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Historia 46666 — capítulo 3
-¿Así que bajo coeficiente eh?-dijo Edward propinándole un puñetazo en la cara a Mike.
La reacción de Mike fue casi inmediata, se abalanzo fieramente sobre Edward y también le propino un puñetazo, al parecer más fuerte, porque del labio de Edward comenzó a salir un fino hilo de sangre.
A nuestro alrededor se había formado un improvisado círculo de curiosos que cuchucheaban y gritaban alentando. Al parecer aquí no pasaban grandes cosas, por lo que una pelea era lo máximo.
- Mike ya vámonos, no le hagas caso, por favor- le decía Jessica, tratando de agarrarlo por la chaqueta ayudada por Eric.
Mike estaba lejos de hacer caso, se veía totalmente fuera de si, se notaba que había estado esperando hace mucho un ajuste de cuentas, y claro, yo había sido la excusa perfecta.
Si Mike se veía fuera de si, Edward estaba hecho un demonio, rojo de ira, agarro por el borde de la chaqueta a Mike, dispuesto a seguir la pelea. Pero este fue mas astuto, además no era un debilucho y se le hizo fácil soltarse, propinándole otro golpe en la mejilla. Acto seguido, un combo justo en la nariz de Mike, de la cual comenzó a salir a borbotones la sangre.
- ¡Edward ya para!- le dijo uno de sus amigos, tomándolo firme por el borde del polerón.
Pero Mike ya estaba encima de Edward nuevamente, deseoso de venganza. Eric por fin lo agarro por un costado y evito que le propinara otro golpe a Edward.
Ambos se encontraban fuera de si, trataban de soltarse, y propinaban sendas patadas en medio de todo el estruendo que provocaba el improvisado público.
-¡¿Que sucede aquí?!- dijo una voz por entre medio de toda la multitud.
Como por arte de magia, todos se callaron, sus rostros pasaron de la euforia por la reciente pelea, a la preocupación. Esa voz debía provenir de alguien muy respetado.
- ¡Demonios, el rector! - susurro Jessica con los ojos desorbitados.
Ya no había necesidad de sujetar ni a Mike ni a Edward, ambos se habían quedado quietos y callados apenas escucharon la voz proveniente del rector, como lo había llamado Jessica.
Era un hombre más bien bajo, llevaba un bigote negro, y comenzaba a tener el pelo canoso, era regordete y parecía que le costaba esfuerzo el más mínimo movimiento, pues parecía una babosa de tan sudado.
-
¡Demen sus nombres inmediatamente caballeros!, en nuestro instituto no se permiten riñas- les dijo el rector mirando a Mike y a Edward severamente.
-
No estábamos peleando, solo discutíamos acerca de algo, ustedes sabe, diferencia de opiniones.- le dijo Edward.
Pero esta vez su voz no sonó tan convincente, sus ojos de fiera lo delataban, pero aun así me asombre de lo manipulador que podía ser. Además resultaba evidente que ahí ocurría algo más que una simple discusión.
- A mi nada de explicaciones, los llevare directo con el director.
Al parecer la mentira de Edward no lo había convencido para nada, era muy suspicaz.
-
No señor, por favor….- balbuceaba Mike.
-
Ya les dije, sus nombres por favor.
-
Mike Newton.
Hubo un silencio, Edward miraba lleno de ira hacia su contrincante, al parecer no quería dar a conocer su nombre por nada en el mundo.
- No se moleste señor Cullen, no hay necesidad.- le sonrío irónicamente el rector.- Por favor, acompáñenme.
Edward resoplo, sus ojos ardían de ira y rabia. Al contrario de él, Mike se veía muy apesadumbrado, me dio mucho remordimiento, todo había ocurrido por mi culpa.
El circulo de cabezas curiosas se hizo un lado cuando el rector caminó, llevando a Mike y Edward con el. Al pasar, Edward le dijo algo a sus amigos, no me llegue a enterar de que era, porque no había hablado, solo movió los labios. Mike no me miro, pero cuando Edward estuvo a mi distancia, sus ojos se posaron en mí, me fije que eran de color caramelo, pero no eran dulces como este, si no más bien duros y me miraban con ira.
