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Historia 46666 — capítulo 5
-¿Que mensaje te dio Cullen?- me dijo Mike aún un poco eufórico.
-
Nada importante Mike, solo quería fastidiar un rato.
-
¿Estás segura?
-
Sí.
No podría haberle dicho la verdad, además era casi imposible que
Edward cumpliera la amenaza, recordé que estaba haciendo mérito por lo del partido, si en verdad amaba a su equipo no lo haría.
- Ya déjalo Mike, no le des más vueltas.
Le agradecí mentalmente eso a Jessica.
- Sí, ya lo conoces, quería desquitarse, una excusa para que te castigaran de nuevo.- continuó Eric.
Mike estuvo con expresión de enojo toda la clase de Química, su seño estaba constantemente fruncido.
Edward ya no se veía enojado, como todas las clases, se reía por lo bajo y conversaba sin poner atención. Eso era muy injusto, había dejado a Mike enojado y hecho una furia y él estaba de lo más normal, como si nada hubiese pasado. No tenía derecho.
Al término de la clase, nuevamente Jessica se ofreció para ir a dejarme hasta el mismo lugar de ayer.
-
No tienes porque molestarte Jessica.
-
No es molestia, vamos.- me dijo sonriendo.
Mike y Eric se nos unieron y salimos juntos del instituto.
-
Mañana hará mal tiempo, ¿Por qué siempre pasa lo mismo?, un día lindo y un mes horrible.
-
¿Mal tiempo de nuevo?- le pregunté un poco triste, ya me estaba acostumbrando a la calidez del clima, era muy agradable.
Recordé que los cambios de clima repentino me producían mucha picazón de nariz y estornudos, siempre me sucedía lo mismo.
- Sí, aquí siempre pasa lo mismo, pero ya estamos acostumbrados a la lluvia y humedad.- me respondió Mike.
Para ellos era costumbre, para mí era desagradable.
-Apresuremos el paso, hoy tengo turno en el supermercado.- dijo Eric, caminando a mi lado.
Al parecer la mayoría de los chicos aquí trabajaban, yo jamás lo había hecho, no era buena en eso.
Al oír hablar de trabajo a Eric, me acordé de la conversación con Renée.
-¿Jessica tú trabajas en una tienda de ropa no?- le pregunté curiosa.
-
Sí, ¿como sabes eso?
-
Mi mamá trabaja ahí también.
-
Mentira!!, lo sabía, ¿Es Renée?, ¿ella es tu madre?.
-
Sí, ¿Cómo…
-
Por dios tienen un parecido increíble!,- me dijo sonriendo- tu madre es muy simpática y bonita.
-
Bueno, entonces ya sabemos de donde lo sacaste Bella- me dijo Mike sonriendo también.
Me sorprendió el comentario, no supe que responder o decir.
-
Entonces nos vemos mañana Bella.- me dijo Jessica despidiéndose.- dale mis saludos a tu madre si?
-
Claro, se los daré, estará encantada, ella igual dice que eres muy simpática.
-
Entonces es mutuo.
-
Cuídate Bella, nos vemos mañana.- me dijo Mike con una sonrisa.
-
Tu igual Mike y buena suerte con lo de… tu sabes, el castigo.
-
Gracias, la voy a necesitar.
Eric tenía mucha prisa, ya había empezado a caminar así que solo me hizo señas a la distancia, se las devolví y me giré.
Mi segundo día en Forks, las cosas se me habían dado más fáciles de lo que me había imaginado, con algunas excepciones claro, pero de todas formas me hubiese gustado contarle eso a mis abuelos, haber podido decirle que estaba bien, que no tenían nada de que preocuparse, no podía hacerlo, Renée no tenía larga distancia, solo funcionaba para llamadas locales. Por lo menos me hubiese gustado hablar con Rose, decirle que la extrañaba, que había conocido a chicos nuevos, contarle de Jessica y lo simpática que era, de Eric, de Mike, tampoco podía, no había Internet en casa, así que mi computador no servía de nada.
Me imagine la cara de felicidad que pondría Rose si pudiese comunicarme con ella, sus ojos se abrirían como plato, quizás saltaría por su habitación, y me regañaría por no haberla comunicado antes.
Eso me hizo sonreír, aunque sentí una punzada en mi pecho, decidí no hacerle caso, el dolor se podía suprimir, y eso haría.
