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Historia 46673 — capítulo 22

Harry se paralizó al ver junto a Remus y a Frank a su papá y su padrino. "¿Qué están haciendo ellos aquí?".

—Buenas noches jóvenes —los saludó Frank con el mismo tono serio y formal que había usado en sus dos reuniones anteriores—. James y Sirius quisieron unírsenos hoy, esperamos que no les moleste.

—Buenas noches señor Longbottom —logró responder Harry después de varios minutos, al oír carraspear a Hermione y sentir el leve codazo de Ron en su brazo izquierdo—. ¿De qué quieren que hablemos?

—Queremos saber cómo sigue tu salud, la de Venus y la de Diana por las heridas serias que sufrieron y las de los otros chicos Hablar luego nuevamente de sus identidades, los conocimientos que tienen y la forma en que los usan, su participación en batallas y su comportamiento en la última con Benjy, Angelica, Jennifer, Alice, Lily, James y yo, especialmente con nosotros cuatro.

—Venus y Diana están totalmente recuperadas y los otros chicos están bien de salud. Yo aún estoy en recuperación, como supongo saben por Jennifer. En cuanto a nuestras identidades, ya las hemos logrado averiguar con relativa seguridad de casi todos, pero es una información que no revelaremos ni a ustedes ni a nadie. —le empezó a responder Harry con fría calma, mirando fijamente al papá de su amigo.

»Lo único que les diré al respecto es que no hablaremos con nuestros familiares para decirles quiénes somos. Porque después de lo ocurrido en Kingswood somos considerados magos oscuros por todas las brujas y los magos de esta época, a excepción de Benjy, Lily, Alice, Angelica, Jennifer, el profesor Dumbledore y la profesora McGonagall, según nos han dicho en nuestras breves comunicaciones con ellos —Incluyó a la subdirectora por la nota que les había enviado horas antes, como respuesta al ramo de flores y los pequeños regalos que le enviaron por su cumpleaños—. Así que les evitaremos el trago amargo a nuestros familiares de saber que sus hijos llegarán a convertirse en nosotros.

—¿Tan grave fue nuestra reacción con ustedes? —preguntó impulsivamente Sirius, tragando saliva ante el elocuente silencio que en el cementerio sirvió de respuesta—. ¿Son familiares nuestros? —se atrevió a preguntar, suspirando al ver que ni siquiera pestañeaban en sus rostros como máscaras de piedra con frías miradas.

—Lo sean o no les queremos pedir disculpas si los tratamos de magos oscuros, pues aunque usaron las Maldiciones Imperdonables no lo hicieron para lastimar a alguien sino para salvar vidas. —rompió James el pesado silencio después de varios minutos.

»Sin embargo el que sepan no sólo resistirse a la controladora y la torturadora, sino además aplicarlas y también la asesina, nos preocupa mucho. Especialmente porque pueden verse tentados de usarlas si se ven sometidos a mucha presión. —les dijo con tono sereno, sintiéndose muy incómodo por las miradas de los tres chicos que decían claramente "Esa es una pobre y tardía disculpa".

»No sé quién o porqué los sometió a ellas para enseñarlos a resistirlas. Pero puedo asegurar que no era alguien de buenos sentimientos quien se las aplicó a unos jóvenes, que ni siquiera se han graduado en el colegio, con la excusa de enseñarlos a resistirlas. —expuso con evidente molestia.

Harry, Hermione y Ron se mantuvieron inmóviles. Pero los tres recordaron de inmediato que había sido Bartemius Crouch Jr., haciéndose pasar por Alastor Moody, quien primero los había sometido a la Maldición Imperius, luego de convencer a Albus Dumbledore de enseñarles las tres Maldiciones Imperdonables en clase cuando estaban en su cuarto año.

—Además que el entrenarlos para que las aprendiesen a usar es una irresponsabilidad enorme. Eso no debió ocurrir. —agregó James. Notó que se enojaban la castaña y el pelirrojo con esto, mientras las esmeraldas del de pelo negro se ponían como gemas sin brillo.

—Pues nosotros estamos orgullosos de haber aprendido a resistir las maldiciones controladora y torturadora, porque en situación de guerra es una ventaja necesaria para salvar nuestras vidas y las de otros —replicó Hermione con tono hostil. Sabía que las palabras de James, aunque lógicas, estaban lastimando a Harry y no estaba dispuesta a permitir eso —. En cuanto a haber aprendido a usarlas no es algo que nos agrade a ninguno de nosotros, pero se ha hecho evidente en Kingswood que tampoco fue un error de criterio de quien nos las enseñó el hacerlo.

—En lo referente a vernos tentados de usarlas estando bajo presión, me van a disculpar pero es un argumento muy pobre para tratarnos de magos oscuros —continuó Ron también molesto—. La batalla en Kingswood ni fue la primera a la que nos presentamos, ni en las otras nos han arrojado flores. Usted mismo lo ha dicho. Voldemort nos tendió trampas hace casi cuatro meses y nos sometió a cada uno de nosotros tanto a la Maldición Imperius como a la Maldición Cruciatus, mientras nuestros compañeros lograban sacar de peligro a la persona que defendíamos y evitaban que usase la Maldición Asesina. ¿No es eso acaso suficiente presión? ¿Nos han visto usar algo diferente a hechizos de defensa, para desmayar, atar o escudos para salvar nuestras propias vidas y las de otros?

—¿Saben todos usar las tres Maldiciones Imperdonables? —preguntó serio Frank, rompiendo después de casi diez minutos el silencio que se había instalado en el lugar.

—¿Por qué lo quieren saber? —preguntó extrañada Hermione.

—Porque nos parece ilógico que Marte les ordenase a Diana y a Venus usar la asesina cuando sabemos que hace lo posible por protegerlas. —respondió Remus con tono suave, mirando al líder de los chicos.

—Sólo Diana, Venus, Gea y yo sabemos lanzar las tres Maldiciones Imperdonables. No tenía opción para poder destruir los cuatro pilares simultáneamente. —respondió Harry, que había estado muy atento al debate en la mirada avellana de su padre.

—¿Por qué hacen todo lo posible para que Alice, Lily, James y yo no nos enfrentemos a Voldemort y los de su círculo interno? —preguntó Frank inquieto.

—Porque vamos a hacer lo posible mientras estemos aquí para evitar que Neville y Harry queden huérfanos. —le respondió con sinceridad el chico de ojos esmeralda pensando en los bebés, sintiéndose sin embargo extraño luego de nombrarse a si mismo.

—Frank y yo somos aurores. Sabemos defendernos. —protestó James.

—Alice y Lily también saben hacerlo —replicó Harry—. Pero ustedes ocho cuidaron de nosotros desde que llegamos aquí y haremos lo posible para salvarles la vida, especialmente a ustedes cuatro por los bebés.

—Dices que ya varios de ustedes averiguaron quiénes son. ¿Están muertos tus padres? —se atrevió a preguntarle James después de varios minutos de silencio.

—En esta época están vivos, pero tengo motivos para sospechar que no lo estarán cuando vuelva a mi tiempo. —le respondió Harry con voz baja y ronca, a pesar de sus esfuerzos para controlar sus emociones.

—Chicos, por favor vuelvan a la casa y dejen de participar en batallas —les pidió de inmediato James con tono de súplica y mirada triste—. No sé qué les dijimos al llegar a Deercourage de Kingswood, por el borrado parcial de recuerdos que nos hicieron, pero sospecho que fue grave y quiero pedirles perdón en nombre de todos, especialmente en el mío pues deduzco de lo que hemos hablado, sus actitudes y miradas que fui uno de los que les trató de peor manera.

—En realidad ya los hemos perdonado, porque la reacción enojada de un momento no puede opacar todo lo que han hecho por nosotros desde que llegamos con ustedes —le respondió Harry con tono sereno, esforzándose para no demostrar la alegría que sentía por el cambio de actitud de su padre—. No puedo negar que nos dolió su reacción, pero les borramos el recuerdo sobre nuestras identidades porque consideramos en ese momento que era lo mejor para ustedes. Lo hemos analizado después y seguimos considerando que es lo mejor para todos.

—Tenemos la impresión que sólo nos hicieron olvidar lo que nos podía llevar a averiguar de nuevo sus identidades. ¿Estamos en lo correcto? —planteó Remus intrigado, suspirando al verlos asentir.

—¿Podrían seguir enviando los niños a la casa cuando se presenten a las batallas? Así Lily se los llevaría con ella y Harry a un lugar seguro para que no se queden solitos en donde están viviendo —les propuso James, presionando al verlos dudar—. Sé que se defienden muy bien para sus edades, pero nos preocupa que estando ustedes peleando lejos de donde viven se presente otro ataque ahí y por las circunstancias normales en las batallas ustedes se vean imposibilitados de acudir en su ayuda.

—Ha habido varios ataques simultáneos y aunque los fénix los ayudasen mientras llegamos con ellos podrían llegar a lastimarlos. —opinó Ron cuando su mejor amigo se giró a mirarlo.

—Estaríamos más tranquilos tanto los miembros de la Orden del Fénix de confianza como nosotros. —respondió Hermione la muda pregunta de las esmeraldas de su mejor amigo.

—Te agradezco mucho la oferta, James. Creo que no me será difícil convencerlos —le dijo Harry con evidente alivio. Dudó brevemente pero algo en la mirada avellana de su padre le dijo que esperaba la pregunta—. ¿Pudieron convencer a Lily y Alice de no participar en más batallas, o los niños se quedarán solos con los bebés?

—Ellas dos se quedarán con los niños y los bebés en casa de nuestros amigos Black y Lupin, con una barrera especial que les impedirá incluso a ellos llegar ahí mientras regresan ellas con los pequeños a Deercourage —le respondió James. Sonrió al ver la expresión del chico, mezcla de triunfo y alivio. Frunció seguidamente el ceño al verlo cerrar los ojos y sujetarse el sitio de la herida—. ¿Te sientes mal, Marte?

—Estaré bien con algo de comida y descanso. —respondió Harry intentando sonar normal, pero no logró imprimirle suficiente fuerza a su voz.

—Por favor recíbannos dinero para sus necesidades y vayan a descansar. —les planteó James rápidamente, preocupado.

—Le agradecemos el ofrecimiento, pero como ya le dijimos al señor Longbottom hemos conseguido una forma de solventar los gastos. —le respondió Harry haciendo un esfuerzo para controlar el fuerte malestar que estaba sintiendo.

Ron lo sujetó al verlo tambalearse levemente.

—Debemos irnos o Venus nos regañará —dijo Hermione con tono firme—. Nos comunicaremos para reunirnos de nuevo en otro momento si así lo quieren.

—Sí. Por favor también infórmennos de la salud de Marte. —le respondió de inmediato James, suspirando al verlos desaparecer.

—Tenían razón. Debimos tratarlos muy mal para que nos borrasen los recuerdos como lo hicieron, pues ya hemos verificado que recordamos prácticamente todo excepto detalles que seguramente nos llevaron a averiguar quiénes son —comentó Sirius con amargura—. Estoy seguro que Benjy sí sabe quiénes son, dónde se están quedando y, probablemente, los está ayudando económicamente.

—Pero doce jóvenes es mucha carga económica para él y estoy casi seguro que los chicos si le están recibiendo dinero será poco. —replicó Remus.

—Alice me dijo que no le reciben dinero a ellas cuatro. Dudo mucho que le reciban a Benjy. —denegó Frank.

—Pero nuestro silencioso amigo sí debe saber cómo lo están obteniendo y tal vez incluso los ayuda a conseguir los víveres, porque en su posición actual no creo que vayan al callejón Diagon y arriesgarse a que alguien reconozca sus voces —afirmó James—. Invitaré a Benjy a cenar mañana con nosotros ocho. Dejaremos a Lily sacarle la información que no esté protegida por el Pacto de Silencio que hizo con ellos, mientras nosotros lo mareamos con preguntas y comentarios para que logre hacerlo.

Sus tres acompañantes sonrieron y asintieron en aceptación a su plan. Era muy difícil lograr que Benjy hablase, prácticamente imposible si se trataba de alguien que él considerase su amigo aunque le preguntase el propio Albus Dumbledore, pero con Lily era más flexible y tal vez lo lograse si la ayudaban distrayéndolo.

Cuando la vieja elfina de los Potter le sirvió el postre Benjy se rió abiertamente al oír a Frank, incapaz de contenerse ya ni un minuto más.

Sus ocho acompañantes se miraron de reojo interrogantes, nerviosos por su reacción aparentemente ilógica al planteamiento del castaño.

—¿Les parece si dejamos de jugar a bowtruckles y cochinillas y me preguntan directamente lo que quieren saber? —les planteó el hombre moreno cuando logró dejar de reírse, aunque una pequeña sonrisa persistía en su normalmente serio rostro.

—¿Qué está protegido por el Pacto de Silencio que hiciste con los chicos de lo que sabes sobre ellos? —le preguntó de inmediato Sirius, recibiendo en seguida un disimulado codazo de Lily y una patada en la espinilla de Remus, que estaba sentado frente a él, mientras Angelica y James suspiraban ruidosamente y los otros tres rodaban los ojos.

—Lo único que cubre el Pacto de Silencio es las identidades de todos y cada uno de ellos. —le respondió el inefable con sinceridad, luego de sonreír ampliamente por la pregunta de su impulsivo amigo que delataba las intenciones de los ocho.

—¿Dónde se están quedando? ¿Es medianamente saludable? —preguntó de inmediato Jennifer con tono preocupado, pues ya habían verificado que no estaban ni cerca de los leopardos en Bristol ni en la cueva del Snowdon.

—Están viviendo en una casa de Edimburgo, que lograron comprar con unas piedras preciosas que consiguieron explorando cuevas donde quedarse. —le respondió Benjy luego de pensarlo algunos minutos, pues la ciudad era relativamente grande y no les sería fácil ubicarlos aunque investigasen, como estaba seguro harían.

—¿Es así como están consiguiendo el dinero para sus gastos? —preguntó preocupado Frank—. Sé por mi primo Caspar que las únicas cuevas no exploradas ni por muggles ni por magos donde pueden estarlas consiguiendo son muy peligrosas.

—No. Se llevaron un susto enorme cuando consiguieron las que usaron para comprar la casa, por lo que sé. —los tranquilizó.

—¿Les estás dando dinero tú para sus gastos? —preguntó James.

—No. Se los ofrecí pero no aceptaron —respondió con sinceridad, levantando una mano para adelantarse a la pregunta que sabía seguiría—. Se están desenvolviendo como muggles cuando no van a batallas. Han conseguido los diez mayores trabajos de medio tiempo. No ganan mucho pero con lo que reúnen los diez están solventando los gastos de los doce.

—Pero Marte ha estado mal de la herida tan seria que le hicieron. Habrá perdido ese trabajo. —planteó inquieta Angelica.

