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Historia 46673 — capítulo 21

—Buenos días Gea. —saludó el inefable serio.

—Buenos días señor Fenwick. ¿Ocurre algo? —preguntó intrigada Hermione aún un poco adormilada. Ella era madrugadora, pero ni siquiera había amanecido.

—Disculpa la hora pero tengo malas noticias. Los padres de Alice han desaparecido. Según la elfina el sobrino mayor de su amo fue a buscarlos para que hablasen con alguien de la familia ayer luego de la hora del almuerzo, sólo que aún no han vuelto. —le explicó el inefable.

—¿Ya averiguaron entre los familiares? —preguntó la castaña, ahora totalmente despierta por la noticia.

—Entre los Yaxley sólo los papás de Alice no están de acuerdo con los planteamientos de Lord Voldemort. —le explicó el hombre moreno el motivo de la preocupación de los miembros de la Orden del Fénix desde que se enterasen.

—¡Por Merlín! —exclamó la castaña, mordiéndose en seguida el labio inferior—. Neptuno querrá investigar, pero…

—¿Qué ocurre? —le preguntó preocupado el inefable por su expresión. Había ido a informarles personalmente porque estaba preocupado por ellos desde el día anterior, por como los había visto, no queriendo que se enterasen por el periódico.

—¿Señor Fenwick? ¿Pasó algo? —preguntó intrigada Angela, que venía entrando por la puerta de la calle vestida como muggle.

—¿Y ustedes de dónde vienen a esta hora? —preguntó alarmada Hermione al ver entrar tras ella a Jessica, Neville, Harry y Ron.

—Ellos cuatro no podían dormir. Yo me desperté al oír a Marte y salimos a estirar las piernas. —le respondió Ron.

—¿Qué ha sucedido para que usted viniese tan temprano, señor Fenwick? —insistió Harry en la pregunta hecha por Angela.

—Los papás de Alice están desaparecidos desde ayer a la hora del almuerzo y, a excepción de ellos, los Yaxley piensan que Voldemort está en lo correcto. Aunque no lo apoyan abiertamente para evitar problemas con el Ministerio. —le respondió el inefable, mirando a los recién llegados muy preocupado.

—Si al menos los de La Orden del Fénix supiesen que estuvimos con usted reunidos no sospecharían que nosotros tenemos algo que ver en esa desaparición. Pero como Marte le pidió que no les dijese que está en contacto directo con nosotros seguro esos tontos de remate lo están pensando. —opinó Christopher entrando a la sala por la puerta que daba a la cocina comedor, con una taza de chocolate caliente en sus manos.

—¿Es que sólo Venus está en cama? —preguntó Hermione.

—Isis y Leto también. Yo me desperté al oír a Neptuno moverse por el cuarto. —le respondió el niño encogiéndose de hombros.

—En realidad no estamos ya en las camas. —aparecieron las tres por la puerta por la que había llegado el niño, hablando Luna mientras sus dos compañeras se frotaban los ojos.

—No creo que podamos hacer mucho con el problema que nosotros diez tenemos. Pero al menos podríamos intentar indagar en el callejón Knockturn. —planteó Neville con expresión preocupada.

—No vine a decirles para que investiguen, chicos, sino para evitar que se enterasen por El Profeta u otro medio. —les señaló el inefable.

—Gracias señor Fenwick. —le agradeció el castaño con una pequeña sonrisa.

—¿Tienen problemas para hacer magia? —preguntó el hombre moreno, suspirando al ver sus expresiones de desconcierto que decían claramente "¿Cómo lo supo?"—. Siempre ocurre cuando por primera vez se hace algo con ésta que se considera malo sin poder evitarlo, como por ejemplo matar a alguien accidentalmente —les explicó—. En el caso de ustedes fue verse obligados por Voldemort a usar Maldiciones Imperdonables. Peor aún con el rechazo que sufrieron después de parte de quienes hasta ese momento les dieron protección y afecto.

—¿Cuál es el remedio? —preguntó Ron—. ¿Cuándo volveremos a la normalidad?

—Eso es imposible de saber, pues varía con cada persona y motivo el que se deje de sentir rechazo inconsciente por la magia —les explicó el inefable. Comprendió las reacciones a sus palabras que variaron entre suspiros, bufidos y gruñidos bajos—. Supongo que Marte, Diana, Neptuno y Electra serán los que tendrán más problemas para confiar de nuevo en sus magias.

—Las cosas son cada vez mejores para nosotros. —comentó con cinismo Angela, cruzándose de brazos.

—Electra y tú se quedan en la casa con los niños. Nosotros vamos al callejón Knockturn para intentar averiguar algo sobre los abuelos de Neville. Moony, Hera y Rea nos ayudarán a escabullirnos si nos vemos en apuros. —decidió Harry.

—Chicos, por favor, no hagan eso. Esperen aquí y yo les prometo enviarles noticias con alguno de sus fénix apenas sepa algo. Con su problema con la magia podrían ponerse en un peligro muy serio, por favor. —les pidió Benjy muy angustiado.

—Pero… —intentó protestar Neville.

—Tanto los miembros de La Orden del Fénix como el cuerpo de aurores los están buscando, pues Alice es muy querida por todos. —lo interrumpió el hombre moreno.

—No seremos muy eficaces interrogando sin poder usar magia y tampoco ocultar nuestras voces. Si llega a oírnos alguien de La Orden del Fénix, o un auror que nos haya escuchado en batalla, estaremos en problemas —opinó Luna con su sinceridad acostumbrada—. Tenemos que resolver lo de nuestras voces antes de salir hacia Londres.

—Se puede alterar la voz por medios muggles, pero no es sencillo y me llevará algo de tiempo el conseguir algo adecuado. Además que nada con electricidad funciona en ambientes con mucha magia. —respondió Hermione la interrogante muda del castaño.

—Podría provocarles ronquera con un preparado muggle. —opinó Angela pensativa.

Los gemelitos carraspearon, mirando enojados a todos al ver que se giraban a mirarlos interrogantes.

— Nosotros no tenemos…

—… demasiados problemas…

—… con nuestra magia y…

—… sabemos el hechizo…

—… para distorsionar…

—… sus voces lo suficiente…

—… para que nadie los reconozca.

—No se vayan a enojar, niños, pero sus hechizos anoche no fueron muy precisos. —les recordó Luna.

—Inténtenlo conmigo y así sabremos si pueden o no. —dijo decidido Neville.

Pero justo cuando los dos niños regresaron a la sala con sus varitas, mientras el inefable intentaba convencerlos de no hacer aquello, apareció una pluma de Fawkes.

—Los han conseguido muertos con una nota dirigida a Alice. —leyó Benjy con tono triste, mirando en seguida al hijo de su amiga.

—¡MALDITO VOLDEMORT! —rugieron al unísono Neville y Harry.

—¿Podría por favor informarnos en qué cementerio y a qué hora les harán el funeral cuando lo sepa? —le pidió Luna a Benjy mientras abrazaba a su novio por la cintura.

—Sé que quieren ir al funeral, chicos, pero podrían atraparlos los aurores allí si se presentan. Incluso podrían intentarlo otros miembros de La Orden del Fénix o sus padres, que aún están un poco renuentes a entender lo ocurrido. —les dijo el inefable con pesar en la voz.

—No queremos ir al funeral porque no queremos verlos a ellos. No aún —le contradijo Neville—. Pero me gustaría presentar mis respetos a mis abuelos maternos, los que es evidente no conoceré.

—Alice, Lily, Jennifer y Angelica sí entienden lo ocurrido en Kingswood y se los están intentando hacer entender a sus esposos, haciéndoles ver las trampas que les tendieron desde Harrogate —les dijo rápidamente Benjy, sonriendo internamente al ver que los cuatro hijos de sus amigas lo miraban con un leve brillo de esperanza en sus miradas—. Remus dice que lo comprende pero le preocupa el que sepan tantas maldiciones y hechizos especiales además de las Imperdonables. Él quiere hablar con ustedes sobre el uso que le darán a lo que saben —les planteó en seguida, decayendo su ánimo al ver que el joven Potter denegaba a la petición muda de los ojos miel de la hija del licántropo—. Estoy seguro que Alice querría saber que van al cementerio. —agregó mirando al hijo de su rubia amiga.

—Por favor dígale a Alice que mientras estemos en esta época siempre habrán lirios blancos en las tumbas de sus padres y le haré llegar a ella un lirio morado cada día con los fénix. —le pidió Neville.

—Entonces sabrán que el señor Fenwick está en contacto con nosotros —dijo alarmada Hermione—. Lo pondríamos en peligro con el traidor.

—No se preocupen por eso, lo hablaré con ella a solas. —aseguró el inefable, agradecido por la forma en que los chicos lo querían proteger y confiaban en él.

Los doce chicos le sonrieron y asintieron.

—Gracias señor Fenwick. —le agradeció Neville.

—¿Podría decirle a mamá a solas que le haré llegar una rosa azul por cada día que estemos aquí sin que los otros se den cuenta? —le preguntó Harry inseguro.

—Claro que sí, Marte. —afirmó Benjy con una gran sonrisa, girándose a mirar a las hijas de las gemelas.

—Yo le enviaré a mamá una azucena amarilla cada día que estemos aquí. —afirmó Angela con una suave sonrisa.

—Y yo un jazmín blanco a mamá cada día hasta que podamos volver a nuestra época. Gracias, señor Fenwick. —le agradeció de corazón Jessica.

—Eso las alegrará un poco y las ayudará a sobrellevar muchas cosas. Gracias a ustedes, chicos. —les aseguró el hombre moreno con una sonrisa amplia y sincera.

—Será mejor que nos desayunemos y organicemos para que cuando nos llegue el aviso del lugar podamos planificar la llegada allí de forma segura. —dijo Harry mirando a los niños y luego a la castaña.

—Les diré también la hora del funeral para que vayan cuando ya nos hayamos ido del cementerio, incluso los que se supone no tenemos motivo para ir. —les aseguró el inefable, despidiéndose con un gesto de su mano y una sonrisa. Elevó su brazo izquierdo y Rea le transportó a su casa.

Dos horas más tarde Moony les llevó una nota del inefable. Les avisaba que el funeral sería en el cementerio de Bristol a las tres de la tarde, sugiriéndoles que no apareciesen por el lugar antes de las cuatro y media.

—Vamos de inmediato a la estación. El viaje en tren hasta Bristol nos llevará casi todo le día. —los apresuró Hermione, pues habían decidido desplazarse como muggles para evitar el riesgo de que les llegase a ver algún mago aparecer con los fénix.

—Es curioso que a nuestros padres…

—… les harán un funeral muggle…

—… en uno de los pocos cementerios…

—… tanto muggle como mágico…

—… del país. —comentaron los niños antes de salir de la casa.

Jessica le apretó con cariño la mano a Angela, que ante lo dicho por los gemelitos se había entristecido.

Durante el viaje cada uno de los diez chicos mayores iba sumergido en sus pensamientos, recordando una vez más lo ocurrido en Kingswood, cada uno de ellos intentando imaginar otra forma en que podrían haber resuelto la situación y evadir una vez más la trampa tendida por Voldemort. Quien peor se sentía era Hermione, pues sabía que por salvarlos a ella y sus padres la presión había sido aún mayor en su mejor amigo, su novio y los otros chicos cuando actuaron.

Chris & Chris en cambio estaban recordando que, por cumplir la orden dada por Harry para proteger a los bebés, habían sido reñidos por sus padres desde que sus amigos partieron a Kingswood hasta poco antes de ellos volver. No le habían contado aquello a los otros para no incrementar el dolor en el chico de ojos esmeralda, pero les entristecía que su último día con los padres con quienes no compartirían más nunca hubiese sido así. Aunque agradecían al destino que les hubiese permitido compartir con ellos aquél mes que no olvidarían, pues de sus dos primeros años casi no tenían recuerdos.

—Saiph me ayudó a recordar muchas cosas del año que estuve con mis padres —empezó a decir Harry mirando a los niños cuando el tren acababa de pasar por Carlisle—. Tía y su esposo lo hicieron con Juliet y Frank. Jennifer, John, me gustaría que me permitiesen hacer lo mismo por ustedes dos.

—Sí —sonrieron los dos niños, abalanzándose a abrazarlo—. Gracias James.

El chico de ojos esmeralda sonrió ampliamente, acariciándoles con cariño las cabezas. Se sonrojó un poco al ver la admiración con que lo estaban mirando su novia y sus amigos, agradeciendo en silencio que no dijesen nada y desviasen la mirada. Sin embargo notó que Angela no sólo no lo había mirado, sino que parecía ausente de todo lo que la rodeaba. Iba a decirle algo cuando apareció el uniformado a revisar los pasajes de los doce, que viajaban en compartimientos enfrentados con las puertas abiertas, además de decirles que en Manchester deberían esperar media hora para hacer trasbordo al que les llevaría a Bristol.

Fred le agradeció la información, distrayéndolo para que los niños se acomodasen en los asientos y el hombre no los importunase.

Su gemelo, la castaña y él habían presentado los documentos muggles falsos para los diez mayores que habían preparado meses atrás, cuando compraron la casa en Edimburgo, además de los que habían hecho el día anterior para los niños. Él y su gemelo tuvieron que improvisar una historia en la estación, mientras en el baño de damas Hermione y Jessica le dictaban a Angela un falso permiso de los padres simulando ella la letra de Christopher Brown que conocía bien, para que las autoridades muggles les permitiesen el viaje a los pequeños.

Los gemelos pelirrojos esperaron a que se fuese el empleado de la empresa de trenes para sugerirle a Harry que lo intentase ahora, mientras ellos vigilaban que nadie se acercase.