El día continuaba cálido, el sol jamás había salido completamente de entre las nubes, pero basto para que en verdad me olvidara un poco de la lluvia eterna de aquí.
Ya casi llegaba a la casa de Renèe, recordé que hoy llegaría mas temprano ¿estaría ya en casa?
Busque en mi bolso las llaves, no quería molestarla tocando la puerta, yo odiaba que lo hicieran, siempre interrumpían lo que hacía, casi siempre habría de malas ganas la puerta, por eso Rose
me llamaba antes de ir a visitarme, sabía de mis mañas.
Las encontré al fondo de mi bolso, las tomé con una mano y con la otra intenté cerrarlo, el cierre se había trabado. Intente de nuevo, el cierre no se movía, con un fuerte tirón al fin logre que se cerrara, pero las llaves cayeron precipitadamente al suelo.
Con un suspiro, me giré y me agache a recogerlas.
Al tenerlas en mi mano me puse de pie nuevamente y me pillé de frente con un par de ojos, que me miraban con sorpresa.
Edward estaba a poca distancia de mí, venía con la mochila colgando de un solo hombro y traía las manos en los bolsillos, su pelo se veía aún más hermoso con los rayos del sol, brillaba el doble.
- ¿Que haces aquí? me persigues?
Lo miré con rabia, ¿su personalidad incluía que fuera tan arrogante?
- Vivo aquí.
-¿Qué?, porque mientes?, ya reconoce que me perseguías, es común, tratándose de mí.
-
Te repito, vivo aquí.- le dije secamente.
-
Yo lo sabría.
-
¿Recuerdas que soy nueva?
-
Ya, pero todos modos te tendría que haber visto por aquí- me dijo recorriendo el lugar con la vista.
-
Si quieres creer allá tú, no me interesa.
Había decidido seguir caminando, no estaba dispuesta a iniciar una disputa, yo si que no iba a caer en sus jueguitos estúpidos…
- Pero que mal educada eres, ¿no te han enseñado modales?
Nooo… hey hey hey… Edward Cullen el chico más egocéntrico del instituto, él que trataba a todos como si fueran un ser insignificante, ¿me hablaba a mí de modales y buena educación?, algo andaba mal.
-
¿Tú me hablas de modales?- le dije girándome lentamente, la rabia no me dejaba pensar claramente.
-
¿Que insinúas con eso eh?
-¿Que nunca te has fijado en como tratas a los demás?- casi le grite, alzando las manos hacía el cielo, mi autocontrol estaba llegando al límite.- llevo 2 días aquí y no me costó trabajo darme cuenta.
Me miró sin comprender, abrió la boca un par de veces, al parecer no estaba acostumbrado a ese trato.
- Lo dices por lo de Newton no?.- logró decirme finalmente.-solo soy así con gente que se lo merece.- terminó con una sonrisa burlona.
Recordé lo de su madre, el trato que éste le había dado, como la había dejado ahí, parada en el umbral de la puerta, gritando su nombre, con cara de decepción y visiblemente apenada, hasta yo me había dado cuenta de que sus ojos se veían apagados, tristes, ¿acaso su madre se merecía también ese trato?, me hubiese gustado haberle recordado esto, haberle restregado en la cara lo cruel que era, pero, ¿quién era yo, para hacer semejante cosa?
No le contesté nada, aquel chico no se merecía que usara palabras, lo miré a los ojos, él esperaba que le respondiera.
Me giré y comencé a caminar hacia la casa de Renée, al llegar a la puerta, tomé las llaves y las alcé, miré hacía la dirección en donde había dejado a Edward, seguía ahí, supuse que para corroborar que realmente no mentía, eso me dio más rabia aún, ¿en verdad creía que lo estaba siguiendo?, todavía no llegaba a ser tan estúpida.
Cerré la puerta tan fuerte al entrar, que algunos cuadro se movieron un poco en las paredes, temí que se cayeran, pero después de unos segundos cesaron el movimiento y se quedaron quietos.
Había un fuerte olor a comida, que inundaba toda la casa, recordé lo que Renée me había dicho, acerca de cocinar ella misma cuando salía temprano del trabajo.
- Bella! Que bueno que llegaste.
Renée llevaba puesto un delantal a rayas, se había tomado el pelo en un intento de moño, y me hablaba desde la cocina
- ¿A que no adivinas que estoy cocinando?
Olisqueé nuevamente, era un olor conocido, recordé a la abuela, sí, ella solía cocinar esto.