—No. Los otros chicos cubrieron a Marte, Diana y Venus en sus trabajos, supongo que con poción multijugos, mientras se recuperaron lo suficiente para ir las dos chicas. Aún lo hacen con él. —le respondió el hombre moreno.

—Diana, Electra, Venus y Leto son menores de edad según las leyes muggles. ¿Cómo consiguieron trabajo? —preguntó Lily con el ceño fruncido, sospechando la respuesta.

—En los documentos de identidad falsos con que se desenvuelven entre los muggles no aparece la edad real de ninguno. —le respondió con sinceridad y picardía su compañero de trabajo, sonriendo al oírla mascullar su desacuerdo.

—¿Están viviendo con alguien? —preguntó Remus, explicándose al ver la expresión interrogante del hombre moreno—. Nos dijeron anoche, en la reunión que tuvimos James, Sirius, Frank y yo con ellos, que algunos ya sabían quiénes eran y suponemos que han conseguido a familiares. Queremos saber si están con alguien que los pueda aconsejar y sacarlos de batallas.

—Los doce están solos en la casa. —respondió Benjy, luego de suspirar.

—Cinco parejas de novios adolescentes y dos niños pequeños viviendo solos es preocupante. —comentó Sirius con el ceño fruncido.

—Dragón juzgando por sus escamas —replicó el moreno con una sonrisa pícara. Había presenciado varias veces como su celoso y sobreprotector amigo de ojos grises decía o hacía algo para separar a los chicos de las chicas cuando estaban en Deercourage, incluso antes de saber que una de ellas era su hija—. Te diré que las chicas duermen en cuartos distintos a los de los chicos. Se quieren mucho y por lo tanto se respetan, cuidando los diez mayores de los niños como si fuesen sus hermanitos. Los doce han decidido que mientras están en esta época se comportarán como huérfanos que deben desenvolverse solos.

—¿Eso quiere decir que no se acercarán a sus familiares ni a nosotros? —preguntó preocupada Alice.

—No. Después de lo ocurrido en Kingswood y las reacciones de todos con ellos han decidido aislarse del mundo mágico a excepción de las batallas, pues el ocultarse en el mundo muggle es relativamente sencillo si se toman ciertas precauciones. —respondió Benjy mirando a Lily, suspirando al ver su gesto de frustración luego de asentir. Los dos se desenvolvían muchas veces en el mundo muggle por su trabajo, para investigar.

—Tal vez logremos que cambien de opinión —le dijo con cariño el esposo abrazándola por los hombros—. Ya se han reunido tres veces con Remus y Frank, no desapareciendo en la tercera oportunidad cuando nos vieron a Sirius y a mí. Además aceptaron que los niños estén contigo mientras estén en batalla.

—No se hagan falsas esperanzas —denegó Benjy—. Lo hablaron conmigo antes de su primera reunión. En respeto a ustedes mantendrán contactos eventuales, porque les tienen afecto, pero no restablecerán contacto permanente con ustedes ni establecerán uno nuevo con alguien más. Se van a dedicar a entrenarse entre ellos, ayudar en los enfrentamientos más fuertes contra Voldemort y los mortífagos. Se desenvolverán normalmente entre los muggles, aunque para la mayoría de ellos no es fácil. También buscarán como volver a su época lo antes posible, hayan o no recuperado sus memorias en el momento en que consigan cómo hacerlo.

—Pero accedieron a mi propuesta sobre los niños. —replicó James angustiado.

—Porque es una forma de proteger tanto a los niños como a los bebés. Pero Marte le ordenó a Isis y Saturno que desaparezcan hacia la casa en Edimburgo cuando Lily lo haga con Harry hacia esta casa. —le aclaró el hombre moreno.

—Benjy, por favor, ayúdanos a hacerles comprender que no deben seguir participando en batallas. Que si vuelven aquí los cuidaremos a los doce. La vida que se están planteando es muy dura y así tendrán muchas dificultades para recuperar no sólo sus memorias, sino su salud en general. —le planteó Lily angustiada.

—Estoy haciendo lo que puedo en ese sentido, amiga. Pero no es fácil con la forma en que todos en el mundo mágico los están tratando luego de lo ocurrido en Kingswood. —le respondió él con tono abatido y mirada triste.

—Además que el traidor en la Orden del Fénix le ha dado demasiada información sobre ellos a Voldemort antes, que el enemigo ha sabido aprovechar bien contra los chicos. Estoy seguro que por eso quieren alejarse de nosotros. —comentó Frank con amargura.

—A los chicos lo que les preocupa no es tanto la información que les pase sobre ellos, sino el peligro que representa para ustedes el que estén cerca. Se basan en lo que pasó con Jennifer cuando la cercaron para la primera trampa que les tendió Voldemort, ya que ella les curaba de sus quemaduras. Es por eso que los chicos no estarán de nuevo con nadie de la Orden del Fénix. Ni con ustedes, ni conmigo, ni con el director. —les explicó el hombre moreno.

—¿Con Albus? —preguntó Sirius sin comprender.

—Les planteé que hablaría con él y Minerva para que los asimilasen en el colegio como alumnos de intercambio —le respondió, ampliando su explicación al ver sus miradas interrogantes—. Los intenté convencer diciéndoles que podrían investigar en la biblioteca del colegio cómo volver a su tiempo, además que la vida de estudiantes de Hogwarts podría ayudarlos a recordar.

—Esa es una excelente idea. —afirmó Alice con los ojos brillando con ilusión, decayendo su ánimo al ver a su amigo moreno suspirar y denegar.

—No aceptaron porque temen que el traidor que tenemos en nuestro grupo le diga a Voldemort que están en el colegio, atrayendo la atención del enemigo hacia Hogwarts. Habían quedado conmigo en pensarlo en cuanto a los dos niños, pues no querían separarse de ellos pero les preocupaba el ponerlos en peligro por estar con ellos. Pero están ahora tranquilos en cuanto a los pequeños por el acuerdo que hicieron con James, así que han descartado totalmente el que cualquiera de ellos vaya a Hogwarts.

—Pero el acuerdo es sólo cuando hayan enfrentamientos. ¿Qué pasa con los niños cuando ellos están en sus trabajos? —preguntó preocupada Jennifer.

—Leto, Gea, Diana, Neptuno y Júpiter trabajan en las mañanas, mientras que Venus, Electra, Urano, Mercurio y Marte lo hacen en las tardes. Lo cuadraron así para que los niños no estuviesen nunca solos en casa y poder cubrirse entre ellos cuando salgan heridos en batallas. Trabajan los diez de lunes a viernes, pues los sábados y domingos se van los doce de acampada para hacer diversas prácticas. —le respondió luego de pensarlo un par de minutos.

—¿Tú los acompañas en esas salidas? —preguntó de inmediato Angelica, preocupada.

—No. Y para ir a su casa tienen que llevarme los fénix de los chicos con el consentimiento de ellos. —se adelantó a la siguiente pregunta que sabía le harían.

—Edimburgo es una ciudad grande. No será fácil ubicarlos entre los muggles. —comentó con desánimo Alice.

—Lo bueno es que los mortífagos desprecian tanto a los no mágicos que no los buscarán entre ellos. —opinó Frank abrazándola por los hombros.

—Aún así sería mejor para la seguridad de los chicos que no los busquen. Podrían guiar a enemigos hacia ellos sin saberlo —les dijo Benjy con tono serio—. Ya ocurrió con Caradoc. —se adelantó a las protestas de los ocho.

—Tú sabes dónde están. —replicó Sirius molesto.

—Yo soy un solitario, amigo. No tengo esposa, padres, hermanos o hijos a quienes les haga falta si fallezco. Es por eso que unas semanas después de morir los McKinnon hice un hechizo especial con un mortífago que atrapé vivo, antes de entregárselo a Alastor. A mí no me capturarán y mantendrán vivo para sacarme información de mi trabajo, la Orden del Fénix o los chicos. Apenas Voldemort o alguien que trabaje para él logre atraparme y me empiece a interrogar, de alguna forma en que no pueda evitar el que me saque aunque sea una sílaba o una imagen mental, mi corazón y mi cerebro dejarán de funcionar de forma fulminante.

—¡Estás loco! —exclamaron a coro todos menos Angelica, que suspiró y denegó.

—No sé qué hiciste pero tienes que reversarlo. No nos darás oportunidad de rescatarte si te atrapa alguien del círculo interno de ese maldito. —continuó alarmada Jennifer.

—El hechizo es irreversible. —denegó Benjy con una suave sonrisa, queriendo tranquilizarla con su expresión.

—¿No puedes modificar sus efectos para que nos dé tiempo de rescatarte y Jennifer ayudar a recuperarte? —preguntó angustiada Lily.

—No, no puedo. Pero no se pongan así, sólo se activará si me atrapan para interrogarme y eso no es tan fácil —les dijo con tono suave—. Lo mismo que les dije a los chicos se los digo a ustedes, no se angustien por algo que es muy probable que no ocurra. Les agradezco en el alma su preocupación como también la de ellos, pero quiero que estén tranquilos, se comporten igual que siempre y que me prometan solemnemente que nadie sabrá de ese hechizo. Ni Albus, ni Peter, ni nadie fuera de ustedes ocho.

—¡Oh Benjy! —se lamentó Alice.

—Hagamos un Pacto de Silencio los nueve sobre lo que les he dicho, tanto del hechizo como de los chicos, por favor —les pidió el inefable mirando a las gemelas, luego a los tres Merodeadores y después a los otros—. Confío en Albus tanto como en ustedes ocho, no quiero desconfiar de Peter ni de los demás, pero ustedes o ellos podrían comentar algo delante de quien nos está traicionando y eso sería perjudicial para todos. Además no quiero que Albus Dumbledore, mi mentor y amigo, se entere de lo que he hecho y eso sea una preocupación más a las que ya tiene.

—De acuerdo. —aceptaron los ocho con evidente incomodidad y preocupación.

Acababan de hacer el Pacto de Silencio cuando escucharon la gruñona voz de Alastor Moody en el pasillo, mirándose interrogantes ante lo que oían.

—Pues no sé cómo lo van a hacer, pero ustedes tienen que ayudarme a encerrar a esos doce en el colegio o me veré obligado a buscarlos y encerrarlos en Azkaban.

—¡No puedes estar hablando en serio! —exclamó alarmada la subdirectora—. Cuatro son menores de edad y los otros ocho son sólo unos chicos.

—Pues no se comportan como tales esos muchachitos cuando se ponen a cazar mortífagos, porque estoy seguro que han sido ellos —gruñó enojadísimo el experimentado auror—. Sí Minerva, estoy seguro. —se adelantó a su protesta.

—¿Por qué estás tan seguro, Alastor? —le preguntó preocupado el director.

—Porque no sólo la nota iba firmada "Guerreros del Fénix", sino que en el nudo de sus ataduras había una pluma plateada pequeña de fénix. —le respondió su amigo con evidente enojo.

—Moony. —afirmaron a coro los nueve que acababan de salir del comedor al pasillo, con tono y expresiones preocupadas.

—¿Tú sabías que retomarían la caza de mortífagos? —le preguntó James a Benjy en un susurro, mientras la subdirectora discutía con su jefe por amenazar con llevarlos a Azkaban sabiendo lo que sabía de ellos. Suspiró al verlo denegar levemente con expresión preocupada.

—Buenas noches jóvenes —los saludó el director—. Me alegra que estén aquí los nueve porque necesito de su ayuda para establecer contacto con los chicos e ingresarlos al colegio bajo la figura de estudiantes de intercambio, con ustedes como tutores temporales. Es lo que se me ocurre ante el planteamiento que hace Alastor.

—Buenas noches Albus, Minerva, Alastor —le respondió James el saludo en nombre de todos—. Con mucho gusto intentaremos ayudar, pero no va a ser fácil convencerlos de eso con la actitud distante que tienen con nosotros ahora.

—Ya les planteé algo similar y no aceptaron. —respondió Benjy la pregunta muda del director, pues los tres recién llegados ya sabían que él se comunicaba de alguna forma con los chicos con más libertad que ellos.

—Pues hay que conseguir la forma de poner a esos doce bajo control. —gruñó Alastor.

—En el colegio o en casa de Benjy, pero no en Azkaban. —completó Minerva con los labios tan delgados por el enojo que apenas se veía una línea.

—Sí, pero ¿cómo los…? —empezó a plantear Alice, callándose al aparecer el aethonan de Edgar, diciéndoles claramente el patronus:

—Hay un ataque grande al hospital mágico de Belfast con inferi y dementores.

Se estaba callando cuando apareció Hera con un mensaje en sus patas volando directo hacia el director, desapareciendo luego de entregárselo.

—Los chicos se han enterado de un ataque en Salisbury y van para allá porque al parecer será hecho por un grupo pequeño pero con órdenes de exterminio —les resumió el director el contenido de la nota luego de leerla rápidamente—. Angelica, Jennifer, Remus, Benjy, vayan a Salisbury, los demás iremos inicialmente a Belfast para evaluar en cuál de los dos sitios se requiere más nuestra ayuda. —los organizó rápidamente.

—¡No puede ser! —exclamó asustada Jennifer al ver que además de los vampiros habían algunos mortífagos y el propio Voldemort, enfrentándolos diez jóvenes encapuchados con habilidad.

—¿Eso es todo lo que puedes hacer, T.R.? —lo desafiaba Harry con tono burlón—. ¿Acaso la edad te está afectando tu habilidad? —siguió diciéndole con una sonrisa, aunque había evadido por muy poco la última maldición que le lanzó—. ¿O es acaso que te has desconcentrado porque llegamos aquí minutos antes que tus ineptos seguidores?

El rugido de furia y las dos maldiciones asesinas que evadió con dificultad el líder de los encapuchados fue suficiente respuesta para todos los que estaban en Salisbury, tragando saliva los integrantes de la Orden del Fénix y los mortífagos, mientras los vampiros se alejaban imperceptiblemente del terrible mago.

—¿No se supone que Lord Voldemort lo sabe todo? —siguió Harry con su estrategia, luego de indicarle por señas a Ron que reorganizase a los otros pero lo siguiesen dejando a él con su enemigo—. Al menos eso decía asustado el inútil al que le sacamos la información sobre tu plan de atacar aquí. El pobre creía que no vendrías porque sabrías que te estábamos esperando, así como también que lo rescatarías de nuestras manos y no iría a Azkaban.

»Pero nosotros sabemos que eso no es cierto. Tú no ayudarás a ninguno de tus sirvientes ni les cumplirás falsas promesas a las criaturas que te siguen, pues sólo los utilizas. ¿Saben eso los vampiros que trajiste hoy? —lo seguía presionando Harry, aunque su respiración ya era bastante irregular. Había tenido que aceptar que Angela lo ayudase en un par de ocasiones a alejar de allí a Bellatrix y Rodolphus, de modo que enfrentase sólo al líder de los mortífagos.