—¿Crees que funcionará, Angela? —le preguntó Harry para llamar su atención y sacarla de su abstracción. Al notar que lo miraba interrogante confirmó su sospecha, antes no lo había oído. Vio de reojo que todos miraban preocupados a la chica y decidió plantearle la duda, ya luego le preguntaría qué le pasaba—. ¿Crees que a pesar de nuestro problema con la magia podré ayudar con mi don mezclado a los gemelitos a recordar sus dos primeros años?

—Los dones son parte de nuestra propia energía. Están impregnados de nuestra forma de ser, de nuestros sentimientos —explicó la chica de pelo negro con calma, suspirando en seguida—. La magia es sólo una forma de expresión de la energía que es canalizada tanto por los sentimientos como por nuestros pensamientos. Nuestros dones están más conectados a nuestras esencias y sentimientos, pueden ser canalizados pero no manipulados por nuestros pensamientos. Todos queremos mucho a los niños y siempre haremos lo mejor para ellos porque nos lo dicta el corazón, así que estoy casi segura que funcionará.

Todos sonrieron luego de haber estado muy atentos a su explicación.

George la miró con dulzura, sonriéndole en seguida con picardía mientras le guiñaba un ojo. Luego arrastró a su gemelo un par de pasos para estar atentos a que nadie se acercase a ese vagón, pues los otros dos compartimientos del mismo estaban vacíos, y susurrarle a Fred la idea que se le había ocurrido.

Angela estaba feliz y agradecida de haberse conseguido con alguien tan maravilloso como el pelirrojo del que estaba perdidamente enamorada, el que a su vez la amaba a ella. Comprendió de su mirada inicial y la de su hermanito luego de preguntarle que se habían dado cuenta que estaba abstraída, pensando en… Tomó aire profundamente y denegó levemente. "No debo seguir dándole vueltas en la cabeza a lo que no podré cambiar. Tampoco a lo que sé sucederá en la familia McMillan que llevará a mis tres amiguitos a compartir conmigo, mi prima y los niños los tres infernales años del orfanato y un entierro muggle para dos pequeños magos".

Al mirar a su prima vio que le señalaba con una cabezadita a su novio y el de ella con expresión interrogante, encogiéndose de hombros para darle a entender que tampoco sabía qué estaban tramando. En seguida la chica de ojos miel le dijo mentalmente:

—Fueron dos estupendos funerales para cuatro maravillosas personas, aunque al primero no pudimos asistir. Pero el señor Shatner estuvo a cargo del de los tíos Brown. Sabes que los niños lo comentaron porque ellos no los recuerdan, pero yo sí recuerdo el que él preparó contigo para Amy y Dani.

—Tampoco a ellos podemos ayudarlos estando aquí y eso me desgarra el alma.

—Lo sé, prima. A mí también. Pero, aunque nuestra estancia en el orfanato fue infernal, los momentos que compartimos con ellos fueron maravillosos. Por eso Jefferson y tú han tenido la fortaleza para soportar los recuerdo. Porque se han aferrado a lo dulce y bonito.

—Es cierto. Gracias Jessica.

—Ánimo hermanita.

Harry había seguido con los ojos cerrados la conversación mental de ambas, una facultad que descubrió tenía y según le entendió a Mithrandir cuando le preguntó cómo podría hacerse algo así "era imposible". Pero él nunca había sido "normal", así que no comentó nada a nadie y empezó a trabajar en silencio en ella. Ya más tranquilo en cuanto a su hermanita se concentró realmente en lo que se suponía estaba intentado desde un rato atrás. Entreabrió los ojos y les tomó las manos a los niños cuando estuvo seguro.

Cinco minutos antes que llegase el tren a Manchester terminó Harry de despertarles los recuerdos a los niños, pudiendo trabajar con los dos simultáneamente por el extraño lazo entre los gemelitos. Los tres sonrieron ampliamente cuando abrieron los ojos y se soltaron las manos, abrazando los pequeños castaños a su amigo, líder y héroe con sincero agradecimiento.

En la estación los gemelos pelirrojos se separaron del grupo durante unos minutos, diciéndoles a sus novias que les tenían una sorpresita. Cuando regresaron nueve chicos soltaban la carcajada mientras la castaña se tapaba el rostro con las manos y bufaba exasperada, diciéndole adiós mentalmente a su plan de pasar desapercibidos.

Fred y George habían convencido a un mimo y un músico ambulante de "ayudarlos a montar una pequeña obra para los niños con los que viajaban y sus novias", montando los cuatro un espectáculo que disfrutaron no sólo sus compañeros sino también varias personas que como ellos estaban esperando el trasbordo a trenes hacia Bristol y otras localidades del sur de Inglaterra.

Sus dos acompañantes cosecharon más aplausos y dinero que el que normalmente recababan, agradeciéndole a los divertidos pelirrojos la compañía y convenciéndolos de recibirles unas golosinas para los niños. Les dijeron que si volvían a ir allí serían felices de compartir de nuevo una obra de teatro similar. Le regalaron también unas rosas de papel a Jane Mason, arrancándole una sonrisa a la castaña que había estado riñendo a Fabian y Gideon Prewett para que se apresurasen en las despedidas y no perdiesen el tren.

Los gemelos pelirrojos se burlaron de ella mientras subían al vagón, fastidiando entonces a su hermano menor que miraba con enojo a los "dos extraños muggles que se habían atrevido a regalarle flores a su chica". Angela y Jessica intervinieron para que sus novios no hiciesen ofuscar a la pareja, mientras Ron sacaba un chocolatín de su bolsillo y se lo ofrecía tímidamente a su novia a modo de disculpa por sus celos, sonriendo cuando ella le dio un beso en la mejilla.

Al llegar a Bristol se desplazaron en bus desde la estación de trenes hasta la de buses más cercana al cementerio, entrando a los baños para reacomodarse las ropas y asearse un poco. Los doce iban vestidos de negro que había confeccionado Angela para el funeral de Charlus, en respeto a los abuelos de Neville. Caminaron en silencio hacia su destino.

Se detuvieron en los sitios en los que en su época estarían las tumbas de los Brown y los hermanitos McMillan, las de los esposos Granger y la del auror Moody. Luego fueron a las de Fabian y Gideon Prewett, dejando los pelirrojos flores sobre ellas. Luego se dividieron en cuatro grupos para mirar las que existían actualmente hasta que Christine, Ginny y Harry ubicaron las de Melisa y Bob Yaxley, los abuelos maternos de Neville. El chico castaño no sabía dónde estaban, pues su abuela Augusta Longbottom nunca lo había llevado a verlos.

Los doce permanecieron frente a las tumbas colindantes en silencio varios minutos, Luna abrazada a su novio, de rodillas los dos, los otros diez de pie tras ellos en un semicírculo. Neville depositó el ramo de lirios blancos que habían comprado en las afueras y luego se incorporó con su novia, sonriéndoles con agradecimiento a sus acompañantes. Miró interrogante el perro Collie negro con manchas blancas, de pelaje denso, duro y de longitud diversa, que se les había unido desde que llegasen a las afueras del cementerio.

—¿Estamos a tiempo de alcanzar el tren para regresar? —le preguntó a Hermione.

—No. Sólo alcanzaríamos a tomar el que llega hasta Stroud —le respondió la castaña con sinceridad—. Lo mejor será quedarnos esta noche aquí y viajar mañana. Vimos un hotel cerca de la estación de buses, preguntemos ahí. —les propuso.

Todos asintieron y se encaminaron allí, pero ni en ése ni en los otros tres que les indicaron había habitaciones disponibles para los doce.

—Busquemos un sitio aislado para pedirle a nuestros amiguitos ayuda con el transporte. —les planteó Harry a sus amigos en voz baja al salir del último, preocupado porque ya había caído la noche, mirando de reojo a los niños.

—Me temo que tenemos problemas. —susurró Hermione mirando nerviosa a unos jóvenes mal vestidos que los venían siguiendo desde que venían saliendo del hotel anterior.

—No, Jane. Ellos los tienen si se atreven a meterse con nosotros. —gruñó Harry.

—No podemos vernos envueltos en una pelea estando con los niños —le recordó ella alarmada, suspirando al ver las miradas de enojo de todos—. Sé que haremos lo posible para que no los lastimen, pero aún así nos veríamos en problemas con las autoridades muggles.

—Vamos hacia el centro de la ciudad y buscamos perderlos allí. —sugirió Angela con tono preocupado, a lo cual asintieron todos.

Cuando se montaban al bus el perro negro gimoteó.

—¿Puedo subir con mi mascota, señor? —le preguntó la gemelita al chofer con su mejor expresión de súplica—. Gracias. —le dijo con una pequeña y dulce sonrisa luego que él les mirase los trajes negros antes de asentir.

—¿Tu mascota? —le susurró Jessica en voz baja cuando se sentaron en los últimos asientos.

—Es lindo y está muy limpio. —le dijo con expresión de súplica el gemelito.

—Lo hablaremos cuando lleguemos a la casa. —medió Harry. Sonrió al ver que de inmediato los pequeños empezaban a mimar al perro, que en cierta forma le recordaba a su padrino. Miró de reojo a Angela, que observaba embelesada la escena.

Jessica, Ginny, Luna y Hermione se miraron y suspiraron. Guardaron silencio en brazos de sus novios, mirando preocupadas a sus perseguidores sentados unos asientos delante de ellos.

Cuando sólo quedaron en el bus el chofer, los chicos y los jóvenes mal vestidos estos últimos se levantaron, poniéndose alerta los chicos. Cuando vieron avanzar a uno hacia la cabina, mientras los otros se dirigían a ellos, movilizaron a los niños y el perro hacia atrás. Notaron de reojo que el animal se ponía de inmediato en posición para defender a los gemelitos, agradeciendo internamente aquello mientras se preparaban para salir del problema.

Quince minutos más tarde los atacantes estaban inconscientes en el suelo, entre las butacas, el bus detenido varias cuadras fuera de su ruta, con Jessica, Ginny, Angela y Hermione deteniéndoles el sangrado tanto al chofer como a sus amigos y ellas mismas de los cortes que les alcanzaron a hacer con las navajas. Los dos niños atendían al perro negro que los había defendido a ellos y sus amigos. Ninguna herida era grave porque Angela y Jessica los habían entrenado a todos en Defensa Personal y se defendieron muy bien.

Gracias a las declaraciones del chofer salieron con bien de las indagaciones de la policía, pero como esperaba Hermione tuvieron problemas con el hecho de llevar a los niños con ellos sin un representante legal.

—Lo entendemos, señor. Pero tío nos dio permiso de traer a mis primos al funeral de los abuelos de nuestro amigo. Si no me atiende el teléfono es porque debe estar en quirófano operando a alguien. —le dijo Angela con tono convincente al detective.

—Entonces tendrán que esperar aquí a que él les atienda la llamada. —le respondió el hombre rubio de ojos verdes con tono afable, señalándole con una mano las sillas en que les había indicado que esperasen y llamasen de nuevo. Suspiró al ver que la chica murmuraba algo entre dientes mirando su uniforme y le daba la espalda.

—¿Cenaron? —les preguntó con tono amable la compañera de rasgos asiáticos.

—Esperábamos hacerlo en casa. —le respondió Hermione.

—Les traeré unas rosquillas y café. —ofreció el oficial.

—¡Bob! Son niños y jóvenes, no policías trasnochados como nosotros. —lo regañó de inmediato la compañera.

—No tienen que molestarse. Nosotros… —intentó Harry.

—Se nota que no tienes hijos —se burló el moreno amigo del rubio, que iba ya de salida sin su uniforme—. No te preocupes, Maggie, les traeré algo decente de donde Yael.

—Gracias Todd. —replicó la aludida guiñándole un ojo.

—Debería él agradecerte a ti la excusa que le has dado para visitarla. —se burló el hombre alto y de bigote negro que salía con él, esquivando con agilidad el golpe que intentó asestarle.

—Chicos, lo siento pero su amigo canino tendrá que esperarlos afuera. El jefe es un poco quisquilloso y no tarda en llegar. —les dijo la policía, levantando una ceja al notar que la chica de pelo negro miraba su uniforme, bufaba y sacaba al animal.

—¿Son ideas mías o la joven Saiph Dumbledore tiene problemas con los uniformados? —les preguntó el rubio.

—No son ideas suyas, un policía la trató mal hace años con sus padres adoptivos recién muertos. —le aclaró Harry con tono preocupado, mientras George salía rápido tras ella.

—Lo siento. Algunos compañeros no saben comportarse. Después de años en este trabajo se van endureciendo y olvidan cosas importantes. —respondió el policía con tono de disculpa mirando en dirección a la chica, que era abrazada por los hombros por el novio.

Pasada media hora, luego que los chicos comieron agradecidos lo que les dieron los policías, Angela llamó una vez más al teléfono muggle de casa de los Brown. Sabía que no estarían allí, pues si recordaba bien lo que les contaron de su rutina antes de adoptarlas estarían en San Mungo. Llamó luego al hospital muggle cercano, abriendo mucho sus ojos grises cuando la enfermera dijo que en seguida la comunicaba con Christopher Brown. Disimuló rápidamente al escuchar la voz del inefable diciéndole que en seguida iba por ella y sus amigos.

—Tío viene en camino a buscarnos. —dijo al colgar.

—¿Qué? —preguntaron los otros once chicos a coro, que tenían rato intentando pensar en una forma convincente de zafarse de los policías.

—No se preocupen, no sonaba enojado. Su voz era tan grave y firme como es habitual en él cuando ha salido bien la cirugía. —les dijo ella con tono tranquilizador.