-Es… ¿pastel de papas?- le dije con una sonrisa, estaba casi segura de que así era.
-
Sí!, supongo que mamá solía hacer esto siempre o no?
-
Era una de sus especialidades, todos los sábados lo preparaba.
-
Tendré que buscar entre mis viejas recetas nuevamente, para
sorprenderte entonces.
- No, no… el pastel de papas es uno de mis favoritos.
Renée se estaba esforzando mucho en esto, a juzgar por sus palabras, ella no cocinaba mucho, por lo menos no estas comidas, lo mínimo que podría hacer era ser cortés.
Dejé mi bolso en los sillones, y caminé a la cocina dispuesta a ayudar en lo que fuera necesario, no quería ser un estorbo.
-¿En que te puedo ayudar?
- No, tú te iras a sentar, debes venir cansada Bella, quiero que descanses.
-Pero tú igual debes venir cansada, quisiera ayudarte en serio.
- Creo que en lo porfiada te pareces a mí, no me debería sorprender.
Me miró con una sonrisa, que luego se fue desvaneciendo, en sus ojos vi la culpa nuevamente.
-
Bien si quieres puedes preparar la ensalada.- me dijo volviendo a sus quehaceres.
-
Eso me parece muy bien.- le dije dirigiéndome al lavamanos para picar los tomates.
Ambas nos sumimos en lo que hacíamos, me concentré mucho en no cortarme, no me apetecía para nada dejar un charco de sangre sobre los tomates.
-
Le dije a Jessica sobre ti, adivinó de inmediato que eras mi madre.- le dije después de un rato.- dijo que tu también eras muy agradable.
-
¿Sí?, eso hace que esa chica me caiga aún mejor.
Puse la mesa lentamente, tomé los platos con sumo cuidado, solo eran 2 así que era menos problemas.
El pastel de papas estaba realmente delicioso, no igualaba el de la abuela, pero aún así, tenía muy buen sabor.
- Esto esta buenísimo.
-Que bueno que te guste, no sabía si te gustaba, pero…
- Me encanta, como te dije es uno de mis preferidos.
Se fue en una detallada explicación de la receta del pastel, se veía muy contenta, al parecer alegre por que su comida había tenido éxito.
Terminamos de comer, Renée se levantó antes de que yo lo hiciera y se adelantó a lavar los platos.
Me puse de pie y le di nuevamente las gracias a Renée, la miré al salir de la cocina, tarareaba algo, y movía la cabeza mientras lavaba los platos, al verla así, me recordó mucho a la abuela, tenían el mismo semblante, bueno después de todo eran madre e hija que mas se podía esperar.
Me recosté en el sillón y saqué mi cuaderno de química, iba a repasar la materia, no había puesto la atención necesaria en la última clase.
Al poco rato sonó el timbre, Renée salió apresuradamente de la cocina.
- ¿Quién será?- me preguntó antes de abrir.
Moví la cabeza en señal de negación, no tenía ni idea.
Abrió cautelosamente la puerta, a la vista estaba un hombre de pelo canoso en una coleta, tenía la piel morena, y estaba en silla de ruedas.
A su lado, sujetando un costado de la silla de ruedas se encontraba un chico de unos 16 años, era moreno igual al otro hombre, pero a diferencia de este, tenía el pelo negro negro, lo llevaba corto.
Lo que más me llamó la atención fue su estatura y lo grande que era, contrarrestaba con su padre sentado en la silla de ruedas.
- Billy!!, te dignas a visitarme, pensé que me habías olvidado.- le dijo
Renée abrazándolo con una sonrisa en los labios.
-
A ti no te podría olvidar Renée, como crees?
-
Pasen por favor.-le dijo haciéndose un lado.- No puedo creer lo grande que estás Jacob.
-
¿Como está ?.-le dijo a modo de saludo el chico.
-
¿Es Isabella?- dijo Billy apuntándome con una sonrisa.
Renée asintió con la cabeza.
- No me lo puedo creer, eres igual a tu madre.
Me acerqué y le sonreí a modo de saludo.
-
El es Billy Black, era amigo de Jack.- me dijo mi madre sonriendo.- y él es su hijo Jacob.
-
Mucho gusto.
-
Tu madre me comentó que vendrías, no sabes lo bien que le hará esto, desde que Jack murió ella…
-
Billy, no creo que se buena idea….- le dijo Renée, no se veía muy cómoda.- ¿porque mejor no se sientan y les traigo algo de beber?