Sabían que no podían detener definitivamente a Voldemort en esa época por los horcruxes, pues ya habían percibido que no podían destruirlos todos en el tiempo en que se encontraban. Tenían la duda si podrían conseguir el que no tenían información y destruirlo, pero aún no habían podido definir aquello. Lo que sí tenían claro era que en los combates con Tom Riddle lo más que podían hacer era agotarlo o incluso herirlo, pero ni atraparlo ni matarlo.

Benjy envió su patronus con forma de hipogrifo hacia Belfast a pedir ayuda, pues acababan de aparecer más mortífagos convocados por Lord Voldemort y la situación había pasado de tres contra uno a cinco contra uno en contra de ellos. Palideció al oír a la menuda pelirroja soltar un grito de dolor, girando su cabeza a tiempo para verla caer y a un enmascarado atacarla con la maldición torturadora. Iba a ayudarla cuando vio que caía herida Angelica, desplazándose a ayudar a Jennifer y Remus a rescatarla de los siete mortífagos que la rodeaban.

Angela y Hermione tomaron rápidamente el lugar de Harry mientras él rescataba a Ginny y Ron contenía a los que habían estado luchando con la castaña, evitando así que Voldemort y los más feroces mortífagos se desplazasen hacia donde se encontraban los cuatro miembros de la O.D.F.

El chico de ojos esmeralda apenas tuvo oportunidad de activar el trasladador en la esclava de su novia antes de ver caer seriamente heridos a Fred y a Neville, maldiciendo entre dientes mientras corría hacia ellos al igual que Luna y Jessica.

—Vete con ellos y pídele ayuda a Isis —le ordenó a la chica de ojos miel al ver que la alcanzaban a herir en la pierna izquierda y su respiración agitada mostraba un gran agotamiento, además de las ojeras porque casi no habían dormido nada la noche antes—. Leto, mantente a mi lado.

Las dos siguieron sus órdenes de inmediato, la rubia tan angustiada por el castaño como lo estaba él por su pelirroja.

Remus desapareció con Angelica rumbo al hospital San Mungo por petición de Jennifer, que apenas tuvo oportunidad de aplicarle un hechizo para evitar que se agravase al estar rodeados los cuatro por mortífagos, aunque los intentaban ayudar los encapuchados.

Los seis chicos que se quedaron peleando agradecieron internamente la aparición de los otros miembros de la Orden del Fénix, pues ellos y los dos que se habían quedado y los habían estado ayudando se estaban viendo acorralados por Voldemort y los mortífagos, mientras los vampiros atacaban a muggles indefensos. Con la llegada de Albus Dumbledore desapareció el terrible mago, mientras los miembros del grupo del director y los chicos encapuchados se reorganizaban rápidamente.

Los vampiros notaron que los mortífagos los usaban como barrera para poder atacar sin ser blanco, por órdenes dejadas antes de desaparecer por quien los había convocado a pelear de su lado. El que los dirigía les ordenó a sus compañeros irse de allí, haciéndolo todos de inmediato. Al desaparecer los vampiros perdieron su ventaja los mortífagos, que en seguida desaparecieron.

Mulciber sabía que le esperaba un fuerte castigo de su amo por la información que se había filtrado del ataque que estaba encargado de organizar, paralelo al que Jugson y Yaxley estaban haciendo en Belfast.

—Chicos, ¿cómo están? —se les acercó preocupado el director, después que su hija más tranquila le dijese que la más rebelde tenía una herida seria y dos de consideración, por lo que su yerno licántropo se la había llevado al hospital mágico minutos antes de él aparecer con los otros miembros de la Orden del Fénix.

—Hemos… estado mejor… Pero nos… recuperaremos —le respondió Harry con su respiración muy agitada—. Gracias… por venir.

—Venus y Electra han sido heridas, al igual que Mercurio y Neptuno. Permítanme ir con ustedes a donde estén para ayudarlas. —le pidió angustiada Jennifer, pues a diferencia de su hermana los chicos no irían a un hospital aunque estuviesen mal.

—Isis ayudará a Electra… Nosotros seis vamos a… Belfast y luego con… ellas —denegó Harry—. Les avisaremos como… están los cuatro. —finalizó antes de desaparecer.

—¿Qué tan serias son las heridas de los cuatro chicos? —preguntó el director preocupado a su hija más tranquila y el inefable, que estaban allí antes de él llegar con el resto de la Orden del Fénix.

—A Venus, Mercurio y Neptuno los alcanzaron con maldiciones terribles, e incluso alcanzaron a la pelirroja con la torturadora luego que cayese herida antes que la rescatase Marte. A Electra la hirieron con una cortante en una pierna antes de desaparecer con el novio y el castaño. —le resumió Benjy rápido.

—En Belfast la situación es también delicada, aunque no tanto como estaba aquí. Regresemos allá y en cuanto les de la señal desaparecemos hacia el cuartel los que no deberíamos estar peleando. —decidió el director, preocupado por lo dicho por su ex alumno, con el firme propósito de sacar a los otros chicos de la pelea lo antes posible.

Veinte minutos más tarde aparecían Lily y Alice con sus bebés en brazos en Deercourage, al mismo tiempo que la mayoría de la Orden del Fénix.

—¿Saben algo de los chicos? —les preguntó el director.

—La niña desapareció hace un rato con el perrito y el niño nos dijo muy nervioso, antes de desaparecer hace un par de minutos, que nos avisaría del estado de sus amigos aunque fuese a escondidas. —le respondió Alice.

—¿Qué perrito? —preguntó extrañado James.

—Una mascota de los niños. Un animalito que los acompaña ahora —le respondió Lily, lanzándole una mirada que significaba claramente "No preguntes"—. ¿Qué chicos están heridos? ¿Qué pasó? ¿Dónde están Angelica, Emmeline, Remus y Peter?

—Están heridos de gravedad Venus, Neptuno, Mercurio y Angelica, así como también seriamente Electra, Gea y Emmeline. Los cinco primeros en Salisbury, donde Voldemort atacó personalmente con un grupo de mortífagos y vampiros. La joven castaña y nuestra joven silenciosa en Belfast, donde unos mortífagos hicieron bastante daño con los inferi que controlaban, respaldados por dementores. Remus y Peter están en el hospital para cuidar que nadie sospechoso se acerque a las habitaciones de Angelica y Emmeline. —le resumió Benjy.

Jennifer empezó a atenderles a todos rápidamente con ayuda del moreno, evidentemente tensa al saber que las dos con conocimiento en medimagia de los chicos estaban heridas y no habían aceptado que ella fuese a ayudarlos. Sabía que su gemela no estaba en peligro, aunque su salud era delicada, por la conexión especial que las dos tenían. También sabía que Emmeline se recuperaría pronto, pues la había atendido rápidamente antes que Hagrid se la llevase al hospital.

Cuando estaba terminando de curar a su padre se sobresaltó al ver aparecer al niño con cinco esferas azules por medio de Moony.

—Disculpen, no quiero molestar, pero no sabía cómo hacerlas llegar aquí sin alterar la información que contienen y Electra se ha quedado dormida por la poción que le dimos. —se disculpó el niño nervioso.

—No tienes que disculparte. Acércate, Saturno. —le dijo con tono suave Alice mientras la gemela examinaba con habilidad la primera de las esferas.

El niño se le acercó a la mamá de Neville, mirando a todos con evidente nerviosismo.

—¿Las hicimos bien? —le preguntó preocupado a la mamá de Jessica al ver su expresión tensa y pensativa.

—Sí, pero el estado de Venus es muy delicado. —le respondió ella con sinceridad.

El niño notó que no estaba allí el traidor y de inmediato le explicó con detalle todo lo que su hermanita había hecho con ayuda de la chica de ojos miel mientras él llegó con ellas, así como le respondió sus preguntas con sinceridad, deteniéndose ante la última.

—Eso no lo sé, señorita —le respondió nervioso y avergonzado—. Gea está dormida también, pero estoy casi seguro que Leto le sabrá responder porque esas cosas de chicas grandes no se las dicen a Isis… O al menos creo que no.

Jennifer sonrió con dulzura. Las respuestas del pequeño hasta ahora habían sido tan acertadas y profesionales que por un momento se le olvidó que no hablaba con un colega sino con un niño de once años.

—Por favor dile a Leto que venga o me envíe una nota con la respuesta —lo tranquilizó con cariño, aunque manteniendo el tono respetuoso que había venido usando para que el niño no se incomodase—. Por ahora dale a tomar esta poción a Venus cada media hora. Yo cambiaré las indicaciones de ser necesario. Para que sus fénix puedan transportar las esferas sin alterar la información el hechizo es… —le explicó con lujo de detalles, así como también un par de hechizos sanadores que podrían necesitar y eran complejos, los cuales dudaba los gemelitos supiesen.

—Gracias por todo, señorita. —le sonrió ampliamente el niño.

—Gracias a ti por venir y confiar en mí. Por favor sígueme avisando cómo evolucionan. —le respondió ella con una suave sonrisa.

—Disculpen las molestias, señores. Hasta que nos veamos de nuevo. —se giró a despedirse el niño respetuoso, desapareciendo luego de las cabezaditas en su dirección.

—Es una locura que sean dos niños quienes les atiendan heridas tan serias. —comentó la subdirectora.

—Todo lo que están haciendo esos chicos es una locura, Minerva. Desde presentarse en batallas cuando tenían problemas con su magia, cazar mortífagos e interrogarlos, hasta presentarse en batallas y que no permitan que los ayudemos con medimagia al menos. —gruñó Alastor preocupado.

—¿Cómo están los chicos? —le preguntó James a Benjy el viernes en la noche, después que terminase la reunión de la Orden del Fénix y todos los demás se hubiesen ido, habiendo retenido Lily a su compañero de trabajo "para hablar de mi reintegro a la oficina".

—Los cinco heridos se están recuperando bien. Los otros siete tienen cansancio acumulado de la semana, pues los dos niños han estado de día al pendiente de Venus, Mercurio, Neptuno, Gea y Electra mientras los otros los cubren en sus trabajos. En la noche se rotan Leto, Marte, Urano, Diana y Júpiter para cuidarlos.

—Jennifer les ha insistido para que los traigan aquí o los lleven a Maidstone, pero ha sido inútil. —le contó James luego de denegar.

—Voy a intentar convencerlos de dormir todos mientras yo los cuido, pero no han aceptado en toda la semana —le respondió el moreno luego de suspirar. Al ver las avellanas de su amigo llenas de arrepentimiento y abatimiento decidió cambiarle el tema—. Me alegra que convencieses a Lily de retornar a la oficina sólo para papeleo e investigación interna.

—Sí, pero ahora será tiempo completo. Y aunque Idun y Tyr van con ella me preocupa Harry. Quisiera que los dos se quedasen en casa —replicó James—. Frank tampoco tuvo suerte con Alice, que retornará mañana al trabajo. Ella está enojada con él y con Alastor porque la han encargado del papeleo y ella quería salir a trabajo de campo. No sé qué hacen Lily y tú en el Ministerio, pero al menos mi hermosa pelirroja no está enojada porque no le toca sólo papeleo sino que Leonel Major le ha escrito que le tiene algo muy interesante.

—¿Alguna idea de lo que se trata, Benjy? —le preguntó Lily que se les acercaba con su bebé en sus brazos luego de cambiarlo.

—Está tan contento con tu desempeño que te ha asignado como mi compañera para "el premio mayor". Nos da permiso de empezar a trabajar con él en quince días, luego que nos entrene a los tres personalmente. —le contestó el moreno.

—Sí —dejó escapar un gritito de alegría la pelirroja, arrullando a su bebé que se removió inquieto en sus brazos—. ¿Quién es el tercero?

—Mintaka Henley. —le respondió el moreno, lanzándole en seguida una mirada de advertencia al tercero en la habitación.

—Ya sabes que soy una tumba en lo que se refiere a lo poco que sé del trabajo de ustedes dos —se defendió James—. Mintaka Henley… mmm… Si mi memoria no me falla era un Ravenclaw muy juicioso que estudiaba con Edgar y fue Premio Anual, a quien le gustaba mucho una chica de Gryffindor que se llamaba… mmm… Nataly Foster.

—Ahora sé cómo sacabas buenas notas con lo poco que estudiabas. Tienes una memoria envidiable. —afirmó Benjy asombrado.

—¿Ha llegado Mintaka Henley a algo con Nataly Foster? —le preguntó James, intentando inútilmente disimular sus celos.

—Una memoria envidiable, sí, pero unos celos que sólo son superados por los de Sirius. —replicó Lily mientras miraba a su esposo denegando.

—Nataly y Mintaka se acaban de casar hace dos meses, así que nada tienes que temer de él. Y ya sabes que yo soy ahora un soltero incurable. —respondió Benjy con una sonrisa.

—Además que yo no desconfío de mi dulce y hermosa esposa, sólo tenía curiosidad sobre ellos porque no había vuelto a saber nada de sus vidas —intentó enmendar James de inmediato, tragando saliva al ver a su esposa rodar los ojos. Le sonrió dulcemente cuando se acercó a él con el bebé, dándole primero un beso a su hijo en la frente y luego a ella en los labios—. Por tu expresión con la noticia que te dio Benjy creo que te han dado una especie de ascenso. Me gustaría que lo celebrásemos. —le susurró, apenas separados sus rostros.

—Deja que duerma a Harry, hablamos de nuevo sobre mi participación en la Orden del Fénix en nuestra habitación matrimonial y luego celebramos allí mis éxitos —le respondió ella con tono seductor, brillando con picardía sus esmeraldas al ver la expresión de los avellanas de él—. Nos vemos el lunes en la oficina, Benjy. Muchas gracias por la excelente noticia que me has dado. —se despidió de él sonriente.

—Papá tenía razón cuando se burlaba de Frank y de mí diciendo que nos habíamos casado con dos "pacíficas damiselas". —se quejó James en cuanto ella salió de la biblioteca.

El moreno se rió abiertamente al escucharlo.

—El señor Charlus Potter tenía razón en muchas cosas. —comentó un par de minutos después serio, pues los chicos le habían revelado que contaban con una pequeña reserva de dinero para emergencias gracias a que el padre de su amigo les había estado dando una cantidad generosa durante seis semanas.

—A mí me gustaría seguirles dando a los chicos los cien galeones semanales que papá había establecido, pero Lily no ha podido convencerlos de eso y yo no sé si al planteárselos yo se lo tomarán mal —le contó James, que entendió al ver como miraba las espadas—. ¿Sabes si siguen practicando esgrima?