—Tranquilos, chicos. Le explicaremos todo al doctor Brown —les dijo el oficial rubio—. Estoy seguro que estará contento al saber que ustedes se defendieron bien con las clases de Defensa Personal que les pagó.

—Primordialmente estará feliz al ver que están bien y que sólo tienen rasguños que ya les curaron los paramédicos. —agregó la policía después de rodar los ojos y denegar al oír a su compañero.

Los doce chicos permanecieron en silencio, intercambiando miradas intrigadas luego que Angela les dijese mentalmente que Benjy Fenwick era quien le había respondido la llamada telefónica. Lo vieron llegar vestido como un médico muggle de prestigio, con camisa blanca, flux, corbata y zapatos negros, escuchar atentamente a los policías, agradecerles las atenciones que habían tenido con los niños del primer matrimonio de su esposa actual, sus sobrinas políticas y los amigos de ellas, dejarles unas tarjetas y sacarlos hacia un par de taxis que los esperaban y los llevaron hasta la casa de los verdaderos esposos Brown.

Entraron gracias a que el verdadero Christopher Brown le había entregado un juego de llaves a su amigo tiempo atrás, para que fuese allí a descansar cuando quisiera y se estuviese movilizando como muggle por su trabajo. En cuanto los taxistas se alejaron Benjy se giró a mirar a los chicos, sonriendo ampliamente al ver sus expresiones interrogantes. Éstas transmutaron en asombro cuando él se transformó en el perro Collie negro que los venía acompañando desde el cementerio.

—¿Un animago no registrado? —preguntó Hermione, que recordaba bien su tercer año y lo hablado con la profesora McGonagall días atrás.

—Los inefables no podemos aparecer en los registros por nuestro trabajo —le respondió el hombre moreno una vez recuperó su forma humana—. Por eso no aparezco en el listado que estudiaron con Minerva —agregó, luego de sonreír ante las expresiones de asombro de los chicos porque les dijese cuál era su trabajo—. No se pongan tristes, pequeños. Atlantis estará feliz de ser su mascota. —agregó al ver las expresiones de los niños.

—¿Quién es Atlantis? —preguntaron los gemelitos a coro, con curiosidad.

—Vamos a mi casa para presentarlos —sonrió el moreno, convirtiendo un tapete del sillón de la sala en un trasladador con su varita—. Atlantis —llamó, al llegar a su hogar, al perro Collie de pelaje gris azulado con manchas blancas y sombras tabaco que lo acompañaba las pocas veces que estaba en casa—. Te presento a unos buenos amigos. —le dijo con afecto, luego que casi lo tumbase y le lamiese el rostro en señal de estar contento por su llegada.

»Les puede parecer un poco raro que un mago tenga una mascota no mágica, pero me lo regaló un niño muggle hace años y me tiene mucha paciencia con mis largas ausencias de casa. —les contó mientras veía contento que los doce chicos lo acariciaban y los niños se reían con sus lengüetazos cariñosos.

—Muchísimas gracias por acompañarnos y ayudarnos. —le dijo Harry con sinceridad.

—Lo hago con gusto —denegó él con una sonrisa abierta—. Por cierto, me ha asombrado que sean tan buenos para defenderse sin magia y me ha alegrado mucho que fuese así. Me preocupé cuando esos indeseables sacaron las navajas pensando que no podría evitar el que los lastimasen seriamente, sin hacer yo magia y meternos a todos en problemas. Los felicito y me gustaría que me enseñasen un par de cosas que hicieron.

—Será un placer. —afirmó Angela sonriente.

—Atlantis, amigo, ¿te gustaría quedarte con los chicos una temporada? Los niños están todo el tiempo en casa o saldrán a jugar a un parque cercano, así que no estarás tantos días encerrado solito y me harás el favor de cuidar de ellos. Yo iré a verte cada vez que pueda. —le dijo el hombre moreno, sonriendo al escuchar ladrar al perro mientras batía la cola contento.

—¿Podemos? —le preguntaron a coro los dos niños a los diez chicos con su mejor expresión de súplica.

—De acuerdo. —aceptó Hermione. al ver que los otros nueve se giraban a mirarla con expresiones semejantes. Sonrió ampliamente al oír los gritos de júbilo de los niños y las risas de sus amigos, correspondiendo feliz al beso que le dio su novio.

El inefable se rió con ellos, contento al haberles podido dar un poquito de dicha luego de los momentos tan amargos que habían vivido. Los acompañó a Edimburgo y ayudó a los niños a organizar el sitio en que dormiría el perro, luego de explicarles lo referente a la comida y cuidados que necesitaba. Les agradeció con la mirada a los chicos mayores cuando le pidieron que "ayudase a meter en cama a los dos pilluelos", haciéndolo con cariño. Luego se despidió de ellos y reapareció en su casa, respondiendo a la lechuza que lo esperaba con un mensaje del padre de los gemelitos.

Al día siguiente volvieron los doce a intentar hacer magia. Descubrieron que Chris & Chris ya habían vuelto a la normalidad; Luna, Fred y George podían hacer magia con sus varitas, pero su control era malo y sin ellas no lograban nada; mientras que Hermione, Angela, Ginny, Harry, Neville, Jessica y Ron no lograban hacer magia con sus varitas, mucho menos sin ellas. Esto fue analizado en seguida por la castaña para ayudar a todos a comprender lo que le sucedía a cada uno y buscar una solución, incluida ella misma.

—Es lógico. Los niños estaban tristes por separarse de sus padres. No los habían conocido y pudieron compartir con ellos como sus hijos durante este mes. Los señores Brown los cuidaron, dieron afecto y riñeron como padres, porque había una diferencia de edad relativa que les permitió comportarse como lo que son, padres e hijos.

»Gracias a la ayuda que les dio Harry y a lo hecho por el señor Fenwick con magia, permitiéndoles además cuidar a Atlantis, han recuperado su alegría y la confianza en la magia. —explicó, sonriendo al ver a los gemelitos batir palmas luego de asentir, mimando al perro que estaba sentado entre ellos.

»Luna, Fred y George no tuvieron problemas directamente con sus padres y las maldiciones que usaron fueron las dos más leves de las imperdonables, recuperando ayer la confianza en si mismos por la forma en que nos defendimos. Si aún no tienen bien el control sobre su magia es porque aún desconfían de lo que podrían hacer con ella.

»Pero chicos, piensen que nos hemos visto bajo presión muchas veces desde que sabemos usar las Maldiciones Imperdonables y nunca lo habíamos hecho. Si las usamos fue porque no había otra opción para salvar a los que estaban tras la barrera. —afirmó, sonriendo al ver que los tres la miraban con asombro, soltaban la tensión y asentían.

»Ron sigue teniendo problemas porque es el estratega del grupo y se siente culpable de no haber conseguido un escape a la trampa que nos tendieron. Pero el que la pequeña Hermione y mis padres estuviesen allí era demasiada presión para ti y para todos, mi amor, eso nos dificultó a límites insostenibles las cosas. —le dijo con cariño, sonriendo al ver que todos asentían en dirección a su novio y él luego de suspirar les sonreía agradecido.

»Jessica y Neville tienen problemas por las actitudes de sus padres en Deercourage, luego de verlos usar las dos Maldiciones Imperdonables menos graves. Pero Remus no dijo nada, conteniéndose mientras intentaba analizar lo ocurrido como es lo normal en su carácter.

»Estoy segura que en cuanto nos vea de nuevo en batalla, defendiéndonos sin usar alguna de las Maldiciones Imperdonables o las otras que conocemos a menos que nos veamos forzados a ello, comprenderá que sólo lo hicimos porque no había otra salida e intentará reanudar la amistad que tenía con nosotros antes de saber quiénes somos. —afirmó mirando a la chica de ojos miel, asintiendo sonriente al ver su expresión agradecida mientras Fred la abrazaba.

»En cuanto a Frank su reacción fue la del auror sopesado que por principios familiares rechaza la magia oscura. Analiza su forma de reaccionar y sus palabras, amigo. Tu papá no habló con rabia ni dolor, sino con la frialdad con la que enfrenta algo desconocido mientras investiga y busca una solución a las cosas. Estoy segura que reaccionará igual que Remus luego que nos vea de nuevo en batalla. —le dijo con suavidad a Neville, sonriéndole con cariño al verlo suspirar y asentir pensativo.

»Harry, Angela, Ginny y yo seguimos teniendo problemas porque los cuatro usamos la Maldición Asesina —Suspiró—. Aunque fue contra objetos y no contra algún ser vivo ya todos saben, por las prácticas que han hecho para intentar aprenderla, lo que se siente. Ése es el motivo para que ustedes no la hayan logrado. Si a eso le sumamos el que mis padres estuviesen allí con la niña Hermione y las reacciones de James y Sirius cuando llegamos… —Suspiró de nuevo.

»En cuanto a la Maldición Asesina, tenemos que enfocarnos una vez más en lo que Harry nos enseñó cuando logramos por primera vez hacerla: No vamos a matar a nadie con ella. Si la practicamos y usamos es sólo sobre objetos o animales, que vayan a morir por otros motivos, para poder buscar una forma de detenerla y para destruir algún objeto que nos impida salvar vidas, como los horcruxes o los pilares de la trampa. —expuso lentamente, suspirando al oír a sus tres compañeros bufar.

Habían aprendido a canalizar lo que sentían por Voldemort para poder aplicarla y que fuese efectiva. Pero lo dicho por James, Sirius y Frank era justo lo que ellos pensaban y les dificultaba tanto el lograr reunir suficiente "odio controlado" para usarla.

—Lo sé, yo me siento igual. Pero tenemos que asimilar lo ocurrido porque debemos recuperar el control de nuestra magia lo antes posible. Tanto en este tiempo como en el nuestro está haciendo mucho daño quien se ha hecho llamar Lord Voldemort. Habíamos decidido que aquí intentaríamos desbaratarle sus planes, o al menos dificultarle las cosas, y en nuestra época queremos y podemos detenerlo definitivamente.

»Por eso pienso que deberemos comenzar a practicar precisamente con la Maldición Asesina, porque tenemos que recuperar nuestro punto de vista sobre usarla. —les dijo con seguridad, sonriendo al ver asentir a Ginny con decisión y a los dos pelinegros cabizbajos.

»Angela, Harry, sé que ustedes están muy golpeados anímicamente por las reacciones de James y Sirius, pero quiero que piensen en las infancias que ellos dos tuvieron. James vio con sólo nueve años morir a sus dos tíos y otros familiares en el matrimonio de su tía Alyssa, cuando se suponía que ese día iba a ser el más feliz de su vida. Luego perdió a su mamá con diecisiete años en un ataque de mortífagos y vio a su padre enfermar gravemente hasta morir relativamente joven.

»Sirius fue castigado con maldiciones durante su infancia y juventud por su propia madre porque no pensaba como ella. Ellos no estaban pensando en Deercourage, simplemente reaccionaron al ver a dos personas a quienes quieren haciendo algo que a ellos les ha provocado mucho dolor.

»No puedo decir que sé lo que sienten, yo nunca estuve en una situación como la de ustedes, pero los dos han visto morir personas que quieren y los dos han sido víctimas de maldiciones asesinas que les han marcado sus vidas. Si ustedes dos no pueden comprender las reacciones de James y Sirius nadie podrá hacerlo.

»Hemos decidido que no nos acercaremos de nuevo a quienes nos protegieron y cuidaron desde que llegamos a esta época, no después que usando el don de los Percibir los Pensamientos sobre Pettigrew descubrimos tantas cosas, pero podemos reanudar un contacto amistoso y distante con ellos.

—¿Crees que papá y tío querrán que tengamos ese tipo de contacto con ellos? — preguntó con tono triste Angela, sus ojos verdes llenos de lágrimas.

—Sí, sí lo creo. Pero les tomará más tiempo que a Remus y Frank el asimilar lo ocurrido. Más aún porque con el borrado de recuerdos tienen una buena excusa para ocultar el hecho que reaccionaron bruscamente. Además que al no saber que ustedes son sus hijos se sienten menos comprometidos que cuando lo sabían a intentar comprenderlos. Pero los conocemos lo suficiente para saber que tienen buen corazón y finalmente verán lo que realmente ocurrió. También sabemos que no lo admitirán abiertamente y buscarán excusas para intentar reanudar la amistad que ya tenían con nosotros.

—Supongo que será lógico que reanudemos un contacto amistoso a distancia con ellos una vez que limemos asperezas, pues nos cuidaron y protegieron desde febrero. El volver a Deercourage despertaría sospechas en el enemigo, pero el comunicarnos con ellos y defenderlos en las batallas supongo que no. —opinó Harry, sonriendo agradecido cuando su novia le dio un dulce beso en la mejilla.

—Creo que incluso podremos reanudar un contacto directo en algún tiempo, pero eso sólo lo dirá el transcurrir de las cosas. —opinó Hermione luego de apretarle levemente la mano a su mejor amigo en apoyo, sonriendo al verlo asentir con una leve chispa de esperanza en sus esmeraldas.

»Mientras pensamos y aceptamos interiormente lo que hemos hablado, vamos a recorrer las cercanías en búsqueda de trabajos de medio tiempo según el horario que organicé temprano. —agregó con tono levemente mandón, entrecerrando los ojos al ver que todos dejaban escapar risillas.

—Es definitivo, empezamos a retornar a la normalidad. —aseveró Luna.

Todos rieron abiertamente al ver a la castaña bufar, terminando riendo ella también. Se levantaron de la mesa del comedor donde se habían sentado a charlar para ir a ponerse ropa muggle. En cuanto estuvieron de nuevo reunidos en la sala Hermione verificó que todos portasen sus documentos de identidad falsos antes de salir.

