremos, ustedes jamás podrán contra nosotros, son unos inútiles y jamás debieron haberse metido en este oficio, si no saben usar la magia mejor retírense -Harry se giró para seguir caminando hacia la salida. -¡Cómo te atreves a decir eso maldito estúpido! -Gritó Remus. Harry giró levemente la cabeza haciendo que sus ojos se dejaran ver tras las gafas que traía. Fue cuando Remus lo vio, reconocería esos ojos, pero Harry no lo dejó hacer ningún movimiento Remus quedó paralizado ante el hechizo que Harry le lanzo y con una sonrisa Harry lo envió de lleno contra la fuente dejándolo en el agua y sin posibilidad de moverse, lo cual podía provocar que este se ahogara. Sin más que decir los encapuchados desaparecieron del lugar. Los aurores que ya se habían recuperado sacaron a Remus de la fuente quien movía sus pies fuertemente. Todos tenían expresiones diferentes en el rostro, nadie podía creer que el encapuchado quien sin hacer ningún movimiento los hubiera derribado y vencido en cuestión de segundos, el ministro vivió a sus asuntos. -Les recomiendo que no se metan con ellos sino quieren morir, no tienen oportunidad con ellos, y menos con el que los lideraba -el ministro decía esto mientras todos los que estaban en el hall principal lo veían asombrados-. Ahora váyanse… Percy, sigamos con lo que nos pidió. -Sí señor -respondió Percy. -¿Pero quienes eran, señor? -preguntó Arthur sospechosamente. -Eso no me incumbe decirlo a mí, ustedes sabrán en unos días o quien sabe cuando. Ahora si me disculpan tengo muchas cosas que hacer. El ministro y Percy entraron en las oficinas y empezaron a recolectar la información que les había pedido Harry minutos antes. **†禾†**En la madriguera todos seguían pensativos respecto a lo que había ocurrido horas antes. Ginny estaba en la cocina desayunando, Lierin ya se había ido a trabajar y Ginny sospechaba de que no era así pero no le tomó mucha importancia a eso, no podía quitarse de la cabeza el que Harry regresara.

¿Será verdad que él va a volver? -Ginny se hacía estas preguntas en su mente-. ¿Cómo estará? ¿Seguirá amándome? ¿Cuánto habrá cambiado? -Estas preguntas se arremolinaban en su cabeza. -¡Ginny! -Llamó la señora Weasley, pero Ginny seguía sumida en sus pensamientos-. ¡GINNY! -El grito de Molly hizo reaccionar a Ginny quien sobresaltándose derramó su taza de té y se quemó la mano. -¿Qué? -Ginny no sabía que decir, ni siquiera estaba en otra cosa. -Te estoy hablando. -Bueno, ¿y qué quieres? -Dijo Ginny limpiando la mesa con un trapo. -Te preguntaba que si estabas bien -contestó su mamá. -Pues… sí… -Es que te veías tan pensativa que me preocupaste -dijo Molly. -Estaba pensando mamá, eso es todo -y sin más que decir salió de la cocina rumbo a su cuarto. -¡Trata de arreglarte ya amor, hoy es la reunión en Grimmauld Place! -Gritó Molly a su hija que ya había llegado al final de las escaleras que daban a su cuarto. Ginny caminó lentamente hasta su cuarto y se aventó en la cama a seguir pensando en las posibilidades de que Harry regresara. **†禾†**En el ministerio de magia los aurores aún seguían con el alma en el infierno, pues seguían con la vergüenza que les hizo pasar el encapuchado antes de que ellos se marcharan. … Remus Lupin estaba sentado en la fuente recordando a cada rato esos ojos brillantes de color verde, no se había percatado de los lentes pero sin duda alguna tenía la creencia de que la persona que lo atacó no era otro que el propio Harry.

-¿Te pasa algo, Remus? -Preguntó Arthur que se sentó a su lado. -No, es solo que… -Remus meditó un momento-… Me pareció reconocer al encapuchado que nos regresó los ataques, ese poder mágico lo he sentido antes y esos ojos verdes tan profundos. -¿De quien hablas, Remus? -Creo que uno de los encapuchados era Harry, Arthur -Remus lo dijo sin mirarlo. Arthur solo ensanchó más los ojos, no podía ser cierto, aunque ellos creían que Harry estaba muerto lo que vieron pocas horas antes en el cielo, podría referirse a Harry quien había una vez más burlado a la muerte. -Eso es imposible, Remus… -No creo, tú mismo viste lo que decían las letras en el cielo, al parecer Harry está vivió. -Pero, ¿entonces por que nos atacó? -Preguntó Arthur ligeramente preocupado y sorprendido. -No lo sé, tal vez solo fue un reflejo que vi, tendremos que esperar para saber. -Sí, no te preocupes Remus, mejor ve a descansar. -Sí, creo que tienes razón, Tonks debe estar esperándome. Pero antes de que Remus desapareciera, Ron venía corriendo hasta ellos con una expresión de terror en la cara, algo que asustó a todos los aurores que lo vieron y lo siguieron para escuchar las noticias. -¡Padre, Remus! Ha habido un ataque en las afueras de Luton, en un pueblo cercano. -¿Qué dices? -Dijo Remus alterado. -Sí, los cuerpos están mutilados, fue una masacre. -¡Por dios! Vamos inmediatamente. ¡Todos los aurores vayan a la afueras del pueblo que está en Luton! Varios y sonoros crack se escucharon en todo el hall principal del ministerio que quedó deshabitado, sólo el sonido del aire que se había provocado se escuchó, pero muy levemente… … En las afueras de Luton, en un pueblo en donde la gente en esas horas del día estaban ya ocultos en sus casas, pues casi todos ya se habían enterado de los sucesos que ocurrieron momentos antes. Al llegar los aurores, vieron que todo el lugar estaba cercado, el pueblo que era totalmente mágico, puesto que no había problema en eso de sacar las varitas.