—Sí, lo hacen. Pero yo no tengo tu habilidad y la de Sirius, por lo que no soy de mucha ayuda para que mejoren. Sin embargo Marte, Urano, Venus y Diana son bastante buenos, enseñando a los otros lo que aprendieron.

—Ellos nos enseñaron a nosotros varias contra maldiciones. Me gustaría terminar de enseñarles esgrima como papá quería —le comentó James pensativo, frotándose la sien derecha—. Es raro, algunos recuerdos en que están ellos y papá presentes son confusos —le contó extrañado, mirando de nuevo las espadas mientras sus avellanas se llenaban de tristeza—. Me hace mucha falta, Benjy. Sus consejos oportunos evitaron que cometiera muchos errores.

»Estoy seguro que si él hubiese estado vivo Sirius y yo no habríamos ofendido a los chicos de la forma tan grave que al parecer lo hicimos —afirmó con seguridad. Al ver suspirar a su amigo bajó la cabeza, pues le acababa de confirmar lo que los chicos no habían querido dejar traslucir pero el que quería como un hermano y él sospechaban—. Lo que más lamento es que no alcanzase a conocer a su primer nieto, muriendo faltando tan poco para que naciese. Estaba tan ilusionado con el embarazo de Lily.

—No te puedo dar explicaciones que estoy seguro me vas a querer pedir, pero te puedo asegurar que Charlus Potter estaba muy orgulloso de Harry James Potter Evans. —le aseguró Benjy palmeándole en el hombro.

—¿Uno de los chicos es mi hijo? —le preguntó James luego de parpadear y mirarlo fijamente varios minutos—. Uno de ellos es Harry y papá llegó a saberlo y compartir con él —aseveró luego que el moreno le esquivase la mirada y palideciese—. Tú no me has dicho nada, no has roto el Pacto de Silencio que hiciste con los chicos. Yo tenía días sospechándolo, tranquilo. —le aseguró de inmediato ayudándolo a sentarse.

—Agua. —musitó el moreno, que le ardía la garganta.

—¡Marte! —exclamó asustado James al verlo aparecer frente a ellos.

—¿Qué le has dicho? —preguntó Harry serio al inefable.

—Charlus Potter estaba muy orgulloso de Harry James Potter Evans antes de morir. —musitó Benjy con una disculpa en la mirada.

—¿Uno de ustedes es Harry? ¿Papá lo supo? Por favor, necesito saberlo. Me duele en el alma si no llegó a conocer a su nieto teniéndolo tan cerca, cuando murió antes que mi hijo naciese. —le dijo angustiado James al chico.

—Tranquilo, Benjy. Todo está bien —le aseguró Harry aproximándose a él. Hizo aparecer con su varita un vaso de agua fría y se lo entregó, poniéndole su mano izquierda enguantada en el hombro derecho mientras la bebía para transmitirle un poco de energía y atenuar los efectos del ligero quebrantamiento del Pacto de Silencio, como podía hacerlo pues fue hecho con él y podía mover un poco los límites del mismo—. El señor Charlus Potter supo nuestras verdaderas identidades antes de morir, compartió con nosotros y se comportó más que como un padre como un abuelo con los diez. —le respondió Harry serio a su papá, mirando las espadas con nostalgia.

—¿Podrían venir los doce aquí y seguirles enseñando Sirius y yo esgrima? —le preguntó James luego de varios minutos, intentando controlar sus emociones aunque era casi imposible, pues la respuesta afirmativa velada del chico le tenía el corazón bombeando muy rápido. No quería cometer un error que los alejase nuevamente, por lo que lo único que se le ocurrió en el momento fue el retomar un contacto más directo por medio de lo sembrado por su papá: las prácticas con las espadas.

—Nos gustaría pero no es prudente —le respondió Harry bajando la mirada hacia el inefable, evitando la mirada penetrante de los ojos avellanas de su padre—. No podemos retomar un contacto cercano con ustedes, porque después que nos trataste de magos oscuros ante el resto de la Orden del Fénix sería sospechoso que nos aceptases de nuevo cerca de tu hijo, tu esposa y de ti. Quienes te conocen saben que rechazas totalmente la magia oscura y desprecias a quienes la usan, sean cuales sean los motivos y forma de aplicar los hechizos que generalmente son usados para hacer daño.

—Pero… —intentó protestar James, con un nudo en la garganta.

—Hasta ahora has mostrado dudas y recelo hacia nosotros, aunque preocupación por nuestra salud y nuestro "irresponsable" proceder —lo interrumpió Harry, atreviéndose a mirarlo directo a los ojos—. Lo último puede pasar ante cualquiera como el comportamiento altruista característico de los Potter por quienes cuidaron al estar mal de salud. Pero no es lógico que de "magos oscuros" pasemos a ser "amigos" nuevamente en tus esquemas. El traidor le informaría eso a Lord Voldemort, lo que pondría en grave peligro a demasiadas personas.

»Aunque nos duela en el alma a los doce el permanecer alejados de ustedes debemos seguirlo haciendo, pues no podemos ser tan irresponsables de generar un caos en que podrían morir demasiadas personas. Por eso no podemos decirles lo que les hicimos olvidar. —le confesó con sus esmeraldas llenas de tristeza. Se detuvo a tomar aire y mirar de nuevo las espadas.

»Cada uno de nosotros doce está viviendo a plenitud los momentos de dicha que nos son concedidos, atesorándolos para que nos den la fortaleza que necesitaremos cuando volvamos a nuestra época a hacer lo que debemos. —le dijo pensando en las pequeñas escapadas que se estaban dando por turnos Angela y George con Luna y Hermione en las tardes, para que compartiesen con sus padres las dos chicas, bajo apariencias alteradas para no modificar nada pero poder estar con ellos un poco, al igual que estaban haciendo por turnos los pelirrojos con los Weasley.

»Te aconsejaría que no le dijeses ni a Lily ni a los otros lo que has averiguado por el afecto que te tiene Benjy. Lo único que les generarías es tristeza y angustia, ya que no estará cerca de ustedes ninguno de nosotros y seguiremos peleando mientras estemos en esta época. —le pidió finalmente a su padre mirándolo frontalmente.

—No sabes lo que me estás pidiendo. —replicó James con un profundo dolor clavado en su pecho.

—Sí lo sé, más de lo que te puedas imaginar. —le respondió Harry con sus esmeraldas brillando con una profunda tristeza.

—Lily, Alice, Jennifer y Angelica ya sospechan que existen lazos familiares entre algunos de ustedes y nosotros. —afirmó James en un intento desesperado por hacerle cambiar de opinión, mirando las esmeraldas que tenía frente a él idénticas a las de su esposa cuando estaba angustiada y triste pero decidida.

—Desearía poder hacerte olvidar lo que acabas de descubrir, James. Pero no puedo sin generarte un problema temporal de salud y jamás te lastimaré de ninguna manera, ni siquiera por corto tiempo. Nos seguiremos viendo en las batallas y comunicándonos con los fénix —se despidió Harry—. Tienen un traidor en la Orden del Fénix, recuérdenlo antes de dejar escapar cualquier comentario que los pueda poner en peligro.

—Marte, perdona que… —se empezó a disculpar el moreno.

—Tranquilo, Benjy. Sé perfectamente que la situación en que estás es muy difícil. Por eso te había ofrecido hacerte olvidar —lo interrumpió Harry, suspirando al verlo denegar de inmediato—. Está bien, no lo haré. Pero ten presentes los límites del Pacto de Silencio y evade situaciones complicadas como la que ha ocurrido antes. Ve a descansar, nosotros vamos a sellar nuestro refugio para poder dormir los doce —le recomendó. Denegó con una sonrisa comprensiva al verlo bajar la cabeza, palmeándole en el hombro para que lo mirase de nuevo y hacerle comprender que no le había entendido bien—. Mañana te buscará Rea a mitad de mañana para que nos acompañes en una excursión.

—Gracias Marte. —le sonrió el moreno ampliamente.

—Marte —lo llamó James, angustiándose al verlo denegar—. Por favor Harry, retomen el contacto sólo con Lily, conmigo y con quienes ustedes digan, por favor. —le suplicó.

—No podemos hacerlo. Si en realidad quieres a tu esposa y tus amigos guardarás nuestro secreto para que no se sientan como tú te estás sintiendo ahora —le pidió Harry mirándolo fijamente, agregando justo antes de desaparecer—: Adiós papá.

James sintió que el aire de sus pulmones y de toda la habitación desaparecía, mientras en su mente retumbaban las dos últimas palabras dichas por… su hijo.

Benjy tragó saliva al oír al chico y se giró a mirar a su amigo, apresurándose a sujetarlo y sentarlo en una silla cercana.

—No, no por favor. Yo no puedo haber tratado injustamente de mago oscuro a mi propio hijo. No, no, no puede ser. No, no puede ser que yo alejase a mi hijo de mi esposa, de su casa, de mí. No, yo no le puedo haber hecho tanto daño a Harry. —empezó a negar entre sollozos James.

—Tranquilo, amigo, calma —le decía Benjy mientras se apresuraba a buscar en el bar de la esquina algo que darle—. Estabas muy enojado y desconcertado. Él lo sabe, ya te ha perdonado. Toma, bebe esto, te hará bien.

—Pero, yo… —intentó replicar James lleno de angustia, sus lágrimas bañando su rostro sin que siquiera se diese cuenta.

—Tú sólo reaccionaste a lo que viste después de haber perdido a prácticamente toda tu familia por Maldiciones Asesinas —lo cortó el inefable, sabiendo que debía hacerlo reaccionar aunque tuviese que ser duro para lograrlo—. Marte lo entiende. Le dolió en el momento, pero te quiere y te comprende. Si ha reanudado el contacto contigo es por eso, porque siente un afecto enorme por ti que no le permite alejarse total y radicalmente como considera debe hacerlo.

—¿Por qué cree que debe alejarse de nosotros, de su familia? —preguntó James luego de beber todo el contenido de la copa que le tendiese su amigo, pues sus palabras le habían hecho cortar la espiral de la autoculpa y apuró el licor para estabilizarse un poco físicamente. El dolor en su pecho era enorme y parecía no dejar de crecer.

—Porque estamos en guerra y tenemos un traidor en la Orden del Fénix. Los chicos no recuerdan muchas cosas, pero están claros en que si el enemigo se entera quiénes son eso podría ser grave para nuestro presente y, por lo tanto, el futuro del que provienen. —afirmó el moreno con tono sereno, más tranquilo al ver que su amigo había recuperado algo de su color y empezaba a respirar con mediana regularidad.

—Si tan sólo supiésemos quién es el traidor —se lamentó James—. No he querido pensar en ello. Todos ustedes son mis amigos. Pero estando en peligro mi esposa y mi hijo, lo único que me queda en la vida… Y sin embargo no puedo dudar de ninguno, no puedo Benjy. Me duele en el alma sólo de pensar que ese asesino logró llegar hasta uno de la Orden del Fénix y yo no me di cuenta para evitar que le hiciese tanto daño, o lo convenciese hasta convertirlo en un maldito traidor.

—Yo también le he estado dando vueltas a la cabeza intentando descubrir a quien nos está traicionando —le confesó Benjy llenando de nuevo la copa de su amigo y sirviéndose en otra una cantidad generosa, sentándose luego a su lado—. Estoy seguro que todos excepto él o ella lo hemos hecho, pero no tenemos suficiente información para descubrirlo y la posibilidad de culpar a un inocente nos detiene. Si nos desenvolvemos como lo hace Crouch con todos destrozaremos lo que Albus y nosotros intentamos salvar, un mundo en que la amistad y el amor sean lo importante.

—Dieciocho años en guerra es demasiado tiempo. —comentó James triste.

—Los chicos creen que hubo un período de paz en su pasado. Pero con sus lagunas mentales es imposible el estar seguros. —le respondió Benjy.

—Hace algunos años Angelica le dijo a Sirius en una discusión que lo importante no era lo que se sabía, sino la forma en que se usaba ese conocimiento —le contó James luego de vaciar de nuevo su copa y hacer flotar la botella hasta él para servirse más—. En ese momento no entendí lo que decía, me parecía irracional, pero ahora estoy de acuerdo con ella luego de ver la forma en que se desenvuelven los chicos con lo que saben.

—¿Les dirás a Lily y los otros que Marte es en realidad Harry? —le preguntó Benjy preocupado, necesitando que le respondiese antes que la gran cantidad de licor que preveía iba a ingerir le nublase los sentidos.

—No, no le haré más daño a mi hijo si puedo evitarlo —denegó James antes de apurar la tercera copa de un solo tirón—. Había tanto dolor como amor en su mirada cuando me pidió que guardase silencio. Es todo un hombre. —comentó con una gran sonrisa llena de orgullo.

—Sí, lo es. —asintió el moreno, suspirando al verlo servirse otra copa.

Dos horas más tarde abrió la puerta de la biblioteca una muy enojada Lily Potter. Su sentir cambió por absoluto desconcierto al ver a su esposo totalmente ebrio riéndose a carcajadas, diciendo algo incoherente a su compañero de trabajo que se veía también algo mareado y distendido, lo que evidenciaba que había bebido también licor. Se acercó con cautela a los dos y vio asombrada las casi treinta botellas de cerveza de mantequilla, siete de vino y seis de whisky de fuego en la mesa entre ellos, totalmente vacías. Una de hidromiel con especias estaba a la mitad y su amigo servía de ella en las copas de ambos.

—¡Por Merlín! ¿Se han vuelto locos? —les preguntó asustada.

—No, cariño. Sólo estamos un poco tristes y un poco alegres. —le respondió James con una sonrisa tonta, aunque mirando un poco a la derecha de ella porque no lograba enfocarla.

—Yo creo que es hora de irme a mi cama y tú a la tuya. —opinó Benjy intentando incorporarse, pero sólo logró levantarse un poco y cayó de nuevo sentado, riéndose tontamente antes que su cabeza cayese hacia delante y se quedase dormido.

—Sí, amigo, pero esa no es tu cama. —se burló James antes de reírse.

—No puedo creerlo —denegó Lily mirándolos sin lograr comprender lo ocurrido para que estuviesen así. Al ver que su esposo empezaba a sollozar en medio de su risa sintió un nudo en la garganta. "¿Qué les ha llevado a tomar licor de esta manera?"—. James, cariño, ¿qué pasó después que subí al cuarto? —le preguntó con dulzura, recordando que su mamá le había dicho que no contrariase a un hombre ebrio, que lo tratase con cariño y le preguntase lo que quisiese saber porque no mentían.

—Me enteré… Yo supe… —le intentó responder James entre sollozos, deteniéndose al ver las esmeraldas frente a él que le recordaron otras y una petición—. Te amo demasiado. —musitó acariciándole el cabello rojo oscuro. Sonrió al ver su expresión interrogante y empezó a declamarle el poema con que la había molestado desde quinto año, luego que su papá se lo enseñase en las vacaciones.