Dos días después habían conseguido trabajo en la universidad cercana: Roma Dumbledore (Jessica) como auxiliar en la guardería, Saiph Dumbledore (Angela) como ayudante en la farmacia y Jane Mason (Hermione) en el fichero de la biblioteca. En las afueras de la "ciudad universitaria" consiguieron: Juliet Starnight (Luna) y Molly Prewett (Ginny) como mesoneras y James Evans (Harry) como ayudante de cocina en un restaurante; Bilius Prewett (Ron) y Frank Yaxley (Neville) como ayudantes de oficina del periódico; Gideon Prewett (Fred) y Fabian Prewett (George) como vendedores en una tienda de bromas del centro de la ciudad. Todos eran de medio tiempo, algunos en la mañana y otros en la tarde.

—Sigo pensando que eso no es necesario, chicos. Yo puedo ayudarlos económicamente —les insistía Benjy en el descanso luego de la práctica de Defensa Personal, en que le contaban los trabajos que habían conseguido—. Yo no tengo familia que dependa de mí y gano bien en el Ministerio.

—Se lo agradecemos mucho. Pero el trabajar en el mundo muggle, además de reportarnos el beneficio económico, nos permite distraernos de la guerra en el mágico y otros problemas. —le explicó Harry.

—¿Cómo sigue su control de la magia? —les preguntó el inefable.

Los doce chicos suspiraron. Los gemelitos le demostraron que ellos ya habían vuelto a la normalidad, haciéndolo luego Luna, Ron, Fred y George. Después Jessica, Hermione, Ginny, Angela, Neville y Harry le mostraron los problemas que aún tenían.

—No sean tan duros con ustedes mismos, chicos. Han avanzado muchísimo para el problema tan serio que tuvieron —les dijo con tono suave el inefable, sonriendo al verlos suspirar y asentir—. Por cierto, les tengo noticias. He averiguado entre los muggles de Kingswood y estoy seguro de haber logrado averiguar sobre Gea y su familia. Tu nombre es Hermione y estás bien, al igual que tus padres.

—Muchísimas gracias, señor Fenwick. —le agradeció con sinceridad la castaña, que había estado preocupada por su familia.

—Llámenme Benjy como hacen mis amigos —les pidió, sonriendo al verlos asentir—. Al menos ahora los que ya han nacido saben sus nombres reales: Harry, Neville, Fred, George, Ron y Hermione. Nos faltan Leto, Venus, Diana, Electra, Isis y Saturno que aún no han nacido. Me despierta la curiosidad los nombres que usarán para desenvolverse como muggles.

—Marte, Neptuno, Mercurio, Júpiter y Urano sabían sus nombres y los de sus padres completos, por lo que usan los segundos nombres y los apellidos de solteras de las madres. Los otros siete nos hemos inventado unos mirando las guías telefónicas de Kingswood, Edimburgo y Londres. —le respondió la castaña con bien fingida naturalidad.

—Creo que lo mejor será que entre nosotros y con el señ… Benjy empecemos a llamarnos por los nombres que nos dieron nuestros padres, los que ya los sabemos, para ver si eso nos ayuda a despertar los recuerdos —sugirió Harry, explicándose más al ver la alarma en los ojos marrones de su mejor amiga—. Podemos decirles Chris & Chris a los gemelitos por los nombres de los papás. En cuanto a las chicas… —fingió pensarlo un poco—. Angela es un nombre similar a Angelica… mmm… Jessica se parece a Jennifer… A mí me gusta mucho la historia del rey Arturo, así que el amor de mi vida es mi Ginebra. ¿Te parece Ginny? —fingió preguntarle. Sonrió ampliamente luego que ella le besase en la boca a modo de respuesta—. En cuanto a Leto…

—Es blanca como la Luna e ilumina tanto mis noches como mis días para que la oscuridad no me alcance —dijo Neville al verlo dudar, acariciándole una mejilla a su novia—. ¿Te gustaría que te llamásemos así, mi amor?

—Cualquier nombre que tú selecciones para mí es maravilloso. —le respondió ella con expresión enamorada.

—Entonces ya tenemos nombres para todos mientras recuperan sus memorias —afirmó el inefable sonriente, luego que varios de los chicos carraspeasen incómodos para romper el beso entre la rubia y el castaño que se prolongaba—. En cuanto a eso, he estado investigando y el tomar notas de sus recuerdos inconexos y sus sueños podría ayudarlos. También pueden describirle lugares a… Luna, para que los dibuje. Yo averiguo dónde podrían ser y vamos allí.

—Muchísimas gracias por toda su ayuda… Benjy. Eso haremos. —afirmó Harry.

—Será mejor que todos vayamos a descansar. Me han dado una buena paliza hoy y mañana tengo que aparecer como si nada en mi trabajo. —les dijo el inefable, guiñándoles un ojo para que comprendiesen que bromeaba.

—Tome esta poción antes de dormir, por favor. —le pidió de todos modos Angela, preocupada.

—Así lo haré, linda. No te preocupes. Eres una excelente instructora. —le dijo con cariño el hombre moreno acariciándole la cabeza.

—Una vez más gracias por todo y descansa, Benjy. —le insistió Harry.

—Eso haré, versión masculina de Lily. —replicó con tono burlón el inefable, sonriendo al ver las esmeraldas del chico brillar. Se despidió de todos con un gesto de su mano antes de tenderle el brazo a Hera para que lo transportase.

—Vamos a dormir también nosotros, chicos. Mañana empezamos con nuestros trabajos muggles y nuestra nueva vida. —les dijo Hermione, que había asumido el papel de madre de todos, así como Harry lo había hecho de padre, sin darse cuenta ninguno de los dos.

—Sí mamita. —le dijeron con tono de burla los gemelitos, saliendo corriendo con el perrito antes que los regañase.


—¿Quién te está enviando rosas azules? —le preguntó con tono celoso James a su esposa, al ver el cuidado con el que ponía en un jarrón angosto la que había amanecido en el tocador del cuarto.

—Los chicos. —le gruñó Lily malhumorada.

—No sabía que les habías dicho que es tu flor favorita. —comentó con cautela el de lentes, pues su esposa estaba muy irascible con él cuando se tocaba el tema de los jóvenes que habían estado en esa casa hasta hace poco.

—Recuerdo habérselos dicho hace meses, cuando nos preguntaron nuestros gustos para el cumpleaños de Alice —respondió la pelirroja mientras contemplaba la rosa, pensativa—. A ella le están enviando lirios morados a Manchester. A Maidstone le llegan azucenas amarillas a Angelica y jazmines blancos a Jennifer.

—No nos habían comentado nada a sus esposos sobre eso, cuando saben que estando en guerra… —le empezó a reclamar el auror.

—No tenemos que decirles cada detalle de nuestras vidas a ustedes cuatro. Mucho menos de los chicos a Sirius y a ti, con la posición tan absurda que mantienen cuando incluso Edgar ha reconocido que Voldemort les tendió una trampa cerrada. —explotó Lily sin dejarlo terminar, saliendo luego de la habitación matrimonial dando un portazo.

—¡Rayos! —maldijo James, alborotándose el pelo con un gesto nervioso. Miró luego la rosa azul con una extraña mezcla de sentimientos en su pecho. Suspiró y salió del cuarto decidido a buscar que su adorable pelirroja lo perdonase.


—¿Otro lirio morado a primera hora de la mañana? —le preguntó Frank a su esposa, preocupado.

—Puedes comprobar que no tiene ningún hechizo ni veneno como has hecho con los otros, pero ya sabes que si lo dañas dormirás en el sofá hasta que el niño aprenda a caminar. —lo amenazó Alice.

—¿Sabes quién te los está enviando? —le preguntó con curiosidad. Desistió de intentar examinarlo, pues no había conseguido nada en los anteriores y su esposa estaba siempre molesta con él hasta el mediodía luego que lo hacía. Era evidente que ella confiaba en el remitente.

—Los chicos. —le respondió con sinceridad la rubia, cruzando los brazos frente a su pecho mientras balanceaba la varita en su mano y lo miraba amenazante.

—No lo esperaba. Tampoco que sabían que los lirios morados son tus favoritos —comentó el auror mirando la flor—. ¿Son ellos quienes dejaron los blancos en las tumbas de tus padres luego del funeral?

—Sí. —le respondió ella bajando la mirada.

—No se han presentado en las últimas batallas. Aunque es lógico porque sólo aparecen en las que hay muchas criaturas, mortífagos o están ese asesino y los más peligrosos de sus seguidores —comentó él pensativo mientras veía el cuidado con que su esposa había recogido los pétalos de las otras flores, antes que se marchitasen—. Me pregunto si no se presentarán de nuevo o lo que ocurrirá si lo hacen.

—Espero que no se presenten a ninguna otra y que podamos recuperar su confianza, para saber quiénes son y ayudarlos. —le respondió ella con tono abatido.

—Albus ha intentado comunicarse con ellos pero no le responden. Me temo que fuimos muy duros con ellos y será difícil el retomar el contacto. Pero Remus y yo hemos pensado que tal vez si Fawkes les lleva una nota de nuestra parte, pidiéndoles una reunión en un sitio neutral y seguro para ellos, podríamos conversar. Le pediré a Albus que su fénix nos ayude con eso. —le contó lo que había hablado con el licántropo, sonriendo al ver que su sol rubio corría a abrazarlo y darle un beso.

—No es necesario hablar con Albus. Moony, Rea y Hera responden cuando Lily, Angelica, Jennifer y yo los llamamos —le reveló ella, sonrojándose al ver la expresión de sorpresa de su esposo—. Es con los pequeños fénix que nos envían flores a las cuatro y nosotras les hemos enviado algo de fruta.

—Deben estar complicados con los gastos. —comentó pensativo el auror luego de unos minutos.

—Los fénix no nos reciben dinero ni demasiada comida para llevarles, sólo algunas frutas. Supongo que por órdenes de los chicos. —le contó ella desanimada.

—Retomaremos el contacto con ellos y los ayudaremos. —le aseguró Frank para tranquilizarla, aunque sospechaba que sería difícil.


—Es muy fragante el jazmín de hoy. —comentó con tono triste Remus.

—Antes que por esa cabecita tuya pase cualquier tontería sobre alejarte de mí para que un pretendiente inexistente se me acerque, te diré que las flores me las están enviando los chicos. —lo regañó Jennifer.

—Yo sólo quiero que tú seas feliz, mi amor. Que puedas tener una vida normal e hijos, lo que con mi maldic… —empezó a decirle el de ojos miel con tono convincente.

—Sigue por ahí y le haces compañía a Sirius en el otro sofá de la sala —lo interrumpió la gemela—. Sólo que además irás a trabajar con unas lindas plumas de augurey por todo tu cuerpo, para que todos sepan que te quejas como una de esas fastidiosas aves. —lo amenazó su esposa apuntándole con su varita.

—Es un lindo detalle el de los chicos de enviarte la flor que más te gusta —cambió rápidamente el tema Remus luego de tragar saliva, para distraerla y que se le pasase el enojo. Se calmó al verla sonreír—. ¿Te las hacen llegar con los fénix?

—Sí. ¿Cómo lo supiste? —le preguntó ella desconcertada.

—Porque Sirius puso ayer un hechizo a la casa para que no pudiesen entrar lechuzas, celoso al extremo como está. —le contó con una sonrisa, que se amplió al ver a su esposa bufar y denegar.

—En cuanto mi hermana se dé cuenta mi tonto cuñadito va a tener serios problemas. —afirmó la gemela.

—Frank y yo hemos pensado intentar contactar nosotros a los chicos para hablar con ellos, ya que no le responden a Albus. ¿Crees que les podemos pedir a uno de los fénix que lleven la nota? —le planteó dudoso luego de mirar de nuevo la flor.

—Pues no nos reciben ni dinero, ni comida, sólo fruta. Pero podemos intentarlo. —le respondió ella mientras se abrazaba a él por la cintura, besándolo en la mejilla, fundiéndose luego los dos en un beso apasionado.


—SIRIUS ORIÓN BLACK BLACK, ERES UN ESTÚPIDO Y ARROGANTE CRETINO —bajó gritando furiosa Angelica—. Si pierdo mi trabajo porque las lechuzas no pueden entrar a la casa te voy a hechizar de tal forma que tengas que permanecer hospitalizado en San Mungo una semana entera.

—¿Cómo llegó esa azucena aquí? —le preguntó él rabiando de celos e impotencia, apuntándole con su varita a la tímida flor en el centro de la mesa de la sala—. ¿Cómo rayos llegó aquí? ¿Quién te las está enviando? ¿Cómo pudo aparecer justo al lado mío luego de todo lo que he hecho para que no sigan llegando? —gruñó con una mezcla de frustración y desconcierto.

—Me las están enviando los chicos, una por cada día que no se puedan ir de nuestro tiempo. No puedes evitar que lleguen porque me las entregan con los fénix. Y si intentas dañar ésta te prometo solemnemente que rompo definitivamente contigo aunque me duela en el alma hacerlo. —le respondió ella con tono frío y sus ojos azules como témpanos de hielo.

—No sabía que estaban enterados que es tu flor favorita. —comentó Sirius con tono calmado, bajando su varita.

—Lily les dijo las flores favoritas de las cuatro para el cumpleaños de Alice. —le respondió ella con el mismo tono frío.

Sirius agitó su varita en dirección a la ventana más cercana y de inmediato entraron tres lechuzas por la que estaba al lado, con sus plumas erizadas y haciendo ruidos fuertes para demostrar su molestia. Dejaron El Profeta, un sobre del Ministerio y otro de Gringotts, retirándose luego de recoger la parda su pago por el periódico de la mesita cercana, sin acercarse a ninguno de los dos.