-¿Qué es lo que sucedió? -Preguntó Remus preocupado. -Fue una masacre total, no sabemos lo que lo ocasionó, pero los cuerpos están sin órganos, y su sangre fue drenada. Arthur, Remus, Ron -que algo ya sabía- y los demás aurores que escucharon esto se sorprendieron al escuchar las palabras del auror que los recibió. -¿Podemos entrar? -Preguntó Remus temeroso de ver lo que se encontrarían. -Sí, claro, pero les recomiendo que los que no soporten escenas como estas no entren. -¿Tan aterrador es? -Gritó uno de los aurores que estaba hasta atrás. -Mucho peor. Todos los aurores recién llegados entraron lentamente al salón de disco y al enfocar bien las vistas todos querían gritar, hubo unos cuantos que salieron rápidamente del lugar y empezaron a vomitar puesto que era muy asqueroso lo que se veía. Remus no podía creer lo que estaba viendo, los cuerpos severamente mutilados, con agujeros en el estomago, sin ojos, la piel que parecía un costal de huesos colgaban sobre las paredes y los objetos que habían dentro. -¿Quién diablos hizo esto? -Preguntó Ron que se le venía la comida por la garganta. -Nadie lo sabe, no quedó ninguno con vida y vimos a otros dos jóvenes que estaban igualmente mutilados a unas cuantas calles de aquí -dijo Oliver que era el auror que los recibió. Seguían viendo los cuerpos, eso era realmente asqueroso. -¿Crees que hayan sido los mortífagos, Remus? -Preguntó Ron con algo de enojo. -No lo sé, pero sea quien sea que lo haya hecho, tenemos que atraparlo cuanto antes, o puede que ataque más lugares. -Cierto. Todos seguían examinando el lugar, pero al parecer no encontraban ninguna pista, se habían enterado de que un niño tuvo un ataque pero que murió dos horas antes debido a una infección en la garganta, producto de dos profundos cortes en las orillas de su cuello. Sin más rastro alguno, los aurores se dedicaron a limpiar el lugar, con el temor y el recordatorio de que a lo que se enfrentaban ahora era algo que no tenía ni una pizca de estar cuerdo. **†禾†**La lluvia azotaba el Valle del mago legendario, la oscuridad del día se hacia propicia al parecer en todos los lugares de Inglaterra, no sabían si en los demás países del mundo todo estaba igual. Un crack se escuchó en las cercanías y se dispersó con el viento fuerte que movía los árboles con violencia. Un enorme cementerio se extendía por la colina, las puertas que custodiaban el recinto sagrado de los muertos  de color negro ya estaba muy oxidada por el agua. Con un solo toque de la mano de Harry la puerta se volvió a reestablecer y a brillar de negro a pesar de que no había luz que reflejara el color.