Lo mire yo también, pretendiendo hacerme la dura, nuestros ojos se encontraron, no seria yo quien desviaría la mirada primero. Siguió su camino echando humos.
-
Pobre Mike, fue una estupidez lo que hizo.- me dijo Jessica ayudándome a recoger mis cosas que aún estaban regadas por el piso, Mike iba con la cabeza gacha a una distancia prudente del rector.
-
Realmente una estupidez.- afirmo Eric.
-
Fue mi culpa.- les dije mordiéndome el labio, me sentía pésimo.
-
No claro que no Bella, Mike solo estaba esperando la oportunidad, y esto fue la gota que rebalso el vaso.- me dijo Jessica aun preocupada.
-
Sí Bella, además Cullen se merecía los golpes. Le hacían falta.- dijo Eric, tratando de sonreírme.
Ni con todo lo que me dijeran, me sacarían de la cabeza que aquello era mi culpa, como no, si los problemas me perseguían.
-
¿Que les harán ahora?- les pregunte.
-
De seguro no se la pondrán fácil.-me contesto Jessica meneando la cabeza.
-
Vamos, será mejor que vallamos al comedor, aun tengo hambre.- dijo Eric poniéndose en marcha.
Con todo lo sucedido se me había olvidado por completo el almuerzo, hubiese deseado poder ayudar a Mike, haber salido en su defensa, explicar que él no tenia la culpa, que era Edward quien había iniciado todo, bueno en teoría, pues el me había empujado, pero Mike había empezado con los insultos…
- Vamos Bella, cambia la cara, de seguro los harán barrer pisos por unos días, nada mas- me animó Jessica cuando entrábamos en el comedor.
Eso no me tranquilizo para nada, ni tampoco me tranquilizo que varias de las personas en el comedor me miraran tanto, de seguro la pelea había llegado a oídos de todos, y también el origen de ella.
Cogimos bandejas y nos pusimos en la cola para la comida, aun me sentía muy incomoda, las miradas no cesaban, aparte de ser nueva, había incitado una pelea, genial.
Tomé un poco de arroz, carne y ensalada, y compre un refresco. Tal cual había dicho Eric, al llegar tarde ya no quedaba pudín, así que nos quedamos sin postre.
Nos sentamos en una mesa cercana a la ventana, al parecer esa era la habitual para ellos. Conversaron acerca de los posibles castigos para Mike, el mas probable era el de limpiar baños por una semana, según me dijeron el director era muy creativo.
Revise mi horario, ahora nos tocaba…
-
Ingles es muy divertido, la profesora es muy permisiva.-se me adelanto Eric.
-
Sí, de hecho es mi ramo preferido solo por eso.- me sonrío Jessica poniéndose de pie.
-
Allá era todo lo contrario, odiaba Ingles solo por el profesor que lo impartía- dije entornando los ojos del solo recuerdo.
-
Ya veras, te va a encantar.- me aseguró Jessica.
Caminamos lentamente por el pasillo, Ingles quedaba un poco mas allá del comedor, por lo que no nos supuso mucho esfuerzo.
El aula era muy bonita, la mas adornada por lo menos de las que había visto, era de color celeste muy claro, y tenia palabras en Ingles por todos lados, parecía una sala de párvulo.
Tomé asiento junto a Jessica, Eric se sentó solo, atrás de nosotras, Mike aún no llegaba.
La profesora llegó un poco después, saludando en ingles, todos contestaron también en el mismo idioma.
La clase comenzó tranquilamente, tenían razón la profesora si que era relajada.
- Bien entonces, les voy a escribir todos los verbos en past simple en el pizarrón, apréndanselos porque pronto habrá un…
La frase quedo inconclusa, dos golpecitos sonaron tras la puerta.
- Lo siento profesora…
Era Mike, que venia visiblemente apenado. Cruzó el aula hasta donde se encontraba la profesora y le entrego un papel, esta lo leyó y asintió con la cabeza.
-
Bien, adelante, toma asiento.