—Perdona mi comportamiento de estos últimos días, Angelica. Estoy bastante alterado y el que no me respondieras quién te enviaba las flores me exasperó aún más. —le dijo Sirius mirándola directamente a los ojos, como sabía le gustaba a ella cuando él se disculpaba.

—¿Cómo querías que te respondiese con la actitud que tienes con los chicos? Sabes bien que prefiero callar a decir mentiras. —le replicó ella con tono menos frío y sus ojos de nuevo aguamarinas.

—Tienes razón. Perdóname por favor. — le pidió él con tono suave.

—¿Qué es exactamente lo que quieres que te perdone? —le preguntó Angelica.

—Que haya sido un estúpido y arrogante celoso que no te ha sabido tratar como la maravillosa mujer que eres. —le respondió Sirius. Sabía la pregunta que subyacía ahí, pero aún no podía lidiar con ese tema.

—Perdono al hombre que amo por ser un esposo que me quiere y aún está aprendiendo a dominar sus celos enfermizos. Pero lamento en el alma que el maravilloso ser de gran corazón, del que estoy enamorada perdidamente, no pueda aún aceptar que los chicos no tuvieron otra opción en Kingswood. —le dijo ella con tono suave mientras se le acercaba y lo abrazaba, sonriendo con dulzura al ver que bajaba la cabeza, levantándosela con cuidado por el mentón y besándolo en la boca.

—Ay. —se le escapó un quejido a él cuando intentaba levantarla en brazos.

—Espero que recuerdes lo incómodo que es el sofá la próxima vez que tus celos te intenten nublar el buen sentido. —lo regañó ella, empujándolo levemente para que se sentase y poder darle un buen masaje en la espalda.

—La próxima vez me voy a mi apartamento de soltero o duermo en mi forma animaga —dijo él sin pensar—. Ay —se quejó al ella presionarle fuerte un nudo de tendones en su cuello—. Pero si sólo bromeaba, cariño. —intentó enmendar su error.

—Más te vale, cariñito. —le gruñó su esposa, suspirando al ver que la miraba con la expresión de cachorrito desvalido con que siempre la convencía. Sonrió y le dio un beso en la punta de la nariz antes de retomar el masaje.

El martes en la noche, luego de la hora de la cena, aparecieron los tres fénix mayores agitados, dejando los pichones cerca de los niños.

—Ataque en Preston. —informó Jessica lo que le acababa de decir Moony.

—No creo que sea prudente que Harry, Neville, Angela, Ginny, tú y yo vayamos, porque más que ayudar podríamos generar problemas. —opinó Hermione nerviosa.

—El ataque es muy grande y Voldemort está allí. —dijo Luna después que Febo le contase el mensaje que le había transmitido Reaa los pichones.

—Yo voy a ir aunque sólo sea a evitar que ese maldito logre acercarse a papá. —rugió Harry, sintiendo que la sangre le hervía.

—Iremos todos. Posiblemente allí terminemos de superar el problema que tenemos. —dijo Angela, más porque lo deseaba que por estar segura que ocurriría.

—De acuerdo —aceptó resignada la castaña, esperando de corazón que tuviese razón—. Pero si alguno de nosotros seis es herido seriamente y se convierte en un problema regresa aquí sin protestar para que Chris & Chris lo curen.

—Los demás mantendremos a Voldemort lejos de sus padres si eso llega a ocurrir. —presionó Ron al ver la intención de su mejor amigo de protestar.

—Está bien, apresurémonos —aceptó Harry a regañadientes—. Ustedes dos vayan a Deercourage con mi capa invisible y asegúrense que el maldito Pettigrew no intenta nada. Les avisaremos por las esclavas si los necesitamos aquí antes que vuelvan allá los que merecen nuestra confianza. —les dijo a los niños, sonriendo al verlos asentir de inmediato.

—Les di la oportunidad de volver a mis filas en Kingswood y no la aceptaron —dijo con tono de desprecio Voldemort al ver aparecer a los encapuchados—. Aunque se comportaron de acuerdo a la preparación que les fue dada. Espero que hayan pensado mejor las cosas y comprendan que deben retornar con mis hombres.

—Nunca hemos sido, ni somos, ni seremos, tan cabeza huecas como los ignorantes que te siguen sin saber quien eres realmente, T.R. —le respondió Harry con evidente rabia en la voz—. En Kingswood sólo hicimos lo necesario para salvar vidas. Y no porque lo hayamos aprendido de alguien tan asqueroso como tú o quienes te siguen porque creen que eres de sangre pura, cuando…

Voldemort de inmediato empezó a atacarlo para que no pudiese terminar de hablar. Se rió macabramente al ver que lo esquivaba e intentaba hacer unos escudos para protegerse y lanzar hechizos de vuelta, pero la mayoría no funcionaban, recurriendo a ayudarlo el encapuchado más alto.

—¡Rayos! —maldijo James al ver lo que ocurría, intentando acercarse en seguida. Pero entre los mortífagos con los que combatían y los civiles que intentaban proteger no lograban llegar allí él y sus amigos.

Diez minutos más tarde caía seriamente herido Harry protegiendo a su padre con su cuerpo pues, aunque la capa desviaba la mayoría de las maldiciones, al haberse interpuesto frontalmente en el ataque de Voldemort sobre James la maldición se había colado justo donde su cuerpo no estaba protegido.

—Váyanse ustedes dos con él o nos seguirán creando problemas. Ahora mismo. —regañó Ron a Angela y Ginny, que aún estando heridas no querían hacerlo.

—Pero… —intentó Angela.

—Electra, Neptuno, sáquenlos de aquí a los tres. —rugió Ron enojado. Había visto que su novia lograba hacer magia casi con total normalidad, por lo que le permitió quedarse para que los ayudase.

—Saben que tiene razón. —afirmó Neville mientras con su varita activaba la esclava de Harry, que estaba inconsciente, haciéndolo luego con la de Ginny y desapareciendo. Jessica se había llevado a Angela cuando desaparecía el chico de pelo negro.

—Gea, Júpiter, Leto, Mercurio, devolvamos el favor que nos hicieron en Kingswood. —los reorganizó Ron, señalándoles con una leve cabezadita en dirección al sitio por el que intentaba acercarse el director.

—Nuestro placer. —replicaron los cuatro con malicia y enojo mezclados.

Rápidamente empezaron a empujar con un fuerte ataque, sin detenerse casi a respirar, a Voldemort y su círculo interno de mortífagos en dirección al profesor Dumbledore, los aurores Alastor Moody y Rufus Scrimgeour, alejando sin embargo a James, Sirius y Frank de los más peligrosos. Sonrieron con malevolencia cuando el heredero de Slytherin desapareció con sus hombres al entender lo que querían.

—Alto. Ustedes están… —intentó arrestarlos el auror con aspecto leonino, gruñendo con frustración al ver que desaparecían los cinco encapuchados antes de poder establecer el escudo antiaparición. Por señas reorganizó a sus hombres para que empezasen a movilizar a los detenidos, mientras daba la señal con su varita para que apareciesen los medimagos.

Los miembros de la O.D.F. se miraron de reojo, desapareciendo los que no se suponía deberían estar allí.

—¿Qué pasó? —preguntó Lily al verlos a todos aparecer con expresiones preocupadas. Dejó su bebé en el corralito, como hacía Alice también, con los cinco elfos rodeándolos de inmediato.

—Los chicos se presentaron hoy. —le respondió parcialmente Emmeline.

—¿Y? ¿Qué más? —presionó la rubia.

—Marte, Diana, Venus, Gea, Electra y Neptuno tienen problemas con su magia, siendo seriamente heridos los tres primeros. —completó la información Jennifer mientras empezaba a curar a Edgar, que era el que estaba en peores condiciones.

—No, no puede ser. —denegó pálida Lily.

—No debieron presentarse. Al menos no ellos seis. Aunque Gea mejoró bastante durante la pelea. —comentó Remus preocupado.

—Intentaré contactarlos nuevamente para averiguar cómo están los heridos —afirmó Albus con expresión preocupada—. Fawkes. Necesito un favor tuyo, amigo… —lo llamó y empezó a hablarle mientras caminaba hacia la biblioteca.

—Voy a buscar pociones. —anunció Benjy antes de desaparecer. Esperaba cubrir con eso su salida para desde su casa pedirle a uno de los fénix de los chicos que lo llevase a Greenprairie de inmediato, apretando su brazo izquierdo cerca del hombro y sobre el sitio de la herida.

Casi media hora más tarde reapareció Fawkes en Deercourage, varios minutos después de llegar Alastor con Frank, James y Sirius. Los cuatro estaban muy serios y con semblantes preocupados, que empeoraron al saber que aún no había noticias de los chicos.

—Electra ha logrado estabilizar a Marte. Diana y Venus tienen heridas de cuidado pero no es nada grave. Los otros chicos sólo tienen heridas leves. —les dijo el director lo que le había transmitido el fénix, pues la nota de los chicos no era suficiente.

—¿Qué dice la nota? —preguntó Alastor—. ¡Niñatos insufribles! ¿Cómo se les ocurre decir solamente "Estamos bien" después de lo que vimos? —gruñó enojado al leerla, luego que su amigo se la diese.

—Habían aceptado hablar con Frank y conmigo el sábado. Supongo que ahora eso será imposible. —comentó Remus abatido.

—No suspendan esa reunión, por favor —les pidió de inmediato James, suspirando al ver que todos lo miraban con expresión de sorpresa—. Es posible que vaya alguno de los otros chicos y es necesario que les hagan comprender que no pueden presentarse en batallas teniendo el problema con la magia que les hemos visto hoy.

—Intentaré mañana a primera hora volver a comunicarme con ellos, tanto para saber cómo sigue Marte como para insistirles en la reunión. —afirmó Frank.

—Vamos a descansar. No podemos hacer más hoy. —les indicó el director.

—Yo voy a casa de Benjy. Me preocupa que haya enviado las pociones con Fawkes y no volviese. —dijo preocupada Angelica.

—Te acompaño. Creo que lo hirieron y podría estarse haciendo el valiente de nuevo. —la apoyó Sirius.

—Mira quien habla. —replicó Jennifer, sonriendo con picardía cuando lo vio girar los ojos antes de desaparecer.

Lo consiguieron sentado frente a la chimenea apagada con expresión abatida, una copa con poción rellena sangre y su varita en la mesita junto a su mano derecha, su brazo izquierdo vendado. Sirius recordaba muy bien que lo habían herido seriamente interponiéndose en una maldición dirigida a la chica que se hacía llamar Electra, así como también que su cuñada no lo había alcanzado a curar antes que desapareciese de Deercourage y sabía que no era bueno con los vendajes. La posible explicación lo preocupaba y tranquilizaba a partes iguales.

—Esa poción no hace efecto si no la bebes —le dijo con fingido tono burlón, evitando el rápido escudo de su esposa que los petrificase—. Tranquilo Benjy, sólo somos Angelica y Sirius. Vinimos a ver cómo estabas porque nos preocupó que no regresaras.

—No me sentía bien. —replicó el inefable con tono bajo en su voz normalmente gruesa pero alta, intentando infructuosamente tomar el envase de poción con su mano derecha luego de soltar su varita.

—Debiste pedirnos ayuda. —lo regañó Angelica apresurándose a ayudarlo.

—Tenía algo que hacer. —murmuró el inefable sintiendo que se le cerraban los ojos.

Los chicos habían querido que se quedase con ellos para cuidarlo, pero él les hizo ver que debía estar en su casa si alguien de La Orden del Fénix lo buscaba.

—Tranquilo amigo. Todo va a estar bien contigo y con los chicos —le aseguró Sirius, sonriendo con picardía al ver que abría de inmediato los ojos asustado—. Tú no sabes hacer vendajes. Ahora bebe la poción y no te preocupes, ni Angelica ni yo le diremos a nadie. Vamos a llevarte a tu cuarto y quedarnos a cuidarte.

—No es necesario. —musitó el inefable mientras su amiga le acercaba el vaso con poción a la boca, luchando por mantenerse consciente.

—Dejas que te ayudemos o le aviso a Christine para que te interne en el cuarto especial de San Mungo para los Inefables —lo amenazó Sirius, sonriendo al ver que se giraba a mirarlo con el ceño fruncido—. Sé que lo detestas tanto como yo, así que te tomas la poción, te dejas cuidar y te tranquilizas.

El hombre moreno suspiró y asintió, dándose por vencido.

Cuando, unos minutos después que el inefable se quedase dormido, aparecieron Hera y Rea fue evidente que los chicos querían verificar que el hombre estuviese bien. Angelica miró nerviosa a su esposo, destensándose al ver su actitud y oírlo.

—Díganles que se ha tomado la poción rellena sangre y está durmiendo tranquilo, que nosotros dos lo cuidaremos, que si necesitan alguna poción sólo tienen que avisarnos. Angelica y yo se las enviaremos.

Al ver desaparecer las aves luego de emitir un suave cántico se giró a mirar al hombre moreno pensativo, sus ojos grises detallando el vendaje.

—Esperemos que Remus y Frank tengan mejor suerte que Benjy en convencerlos de no ir más a batallas mientras se recuperan del mal rato que los hicimos pasar por culpa de Voldemort —comentó luego de varios minutos de silencio—. Me gustaría que no fuesen a más batallas ni siquiera cuando se recuperen, pero eso será casi imposible de lograr.

—Según dicen Edgar y los otros habíamos logrado retenerlos en casa unos días. —le recordó Angelica.