Lily suspiró y le sonrió con cariño. Sacó su varita y les aplicó hechizos de limpieza, llamando a Idun y Tyr para que la ayudasen a levitarlos al tercer piso mientras Sif buscaba a Jennifer bajo sus órdenes, pues le preocupaba la mezcla de licores.

—¿Y no sabes por qué tomaron licor como si el alcohol fuese a dejar de existir mañana? —le preguntó Remus, que miraba a su amigo desde el colegio sin entender.

—No. Dejé a Benjy prácticamente despidiéndose de James luego de darme una buena noticia sobre mi trabajo y me cansé de esperar a que mi esposo subiese, cuando le había insinuado que lo esperaría adecuadamente preparada para una sesión de convencimiento —le contó Lily, sonriendo con picardía al ver que se removía incómodo—. Comprenderás que bajé bastante molesta por su tardanza y cuando los encontré a los dos en la biblioteca en ese estado mi desconcierto fue absoluto.

—Pues hasta mañana no podremos preguntarles nada, porque tuve que hacerles un lavado estomacal y darles poción para dormir sin soñar luego de estabilizarlos un poco —le dijo Jennifer saliendo del cuarto matrimonial, pues había atendido primero a Benjy en otro cuarto de ese piso—. Mañana tendrán los dos un dolor de cabeza enorme y muchísimo malestar, pero al menos hemos evitado que se intoxicaran.

—Gracias amiga. Yo no puedo entender qué pudo ocasionar esto. ¿Alguna vez James tomó licor de esta manera? —le preguntó al castaño.

—No. Cuando murió la señora Dorea lo intentaron Sirius y él, pero el señor Charlus no les permitió hacer una barbaridad. —le respondió él con sinceridad.

—Y Benjy me dijo una vez que sabía beber. Que cuando se empezaba a sentir mareado se detenía, para evitar que sus sentidos se nublasen y poner en peligro su vida o la de otros. No entiendo. —les contó Lily aún más preocupada que antes.

—Ya no le des vueltas. Mañana les preguntaremos y sabremos lo que les llevó a beber de esa manera. —le aconsejó el castaño acariciándole la cabeza con cariño.

—¿Quieren algo con el desayuno? —les preguntó Lily con fingida dulzura pero la voz un poco alta, pues estaba enojada porque los dos hombres no habían levantado su vista del piso y no le habían respondido sus preguntas—. ¿Tal vez una aspirina del tamaño apropiado para Hagrid?

—Por favor, Lily, baja la voz. —le suplicó James sujetándose la cabeza.

—Jennifer, por favor, tráenos poción para la resaca. —le pidió Benjy.

—¿No tienes acaso preparada en tu casa? —le preguntó ella burlona.

—Yo sólo tengo en casa las pociones que podríamos necesitar alguno de los miembros de la Orden del Fénix. —le respondió el moreno con tono cansado.

—Pues justo ahora tú necesitas poción para la resaca, luego que con mi esposo se bebieron todo lo que contuviese alcohol que estuviese en la biblioteca. —gruñó Lily.

—Sí, pero no fue algo planeado y no sabía que necesitaríamos James y yo esa poción. Por favor, amiga. —le pidió el moreno a la gemela.

—Y aquí llega Sirius al rescate. —entró diciendo burlón al comedor con dos vasos grandes con la poción que sabía sus amigos necesitaban, luego que a su esposa le contase la gemela lo ocurrido antes de desaparecer minutos antes. Le entregó uno a cada uno, conteniendo con dificultad la risa al ver que los bebían con avidez.

—Gracias hermano. —le sonrió James ampliamente al empezar a sentir sus efectos.

—¿Ahora podrían contarnos el motivo de su pequeña celebración privada de anoche? —preguntó Angelica.

—No fue una celebración. —respondió serio James, mientras intentaba pensar en una buena excusa. Pero aún no tenía suficiente claridad mental para armar algo con rapidez que fuese creíble.

—Anoche James recordó a Nataly Foster, que fue una de las dos mejores amigas de Marlene cuando estaba en el colegio —intervino Benjy con los ojos cerrados, pues recordaba que Lily se había retirado luego que la habían mencionado—. Yo quise tomar una copa antes de marcharme y James me acompañó, disculpándose por habérmela recordado —les contó parte de la verdad, pues fue por eso que él empezó a beber casi al mismo ritmo que su amigo—. Le dije que no se preocupase que… —Suspiró—. Ella siempre está conmigo.

Sus seis acompañantes lo miraron con un nudo en la garganta, pensando en qué decirle. La aparición de Rea los desconcertó y alivió en cierta manera.

—Bueno amigos, es hora de marcharme. Disculpa el mal rato anoche, Lily. —se disculpó el hombre moreno.

—No te preocupes por eso. —negó ella, abrazándolo con cariño.

Luego que él se fue con la pequeña fénix le acarició la cabeza a su esposo. Su intuición le decía que algo más había ocurrido, pero decidió no presionar a quien en ese momento tenía recostada su cabeza en su vientre y la abrazaba por la cintura. Estaba segura que era mejor esperar unos días a que asimilase lo que le había ocasionado la profunda tristeza que veía en sus ojos avellanas.

—Creo que será mejor optar por el plan B —dijo Hermione decidida al ver el estado en que llegaba el inefable—. A todos nos resultará mejor. —aseveró apuntando con su varita a sus compañeros, cambiándoles a todos las ropas de invierno por frescas de verano. Miró pensativa al inefable antes de desaparecer con Hera.

—¿Plan B? —preguntó desconcertado Ron viendo el cambio en las ropas que su novia había hecho antes de desaparecer.

—Iré a verificar la pradera al pie del Cross Fell —dijo decidida Jessica—. Si está despejado pongo las barreras con Fred y les aviso. —agregó desapareciendo con él, que la miraba sin comprender.

—Excelente idea. Yo me hago cargo de la temperatura del agua. —aprobó Ginny, desapareciendo también.

—Trajes de baño extrarrápidos para todos. —asintió Angela, moviendo su varita hacia su costurero y las telas que había comprado.

—Perfecto. Chris & Chris me ayudarán a preparar las viandas adecuadas. —afirmó Luna, saliendo de la sala con los niños tras ella hacia la cocina.

—Ni idea de lo que se traen entre manos. —se adelantó Harry a la pregunta en el rostro de su invitado, encogiéndose de hombros.

—Pero sea lo que sea es buena idea —afirmó Ron—. Siempre es así cuando las seis se coordinan tan rápido con el menor número de palabras. —agregó al ver la interrogante en la mirada del inefable.

—Aquí tienes, Benjy —le dijo Hermione al aparecer, entregándole ropa fresca veraniega que había traído de la casa de él, sonriendo al ver que parpadeaba desconcertado—. Disculpe que fuese a su casa, pero su talla no se asemeja a la de ninguno de los chicos. —agregó mientras con su varita le cambiaba de ropa.

—Listas las cestas con las viandas. —entró anunciando la niña, con su gemelo sonriendo ampliamente y la chica rubia tras ella, coreando sus palabras los ladridos alegres del perro.

—Esto también está listo. —aseveró Angela entregándole a cada uno el traje de baño que le había hecho, llevando ella el especial que había hecho para ella en su mano izquierda, al igual que los de su prima, su cuñada y el gemelo de su prometido.

—La pradera es nuestra por el día de hoy. —afirmó Ginny contenta al reaparecer.

—Todos toquen el mantel. —ordenó Hermione con su tono levemente mandón, luego de convertir el que había traído Luna en un trasladador Dunedain.

La gemelita lo hizo guiando la mano del hombre moreno para que lo hiciese, mientras el gemelito lo hacía abrazando a la mascota.

—Puedes correr todo lo que quieras Atlantis. —le dijo feliz Jessica al perrito al verlos aparecer a los once.

—Y todos podemos nadar sin temor a congelarnos. —agregó contenta Ginny, luego de sumergir su mano en el agua para verificar que lo que había hecho antes funcionaba.

—Día de picnic y descanso absoluto para todos. —afirmó Hermione, con una gran sonrisa llena de satisfacción al ver las expresiones de sorpresa del hombre y cuatro de los seis chicos.

Fred había comprendido mientras ayudaba a su novia con las barreras. El gemelito lo había hecho por la comunicación tan especial que tenía con la hermana.

—Gracias, amiga. —le agradeció Harry de corazón. Había estado muy deprimido desde que había llegado de Deercourage la noche anterior y por la expresión del moreno las cosas habían estado difíciles en la casa luego de él desaparecer.

—James no le dirá a nadie que eres Harry, ni siquiera a Lily. Lo decidió a los pocos minutos de tú partir y luego los dos dejamos la mansión Potter sin una sola gota de alcohol, pues yo había recordado a Marlene por lo que estábamos hablando antes que aparecieras y los dos compartimos nuestra tristeza. —le confesó Benjy al chico, pues había notado que lo miraba preocupado pero sin atreverse a preguntar.

—Entonces es hora que compartas con nosotros la alegría del presente que es el hoy y el ahora, pues el pasado no puede cambiarse y el futuro aún no ha llegado —le dijo Angela con una sonrisa cálida—. Un buen chapuzón para comenzar. El último en llegar al agua tendrá que preparar el jugo para todos. —agregó con picardía.

Todos sacaron sus varitas con premura sonrientes. Se cambiaron la ropa por los trajes de baño y corrieron hacia el agua, riendo cuando el primero en entrar fue la mascota de todos.

Benjy notó que el traje de la chica de pelo negro era extraño, pues cubría toda su espalda, pero no preguntó nada. Se rió mucho ante las burlas de los chicos al pelirrojo alto, que había sido distraído por su hermana menor cuando empezó a correr y fue por lo tanto el último en entrar. Sus risas se incrementaron cuando los gemelos fingieron que preferían ahogarse en el río a tomar un jugo preparado por su hermano menor.

Comió, jugó, rió y disfrutó mucho con los doce chicos el día de descanso que las seis chicas habían decidido a último minuto para animarlos a él y a Harry.

Notó que Ginny, Fred y Neville, a pesar de las molestias con sus heridas aún sin sanar completamente, se entregaban a disfrutar aquél día con la alegría propia de sus edades aunque con la responsabilidad de dejarse cuidar de los otros para no recaer. Sin embargo en Ginny, Harry y Angela había algo distinto en su forma de desenvolverse a los otros. Jessica y Neville también parecían decididos a disfrutar y no pensar, pero ellos tres… Los otros nueve chicos estaban disfrutando simplemente el momento pero en la pelirroja y los dos pelinegros era distinto, sólo que no lograba precisar en qué. Se quedó mirándolos un rato largo luego de comer, empezando a adormilarse sin poder evitarlo.

Al despertar a final de tarde con los lametazos de Atlantis vio a los dos niños lanzándose una pelota totalmente blanca con sus brazos, mientras las cinco parejas los miraban abrazados con sonrisas suaves.

—Lamento haberme dormido, chicos. —se disculpó acercándoseles.

—No se preocupe, no fue el único. —le respondió la castaña sonriente, ruborizándose los otros chicos mientras los niños se reían abiertamente, pues sólo ellos y Hermione habían estado despiertos todo el tiempo.

—Mañana haremos lo que teníamos pensado inicialmente para hoy, el plan A. ¿Puedes acompañarnos? —le planteó Harry.

—Seguro. —afirmó él contento.

—Nos gustaría que durmieses en la casa esta noche, para que compartas con nosotros la charla luego de cenar. —lo invitó Hermione.

—Me encantará. —afirmó el moreno con una sonrisa.

Horas después ponía su cabeza en la almohada de una de las camas en la habitación mediana vacía, pues en la pequeña habían acomodado a Atlantis. Mientras lo hacía pensaba en la extraña conversación que habían sostenido los chicos con él, hablando sobre una forma de vivir la vida con una visión de la muerte que aún lo desconcertaba. Le tomó varias horas quedarse dormido, pues no podía dejar de pensar.

—¿Cómo estuvo el fin de semana? —le preguntó James a Benjy el lunes en la mañana en un susurro fingiendo leer un informe mientras se cerraba la puerta del ascensor, en el cual había logrado quedar a solas con el inefable con un par de trucos simulados de su varita.

—Picnic el sábado para destensarnos todos y búsqueda de ingredientes para pociones ayer en High Willhays. —le respondió el moreno.

—La poción para Diana. —afirmó el de lentes, suspirando al ver a su amigo asentir.

—¿Y el tuyo? —le preguntó inquieto su acompañante.

—Gracias a ti menos duro de lo que habría sido si sospecharan que fui yo quien comenzó a beber licor como si no hubiese mañana —le confesó apenado, moviendo su pelo con nerviosismo al verlo asentir pero seguirlo interrogando con la mirada—. Sé que él tiene razón en lo que dijo y estoy buscando una salida viable para recuperar su confianza y ponerlos a salvo. Creo que si no logro hacerlo me volveré loco.

—Piensa que si no confiaran en ti no te habrían dejado decidir qué hacer con la información que tienes. En cuanto a ponerlos a salvo, créeme que saben cuidarse mejor de lo que tú o incluso Albus podría hacer por ellos en una guerra. —afirmó serio el moreno.

—No soy capaz de asimilar que me dijese "Adiós". —confesó James después de unos minutos de silencio.

—Dame unos días e intentaré cambiar eso por un "Hasta luego". —le aseguró Benjy.

No hubo tiempo para más porque se abrió el ascensor y Alastor llamó al de lentes al verlo, siguiendo el moreno al piso nueve donde tendría que seguir evadiendo las miradas inquisitivas de las esmeraldas de su amiga pelirroja. Ella era demasiado intuitiva y a veces parecía leer el alma de quienes la rodeaban.

El viernes en la noche Benjy leyó extrañado la nota que le había llevado Moony. No se esperaba que los chicos lo invitasen tan pronto a otra de sus excursiones, menos aún cuando los había estado presionando durante esa semana para que hablasen con James. Sin dudarlo volteó la nota y escribió "Estaré listo a la hora indicada", entregándosela al fénix para que la llevase de vuelta.

Minutos después vio su chimenea brillar y suspiró, dando paso con su varita al esperado visitante.

—Aún no aceptan y si sigues viniendo todas las noches tendrás que empezar a ayudarme con las excusas a Lily. —le dijo a su amigo apenas verlo aparecer.

—Sería mejor si me dijesen de una vez la verdad —les soltó la pelirroja quitándose la capa de invisibilidad con que había seguido a su esposo. Sonrió con malicia luego de verlos sobresaltarse y ahora mirarla muy pálidos, sus ojos esmeraldas brillando con determinación—. ¿Qué es lo que quiere James que acepten los chicos?

—Que me devuelvan los recuerdos y vayan a Hogwarts como alumnos de intercambio. —afirmó James con la habilidad desarrollada como Merodeador para mentir con rapidez.