-
Claro sería estupendo.- contestó Billy moviendo su silla hacia la sala de estar.
El chico me miró y me sonrió, se veía muy simpático, me di cuenta que tenía una expresión constante de alegría en sus ojos, daba la
impresión de felicidad continua.
-
Así que ¿te gusta Forks?- me dijo acercándose.
-
Bueno, es un poco distinto a Phoenix, pero puedo con ello.
-
Phoenix eh?, 24 grados mínimo allá no?
-
Sí, ¿Cómo es que sabes eso?.- le pregunté curiosa, era el primero que
no se admiraba por aquello.
-
Lo había escuchado por ahí, ya sabes en la T.V.
-
¿Tu igual vas al instituto de Forks?
-
No, yo estoy en un instituto cercano a La push, me quedaba más cerca.
-
Ahhh, no pensé que hubiera otro instituto por aquí.
-
Queda a solo unos kilómetros.
Había oído hablar de La push, era una playa cercana a Forks.
- Aquí están las bebidas.- dijo Renée con 4 vasos en una bandeja.
Jacob me sonrió y caminó hasta la sala de estar también, no puede evitar sonreírle de vuelta.
-
¿Y como has estado Renée?, tienes muy buen aspecto.- dijo Billy tomando un sorbo de bebida.
-
Mejor que tu no creo eh?
-
Hago lo que puedo.- contestó encogiéndose de hombros de forma pícara.
-
No cambias Billy.
Renée se veía realmente feliz, al parecer le tenía un gran afecto a aquel hombre.
-
Billy era el mejor amigo de Jack, eran inseparables.- dijo Renée dirigiéndose a mí.
-
Renée solía quejarse porque no hallaban como sacarme de esta casa.- dijo Billy con una gran carcajada.- y eso le molestaba porque tenía que cocinar para 3 personas en vez de 2 ¿puedes creerlo?
Todos reímos, me imaginaba a Renée alegando y refunfuñando, al igual que yo.
-
Y ahora mira, te reto porque no vienes nunca.-
-
¿Quién entiende a las mujeres?
Se largaron en una conversación acerca de años pasados, rieron por algunas anécdotas, al parecer llevaban muchos años siendo amigos.
-
Papá siempre dice que vendrá a ver a tu madre.- me dijo Jacob acercándose a mi lado.- Nunca lo hace, es un mentiroso.
-
¿Todos mentimos a veces o no?
-
Sí creo que sí.- asintió Jacob sonriendo.
-
¿Cómo ha sido tu estadía aquí?
-
Sí, buena… aunque desearía un tiempo más cálido.
-
Es normal, yo estaría igual si me fuera a Phoenix, desearía la humedad de Forks.
No lo había pensado así, solo era cuestión de costumbre.
Se escucharon risas estridentes, Renée y Billy recordaban al parecer, una caída de Jack, y como no lo habían dejado en paz hasta pasado un mes.
- Papá siempre recuerda a Jack.- me comentó Jacob en un tono más bajo.- siempre lo acompaño a visitarlo.
Supuse que la visita era al cementerio, no quise preguntarle.
-
Tu no lo conociste verdad?
-
No… solo en fotografías.-le contesté
-
Yo sí lo recuerdo, me llevaban siempre con ellos de casería.
Lo miré atónita, no me imaginaba a aquel chico de ojos bailarines, con un arma en sus manos.
-
Por supuesto que yo no casaba.- rió Jacob al ver mi expresión.- me encantaba acompañarlos, observaba todo lo que hacían.
-
Bueno eso si tiene sentido.- me uní a su risa, definitivamente era imposible no hacerlo.
Estuvieron solo un rato, al parecer Billy tenía que hacer unos trámites acerca de unos autos.
-
Bueno, tenemos que irnos Renée, me alegra mucho verte.- dijo Billy acomodándose en su silla.
-
Me gustaría que vinieran a cenar algún día.- le dijo Renée parándose.
-
Ya está más que dicho entonces.
-
Me diste tu palabra Billy.- le dijo Renée indicándolo con un dedo.
-
Muy pronto nos tendrás aquí de nuevo, ya verás.
-
Así espero.
Jacob se acercó a Billy para conducirlo hasta la puerta, Renée también los acompañó.
-
Cuídate Billy.-le dijo Renée en el umbral de la puerta.