—Lástima que no les dijimos cómo lo hicimos y no lo recordamos —replicó Sirius—. ¿Crees que Benjy sepa ya quiénes son?

—No lo creo. Ellos estuvieron con nosotros casi seis meses y al parecer sólo en agosto sabíamos quiénes eran —le respondió su esposa, preguntándole luego algo que la tenía intrigada desde el día del problema grave con los chicos—. ¿Por qué no delataron James y tú lo del viaje en el tiempo de los chicos con los otros miembros de La Orden del Fénix que no lo saben?

—Porque tenemos un traidor en el grupo y esa información no debe llegar a Voldemort —le respondió Sirius con sinceridad, suspirando antes de decir la otra razón—. Además, aunque no nos gustaba ni nos gusta que sepan magia oscura, desde el primer momento hemos sabido que son de confianza y debemos seguirlos protegiendo y ayudando. Es sólo que… Para ninguno de los dos fue fácil verlos usar las Maldiciones Imperdonables luego de lo que vivimos siendo unos niños.

—Una de las cosas que más me gustan de ti es tu sinceridad. —le sonrió Angelica con dulzura, pues sabía que para él había sido muy difícil confesar eso.

Los dos empuñaron sus varitas con rapidez dos horas más tarde al ver aparecer a alguien en el cuarto, bajándolas al ver que se trataba de la chica de ojos miel con su rostro oculto tras el pasamontañas.

—¿Me permiten examinarlo? — preguntó nerviosa.

—Claro que sí, Electra. —le dijo de inmediato Sirius, separándose de la cama para que ella se acercase.

—¿Cómo están Marte, Diana y Venus? —le preguntó Angelica cuando la vio terminar de hacer el examen con la varita.

—Diana y Venus están totalmente fuera de peligro. Marte… —Suspiró. Estaba muy preocupada por él. Mientras le quitaba con cuidado el vendaje al hombre moreno y le empezaba a aplicar el ungüento color rosa viejo que llevaba en la capa les explicó—. Ha tenido una recaída seria hace unos minutos. Me costó un poco determinar cuál fue la maldición que usaron con él y con el señor Fenwick. En cuanto estabilicé nuevamente a Marte vine a cambiar el tratamiento a nuestro amigo.

—Si tienes ese problema con tu medimagia tal vez sería conveniente que a los dos los examinase Jennifer —le sugirió con tono suave Sirius, mordiéndose el labio inferior al ver que la chica bajaba la cabeza y hacía ademán de retirarse sin terminar de curar el brazo del hombre moreno—. No me malentiendas, Electra, por favor. No desconfío de tus intenciones de ayudar a Benjy. Sé que quieres hacerlo al igual que con Marte. Pero noté en Preston que tienes problemas con tu magia y no sé cómo afecta eso tu desempeño con los conocimientos en medimagia que tienes. —agregó rápidamente.

—Es cierto que tengo problemas con mi magia y se me dificulta el diagnosticar con rapidez. Pero Isis y Saturno me ayudaron a precisar el hechizo que le aplicaron a Marte y Gea recuerda que es el mismo que alcanzó al señor Fenwick en el brazo, cuando se interpuso para salvarme. —le respondió con sinceridad y nerviosismo.

—Por favor, termina de curarlo. —insistió Angelica, sonriendo al ver que asentía y lo hacía.

—¡Por Merlín! Debo irme —dijo Jessica minutos después al recibir el mensaje de emergencia que los gemelitos le habían enviado con Moony. Había terminado justo antes el vendaje—. Por favor háganle beber un vial cada hora. —les dijo dejándoles una docena en la mesita junto a la cama, con algo de color azul oscuro adentro.

—Espera —la retuvo Sirius alarmado por un brazo—. ¿Qué pasa? ¿Marte está mal de nuevo? —le preguntó, soltándola al sentir que se removía nerviosa.

—Sí, debo irme. —le respondió la chica de ojos miel.

—Por favor, deja que le avisemos a Jennifer para que vaya contigo. —le pidió Angelica.

—No puedo. —denegó Jessica con frustración en su voz.

—No sé que tan brutos fuimos porque no lo recuerdo, pero por favor perdonen lo que hayamos dicho y permitan que los ayudemos. —le insistió Sirius.

—Les avisaré con uno de los fénix cuando logre estabilizarlo. —les prometió Jessica antes de desaparecer, luego de morderse el labio inferior.

—¡¿Qué rayos hicimos tan grave que no pueden perdonarnos y permitir que Jennifer vaya a ayudarlos cuando peligra la vida de Marte?! —exclamó Sirius exasperado, casi a gritos.

—Ellos ya los han perdonado. Pero no quieren ponerlos en peligro si el traidor se entera que ustedes los han aceptado de nuevo, luego que los rechazaron por considerarlos magos oscuros. —respondió el inefable con los ojos entreabiertos y su respiración agitada.

—¿Sabes quiénes son? —le preguntó Angelica.

—No puedo responderte eso, amiga. Hice un Pacto de Silencio con ellos. —le respondió con sinceridad el inefable.

—¿Viste la herida de Marte? —le preguntó Sirius con sus ojos grises brillando, luego de unos minutos de lucir muy inquieto.

—Sí. —le respondió Benjy, sin comprender.

—Dile a tu gemela que venga, que es una emergencia —le dijo a su esposa—. En cuanto Jennifer llegue le describes exactamente lo que viste mientras ella te examina el brazo, luego llamamos a uno de los fénix de los chicos para que les lleve las pociones que puedan necesitar e instrucciones de Jennifer sobre qué hacer. —se giró a decirle al hombre en cama.

—Excelente idea. —aprobó de inmediato Angelica.

Una hora más tarde respiraban más tranquilos Benjy, Angelica, Sirius, Remus y Jennifer, al interpretar la última para ellos el examen en medimagia que por medio de una esfera azul del tamaño de una bludger le había enviado la chica de ojos miel, siguiendo las indicaciones de la estudiante de medimagia.

—… En resumen, Marte está ahora sí totalmente fuera de peligro y empezando a recuperarse.

—Gracias de todo corazón, Jennifer. —le agradeció con una sonrisa el hombre moreno.

—Tómate el vial y duerme, amigo. Sólo así te recuperarás. —le respondió ella con una sonrisa, que se amplió al ver que asentía y hacía lo que le había dicho quedándose dormido nuevamente casi en seguida.

—¿Cómo están los otros chicos? —le preguntó Sirius cuando ya estaban Remus, ella y él en el pasillo. Angelica se había quedado a acomodarle la colcha a Benjy, además de colocar un hechizo de seguridad en la ventana para dejarla entreabierta y organizarle los viales.

—También se están recuperando bien de sus heridas. Pero me preocupa el problema que tienen con su magia —le respondió Jennifer con sinceridad, contenta al ver que la actitud de desconfianza de su cuñado con los chicos había desaparecido—. Benjy tiene razón en que es ocasionado por haberse visto obligados a usar las Maldiciones Imperdonables.

—¿Quién se las habrá enseñado y para qué? —preguntó Sirius en gruñidos a nadie en particular.

—He estado pensando que tal vez alguien los enseñó a identificar las tres Maldiciones Imperdonables y a resistirse tanto a la Controladora como a la Torturadora, practicando luego con ellos las tres buscando mejorar las capas extrañas que usan para que las desvíen también —les comentó Remus pensativo—. Pero por lo que vimos hoy no han tenido éxito en eso.

—Quienquiera que se las haya enseñado y los torturase con ellas mientras aprendieron a resistirse es un maldito sádico. —gruñó Sirius enojado.

—En eso te doy la razón, cuñadito. —afirmó Jennifer, que desde que había visto a Marte resistirse tanto a la controladora como a la torturadora de Voldemort para defenderla estaba enojada con quien los hubiese entrenado así y muy preocupada por ellos.

—Debimos imaginarnos, cuando Voldemort los sometió de uno en uno a dos de las Maldiciones Imperdonables, que haría algo como la trampa que les tendió en Kingswood. —afirmó Remus, denegando.

—Pero no lo hicimos y además les reclamamos a los chicos ve tú a saber en qué términos que nos borraron los recuerdos de lo que ya nos habían revelado por confianza. —agregó Sirius con tono arrepentido.

—No podemos cambiar eso. Tendremos que ganarnos de nuevo la confianza perdida. —le dijo Jennifer con cariño, palmeándole el hombro suavemente.

—¿Han notado el cambio que se opera en Benjy cuando se trata de los chicos? —preguntó Remus.

—Al parecer los chicos se han ganado no sólo su confianza, sino también su corazón. —afirmó Angelica, uniéndoseles.

—Me pregunto qué tanto sabe de ellos y no puede decirnos por el Pacto de Silencio —comentó Sirius pensativo, encogiéndose de hombros—. Aunque eso en realidad no importa si él puede ayudarlos como nosotros no podemos hacerlo ahora.

—Tenemos que hacer lo necesario para que logremos recuperar su confianza pronto y podamos ayudarlos de nuevo. —agregó Angelica, asintiendo los cuatro con decisión.

—Harry, mi amor. —se le abrazó la menuda pelirroja con cuidado al verlo despertar.

—¿Qué pasa, mi amor? —le preguntó su novio con voz rasposa.

—Nos diste un gran susto, amigo. Esa maldición que te alcanzó fue muy seria y peor aún en el sitio en el que te golpeó. —le respondió Ron al ver que su hermana no podía, sollozando abrazada a él.

—Shhh. No llores pelirroja. Se caerán de tristeza las estrellas. —le dijo Harry con cariño mientras le acariciaba la espalda.

—Yo no puedo vivir sin ti. Por favor, no vuelvas a estar en una pelea en que no estés seguro de salir vivo. —le pidió ella entre sollozos.

—Eso es imposible de hacer, hermosa. Pero te prometo cuidarme más y no hacer ninguna tontería que me ponga en peligro. —le respondió él con dulzura, limpiándole las lágrimas del rostro con su propia mano derecha, con sus esmeraldas mostrándole el gran amor que sentía por ella.

—Excelente. Porque no te presentarás en ninguna otra batalla a menos que logres de nuevo controlar tu magia —afirmó Ron con tono resuelto—. Ni tampoco Ginny, Angela, Neville o Jessica, aunque tengamos que dejarlos sin varita y desmayarlos.

—Tus papás han estado muy preocupados por ti, al igual que papá. —le contó la chica de pelo negro, sonriendo al ver su expresión de incomprensión.

—En los dos días y medio que llevas inconsciente han pasado muchas cosas. —le dijo Ginny con una suave sonrisa.

En seguida los gemelitos le empezaron a contar todo lo ocurrido con lujo de detalles.

—¿Quién me está cubriendo en el puesto de comida? —preguntó Harry, luego de asimilar tanto lo que le contaron como los regaños cariñosos que le hicieron.

—Fred y George han cambiado sus turnos en la tienda de bromas, de modo que Jessica te cubre a ti, Hermione a Ginny y George a Angela —le respondió el pelirrojo más alto, estremeciéndose al nombrar a los dos últimos. Se explicó al ver la expresión interrogante de su amigo—. Fue muy extraño verlo con la apariencia de Angela dándole un beso a ella.

—Pudiste ahorrarte la explicación, amigo. —protestó Harry, después de estremecerse al imaginarse la situación.

—Ellos pudieron ahorrarnos el ver eso. —replicó Ron sacudiendo la cabeza, como si así pudiese sacarse la imagen.

—Muy bien, basta de charla. —dijo Christine con tono autoritario.

—Hora de tomarte tus pociones, comer y dormir de nuevo. —la apoyó Christopher.

Harry iba a protestar, pero se detuvo al oír al perro pegar dos fuertes ladridos.

—Incluso Atlantis está de acuerdo con eso —afirmó Ginny sonriente—. No se ha despegado de los pies de tu cama. —le contó a su novio acariciándole con cariño la cabeza.

—Por lo que veo tengo que portarme bien. —respondió Harry con tono resignado, sonriendo al ver a la mascota del inefable lamerle la mano izquierda con cariño.

En la noche le cantaron los once chicos y el inefable el cumpleaños a Hermione, recibiendo la castaña tanto regalos de ellos como de Lily, James, Alice, Frank, Angelica, Sirius, Jennifer, Remus, Minerva, Alastor y Albus por medio de los fénix.

Cuando Harry vio el ramo de magnolias que su mejor amigo le regalaba a la novia se entristeció, levantando la mirada al oír a su mejor amiga.

—Nosotros le seguimos enviando la rosa azul a tu mamá en tu nombre mientras estuviste inconsciente. Espero que no te moleste.

—Gracias por hacerlo. —les agradeció él con una gran sonrisa.

—Ataque en Norwich. —leyó Lily el sábado la nota traída por Fawkes.

—Espero que los chicos no se presenten —comentó preocupado James mirando su cena intacta, dándole en seguida un beso a su esposa en la mejilla—. Volveré tan pronto pueda. No te despegues de Harry y tu varita.

—Tranquilo, eso haré. —le aseguró ella, decidida además a averiguar quién la espiaba cuando él se iba a pelear.


—Ustedes dos no se van a aparecer en Norwich bajo ninguna circunstancia. Prométanlo ahora mismo con las manos frente a ustedes. —ordenó Ron con firmeza señalando a Angela y Harry.

Los dos hicieron lo dicho por el pelirrojo alto con expresiones resignadas, pues eran los únicos que no recuperaban un mínimo del control de su magia suficiente para poder combatir y en Preston habían puesto en peligro al grupo los que no podían hacer magia.