-
Gracias.- contestó con voz débil, caminando hacia su pupitre.
-
¿Qué ha pasado?- le susurró Jessica, mirándolo hacia atrás, mientras este se sentaba.
-
Me castigaron por una semana.- contestó Mike negando con la cabeza, en claro sigo de desaprobación.
Todos lo miramos, era obvio que lo castigarían, pero a hacer que, era la pregunta.
- continua.- le alentó Eric.
Mike negó con la cabeza nuevamente, se veía muy contrariado, me sentí más culpable aun.
- ¿Es muy malo no?- le pregunto Jessica.
Mike solo asintió con la cabeza casi haciendo pucheros.
-
Tengo que limpiar baños.- dijo al fin con una mueca de asco en la cara.
-
Sí, lo sabia.- dijo Eric por lo bajo.
-
Pero no es solo eso, tengo que hacerlo junto a Cullen, tenemos que estar en todo momento juntos, ¿saben lo que significa eso?.
-
Lo siento tanto Mike.- le dije muy apenada, la culpa me asechaba.
-
No, no es tu culpa, escucha, toda la culpa es del imbesil de Cullen. Es un verdadero estúpido.
-
Profesora…
Hablando del rey de Roma, en el marco de la puerta estaba Edward con el mismo papel de Mike en la mano. Entro y le tendió el papel a la profesora. Por segunda vez, esta asintió y lo mando a sentarse.
Edward caminó hacia sus amigos, que lo esperaban muy ansiosos. Apenas se sentó, comenzaron a cuchuchear, como lo habíamos hecho minutos antes, nosotros con Mike.
No presté mucha atención a la clase, nunca me había gustado Ingles, y ahora no estaba en el plan de niña aplicada. En varias ocasiones
Mike miraba a Edward con cara de odio y se sobaba los puños.
Me percaté que Edward aún tenía el labio hinchado y colorado, al parecer Mike pegaba bastante fuerte. Pero Edward no lo hacia nada mal tampoco, Mike tenia la nariz hinchada, además de un moretón cerca del ojo.
La clase concluyó y yo no me había enterado de nada de lo que había dicho la profesora, tendría que ponerme al día.
-¿ Para que lado vives Bella?.- me preguntó Jessica arreglando sus cosas.
-
Cerca, pasando el negocio de muebles, hacia la izquierda, un poco más allá.
-
Mmm....., ninguno de nosotros vive para allá, pero te dejaremos en la esquina.
-
No, no tienen por que molestarse…
-
No, no es ninguna molestia- se le unió Mike.
-
Claro, te dejaremos en la esquina.- dijo Eric tomando su mochila.
Después de todas las molestias que les había causado, ellos se empeñaban en ser amables, me sentía pésimo. No pude menos que sonreírles, la primera sonrisa sincera desde mi estadía aquí.
Nos dirigimos todos juntos hacia la puerta, reían por el castigo de Mike, a mi no me parecía nada gracioso.
Mire sin querer antes de salir unos ojos caramelos, algo discutía con sus amigos, al mirarme, sentí mis mejillas calientes, de nuevo fue solo un momento, pero basto para parecer un tomate. Salí atolondradamente del aula.
Llegamos a la esquina, en donde estaba el negocio, Mike iba despotricando contra Edward y Eric y Jessica hacían burlas reiteradas sobre baños y limpieza.
-
En serio lo siento mucho.- le dije por enésima vez a Mike a modo de despedida.
-
Y yo en serio te digo Bella, tú no tienes la culpa.
-
Ya olvídalo si?.- Se despidió Jessica con una sonrisa.
-
Nos vemos mañana compañera nueva.- dijo Eric a la distancia.
Camine lentamente, no quería apresurarme, en la casa de Renèe no tenía mucho que hacer, tal vez leería algo.
Me fui fijando en cada detalle del vecindario, en cada perro, en las flores, en la gente que pasaba.
Hacia mucho frío, y al parecer iba a llover, el cielo estaba muy obscuro.
Me fui acercando poco a poco, hasta que pasé por al lado de la casa de Edward, a diferencia de ayer, ahora había estacionado en el frente de la casa, un descapotable rojo ma-ra-vi-llo-so.