—¿Que te devuelvan los recuerdos a ti solo? —gruñó Lily entrecerrando los ojos.

—Pensé que sería más factible que aceptasen si les proponía que se los devolviesen a uno solo de nosotros —le respondió James con una tímida sonrisa para intentar aplacarla—. Yo podría ayudar a Benjy como auror a investigar la forma de devolv…

—El devolverlos a su época se acerca más a mi área que a la tuya, cariño. —lo interrumpió Lily con retintín.

—Yo estoy casi seguro que es en gran parte mi culpa que nos borrasen los recuerdos y se alejasen de nosotros como lo han hecho. Por eso quiero que me perdonen y ayudarlos. —confesó James cabizbajo.

—Y yo te he dicho ya que los han perdonado a todos, que no cambiarán de opinión con facilidad y que si me das más tiempo lograré la comunicación más fluida que quieres. —dijo Benjy con tono firme, respondiendo la inquietud de su amigo de forma camuflada.

—Vamos a casa y les enviamos fruta con una carta de los dos. —lo animó cariñosa Lily, abrazada a su esposo por la cintura.

—Gracias por tu paciencia y ayuda, Benjy. Gracias por tu apoyo, Lily. —les sonrió James a los dos, desapareciendo hacia Deercourage con ella luego de ver asentir sonriente al moreno.

—Leonel tiene razón. James, Sirius, Remus y Angelica hubiesen sido excelentes inefables con esa habilidad extraordinaria que tienen para armar mentiras creíbles en segundos —afirmó Benjy luego de bloquear de nuevo su chimenea—. Capacidad que sospecho han heredado los hijos. —agregó sonriente luego de recordar un par de situaciones.

El inefable y los doce chicos caminaban tranquilamente por el bosque en el Ben Macdui cuando escucharon voces cercanas, poniéndose los jóvenes con agilidad sus pasamontañas y sacando los trece sus varitas. La gemelita silenció al perrito, escondiéndose con su gemelito y la mascota entre las raíces del enorme árbol cercano por indicaciones del chico pelinegro.

—Estos estúpidos sangre sucia aprenderán su lección aquí y ahora —decía cerca de ellos un hombre de voz recia—. Los dejaremos para que terminen con ellos las criaturas del bosque. Regresemos a Peterhead. Tenemos que terminar de limpiar la zona para el trabajo de mañana.

Jessica se quedó a velar por la seguridad de los gemelitos por órdenes silenciosas de Harry. Benjy y nueve de los chicos mayores se aproximaron con cautela al sitio del que provenían las voces. Vieron desaparecer a un grupo de casi cincuenta mortífagos, que habían estado torturando a un grupo de muy malheridos brujas y magos que estaban casi inconscientes reunidos formando un círculo.

—Quédate aquí mientras verificamos —le susurró Harry al inefable—. Rodeen el perímetro y si hay trampas desármenlas —se giró a decirle a Ron—. Yo voy contigo. —le dijo a su novia, pues sabía que iría a atender a los heridos de inmediato.

Todos asintieron y le obedecieron, aunque el hombre moreno tenía el ceño fruncido y estaba preparado para actuar y desobedecerle. Observó atentamente la forma en que sus jóvenes amigos se desplazaban mientras la pareja se acercaba con cautela al círculo de las víctimas, moviendo sus varitas generando un extraño movimiento del aire cercano.

—Por favor, dejad ir a los niños. —suplicó una mujer al ver a quienes se le acercaban, sollozando.

—Shhh, no haga ruido —le susurró Harry—. No somos mortífagos, señora, no les haremos daño. —le aclaró acercándose a ella para ayudarla a moverse con cuidado.

—Tranquilos y calladitos. —les indicó Ginny en voz muy baja.

Todos se sobresaltaron al escuchar una pequeña explosión cercana. Fue seguida de un atronador silencio, tanto de parte de las víctimas que estaban conscientes y se habían estado quejando, como de las criaturas del bosque en que se encontraban inmersos. Ginny y Harry se incorporaron bruscamente y apuntaban con sus varitas en dirección al lugar de donde provenía el ruido.

—Lo siento, pero no pude desactivarla y tuve que hacerla explotar. —se disculpó Ron mientras hacía flotar con su varita frente a él una forma irregular chamuscada.

—¡Urano! —exclamaron ocho voces molestas.

—Se activó cuando pasó cerca una liebre curiosa. No es mi culpa. —se defendió el pelirrojo alto.

—¿Estás seguro que la arruinaste antes que enviase la señal? —le preguntó Harry.

—Totalmente —le aseguró su mejor amigo—. De todos modos mejor los sacamos a ellos de aquí pronto. No necesitamos pelear de nuevo con una situación de posibles rehenes malheridos cerca.

—Leto, ve por Electra, Isis y Saturno —le pidió el pelinegro luego de asentir a la sugerencia hecha por Ron—. También indícale al hombre que conseguimos buscando las plantas que permanezca en su posición y callado —agregó al ver de reojo que la bruja que le había hablado antes los miraba atentamente, girándose luego en su dirección—. Señora, somos los "Guerreros del Fénix" y no le vamos a hacer daño ni a usted ni a sus acompañantes. Pero le sugiero que permanezca quieta y callada, porque tenemos que movilizarlos con rapidez a un sitio seguro en previsión que puedan regresar aquí mortífagos.

Ginny suspiró al ver que la mujer abría mucho sus ojos, notoriamente asustada, desplazándose levemente para tapar al pequeño tras ella.

—Tranquilos, no les harán daño. —les aseguró Benjy a los heridos acercándose.

—¿No escuchó usted lo que dije de quedarse en su posición y callado? —lo regañó Harry, rodando los ojos al ver que lo miraba con el ceño fruncido y expresión de regaño.

—Ustedes nos están ayudando a todos y ellos tienen que saberlo. —le replicó el hombre moreno, que no estaba de acuerdo en lo absoluto con la decisión de los chicos de mantener la imagen que tenían ante la comunidad mágica, sin defenderse de las falsas acusaciones hechas por Voldemort.

—Vamos a atender sólo lo más grave y ponerles trasladadores a todos hacia el hospital de Belfast. —les ordenó Harry a los demás del E.D.H., luego de suspirar.

—Cuídalo mientras yo examino al más chiquito. —le pidió Christine a Atlantis luego de devolverle la voz. Sonrió al recibir como respuesta un ladrido y ver que el niño frente a ella miraba con curiosidad al perro, aunque no soltaba la mano de su hermanito.

—Pásame poción rellena sangre. —le pidió Fred preocupado a su novia, pues la jovencita que estaba atendiendo había tenido una hemorragia muy fuerte que con dificultad acababa de contener.

—Yo también necesito aquí. —dijo George, levantando la mirada al oír un suspiro de su cuñada.

—No tenemos suficiente para ellos tres. —respondió Jessica la muda pregunta de sus acompañantes.

—Denles a tomar lo que tengamos y pónganles trasladadores de inmediato. Nos las arreglaremos luego para buscar lo necesario y preparar más. —ordenó Harry, dándoles a entender que podían usar la reserva que había sugerido Hermione mantuviesen como mínimo para ellos. Suspiró al oír la protesta entre dientes de la castaña.

—Habíamos oído que eran tan terribles como los mortífagos, pero eso no es cierto. Gracias por toda la ayuda que nos han dado —dijo un joven mago castaño y bajito antes que la piedra que había convertido en trasladador el mago con el rostro cubierto frente a él se activase—. Mi nombre es Kenneth Simmons y el de mi hermana es Peggy. Siempre podrán contar conmigo para lo que necesiten.

—Y conmigo. —aseguró de inmediato la joven castaña de piel blanca que estaba fuertemente agarrada de la mano del que había hablado. Sus ojos verdes grandes mirando con una mezcla de asombro y agradecimiento a los doce con pasamontañas y el hombre moreno que los habían ayudado a todos.

—Cuídense, señores Simmons. —se despidió Harry de ellos con una sonrisa. Recordaba que se habían unido a la O.D.F. unas semanas antes que ellos se viesen trasladados a la época en que estaban por la copa de Helga Hufflepuff. "Definitivamente este 'bucle del tiempo' nos tiene muchas sorpresas".

—Los mortífagos no regresaron y a excepción de los tres primeros que enviamos puedo asegurar que los demás vivirán. —resumió Ginny la situación mientras se quitaba el pasamontañas.

—Sabes bien que establecí una reserva mínima de pociones para evitar una situación como la que vivimos con Jessica, Remus y James. —regañó Hermione de inmediato a su mejor amigo.

—Y es por eso que vamos a buscar hoy mismo los ingredientes y preparar cantidad suficiente de poción rellena sangre, así como las otras que nos hacen falta, amiga —le respondió Harry con tono suave y convincente, sonriendo al ver a su mejor amiga bufar y rodar los ojos pero asentir en seguida—. Tú no debiste mostrarte con nosotros. Puede traerte problemas. —se giró a regañar al inefable.

—Primero que nada, no tienes edad suficiente para ordenarme ni para regañarme —le replicó el moreno de inmediato—. Segundo, a mí casi nadie me conoce y ustedes no deben seguir con esa postura "Nosotros hacemos el bien sin importar si piensan mal de nosotros" —continuó luego de ver al chico suspirar fastidiado, siguiendo al verle intenciones de protestar para no darle oportunidad—. Tercero, yo no sé hacer vendajes pero sí algunos hechizos sanadores y podía ayudar. Por último, soy un luchador que juró pelear con los mortífagos hasta detenerlos y existía la posibilidad que esos regresasen.

—De acuerdo, eres imposible. —protestó Harry.

—Mira quien lo dice. —replicó Hermione.

—¡Thestrals! —exclamó sonriente la niña al ver la yegua alada negra que se les acercaba, con el vientre abultado, seguida de otras cuatro yeguas y un macho.

—Tranquilo, Atlantis. Son amigables si no los atacas. —le aseguró el niño.

—¿También los perros los ven sólo si han visto morir a alguien? —le preguntó Angela a Hermione mientras se acercaba a la que estaba por tener el potrillo, tanto por distraerla de su discusión con su hermanito como porque le intrigaba eso.

—No estoy segura. Creo que sí. —le respondió la castaña mientras veía que Jessica se acercaba con cautela a otra de las yeguas.

—¿Todos pueden verlos? —les preguntó preocupado el hombre moreno.

Los doce chicos intercambiaron miradas nerviosas, suspiraron y asintieron, pues comprendieron que era tarde para negarlo.

—Sí Benjy, los doce podemos verlos —afirmó Harry al verlo denegar con tristeza—. ¿Sabes si nuestro peludo amigo vio morir a alguien? —le preguntó para distraerlo un poco.

—Atlantis vio morir al padre del niño que me lo regaló. —le respondió el inefable.

—Están muy intranquilos. —comentó preocupado George.

—Los han atacado humanos. —aseguró Luna después de mirar a los ojos a la hembra que estaba más cerca de ella.

—El potrillo nacerá pronto y este lugar no es seguro para la manada. Quisiera poder ayudarlos de alguna manera. —comentó Angela con tono triste, acariciando el lomo de la que se les acercó primero.

—Hagrid —dijo con convicción Harry, recordando lo dicho por su semigigante amigo en la clase en que les mostró aquellas criatura —. Según le entendí a James, Sirius y los otros le gustan las criaturas fuera de lo común. —agregó al ver la expresión interrogante del moreno.

—Tienes razón —afirmó el moreno—. Pero el Ministerio de Magia los ha declarado criaturas peligrosas. Podría meterse en problemas.

—No tienen porqué saber que las tiene. Puede ocultarlos en el Bosque Prohibido si el profesor Dumbledore le da permiso. —opinó Hermione, sonriendo al ver la expresión de sorpresa con que la estaban mirando todos. Recordaba bien que su semigigante amigo les había dicho que había comenzado la manada con un macho y cinco hembras, aunque también que la odiosa Umbridge lo había molestado en esa clase.

—Les diré a Albus y a Hagrid que vengan. Veremos lo que deciden. —decidió el moreno un par de minutos después.

—Benjy, sería mejor que apareciesen a un par de metros de aquí para que no los alteren más de lo que ya están. —opinó George acariciando a una de las yeguas mientras Luna lo hacía con el macho, los cinco animales lamiendo la sangre en el piso.

El aludido asintió y se alejó para desde allí convocar a Fawkes. El semigigante apareció con el director casi veinte minutos más tarde. Miró extrañado al inefable cerca de algunos de los "extraños" chicos, apretando la sombrilla rosa en su mano derecha. Al ver a los otros arrojando animales muertos a unos caballos negros alados que se los comían de inmediato se quedó fascinado con las criaturas.

—Buenos días Hagrid, profesor. —los saludó el inefable con el semblante serio y formal normal en él, el que sólo abandonaba con los chicos y eventualmente con sus amigos.

—Buenos días profesor Dumbledore. Buenos días señor Hagrid —los saludó Harry en nombre de los chicos—. Nos hemos conseguido con el señor Fenwick aquí recolectando algunas plantas que necesitábamos para pociones y le hemos pedido que los llamase para hablar con ustedes, luego que se nos acercase esta pequeña manada de Thestrals. Sabemos que el Ministerio de Magia los ha calificado de peligrosos, pero no lo son y nos preocupa que alguien los haya intentado lastimar. Quisiéramos saber si es posible que se oculten en el Bosque Prohibido al menos hasta que nazca el potrillo.

—¿Qué saben ustedes de estos pequeños? —preguntó Hagrid acercándose a la yegua del vientre abultado con sus ojos negros brillando con emoción.

—Son criaturas muy listas con un gran sentido de la orientación que siempre te llevan a donde quieras ir, ya que son muy buenos encontrando los sitios que buscan quienes los montan. Son carnívoros y son atraídos por la sangre fresca, como la que tenemos alrededor. Sólo pueden verlos quienes han visto a alguien morir y saben que eso es lo que ha ocurrido. Y por último son normalmente criaturas amigables, que pueden ser amansadas como cualquier caballo alado si se les da el cuidado que requieren. —le respondió Luna con una sonrisa.

—¿Sólo pueden verlos quien ha visto morir a alguien? —preguntó Hagrid preocupado mirando a los niños que acariciaban a una de las hembras, tragando saliva al ver que la rubia suspiraba y asentía—. ¿Por qué hay tanta sangre en el piso? —preguntó con genuina curiosidad.

—Hace un rato casi cincuenta mortífagos dejaron aquí a un grupo de brujas y magos que habían estado torturando para que muriesen —le respondió Benjy, girándose a mirar en seguida al director—. Según oímos los trajeron de Peterhead y regresarían allí para "terminar de limpiar la zona para el trabajo de mañana". Justo cuando enviamos a los dos últimos de los heridos al hospital de Belfast con trasladadores se nos acercaron los Thestrals y nos comunicamos con ustedes, así que no fuimos allí para esperarlos y contarles lo ocurrido aquí.