-Creo que si este es un lugar sagrado al menos deberían componer la puerta -Harry lo dijo al viento, pero todos lo que lo acompañaban sonrieron al ver el acto. Entró decidido y caminó por entre las tumbas hasta el árbol que se alzaba en la cima de la colina donde cinco tumbas se extendían por el lugar. Harry llegó al fin a las tumbas y con enojo al ver lo descuidadas que estaban las tumbas de sus padres y la de Sirius, con un movimiento de su mano las tumbas quedaron en perfecto estado. Lanzó un rayo y destruyó las tumbas que representaban a Harry y Luna, y las pulverizó sin dejar rastro alguno. -Veo que nunca antes alguien ha venido a visitarlos, ¿verdad? -Harry se hincó ante las tres tumbas-. Les pido perdón por no haber venido a visitarlos en todo este tiempo, me olvidé de ustedes y de todo contacto con esta tierra, pero ustedes más que nadie deben entender la razón de mis actos, sufrí mucho por la perdida de ustedes tres, ¿quién diría que años más tarde sería todo un hombre? He regresado madre, he regresado nuevamente. Ha cumplir un destino incierto para mí, padre. Sólo espero que si en esta guerra doy mí vida, mis acciones sean suficientes para estar con ustedes, Sirius. Ésta será la última pelea en la que estaré presente -Harry se cortó levemente la palma de su mano y exprimiendo las sangre manchó las tumbas de sus padres y la de su padrino-. Si con mí vida he de pagar el precio de la paz, gustosamente aceptaré el infierno o el cielo como un castigo al cual he de llegar. Pero juro que sea quien sea, el ser que venga a quitarnos la luz nuevamente, no lo dejaré vivir, y si conmigo se tiene que ir al infierno así será -una luz brilló en las tumbas y el esplendor de las calidas presencias acompañó a Harry en ese momento. Para sorpresa de los cuatro videntes, Lily Potter, James Potter y Sirius Black aparecieron en espíritus y se juntaron en un abrazo que Harry sintió cálido pero sin mirarlos. Las presencias desaparecieron y Harry se levantó del suelo húmedo por la lluvia que caía. Con otro movimiento hizo aparecer cuatro ramos de flores, tres de ellos los puso en cada una de las tumbas y con paso decidido se dirigió a la tumba a la cual Luna iba a visitar. Repitió los mismos movimientos de sus manos y la tumba quedó limpia y reluciente colocó la flores y se hincó para luego darle el lugar a Luna quien parada y mirando al cielo derramó dos lágrimas por su padre. -¡He regresado padre! Al lugar donde me educaste, es difícil después de estar ausente tres años. Te extraño mucho padre mío, pero sabes, ahora tengo a un amigo que me cuida en las buenas y en las malas, que me ha dado su apoyo y al cual considero un hermano, también tengo a otros tres amigos que al igual que Harry me han ayudado y he podido seguir adelante. Ahora tengo que irme padre, puesto que nuevos peligros se avecinan y es momento de pelear una vez más. Te veré después -Luna sonrió ante la tumba y se giró para quedar frente a sus amigos quienes le dedicaron una sonrisa sincera y juntos salieron del cementerio. Iban caminando por las calles y al final del Valle, unos cuantos metros entre el bosque, la casa donde alguna vez se ocultaron los Potter se hallaba desecha y solo con unas cuantas partes aún en pie. -¡Recupera tu forma original, te lo ordeno, yo, él ultimo descendiente de los Potter y único heredero de los mismos! ¡Álzate y recupera el calor de una familia que alguna vez tuviste en tu interior, pues una nueva familia te habitará! ¡Aquí es donde las razas se unirán! La casa empezó a brillar, y muchos en el Valle se dieron cuenta que algo raramente increíble estaba ocurriendo en la casa destruida de los Potter, pero nadie se atrevió a ver lo que sucedía. Harry fue el primero en caminar hasta la casa, abrió lentamente la puerta y vio con los ojos aguados que su casa estaba igual que cuando era un bebé, la casa por si sola no era tan chica, Harry entró y recorrió la casa con sumo cuidado, todos se habían agrupado, subió las escaleras y vio que en ella habían cinco habitaciones, inmediatamente abrió la del pasillo y recordó con mucho cariño que era la que él ocupaba, aún habían juguetes de bebe que mucho tiempo utilizó. Abrió la de al lado y vio que esa era la de sus padres, una hermosa cama matrimonial se extendía en el centro y una ventana daba al Valle donde se podía observar el pueblo y las luces casi cubiertas por la densa lluvia. Bajó a donde se encontraban sus amigos, sentados, y los observó con una sonrisa satisfactoria. -Veo que te a hecho mucho bien el ver tu casa -dijo Draco sonriente. -Sí, ahora, tendrán que ver las habitaciones para decidirse cuál quieren, la que esta al fondo no por que esa es como un recuerdo para mí y la de al lado es la de mis padres, yo me quedaré allí, pero por lo que vi las demás habitaciones si están muy bien y están muy espaciosas. Pero mañana tendremos que arreglar la casa, quiero hacerla mucho más grande y más bonita. -Eso estará muy entretenido -dijo Luna emocionada. -Eso espero. -Bien, iremos a ver las habitaciones. -Sí, instálense y todo, estaré en la cocina. Harry se encaminó a la cocina, se sentó en una silla de la mesita y empezó a recordar muchas cosas que no tenían importancia, de pronto la profecía que apareció en el cielo se le vino a la mente y empezó a repasarla. -Bueno, es lo de menos la profecía, tengo que seguir con lo que tengo planeado, esto va a ser más difícil de lo que pensaba. Con un suspiro Harry se levantó de su asiento y miró por la ventana la negrura de las nubes que cubrían el día en esos momentos. Decisión y determinación era lo que se podía ver en los ojos esmeralda que en sus cuencas oculares embonaban. Determinación a enfrentar lo que próximamente se les venía encima.

"Heero Ainur Yuy Inou..." "Ultimo Caballero Templario..." "Líder Vampírico..." "Au revoir"

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»»"…-… -Es muy acogedora ésta casita, ¿verdad? -Dijo Alisé viendo por la ventana que daba al bosque.

Harry y la cajera que lo atendió llevaron las bolsas en doble vuelta y las pusieron en donde la gente nadie los veía, cosa que extrañó a la chica.

-¡Estúpidos cretinos, Harry está muerto y eso no va a cambiar! -El joven pelirrojo sonrió con ironía-. No puedo creer que después de tres años sigan con la esperanza de que van a volver, esa dicha profecía a de ver sido obra de algún mortífago que busca llamar la atención…"««