—Ustedes cuatro solamente se presentarán si se los solicitamos por las esclavas, limitándose a hacer lo que les indique —siguió Ron señalando a Jessica, Ginny, Hermione y Neville, continuando al verlos asentir—. Christopher puede hacer hoy solito lo indicado por Harry, porque quiero que Christine se quede a cuidarlos a los dos. Si la rata se presenta en Deercourage nos avisa Christopher y dos de nosotros nos presentamos allí. Pero no quiero a Angela y Harry allá. De eso tienes que asegurarte, Christine. —ante el asentimiento firme de los dos más pequeños dio una cabezadita para que se movilizaran.

—No puedo evitar enojarme aunque sé que tiene razón. —gruñó entre dientes Harry.

—Ni yo. —replicó de forma similar Angela.

—Bonito ejemplo que me están dando. —se burló la niña con picardía, sonriendo al verlos bufar.

Quince minutos más tarde Lily le apuntaba sorprendida a un niño que ocultaba el rostro con pasamontañas y tenía parte del cuerpo aún oculto por una capa invisible, con sus ojos marrones muy abiertos mirándola muy asustado.

—No me haga nada, señora. Estoy aquí para protegerlos a usted y al bebé. Se lo juro. —le aseguró Christopher asustado.

—¿Eres siempre tú quien está aquí cuando mi esposo está peleando? —le preguntó Lily con el ceño fruncido, haciéndole señas para que terminase de quitarse la capa.

—Mi hermanita y yo nos turnamos por órdenes de Marte. —le respondió el pequeño muy nervioso, quitándose la capa invisible de su líder lentamente para que ella no le hiciese nada al creer que él le haría algo al bebé o a ella.

—¿También hacen esto con Alice? —preguntó la pelirroja empezando a enojarse.

—No. Ella nunca se queda sola en casa. Ya lo hemos verificado. —le respondió el niño en automático, encogiéndose un poco al ver sus esmeraldas brillar con furia creciente.

—¿Considera Marte que unos niños son mejores que nosotras para defendernos a nosotras mismas y a nuestros bebés? —masticó Lily las sílabas a medida que las pronunciaba.

—Sólo queremos evitar que las lastimen a ustedes o a los bebés. —musitó muy asustado el gemelito.

—Me vas a entregar tu varita ahora mismo sin darme ningún problema. Marte tendrá que venir en persona a buscarte aquí y escucharme. —gruñó ella, sonriendo con malicia al verlo tragar saliva y obedecerla, obligándolo a sentarse frente a la chimenea a punta de varita.

Cuando los aurores, los miembros de la O.D.F. y los mortífagos vieron aparecer a sólo cuatro de los chicos en Norwich fruncieron el ceño los dos primeros grupos y el tercero dejó escapar risas burlonas, arreciando el ataque en su dirección por órdenes de Bellatrix, Rodolphus y Rabastan Lestrange. Minutos más tarde aparecían otros cuatro chicos, los cuales inicialmente combatían sólo como jóvenes experimentados, pero al poco tiempo empezaban a pelear al nivel de los mejores aurores contra los mortífagos.

James y Frank gruñeron varias veces su inconformidad, al notar que los ocho chicos los obligaban con sus desplazamientos a combatir con todos menos con quienes dirigían el ataque. El combate cesó media hora después, desapareciendo los enmascarados y un par de minutos después los encapuchados.

—¿Qué pasa aquí? —preguntó intrigado Albus al ver la extraña estampa de Lily con su bebé en brazos apuntándole con su varita a un niño con el rostro oculto con pasamontañas, al aparecer en la sala de Deercourage con la mayoría de los miembros de su grupo.

—Lo sabrán en cuanto aparezca Marte. —gruñó la pelirroja enojada, sus ojos esmeraldas haciendo juego con su pelo rojo oscuro para mostrar su estado anímico.

Todos los recién llegados tragaron saliva, permaneciendo en silencio mientras Jennifer los curaba con hechizos no verbales. El gemelito se removía nervioso, fingiendo rascarse el brazo izquierdo para quitar la señal caliente de la esclava que le ponía aún más tenso.

—Lily, ¿qué…? —intentó preguntar James al aparecer con Sirius, Frank y Alastor.

—Lo sabrás cuando aparezca Marte, al igual que los demás. —lo interrumpió ella con tono cada vez más enojado.

—Por favor dile a Marte que venga, amiguita. —le suplicó el niño a Rea apenas la vio aparecer, ovillado en la silla. "La mamá de Harry es escalofriante cuando se enoja", pensaba mirándola luego que desapareció el ave, con aquella sonrisa malévola en el rostro.

—Buenas tardes —saludó Harry nervioso a todos unos minutos después. Lo había trasladado Rea, para evitar problemas de escisión si no lograba aparecerse exitosamente pues aún no se recuperaba totalmente de su herida—. ¿Podría decirme por qué le está apuntando a Saturno con su varita, señora Potter? —le preguntó con tono suave, luego de tragar saliva al ver su expresión.

—Eso fue solamente mientras tú aparecías y te hacías responsable de tus actos —le dijo con fría calma Lily, reapuntando la varita en su dirección, sus esmeraldas ardiendo aún más que su pelo con su enojo—. ¿Es cierto que le ordenaste a un niño, que apenas si tiene edad de haber comenzado sus estudios en el colegio, protegerme a mí y a mi bebé oculto tras una capa de invisibilidad?

—Sí, es cierto. —le respondió Harry con tono cauteloso mientras se desplazaba lentamente hacia el frente del niño. Tendió su mano izquierda hacia atrás para tomarle la mano al niño, acariciándole la cabeza al comprender que estaba demasiado asustado para tenderle su manita.

—¿Entonces consideras que un niño que no ha cursado su primer año es mejor que una inefable para Defensa Contra las Artes Oscuras? —le preguntó Lily con el mismo tono, con el niño en sus brazos empezando a removerse inquieto.

—No, señora Potter, por supuesto que no —le respondió Harry mientras le hacía señas al fénix para que desapareciese de allí con el gemelito—. Lo que consideré es que el factor sorpresa de alguien oculto tras una capa de invisibilidad le daría a usted unos minutos de ventaja, para defenderse tan bien como sé que sabe hacerlo, salvando a su bebé mientras le llegaba ayuda. La función de Saturno es sólo esa, distraer brevemente y dar aviso. —le explicó lentamente.

Se estaba esforzando en mantenerse lo más tranquilo posible para no alterar demasiado al bebé por la conexión entre ellos y con esto dar pistas sobre su identidad a su mamá, que era demasiado intuitiva e inteligente.

—ESO ES UNA BARBARIDAD —explotó Lily—. NO PUEDES ORDENARLE A UN NIÑO QUE SIRVA DE SEÑUELO Y ALARMA. SI QUIEREN PROTEGER AL BEBÉ SE LO LLEVAN LA PRÓXIMA VEZ TUS FÉNIX AL LUGAR EN QUE SE ESTÉN QUEDANDO, ASÍ ADEMÁS ME DAN LIBERTAD DE ACCIÓN. PERO NO TE PERMITO QUE VUELVAS A PONER A SATURNO, A ISIS O A NINGUNO DE TUS COMPAÑEROS A ARRIESGAR SUS VIDAS PARA SALVARME DEL TRAIDOR QUE TENEMOS EN LA ORDEN DEL FÉNIX.

—PUES ENTONCES LOS TRASLADO TANTO A TI COMO AL BEBÉ A NUESTRA CASA, A TI INCONSCIENTE PARA QUE NO HAGAS TONTERÍAS. PORQUE NO VOY A PERMITIR QUE LO DEJES HUÉRFANO POR SER TAN TESTARUDA. —explotó Harry, sujetándose la herida de su costado izquierdo al sentir dolor sin siquiera darse cuenta mientras el bebé Harry empezaba a llorar, haciéndole coro de inmediato el bebé Neville.

—NO TE ATREVERÍAS. —rugió enojada la pelirroja, sus esmeraldas brillando peligrosamente enfrentadas a las del chico que estaban igual.

—Claro que sí me atrevo si con eso te mantengo a salvo. —le gruñó él, encorvándose por el fuerte dolor apenas terminar de hablar.

—¡Marte! —exclamaron a coro Lily, James, Angelica, Sirius, Jennifer, Remus, Alice, Frank, Benjy y Albus asustados, intentando acercársele.

—¡Rayos! —exclamó Ron que acababa de aparecer, desapareciendo en seguida con su amigo al modo Dunedain.

—Esper… —intentaron detenerlos todos, suspirando al verlos desaparecer.

—Bonita forma de buscar recuperar el contacto con ellos. —comentó Sirius sin pensar.

—Si no quieres terminar en San Mungo mejor te callas. —le gruñó Lily, saliendo de la sala como un huracán con su bebé aún llorando en sus brazos.

— ¿Cuándo aprenderás que cuando está enojada es mejor ni siquiera respirar cerca? —le preguntó Angelica a su esposo, mientras James suspiraba y salía resignado del lugar a buscarla para intentar calmarla.

—Pues no soy el único que tiene que aprenderlo. Marte se ha ganado hoy el premio mayor, salvándose sólo porque aún no se recupera de su herida. —replicó el joven hombre de ojos grises con expresión preocupada.

—Será mejor que nos retiremos todos a descansar en nuestras casas. El lunes en la noche nos reuniremos para hablar de varios asuntos. —rompió el silencio el director luego de casi diez minutos, pues todos estaban analizando lo sucedido.

Media hora más tarde Hera le llevaba una esfera azul del tamaño de una bludger a Jennifer a la salita en Maidstone. Allí la gemela la analizaba con cuidado con su varita y escribía rápidamente en un pergamino, el cual envió de regreso con dos pociones.

—¿Cómo está Marte? —le preguntó James, que acababa de aparecer en el jardín y entrar, levantando las manos en un gesto de paz al verla sobresaltarse y apuntarle con la varita.

—Ha tenido una recaída fuerte, pero se recuperará si logran que se tranquilice. —le respondió la gemela mientras intentaba calmar su corazón desbocado, con la mano izquierda sobre su pecho.

—Harry estaba bastante alterado, me imagino que por la discusión entre su mamá y el chico. A Neville logró tranquilizarlo Alice en poco tiempo. —le contó James.

—¿Cómo te sientes al enterarte de lo que los niños han estado haciendo por órdenes de Marte? —le preguntó Jennifer con curiosidad.

—La verdad es que ya me esperaba algo así. Los diez mayores han sido muy protectores con Lily y Alice desde que estaban embarazadas y desde que trajimos a los dos pequeños han estado siempre al pendiente de Harry y Neville, aunque no recuerdo mucho de su estancia aquí con nosotros. —le respondió él con sinceridad.

—¿Ya se tranquilizó Lily? —preguntó Remus que venía con una taza de chocolate en sus manos.

—En lo absoluto —le respondió James con una sonrisa mal contenida—. Tan pronto murmura preocupada "Espero que no esté grave de nuevo por mi culpa", supongo que por como lo vimos antes que Urano se lo llevase, como pasa a un estado de furia explosiva muy peligroso mascullando "Que intente dejarme inconsciente y sabrá quién es Lily Rose Potter Evans". —les explicó al ver sus expresiones de incomprensión, sonriendo al verlos silbar bajo.

—¿Creen que Marte hará lo que dijo? —preguntó Angelica que venía bajando las escaleras de mano de su esposo.

—Sí, apostaría a que al menos lo intentará. También sé que sería algo digno de verse tras unos buenos escudos protectores. —comentó Sirius burlón. Miró en seguida la expresión preocupada del que quería como un hermano, frunciendo el ceño en seguida.

—Hay dos cosas que me preocupan mucho que dejaron escapar Lily y Marte en su discusión sin darse cuenta. —les confesó James luego de ver que los cuatro lo interrogaban con la mirada.

»Lily ha autorizado a Marte a que sus fénix se lleven a Harry cuando yo esté en batalla, porque confía más en los chicos que en los miembros de la Orden del Fénix por miedo al traidor. Lo hizo aunque todos los de la O.D.F. saben que yo desconfiaba hace sólo unos días de los chicos por lo de las Maldiciones Imperdonables y todos los que me conocen saben que desprecio las artes oscuras, así que es evidente que o lo hizo sin mi consentimiento o yo he dado mi brazo a torcer por una razón misteriosa en lo referente a los chicos. —empezó por lo que dejó escapar su esposa, suspirando al verlos retener el aliento.

»Marte, por otro lado, habló con mucho dolor cuando le gritaba a Lily sobre no dejar huérfano a Harry. Así que o él ha recordado que lo es o tiene fuertes sospechas de que puede serlo. En cualquier caso ha puesto el dedo en la llaga. No puedo permitir que por la terquedad de Lily quede huérfano Harry, o peor aún, que los maten a los dos. Es por eso que he pensado convencer a Lily para que se vaya con Harry cuando yo esté peleando. Me importan más las vidas de los dos que cualquier documento de la Orden del Fénix o la fractura del grupo.

—Pueden venir aquí. Sólo Alice, Frank, Peter, papá y los chicos saben de esta casa. Angelica y yo le pondremos protecciones adicionales que se activen al llegar los dos para que estén a salvo. —le dijo Jennifer.

—Gracias. Hablaré con ella tanto de la salud de Marte como de su generosa oferta. —les dijo James, despidiéndose con cariño antes de desaparecer.