Se notaba movimiento, aunque no logré ver nada.
Llegue a la casa de Renèe, noté lo pequeña que se veía al lado de la gran casa de Edward.
No podía encontrar las llaves, sabia que las había metido por alguna parte de mi bolso.
- Haber, les dije que no podía si?
Levante la cabeza, esa vos ya la conocía bien. En efecto, Edward Cullen y 2 de sus amigos, caminaban hacia la casa de este.
-
¡Edward, no puedes dejar el equipo botado por una semana!-le decía uno de ellos.
-
No estará botado Zac, estarán ustedes a cargo.- le contesto, con tono de impaciencia.
-
Sabes que no es lo mismo Edward.- le dijo el otro chico.
-
¿Y que quieren que haga?
-
Puedes sacarte el castigo, por dios no seria la primera vez.
-
No chicos, no puedo. Esta vez hablaban en serio, si queremos que el partido sea aquí, debemos hacer mérito.
-
¿Y que sacamos con que el partido sea aquí?, no vamos a ganarlo sin ti Edward.
-Tu y tus arrebatos estúpidos.
- ¡No fue mi culpa! Fue culpa del resentido de Newton, lo de la chica fue solo una excusa.
-¡Te hubieras evitado todo, sino hubieses empujado a la chica!
-¡La culpa de quien sea, al diablo con eso. Lo importante ahora es el partido Edward!
-
Bien, veré lo que puedo hacer, tratare de hablar con el director mañana.
-
Eso esperamos.
Edward dio por finalizada la conversación, giro sobre sus talones, y les hizo una seña con la mano a sus amigos, a modo de despedida.
Estos menearon la cabeza y se fueron lentamente, visiblemente enojados.
Alce las llaves, y abrí la puerta, le eche un último vistazo a Edward, quien saco las llaves de su bolsillo resoplando y entró a la casa.
Yo también entre a la mía, me saque la chaqueta y la colgué.
Así que al engreído de Edward, el castigo le había causado más problemas de los que me imaginé. Bueno el se lo había buscado.
Sentí pasos por las escaleras, alcé la vista. Era la gata de Renèe, que corría al encuentro de su ama, un poco decepcionada de que solo fuera yo me miro con desden.
- Hola Bonny.- le dije tratando de alzarla- que gorda estas eh?
Feliz de que la mimara comenzó a ronronear. Le hice cariño en el cuello y se enrosco en mi pecho.
Con la gata aún en brazos me dirigí a la cocina, estaba todo tal cual lo había dejado, tendría que ordenar y lavar mi plato.
- Comiste?- le pregunte a la gata, que me maulló tiernamente.
La deje en el piso y busque la leche en un mueble, siempre decían que a los gatos les gustaba la leche. Le prepare en un platito, la gata la langüetió con fervor.
Tomé mi loza y comencé a lavarla, ordene la mesa y guarde lo que no hacía falta.
Cuando acabé, me quede sin nada más que hacer, así que subí a mi habitación.
Al pasar mire de reojo la pieza de Renèe, de seguro la dejaba abierta para que Bonny durmiera ahí. Algo llamo mi atención, si no hubiese sido por eso, jamás hubiese entrado, no era una persona entrometida.
Era la habitación mas amplia de la casa, era de color blanco y se encontraba decorada por todos lados. Sobre un mueble tenía varios portarretratos, tome uno. En la foto se le veía a ella y a Jack, abrazados, con un hermoso paisaje atrás, Renèe llevaba el cabello un poco mas largo de cómo lo tenía ahora, desparramaban amor de solo verlos.
Deje la foto en su sitio y tome otra. Se veía una niña pequeña jugando con unas figuritas, tendida en el piso. La niña era yo, cuando tenía 3 años, se me veía muy sonriente.
Un poco mas al fondo, en otro portarretrato, logré ver a mis abuelos, deje mi foto sobre el mueble y tomé la de ellos.