El director asintió y escuchó la explicación detallada del inefable, observando mientras tanto al semigigante acercándose a los caballos negros alados siguiendo las indicaciones amistosas de los chicos, alimentándolos y acariciando el abultado vientre de la yegua que pronto tendría el potrillo.

—Son animales magníficos y hermosos. —afirmó Hagrid extasiado.

Los doce chicos sonrieron al oírle y la mascota ladró mientras batía la cola, contento.

—¿Cómo se llama ese pequeño? —les preguntó el semigigante a los chicos, señalando al perro con curiosidad pero menos interés que el que había mostrado por los caballos.

—Atlantis. —le respondieron a coro los gemelitos.

—Marte tiene razón en que fue peligroso que te viesen con los chicos, Benjy —le dijo el director, continuando con su voz firme para adelantarse a la protesta que veía en los ojos negros del generalmente inexpresivo moreno y el triunfo en las esmeraldas del chico—. Así como tú tienes razón en que ellos no pueden seguir sin defenderse ante la comunidad mágica de las falsas acusaciones que pesan sobre ellos.

—No sirve de nada intentar convencer a toda una comunidad de lo que no están listos para escuchar —afirmó Harry mirando al director, recordando cuando todos desconfiaban de los dos mientras declaraban abiertamente que Voldemort había regresado—. En época de guerra la mayoría cree ciegamente en quienes son sus líderes, sin analizar hacia donde los están conduciendo. En época de paz se niegan a ver las señales de la guerra inminente por el temor que les produce. En ambos casos lo que se puede hacer es decir la verdad y actuar según nuestras propias convicciones sin importar lo que opinen los demás de nosotros, hasta que suficientes personas vean la luz y se unan para detener la oscuridad.

—Sabias palabras. —le dijo el director mirándolo fijamente, sonriendo suavemente ante la respuesta del chico.

—Una persona sabia me enseñó esa lección con su ejemplo. —le respondió Harry con tono respetuoso, sus esmeraldas brillando con aprecio a su mentor.

—Pues deberías aplicarlas diciendo la verdad a quienes ayudan. —replicó el inefable con el ceño fruncido, sonriendo al ver que el chico suspiraba y asentía.

—Creo que llamaré Tenebroso al potrillo en cuanto nazca, por el aspecto que tienen. ¿Qué opinan chicos? —preguntó Hagrid entusiasmado.

—Excelente idea. —respondieron Chris & Chris, Luna y Harry a coro.

Hermione carraspeó, atrayendo la atención de todos.

—Creo que primero el director debe autorizar que el señor Hagrid se los lleve con él.

—Siempre y cuando te ocupes personalmente de domesticarlos para que no vayan a lastimar a ningún alumno y los otros habitantes del Bosque Prohibido lo permitan. —respondió el director la muda petición de su amigo semigigante, sonriendo ante la celebración de los chicos y su guardabosques.

—Shhh, tranquila amiga. Estarás en buenas manos. —calmó Angela a la yegua preñada, que ante el alboroto había retrocedido levemente y se había movido nerviosa.

—¿Cómo los llevaremos al colegio? —preguntó Hagrid al director.

—En realidad si los montan les llevarán ellos a ustedes —les dijo Harry con una sonrisa—. Sólo recuerden sujetarse fuerte y disfruten del viaje.

—¿Qué harán ustedes? —les preguntó el inefable cuando la rubia le hizo señas para ayudarlo a montar la yegua cercana.

—Iremos a buscar los ingredientes para las pociones que se nos han terminado o tenemos en muy poca cantidad. También le haremos llegar con Rea los que usted nos comentó que le faltan —respondió Harry luego de oír carraspear a su mejor amiga—. Nos gustaría ir a Peterhead a investigar, pero podría ser imprudente.

El inefable sonrió, pues los doce chicos lo habían estado discutiendo con él mientras aparecían el director y el guardabosque de Hogwarts. La castaña, la chica de ojos miel y la gemelita lo habían apoyado, mientras la pelirroja y los dos pelinegros se empeñaban en ir al pueblo a investigar y los otros emitían sus opiniones ante uno y otro punto de vista, plegándose la mayoría a su opinión de no intervenir justo antes que los dos llegasen.

Albus y Hagrid vieron asombrados la expresión del inefable, pero el segundo no comentó nada ante la orden muda del primero de no hacerlo.

Benjy montó en la yegua alada según las indicaciones de la rubia y minutos después comprendía la indicación de Harry sobre sujetarse fuerte, pues un par de minutos después que el director nombrase el colegio los cinco animales emprendieron un vuelo demasiado rápido y alto para su gusto. No quería imaginarse lo que sería volar sobre uno de esos caballos alados sin poder verlo, aunque hubiese preferido no tener esa capacidad ya que todavía le dolía el recuerdo de la muerte de su padre a manos de mortífagos mientras él desaparecía por el trasladador que el señor Fenwick le había hecho. "El que los doce chicos puedan verlos son muy malas noticias".

—Un viaje muy divertido. —afirmó Hagrid eufórico al bajarse del macho.

—Prefiero una escoba. —replicó Benjy bajándose de la hembra con cuidado.

Albus acarició a la hembra preñada y estableció contacto con los cinco, por medio de su don para Comunicarse con los Animales, con el fin de tranquilizarlos y que confiasen en el guardabosque.

—Ocúpate de los Thestrals mientras nosotros hablamos con Alastor. —le ordenó luego al semigigante con una sonrisa.

Hagrid asintió de inmediato y los guió más allá de su cabaña, cerca de donde habían aterrizado, silbando suavemente una tonada.

Cuando Benjy recibió una lechuza del Ministerio en su casa apenas llegar del colegio se extrañó, pues su jefe no se comunicaba con él así.

—¿Presentarme de inmediato en la oficina de los aurores? ¿Qué pretende Crouch? —preguntó al aire al leer la nota, abriendo mucho los ojos al sentirse trasladado. Con la sorpresa de recibir la comunicación oficial de la oficina del jefe del Departamento de Seguridad Mágica no había tenido la precaución de verificar que el contenido del sobre no fuese un trasladador.

Hera, que había estado volando frente a él esperando para llevarlo con los chicos, emitió una nota de desagrado y desapareció para seguirlo, avisándole a Rea lo ocurrido para que se los transmitiese a los chicos.

—Buenas noches señores. Les agradezco que nos recibiesen. Tenemos información que trasladarán al señor Fenwick a Azkaban por no responderle al señor Crouch preguntas sobre nosotros. También que mañana habrá un ataque de Voldemort a la prisión. ¿Ustedes pueden sacarlo antes del mediodía de mañana? —dijo rápidamente Harry a los miembros de la Orden del Fénix apenas aparecer, demasiado nervioso y preocupado para andarse por las ramas.

Los doce llevaban sus trajes de batalla y ocultaban sus ojos con sus capuchas, con sus varitas afuera aunque apuntando al piso. No querían que sus miradas pudiesen delatarlos.

—Buenas noches chicos. No sé cómo han obtenido la información pero están en lo correcto en las dos cosas, lamentablemente. Estamos haciendo lo posible para sacar a Benjy de inmediato, pero tenemos problemas por las declaraciones de algunos de los heridos que trasladaron a Belfast y el silencio de él. —respondió el director con tono calmado, aunque en sus ojos azules brillaba la preocupación.

—Si al menos le hubiese inventado algo a Crouch le hubiésemos armado una coartada o algo, pero su silencio lo perjudica. —se lamentó Sirius.

—¡Rayos! —se le escapó a Harry, conteniendo a duras penas las ganas que tenía de soltar unas cuantas palabrotas.

—¿Hay algo que podamos hacer para sacarlo del problema? —preguntó Ron—. Podríamos fingir que lo teníamos como rehén o algo y se nos complicaron las cosas.

—Ustedes no pueden hacer nada como eso o se agravará lo que piensan todos de ustedes. —los regañó de inmediato Lily.

—Eso no importa si con eso lo sacamos a él del problema —replicó Harry, mirando de inmediato al jefe de su papá—. ¿Funcionaría?

—No. Lo que han declarado los que están en el hospital es que ustedes y él se consiguieron buscando ingredientes para pociones, que los trece los ayudaron en compañía de un animal pequeño y peludo, que dos de ustedes eran niños y que Benjy actuaba con ustedes como si los conociera y confiase en que no les harían daño ni a él ni a ellos. —le respondió de inmediato el auror en tono hosco.

—O sea que han dicho la verdad y lo han perjudicado porque el retrasado mental de Crouch no le perdonará que no nos delate. —afirmó exasperada Angela.

—El jefe lo sacará en un par de días. —les aseguró Lily para intentar calmarlos.

—El problema es que Benjy no tiene ese tiempo —denegó Harry, pensando en el hechizo que se había aplicado el moreno para evitar que le sacasen cualquier información. Notó que ocho de los miembros de la Orden del Fénix palidecían y los otros lo miraban interrogantes, lo que le hizo comprender que sus padres y los de sus amigos también lo sabían—. Si es cierta la información que tenemos sobre el ataque a Azkaban nosotros impediremos que lleguen a Benjy a como de lugar. Lo prefiero fugitivo con nosotros que muerto. —declaró decidido.

—¿De qué hablan? —preguntó asustada Emmeline.

—Ustedes no pueden ir a Azkaban. —les gruñó Alastor.

—Lo haremos. Si el traidor de su grupo le informa a Voldemort que iremos por Benjy lo mataré como la rata que es. Porque él, ellos nueve y los bebés de ellas dos desde hoy están bajo la protección de los "Guerreros del Fénix". Mientras estemos aquí no permitiremos que les haga daño. Más le vale a quien sigue las órdenes de ese asesino que tenga bien presente que nosotros estamos al margen de la ley gracias a su amo, así que no nos temblará la mano para aplicar todo lo que sabemos para protegerlos. —amenazó Harry de la forma más velada pero feroz posible a Peter, señalando como protegidos de su grupo al director y las cuatro parejas que los habían protegido hasta hace poco además del hombre moreno, ubicando luego su varita frente a su rostro como despedida para desaparecer con los otros nueve en seguida.

El pequeño animago quedó con sus ojos negros llorosos clavados en el sitio del que acababa de desaparecer el chico, pues había tenido la horrible sensación que lo había estado mirando fijamente mientras lanzaba aquella amenaza. Su corazón corría desbocado. "No es posible que esos chicos sepan que soy el traidor. ¿Por qué no me delatarían con el director y mis amigos si lo saben? No, no pueden saberlo… Sin embargo estoy seguro que las esmeraldas de Marte han estado clavadas en mí, además que la mención a mi forma animaga ha sido casi evidente".

—¡Por Merlín! ¡Están fuera de sus cabales! —exclamó asustada la subdirectora.

—Ya te había dicho que era urgente encerrarlos en el colegio, Minerva, preferiblemente atados a una cama de Poppy. —gruñó Alastor preocupado.

—Los niños estaban con trajes iguales a los de ellos. —comentó asustada Emmeline.

Todos tragaron saliva ante su observación, pues aquello no lo había detallado la mayoría de ellos.

—Tenemos que sacar a Benjy de prisión a como de lugar —afirmó con tono serio el director—. Marte ha dado a entender que peligra su vida.

—¿Qué hay sobre trasladarlo al Ministerio para un nuevo interrogatorio en presencia del jefe? —le planteó James a Alastor.

—Hablaré con Leonel en privado para que coordinemos eso. Frank y Sirius serían mis ayudantes en el interrogatorio. Jennifer, Angelica, Remus y tú establezcan contacto de alguna manera con esos imprudentes y eviten que hagan una estupidez. —le ordenó Alastor antes de desaparecer.

—Los demás deben decidir lo que harán mañana si Alastor y Leonel no logran sacar a Benjy a tiempo, porque cuando conformamos la Orden del Fénix decidimos que sería una organización secreta para proteger sus identidades y las de sus familiares. Así que quienes me acompañen mañana a Azkaban lo harán individualmente, por su propia convicción. —dijo con firmeza el director.

Todos asintieron y desaparecieron, a excepción de los nueve a quienes el chico acababa de declarar protegidos por los "Guerreros del Fénix" frente al traidor del grupo.

—Lo que ha dicho Marte… La forma en que ha amenazado al traidor… ¿Sabrán los chicos quién es? —planteó Angelica aturdida.

—No lo creo, nos lo habrían dicho. —denegó Jennifer muy pálida.

—Pero lo que ha dicho Marte y señalarnos a los nueve como protegidos de su grupo con Neville y Harry… —intervino Alice muy tensa, sin lograr terminar de hacer su planteamiento por el nudo en su garganta.

—Somos quienes los cuidamos y protegimos desde que llegaron aquí, como hace Benjy desde que los alejamos con nuestras reacciones por lo ocurrido en Kingswood. —opinó Sirius.

—Por ahora resolvamos lo de Benjy y el comunicarnos con ellos para que no vayan a Azkaban. Luego hablaremos con ellos sobre el traidor y la amenaza que Marte le ha hecho. —les dijo con tono firme Albus Dumbledore, desapareciendo luego de verlos asentir para reunirse con sus dos gruñones amigos: el jefe de los inefables y el de uno de los mejores equipos de aurores.

—Vamos a llevar a Harry con mis padres, nadie sospechará que está con ellos. —le planteó Lily a su esposo cuando se giró a mirarla con una gran angustia en sus ojos avellanas.

—Augusta cuidará con gusto a Neville. —aseguró de inmediato Alice mirando a su esposo.

James y Frank suspiraron y asintieron en señal de estar de acuerdo. Sabían que sería imposible convencerlas de quedarse con los niños mientras ellos resolvían.

—Han aceptado reunirse con nosotros en Maidstone, en el bosque cercano a la casa de ellos, mañana al mediodía si no se ha podido sacar a Benjy de Azkaban. —le dijo James a su jefe apenas verlo aparecer, señalando a las gemelas y sus dos amigos.

—Leonel le ha dado una coartada a Benjy para su presencia en el Ben Macdui y discutió con Crouch. Le ha asegurado que la negativa de su subordinado a responder sobre los chicos es parte de su deber de inefable, ya que no puede decir nada de lo que hace o deja de hacer cuando está cumpliendo un trabajo para él siempre y cuando no involucre el que alguien se vea lastimado. Y las declaraciones de los heridos dicen que ayudó a los encapuchados a curar heridos de un incidente ajeno a su presencia cerca de ellos. Ninguno declaró que los tratase con camaradería o que pareciese conocerles, sino con respeto y distancia.