El miércoles en la noche los doce chicos vieron con tristeza aparecer la luna llena desde el pequeño jardín en la parte posterior de Greenprairie. Hubiesen querido acompañar esa noche a Remus, se lo habían propuesto Hermione y Ron en la reunión que sostuvieron con él y Frank en el cementerio de Bristol el domingo a media noche. Pero el licántropo no había aceptado en respuesta a su negativa de reanudar el mismo tipo de comunicación que tenían antes de la discusión en Deercourage por lo ocurrido en Kingswood. Ya les habían contado a sus compañeros todo lo hablado, especialmente esa parte de la conversación:

—La confianza debe ser de parte y parte. No puedo confiar en ustedes cuando estoy transformado, si ustedes no lo hacen en nosotros en cuanto a sus habilidades, conocimientos y problemas.

—No desconfiamos de ustedes, señores, no al menos de las once personas que nos cuidaron y protegieron hasta hace poco y del señor Fenwick ahora. No podemos reanudar el mismo tipo de relación que teníamos antes porque es peligroso con el traidor en la Orden del Fénix, especialmente para ustedes.

La castaña y el pelirrojo no lograron convencerlos de eso y la reunión terminó en un frío y distante acuerdo de paz entre los dos grupos, comunicándose además por medio de los fénix luego de las batallas para reportar el estado de todos.

Al ver aparecer a las aves con los polluelos les dieron la bienvenida, extrañándose los chicos al ver a Harry fruncir el ceño luego que Moony se posase en su hombro.

—Ataque en Birmingham y mamá desapareció de Deercourage con el bebé al mismo tiempo que papá. —les respondió sus mudas interrogantes.

—Pero los fénix deben poder ubicarlos. —dijo Christopher preocupado.

—Están en Maidstone encerrados con hechizos especiales. Según escuchó Moony sólo pueden entrar Alice, Neville, Lily y Harry una vez que una de ellas dos cierra la protección, además de Idun, Tyr, Dotty, Wykers y Sif. —le respondió Harry con enojo en la voz.

—¿Y papá? —preguntó intrigada Jessica.

—Encerrado en el sótano de Deercourage. Han tenido que dejarlo solo por el ataque. —le explicó Harry.

—Pues tú podrías ir a casa de mamá con esa protección, al igual que Neptuno, pero sería delatar automáticamente quienes son. —le dijo Angela, encogiéndose de hombros al oírlo gruñir en voz baja.

—Además que no es necesario que vaya ninguno de nosotros a cuidarla porque allí no puede entrar la rata traidora. —agregó con suavidad Jessica para calmarlo un poco.

—Es obvio que tu papá logró convencerla de ponerse a salvo con el bebé, luego de lo que se dijeron a gritos ustedes dos en Deercourage. —completó Ron.

—Hera y Moony nos contaron todo lo ocurrido mientras fue mi hermano a buscarte, por lo que nos dijo rápido Chris sobre lo que estaba sucediendo. —respondió Ginny su muda interrogante.

—Podríamos acompañar a papá nosotros mientras ellos regresan de la batalla. —planteó Jessica dudosa.

—No es mala idea. Él no recordará nada y si tenemos cuidado los otros no lo sabrán. —afirmó Harry luego de pensarlo un par de minutos.

—Estoy de acuerdo. Estaba muy tenso en la reunión y eso afect… —empezó a decir Hermione, enmudeciendo al ver desaparecer a los tres fénix jóvenes.

—Vamos nosotros ocho. Ustedes dos esperen aquí noticias. —les dijo Ron decidido a Angela y a Harry.

Ya iban a aceptar cuando reaparecieron las aves, trayendo un mensaje que hizo palidecer a los doce chicos al transmitirlo George.

—Están locas. —musitó Neville sin poder creérselo aún.

—Están rematadamente locas. —gruñó Harry, echando a correr para ir por su equipo de combate.

—Tengan preparados sus equipos de medimagia. —les indicó Ron a los gemelitos, pues sabía que sería imposible lograr que su mejor amigo y la impulsiva chica de pelo negro se quedasen luego de saber que Alice y Lily habían dejado a sus bebés encerrados en Maidstone con los cinco elfos para ir a Birmingham a pelear. De algún modo que ellos no comprendían se enteraron al mismo tiempo que ellos que el ataque se había agravado.

Ya Lily le había devuelto la varita a Christopher por medio de Moony en cuanto se le pasó un poco el disgusto.


—¿Qué crees que haces aquí? —rugieron James y Frank al unísono a su respectiva esposa, al verlas aparecer.

—De paseo. ¿Qué crees? —respondieron las dos también a coro.

—Así que han regresado las señoras Potter y Longbottom a los combates. —dijo Voldemort con tono sedoso, acercándose a los cuatro acompañado de los Lestrange.

—Pero tú no estás a la altura de pelear con ellos, T.R., lo sabes bien. Aunque no estoy seguro si los tres ineptos que te respaldan saben de lo que estoy hablando. ¿Se los digo yo? Si te da pena yo puedo decirles. —lo desafió Harry, interponiéndose rápidamente con Ginny, Luna, Neville, Hermione y Ron en su avance hacia ellos.

—Tú tampoco deberías estar aquí, Marte. —gruñó James en voz baja, preocupado por el chico que tenía una herida grave por la maldición que aquél asesino le había arrojado a él.

Harry alcanzó a oírlo pero no se inmutó. Desplazándose con sus compañeros para evitar que las dos parejas pudiesen quedar al alcance de sus enemigos, pues buscaban acercarse para poder pelear.

—No sé de qué hablas, insolente, pero te enseñaré a respetarme. —replicó Voldemort al ver que el encapuchado abría de nuevo la boca para decir algo. Empezó a atacarlo sin piedad.

Mientras tanto sus acompañantes y los otros mortífagos de su círculo interno, que se estaban acercando, empezaron a combatir tanto con los encapuchados como con las dos parejas de excelentes magos, que según podía ver los entrometidos intentaban proteger.

—¡RAYOS! SAQUEN A DIANA Y A MARTE DE AQUÍ. —les gritó furioso James a los otros chicos al ver que aún tenían problemas con su magia, aunque lo estaban compensando notoriamente con hábiles movimientos para evadirse y contraatacar.

—EN CUANTO USTEDES SAQUEN DE AQUÍ A SUS ESPOSAS. —le respondió Neville enojado.

—NO. —gritaron las dos al unísono.

—¡MALDITA SEA! —rugió Frank al ver al chico interponerse en una maldición terrible que iba hacia su esposa, que fue desviada por la extraña capa blanca.

Minutos más tarde Angela y Harry vieron con horror que los mortífagos estaban aislándolas a las dos lentamente y Voldemort simultáneamente se alejaba de ellos hacia ellas. Desaparecieron y aparecieron junto a las dos de inmediato, sin siquiera ponerse de acuerdo, impactando las maldiciones que iban dirigidas a ellos y hubiesen desviado sus capas a Hermione en el tobillo izquierdo y a Jessica en la muñeca derecha. Pero las dos siguieron peleando luego que sus novios las ayudasen y protegiesen por unos minutos, la segunda con su mano izquierda.

Angela y Harry empezaron a combatir con completo control de su magia en compañía de Neville, que se les había unido rápidamente, reuniendo los tres a las dos mujeres con sus esposos y alejándolos a los cuatro de Voldemort simultáneamente.

El asesino enfureció al ver que no lograba acercarse a las mujeres por culpa de los entrometidos encapuchados, como había planificado hacer en cuanto ellas reapareciesen. Quería presionarlas para que se uniesen a él o asesinarlas antes que diesen cumplimiento a la condición de la profecía. Sólo al ver al director casi frente a él desistió de sus planes y desapareció.

La batalla se prolongó casi quince minutos más luego de su desaparición. Rodolphus ordenó la retirada cuando vio aparecer de lejos a Greyback transformado en licántropo, con toda su manada, y empezó a espesar la neblina bruscamente, lo que indicaba la cercanía de un fuerte número de las criaturas que se alimentaban de almas humanas.

—¡Malditos! —gruñó Harry—. A los licántropos no les afectan los dementores, así que mantengan pensamientos positivos y aléjense. —les gritó a dos familias de magos que intentaban infructuosamente entrar a una casa cercana.

—¿Hacia dónde? —gritó una mujer aterrada con un niño en brazos.

—Diana, haz un portal para sacarlos de aquí. Júpiter, ayúdala a sacarlos. Electra, Leto, Mercurio y Neptuno contra los licántropos. Los demás iremos contra los dementores. —ordenó Harry luego de mirar rápidamente los alrededores.

—Ustedes contra los licántropos y nosotros contra los dementores. —le gritó Alastor a Rufus al oír al chico.

—Pero los encapuchados… —intentó el auror de aspecto leonino.

—¿Te parece que podemos pelear con ellos y con esas criaturas al mismo tiempo? —le gruñó Moody.

—Ya lo oyeron. Nosotros vamos contra los licántropos. —les gritó Rufus a sus hombres.

—Ya rugiste. —comentó Sirius en tono bajo y burlón mientras convocaba su patronus. Miró de reojo a la chica que lo había ayudado tiempo atrás a formar uno fuerte y corpóreo, que además podía mantener bastante tiempo contra varias de aquellas terribles criaturas.

Casi veinte minutos más tarde veían los aurores con asombro como una agotada Electra lograba herir seriamente a Fenrir Greyback, que ordenaba la retirada de los que quedaban libres de su manada, mientras que los patronus de los otros chicos, algunos de sus compañeros y algunos civiles (los miembros de la O.D.F.) lograban contener e incluso destruir a varios dementores, retirándose también las espantosas criaturas al aparecer una marca tenebrosa sobre el centro del campo de batalla.

—Los civiles están en Londres, en la estación King's Cross. —le dijo Harry a Alastor antes de desaparecer con sus compañeros, sujetándose el costado con una mueca de dolor en la boca, luego de denegar en dirección a su madre con gesto de frustración.

—Al menos ya recuperaron los diez el control de su magia. —comentó Lily nerviosa después de ver los gestos del chico y sentir la mirada enojada de su esposo sobre ella.

—Espérennos a Frank y a mí en casa con los bebés. —le ordenó James de manera tajante, con tal enojo en su tono y mirada que su esposa supo que era mejor no contradecirlo y hacer lo que le había dicho.

Alice intentó sonreírle a su esposo, pero al ver su expresión tragó saliva y desapareció de inmediato.

—Cada día entiendo menos a esos encapuchados. —le comentó Rufus a Alastor, obteniendo de respuesta sólo un gruñido enojado y alto como muy pocas veces dejaba escapar el auror mayor con él.

Albus despachó a quienes no estaban heridos de la Orden del Fénix de la mansión Potter y ayudó a su hija con los que lo estaban para que fuesen atendidos rápidamente, pues sabía que en cuanto llegasen James y Frank allí iba a explotar una seria discusión entre éstos y sus esposas.

Benjy aprovechó su orden para trasladarse pronto a Greenprairie. Vio con alivio que Harry estaba débil pero totalmente consciente y enojado, gritando a los cuatro vientos su rabia y frustración por lo hecho por su mamá, siendo coreado por Neville. Los otros chicos los dejaban desahogarse mientras los curaban y se dejaban curar.

—Al menos los diez están ya recuperados totalmente de su problema con la magia y tú tienes suficientes energías para gritar —le dijo al chico, sonriendo al ver que bufaba pero asentía—. Albus nos ha sacado a todos de la casa para que no nos veamos en medio de la discusión entre James y Frank con Lily y Alice.

—Espero que ellos dos las hagan entrar en razón. —gruñó Neville.

—Tal vez con tu mamá lo logre tu papá, pero la mía tiene un carácter explosivo e indómito. —replicó Harry con contenido enojo.

—Pero tu papá también es de temer cuando está enojado y sólo lo he visto tan furioso cuando llegamos de Kingswood y hace un par de años. Además que tu mamá cede cuando sabe que ha cometido un error, aunque no de buena gana. —le respondió Benjy, sentándose a su lado con cuidado para no lastimarlo. Le agradeció con una sonrisa a la menuda pelirroja el que empezase a curarlo.

—¿Crees que la hará recapacitar sobre presentarse en batallas? —le preguntó Harry con semblante más sereno.

—Sí. Confío en que la sacará de batallas al menos hasta que termine el año —le respondió con seguridad el inefable, sonriendo al verlo destensarse—. Aunque estoy seguro también que ella a cambio regresará al trabajo, sólo para llevarle la contraria. Pero yo me ocuparé que no salga de papeleo y Alastor hará lo mismo con Alice.

—Gracias Benjy —le dijo de corazón Harry, suspirando al ver que su novia le tendía un vial con poción para dormir sin soñar con expresión de "Te lo tomas o te hechizo. Tú escoges como quieres dormir hasta mañana"—. Disculpa amigo, pero me retiro a dormir antes que mi preciosa pelirroja pecosa se enoje más conmigo.

—Ve a descansar tranquilo, Harry —le respondió el hombre moreno conteniendo con dificultad la risa—. Tú también deberías descansar, Jessica, al igual que Angela.

—En seguida lo harán. —gruñó Ginny mirándolas amenazante.

—Buenas noches Benjy. —dijeron las dos a coro, luego de sonreírle a la menuda pelirroja con expresión de niñas obedientes y dulces para tranquilizarla, saliendo en seguida hacia el cuarto que compartían.

—Buenas noches chicas. —les respondió él sonriente, quedándose a hablar un rato más con los otros chicos mientras terminaban de curarse y contarle lo que habían hecho desde su última visita. Se despidieron todos con sonrisas y Atlantis con ladridos juguetones.

Estaba muy contento al ver que los chicos habían recuperado la confianza en si mismos y los padres en ellos, mientras que las madres tendrían que empezar a lidiar con la protección a distancia que los chicos querían ejercer sobre ellas, pues también a Angelica y a Jennifer las habían estado protegiendo en las batallas aunque había sido menos notorio que con Lily y Alice.