Estaban más jóvenes, la abuela conservaba su cabello negro, pero al abuelo le estaban comenzando a salir algunas canas. Estaban abrazados y la abuela sostenía un ramo de flores, de seguro la fotografía había sido tomada en el cumpleaños de ella, o en alguna festividad.
Me sorprendió que Renée tuviera una fotografía de mí cuando grande, estaba en el costado derecho del mueble, la tomé y la observé detenidamente. Me encontraba afuera de la casa de mis abuelos, junto a John, el perro. Llevaba puestos mis pantalones preferidos, además de mis zapatillas preferidas, me había puesto una polera de tirantes, regalo de Rose mi inseparable amiga, mi pelo se veía muy largo, desparramado por mis hombros. El perro en vez de mirar a la cámara, me miraba a mi, Rose siempre solía decir que John estaba enamorado de mí.
Era muy raro ver mis recuerdos así, por las fotografías de Renèe, pero mas raro aún, era saber que ella conservaba todas esas fotos, eso me desconcertó.
Me sentí como una espía, estaba violando la privacidad de mi madre. Eso no era justo. Deje todas las fotos en su lugar y me fui rápido de la habitación.
Al salir de la pieza, comencé a escuchar la misma música que había oído ayer en mi habitación. Entré en ella, y me asomé por la ventana, si me oído no me fallaba, podría haber jurado que provenía de la misma ventana del segundo piso de la casa de Edward. Esta vez no escuche tarareos, solo la música.
Por segunda vez me pareció conocida, sonaba como una banda que Rose adoraba, no recordaba el nombre.
Derrepente la ventana de donde provenía la música se abrió, y vi claramente, el rostro de Edward Cullen. Como lo suponía, él era el responsable del bochinche de ayer, él había perturbado mi sueño con sus gritos aterradores.
Lo vi estirar una mano, la movió hacia arriba y luego abajo, como analizando el clima, no se veía muy contento, miró el cielo obscuro por unos instantes, algo dijo pues vi moverse sus labios, parecía como maldiciendo algo.
Luego giro su cabeza y cerró la ventana nuevamente.
Mire por un rato su ventana, Edward se veía muy ofuscado por algo, me pregunté si no era por lo de su equipo de Basketball, según habían dicho sus amigos, dejaría el equipo por una semana, obvio tendría que ser por el castigo, tal vez los horarios de entrenamiento coincidían con el castigo, sí, seguramente eso era, por eso se notaban tan disgustados, erasabido que un equipo no rendía igual sin su capitán.
Estuve un rato tendida sobre la cama, haciendo nada, aún me quedaba mucho rato por delante. Esperaría a Renèe por supuesto, cenaríamos juntas no quería que se sintiera mal por mi culpa.
Mire el techo, conté las líneas en las tablas de este, hasta que me aburrí y obte por cerrar los ojos. Todo estaba muy tranquilo, la música había cesado, dándome paz absoluta.
Empecé a dar rienda suelta a mi imaginación, y me vi a mi misma, sentada en las escaleras de la casa de mis abuelos, charlando con Rose.
Recordaba muy bien nuestras interminables conversaciones, solíamos charlar de la vida, de cosas importantes, aunque a veces solo decíamos incoherencias, y reíamos, reíamos como unas dementes…
- Edward vuelve aquí inmediatamente… ¡Edward te estoy hablando!
Me puse de pie incorporándome y me asomé a la ventana llena de curiosidad. Logré ver a una mujer de mediana edad, muy bella, llevaba el pelo hasta los hombros, y su piel era blanca, blanca como la nieve. Supuse que era la madre de Edward, porque el color de su cabello era inconfundible, al igual que el de su hijo, era de color cobrizo, resaltaba ante todo.
La mujer se encontraba parada junto a la puerta de la casa, y su expresión era de enojo total, aunque eso no quitaba lo hermosa que era, me di cuenta de quien había heredado Edward la facultad de parecer recién salido de una revista de belleza.
Edward se encontraba como a unos 10 pasos de ella, y pretendía no escucharla.
-
¡Edward, te dije que hoy no iras, por dios!
-
Mamá, ya no?, voy a ir quieras o no.- le contestó dándose vuelta pero sin acercarse.