-
Ustedes también bellas mujeres, cuídense mucho.
Jacob me sonrió antes de salir.
-
Nos vemos Isabella.- me dijo haciéndome señas con la mano.
-
Nos vemos.
Ya habría tiempo de corregirlo con lo de Isabella, él no tenía porque saber que odiaba que me llamaran así.
Renée cerró la puerta suavemente, y se quedo pensativa.
-¿Bueno y que tal te pareció Billy?- me dijo después de unos instantes.
-
Muy simpático.
-
¿Y Jacob?, es un chico excelente cierto?
-
También es muy agradable.
Y en verdad lo era, las conversaciones no se me daban muy bien, pero con él, mi habla fluía.
Renée dijo que vería TV. Yo por mi parte decidí subir ami cuarto, todavía seguía en mi mente lo de química.
Mi habitación estaba toda desordena, ¡si la abuela hubiese visto aquello!... así que por el momento postergué lo del repaso de química, ordenaría mi habitación. Eso me llevaría un gran tiempo, en verdad era un desastre.
No había hecho mi cama en 2 días, mañana a penas me despertara la haría, aunque la abuela no pudiera verme, se sentiría muy orgullosa.
Ordené todo meticulosamente, hice mi cama y la dejé sin ningún pliegue, ordené la ropa que había tirado al piso, ahora si era una habitación decente.
Acomodé de mejor forma mis porta retratos en el mueble, me quede
pegada un rato viendo las fotos, mis abuelos me sonreían,
Rose se taba un poco la cara con una mano, odiaba las fotos, mi perro John me salía dando la pata y sacando su lengua muy feliz. Dejé todo en orden nuevamente.
Coloque mi libro y cuaderno de química sobre mi cama, ahorapodría estudiar bien.
Comencé a repasar algunos ejercicios, no eran difíciles.
Estuve así un buen rato leí la materia lentamente para que algo se me quedara gravado.
De pronto llegó hasta mi habitación la misma música que había oído durante 2 días.
Mierdaa…. De seguro Edward era el responsable nuevamente. Esta vez ni siquiera me asomé a la ventana, no estaba de ánimo.
Rogué para que cesara, en vez de eso, la música se escuchó aún más fuerte, ¿quién se podría concentrar así?
Empecé a visualizar formas de ir a callar a aquel chico, me imaginé abriendo su puerta, subiendo a su habitación, gritándole a todo pulmón que apagara esa maldita música. Nunca haría eso.
Traté de ignorarla con todas mis fuerzas, traté de seguir leyendo mis apuntes, de hacer caso omiso a tal bulla.
Tras por supuesto no lograrlo, terminé por recostarme en la cama, me giré una y otra vez, miré el techo, conté las líneas de nuevo, aunque ya sabía con exactitudque había 102.
Pensé en que haría Rose en esta situación, ¿ella lo aguantaría? ¿Aguantaría la arrogancia de Edward?, la respuesta la conocía muy bien. Ella le haría frente, lo increparía. Éramos tan distintas,
quizás por eso nos llevábamos tan bien.
Como ya no podría estudiar, me fui a la ducha, eso sería mejor que
quedarme recostada con la sangre hirviendo.
Esta vez si llevé mi acondicionador. Me desvestí y me metí a la ducha, el agua me relajo un poco, me preocupé de quedarme ahí lo suficiente para que la música por fin cesara.
Cuando terminé, me coloqué el pijama lentamente, me lavé los dientes aún más lento. Me sequé el pelo hasta que estuvo completamente seco y lo cepillé.
Cuando salí del baño lo primero que oí fue lo que menos quería escuchar esta noche.
La música continuaba, y ahora se le agregaban tarareos.
Me agarré la cabeza, y suspiré sonoramente. Agarré mi Mp4 que estaba en mi mesita de noche y me lo coloqué, así el problema se vería solucionado.
Me acosté ya con la música de mi aparato sonando fuertemente, gracias a dios ya no escuchaba nada desagradable.
No me había dado cuenta, pero estaba agotada, había sido un
Martes muy largo, no se parecía en nada a los Martes que yo adoraba, definitivamente no eran el día de mi suerte, ni siquiera los pantalones blancos habían ayudado.
Antes de dormirme poco conciente de lo que hacía, apreté off para que mi Mp4 ya no sonará más, a lo lejos, escuché tarareos, no podía reconocerlos tenía mucho sueño…. sin más me quede dormida.