-
Por una vez en la vida hazme caso, tu papá ya te lo advirtió.
-
No me importa, necesito ir, no puedo dejar el entrenamiento botado.
-
El entrenamiento puede esperar, nadie te mandó a trenzarte a golpes con ese chico, como los trogloditas.
-
Mamá por favor, quede con los chicos, no puedo dejarlos así.
-
No sabes como lo siento Edward, pero no. Ya entra por favor, Rosalie y Emmet esperan, no seas descortés.
-
Dale mis disculpas entonces.- le dijo Edward, girando y siguiendo su camino, poco dispuesto a obedecer a su madre.
-
¡Edward!, ¡Edward!... vuelve aquí, ¡Edward!
Ya era tarde, Edward casi se perdía de vista, caminaba raudamente, sin mirar atrás siquiera.
La mujer se quedó mirándolo, no estaba enojada, sino mas bien… decepcionada?, pobre, no era para menos. Tras unos segundos, entró nuevamente a la casa.
Allá a lo lejos, todavía veía el espeso pelo de Edward, llevaba una mochila, y caminaba rápido, pero sin perder su típica elegancia.
Yo jamás me hubiese atrevido a desobedecer a mis abuelos así. Su madre se veía muy triste y el no lo notaba, la ignoraba como a una mujer cualquiera, no era solo a sus pares a quien trataba como a una piedra en el camino, por lo recién visto también a su familia la trataba igual.
Me dio rabia con aquel chico, rabia de que fuera tan hiriente, rabia de que tratara así a su madre, y aún mas rabia de Mike estuviera castigado por su culpa.
Me recosté nuevamente, pensando en muchas cosas a la vez, mire mi reloj de mesa, ya eran las 7.30, solo faltaban 30 minutos para que Renée llegara.
Aun recostada miré mis libros sobre un estante cercano al equipo de música, leería, eso siempre ayudaba a pasar el aburrimiento.
Escogí uno de magia, adoraba esos libros, me hacían salir de mi vida cotidiana, me transportaban a otro mundo, me hacían imaginar cosas maravillosas, cosas imposibles.
Ya iba en la página 67 cuando escuché abrirse la puerta, de seguro era Renèe. Sentí correr escaleras abajo a la gata, ahora sí encontraría a su ama.
Deje el libro en mi velador y me dirigí a las escaleras, abajo vislumbre el abrigo de Renèe, colgado en la percha de entrada.
-Bella, ¿como te fue en el instituto?- me dijo cuando estuve a la vista
-
Sí muy bien, gracias.- le dije recordando el episodioocurrido entre Mike y Edward.
-
¿Hiciste algún amigo eh?
-
Sí, una chica muy simpática, llamada Jessica…
-
Jessica, ¿Jessica Stanley?
-
Sí, ¿la conoces?- le pregunte extrañada, aunque después pensé que en un pueblo tan pequeño, todas las caras se debían recordar sin mayor dificultad.
-
Sí, trabajamedio turno el fin de semana en la misma tienda mía, es una chica muy agradable.
Recordé que Renée era vendedora en una tienda de ropa, Jessica debía hacer lo mismo.
-
Muy agradable en verdad.- le contesté encontrándoletoda la razón, Jessica era excelente.
-
¿Conociste a alguien mas?- continuó mientras sacaba los platos.
-
Sí, a un chico llamada Mike y a otro llamado Eric.
-
Mmm… sus nombres me suenan conocidos, ¿Eric Yorkie?
-
Sí.
-
Es un buen chico, su padre solía salir de caza con Jack.
Como lo suponía, en un pueblo tan pequeño, todos se conocían.
- Bien, se me olvido preguntarte que te gustaba Bella, así que compré dos clases de comida.
Con todo lo que había tenido que pensar, se me había olvidado de donde sacaría Renée la cena.
-
No tenían que haberte molestado, no soy regodeona, en verdad como cualquier cosa.
-
Bueno entonces adelante.- medijo abriendo los paquetes que estaban encima de la mesa. En uno había tacos, olían increíblemente bien, y en la otra bolsa había una enorme pizza.- elige lo que quieras.
-
Gracias.- le contesté con las voz llena de ternura, aquello era un muy lindo gesto.
Tomamos asiento, y coloque un poco de pizza en mi plato, pero al mirar los tacos, también me dieron ganas de probarlos, así que coloque uno en mi plato también.
-
No creas que siempre como pura comida así, lo que pasa es que hoy mi turno termina muy tarde, y no alcanzo a preparar nada, pero ya veras cuando salga temprano, prepararé una comida casera ¡deliciosa!
-
Esto está exquisito, la abuela siempre cocinaba cosas muy elaboradas, por lo que cambiar de menú, me resulta fascinante.
Renèe rió de buenas ganas, recordando tal vez las comidas de la abuela y lo ricas que le quedaban.
- Sí, lo recuerdo muy bien, no he comido cazuelas mas ricas que las que hacia ella.
Renèe se veía radiante, no dejó de sonreír durante toda la cena, me contó varias anécdotas de sus primeros pasos en la cocina, no había sido muy fácil para ella.
-
Estuvo delicioso.- le dije cuando me ponía de pie levantando mi plato.
-
No te molestes en lavar, quiero que descanses y duermas para tu segundo día de clases.
-
No me molesta lavar, quisiera ayudar…
-
No, claro que no.- me dijo tomando mi plato y echando a correr el agua- tú duerme y yo lavo.
Me mandó a acostarme sin derecho a réplica. Subí las escaleras lentamente, me encontraba muy satisfecha, había comido mucho, todo estaba delicioso.
Renèe tenia dos baños, uno en el primer piso y otro en el segundo, eso me gustaba, allá en casa de mis abuelos, solo había uno en el primer piso, por lo que me veía obligada a correr en toalla muerta de frío hacia mi habitación en el segundo piso.
Saque mi Tolla y mis pantuflas, me ducharía antes de acostarme. Busque entre mis cosas mi shampoo y mi cepillo de dientes. Cuando estuve lista me puse en marcha y entre en el baño, era amplio y muy bonito, Renèe tenía un muy buen gusto.
Me duché lentamente, me encantaba que cayera el agua tibia por sobre mis hombros, de pequeña me quedaba parada bajo el chorro de agua, estática. Se me había olvidado el acondicionador, sin él mi pelo sería un revoltijo, estaría todo enmarañado por la mañana, ya no podía hacer nada, no quería dejar un caminito de agua hasta mi habitación.
Al terminar me seque y me envolví en mi toalla, era increíble el frío que hacia aquí, me encontré tiritando, mis dientes castañeaban. Traté de desenredarme el pelo, así mañana no estaría tan abultado, o al menos eso esperaba. Limpié el espejo que se había nublado de vapor, a causa del agua caliente de la ducha. Me miré mientras peinaba mi cabello. Mis ojos aún no tenían su habitual brillo, se veían un poco opacos. Mi piel era blanca banca, me alegre de eso, así no desentonaba tanto con los chicos de Forks, me imaginé bronceada, ahí si que sería un bicho raro. Ahí frente al espejo me sorprendí del parecido que tenía con mi madre, por lo menos en la nariz, eran casi calcadas, pero mis labios eran totalmente distintos a los suyos, los de ella eran grandes, carnosos, los míos eran delgados, no llegaban a ser pequeños, pero no le llegaban ni a la mitad de los labios de Renèe.
Me seque un poco el pelo con el secador, no quería pescar un resfrío. Cuando estuve lista me dirigí a mi habitación, me encontré de pronto muy cansada.
Abajo podía escuchar la televisión y algunos cuchicheos, era Renèe que hablaba con Bonny, la gata. Me pregunté si eso era normal… bueno después de todo Renée se tendría que sentir muy sola, luego de la muerte de su esposo, ella se había quedado totalmente sola, era lógico que buscara compañía, aunque solo fuera en un animal.
Me coloqué el pijama, y me acosté, mañana sería otro día, otro día en mi nuevo instituto, otro día tal vez lleno de problemas, quien sabía, yo era una maquina para eso, una fabrica de problemas.