»Crouch alegó que había tranquilizado a los testigos diciéndoles que no los lastimarían. Leonel le rebatió que eso era lógico luego que no lo atacasen a él y ver que tampoco agredían a los que habían aparecido allí, rodeados de mortífagos y sido dejados para que muriesen por las bestias del bosque y sus heridas.

—¿Y entonces? —preguntó Lily preocupada.

—Llevarán el caso ante la Ministra Bagnold mañana a las once y media de la mañana. —le respondió Alastor.

—¿Dónde tienen a Benjy? —preguntó preocupada Angelica.

—En una de las peores celdas de Azkaban por órdenes de Crouch, que dice que no se puede escudar en ser inefable para no responder sus preguntas. —gruñó Alastor enojadísimo.

—¡Por Merlín! ¿Saben cómo estará Benjy después de recordar lo de Marlene y tal vez lo de sus padres por efecto de los dementores más viejos y terribles que existen? —planteó Jennifer con lágrimas en los ojos.

—Albus está intentando conseguir que lo trasladen a otra celda de Azkaban, pero es complicado. —les contó Frank abatido.

—Hera, Rea y Moony no pueden permanecer con él mucho tiempo, pero le han llevado chocolate y se rotan para que esté solo el menor tiempo posible. —les confió Angela, que había aparecido al modo Dunedain en una esquina de la sala poco después que el jefe de su padre, oculta por las sombras y la capa negra de viaje que llevaba.

—¡Diana! —exclamaron los nueve sobresaltados.

—Quienes sepan volar lleven sus escobas mañana a nuestra reunión, porque si la reunión del Ministerio no da un resultado favorable antes de la una de la tarde tendremos que ir volando desde Wick hasta Azkaban. —les dijo con tono serio.

—¡¿Están locos?! —exclamó asustada Angelica.

—Rematadamente locos y decididos. Nos reuniremos con ustedes en el cementerio de Wick para partir de inmediato si no hay buenas noticias del Ministerio, o si nos enteramos que Voldemort adelanta el ataque. —afirmó la chica de pelo negro antes de desaparecer, luego de mirar con preocupación a su padre.

—¿Alguna idea sobre cómo evitar el inminente desastre? —preguntó James con tono angustiado—. Si mañana llegan a Azkaban, aunque sea para pelear con Voldemort, nadie dudará que sean magos oscuros. —agregó con evidente desesperación.

—Me intriga que sepan que Wick es el punto más cercano en tierra firme a la isla en que fue construida la prisión —comentó Alastor pensativo mirando el punto de la sala en el que había estado la chica—. También me pregunto cómo pretenden ubicar Azkaban si es inmarcable y luego penetrarla con las protecciones que tiene.

—No tengo respuesta para tus planteamientos, Alastor, pero yo iré con ellos si no hay respuesta favorable a Benjy de la Ministra Bagnold. —afirmó James con tono decidido, que contrastó fuertemente con su estado anímico anterior. "Sé que mi hijo no permitirá que Voldemort atrape a nuestro amigo en la cárcel sabiendo el hechizo de seguridad que se ha aplicado. No voy a dejar solo a Harry con esto, pase lo que pase".

Todos lo miraron sorprendidos por el cambio, intentando entender lo que pasaba por la cabeza del auror de lentes.

—Y yo voy contigo al fin del mundo, hermano. —lo apoyó Sirius de inmediato, aunque no entendiese lo que pensaba.

—Necesitaremos clases extrarrápidas de vuelo en condiciones adversas, así que busquen sus escobas y otras adicionales para nosotras. —afirmó Lily con sus esmeraldas brillando con decisión.

—No sé que tipo de locura tendrán esos chicos pero es evidentemente contagiosa —gruñó Alastor—. James, Sirius y Angelica que son buenos sobre un palo volador irán con esos niñatos insufribles, los demás irán conmigo en botes —los organizó con tono hosco—. Y si dicen una sola palabra de esto alguna vez en su vida a alguien me encargaré personalmente de dejarlos sin lengua.

Sus ocho oyentes asintieron de inmediato, intentando ocultar las sonrisas de sus rostros al oírlo gruñir.

—Es increíble que dedique mi vida a encerrar malditos asesinos y traidores en Azkaban y haya pasado toda la noche con ustedes afinando un plan para sacar a alguien de allí. —gruñó Alastor tomándose la taza de café con chocolate que le había servido la hija estudiante de medimagia de su amigo.

—Deben haberte contagiado también los chicos su locura. —comentó burlona Angelica, sonriéndole con cariño cuando le escuchó gruñir una protesta entre dientes.

—Buenos días —apareció Hermione en una esquina del comedor—. He venido para informarles que Benjy ha pasado una noche aceptable para la celda en que se encuentra y, puesto que la imprudente de Diana les ha dicho del plan de Marte de ir a Azkaban en escobas, decirles que algunos de los doce que no somos buenos en vuelo iremos en botes, lo que nos permitirá además tener dos frentes de aproximación.

—¿Los doce? ¿Piensan llevar los niños con ustedes? —preguntó con incredulidad Jennifer.

—Mejor con nosotros en un plan coordinado y no por su cuenta como amenazaron. —gruñó Hermione.

—¡No pueden permitir que vayan los niños! —exclamó James.

—Créeme cuando te digo que hicimos todo por evitarlo y no pudimos —le respondió exasperada la castaña, suspirando al ver sus expresiones de incredulidad—. No hemos podido dormirlos con poción, desmayarlos o atarlos y los fénix no le mienten a ningún miembro del grupo, así que saben exactamente lo que está pasando. Se nos desaparecieron ayer por horas, demostrando que pueden hacerlo sin ayuda de los fénix y nosotros no lo sabíamos, hasta que claudicamos y los integramos al plan de rescate.

—Ninguno de ustedes debería ir a Azkaban, pero ellos en especial no deben ir allí. —gruñó Alastor.

—Isis no se apartará de Júpiter ni Saturno de Mercurio, vigilándolos muy de cerca Venus, Urano, Diana y Marte mientras estén con ellos. Isis, Saturno, Mercurio y Júpiter sacarán a Benjy mientras los demás les encubrimos la retirada y evitamos que Voldemort con sus secuaces se les acerquen siquiera. Les daremos los detalles en Wick. Una cosa más, sólo pueden ir con nosotros ustedes nueve y el director.

—Sólo seremos nosotros nueve, Albus irá con los demás miembros de la O.D.F. que quieran presentarse voluntariamente por otra vía —le respondió el experimentado auror con el ceño fruncido—. En otro momento debemos hablar sobre la amenaza que hizo ayer Marte.

Hermione suspiró y asintió antes de desaparecer.

—No me importa si ellos no lograron detener a los niños. Ellos no van a ir. —dijo con fiereza Remus, saliendo del comedor rumbo a la biblioteca.

—Y los problemas siguen en aumento. —comentó Angelica mientras veía a su gemela, su esposo y el tercer Merodeador salir tras su cuñado.

Alice, Lily, Frank y Alastor la miraron preocupados, pues sabían que tras su aparente fría ironía ocultaba su decisión de hacer algo peligroso para ella con tal de proteger a alguien, sospechaban que a los chicos y a ellos.

Veintiún brujas y magos vestidos totalmente de negro, con pasamontañas y guantes también negros, estaban reunidos cerca de unos botes en evidente estado de tensión.

—Esperemos un par de minutos más noticias de Albus. —pidió James preocupado.

Había evitado que los niños se desapareciesen, ante la tentativa de atraparlos de Remus; que los chicos se fuesen para actuar por su cuenta, luego que Angelica los rodease a todos con una burbuja extraña que había sido eliminada por ellos; además que coordinasen entre todos un plan detallado para ir por el inefable. Sin embargo, no podía evitar desear que la situación se resolviese en Londres a tiempo.

Todos asintieron con el ceño fruncido. La pertinaz lluvia y la espesa neblina les calaba el frío hasta los huesos, viendo los veintiuno el vaho de sus respiraciones en tensa espera. Las nubes de humo blanco desaparecieron simultáneamente cuando apareció Moony en medio de ellos y todos contuvieron el aliento.

—Mortífagos han salido de Peterhead en varias embarcaciones rumbo a Azkaban. —transmitió Jessica el mensaje.

Sin decir ni una palabra más todos se miraron y asintieron, deseándose suerte en silencio con sus miradas. Los miembros de la O.D.F. cubrieron sus rostros con los pasamontañas que habían tenido hasta ese momento en sus manos, montando escobas James, Sirius y Angelica para acompañar a Harry, Ron, Ginny, Angela, Fred, George, Christine y Christopher, mientras Alastor, Frank, Remus, Alice, Jennifer y Lily subían a los botes con Neville, Luna, Jessica y Hermione.

James sintió que su pecho se inflaba con orgullo al ver la evidente habilidad con que su hijo volaba alrededor de todos, vigilando que ninguno se desviase por las fuertes corrientes de aire, guiándolos para llevarlos a alturas en que fuesen menores y el vuelo más seguro. Obviamente todos iban pendientes de los niños, que sin embargo volaban tan bien que no requirieron que los auxiliasen.

En los botes los chicos ayudaban con sus varitas a Alastor Moody para que las corrientes no los desviasen, al igual que los miembros de la O.D.F., aunque todos simulaban no hacer nada excepto mirar alrededor cuando él se giraba hacia ellos.

Hermione estaba controlando con su particularidad que las corrientes de aire fuesen mucho menores de lo acostumbrado en la zona, mientras Harry usaba la suya de forma similar con el agua. Habían decidido usarlas mientras no estuviesen cerca Voldemort o mortífagos, a pesar de la mínima perturbación que percibieron en la energía, luego que se resignaron a que los niños irían con ellos. Angelica percibía algo extraño desde que partieron de Wick, pero no lograba definir lo que era.

Angela le indicó por señas a Harry un desvío, sonriendo al ver que tanto él como Ginny, Ron, Fred y George asintieron en señal de haberlo percibido también, mientras los gemelitos, Angelica, Sirius y James los miraban con curiosidad evidente pero seguían sus indicaciones. Angelica comprendió, con asombro, el cambio de dirección minutos después.

La visibilidad era casi nula a medida que se aproximaban a la isla oculta mágicamente, movilizando Hermione, Luna, Neville y Jessica con poco disimulo los botes al percibir el acercamiento de Voldemort y sus mortífagos a su ruta, haciéndole señas la castaña al auror mayor que guardase silencio y aguzase el oído cuando se giró a mirarlos interrogante.

Alastor frunció el ceño y un par de minutos después escuchó asombrado el crujido de madera contra unos salientes rocosos, apuntando la varita en esa dirección. Notó que el ruido de la corriente de agua chocando con madera se alejaba de ellos, también que el bote en que iba y los otros dos se alejaban de la ruta original que habían trazado.

—Tenemos unos minutos de ventaja y los del otro grupo han llegado bien aunque un poco más al norte de lo previsto. —les susurró Hermione a sus acompañantes en cuanto bajaron de los botes, luego de leer su esclava y responder con rapidez.

—Bien, sigamos entonces. —les indicó Alastor.

Empezaron a movilizarse con rapidez y agilidad pero cuidado, porque el terreno pedregoso estaba lleno de humedad y musgo haciéndolo muy peligroso para quienes lo transitaban con una visibilidad casi nula por la espesa neblina, con el precipicio que bordeaban esperándolos amenazante por la izquierda.


Los miembros de los dos grupos no sabían que Albus había dado orden de abortar el plan de rescate, pues la Ministra Bagnold le había dado la razón a Leonel Major y girado órdenes de excarcelar a Benjy Fenwick. Pero cuando Fawkes llegó a Wick a avisarles ellos ya habían partido. El fénix grande y rojo volvió al director con la información que le dio Moony sobre el ataque inminente de Voldemort y la partida de los dos grupos.

El director decidió partir hacia la prisión con Leonel Major, Rufus Scrimgeour, Gregory Proudfoot, Gilbert Williamson y Gawain Robards, "para dar apoyo a su ex alumno a quien apreciaba mucho, luego de la terrible experiencia por la que acababa de pasar", con el permiso de la Ministra para que lo hiciese.

Apenas había tenido oportunidad de enviar mensaje con Fawkes a los otros miembros de la Orden del Fénix para que esperasen en el bar Cabeza de Puerco por noticias suyas.


—No podemos usar patronus o nos delataremos. —le susurró Harry a James bajándole la varita con cuidado.

—Mantengan pensamientos felices y cuando ya no lo resistan adopten su forma animaga. —les susurró Angela al ver a sus padres estremecerse, pues acababa de pasar muy cerca de ellos una ronda de dementores.

James, Sirius y Angelica la miraron con curiosidad, pero no tuvieron tiempo para más cuando vieron a la niña adoptar la forma de una ardilla y al niño de un halcón, asintiendo la chica que empezaba a respirar muy pesadamente antes de transformarse en pantera negra. Estaban entrando a los niveles inferiores, donde sólo entraban los prisioneros escoltados por dementores, por lo que el riesgo de encontrarse con un auror o un medimago era mínimo pero con un grupo de las horribles criaturas muy alto.

Sólo habían bajado un grupo más de escaleras cuando Harry se llevó la mano a la cicatriz, masculló una protesta y se transformó en puma blanco, siguiéndole de inmediato Ginny en puma blanca, Ron en león, Fred en lobo rojizo y George en pantera negra. James, Sirius y Angelica se miraron antes de adoptar las formas de ciervo, perro negro y águila. Comprendieron la ventaja de su nueva forma cuando pasaron cerca de unos dementores viejos, que se alejaron de ellos hacia una celda lejana en que alguien gritaba y lloraba.

Vieron a los chicos doblar por el pasillo hacia la izquierda y los siguieron con seguridad, pues sus instintos como animales les decían que en esa dirección estaba el amigo a quien habían ido a buscar. Escucharon gritos en los niveles superiores y recuperaron su forma humana al mismo tiempo que los chicos, preparándose a atacar a quien se acercase mientras sus acompañantes abrían la celda.

—No debieron venir por mí. —los regañó Benjy en cuanto los vio, su voz débil y su aspecto demacrado, apenas sosteniéndose en pie. Frunció el ceño en dirección a los tres con pasamontañas que no reconocía.

—También estamos contentos de verte. —le dijo Sirius haciéndole un guiño, sonriendo al verlo abrir los ojos al máximo.

—Salgamos rápido, amigo. Luego te respondemos lo que gustes. —agregó James.

—Ustedes dos callados o los pasamontañas no servirán de nada. —los regañó Angelica.

Los ocho chicos que los acompañaban rodaron los ojos y denegaron levemente.

—Toma, te servirá en tu nueva vida de prófugo con nosotros. —le dijo Christopher al inefable entregándole la varita que había hecho para él, como había empezado a aprender con su padre adoptivo Faramir.

—Están todos locos. —denegó el hombre moreno.

—Sí, sí, eso ya lo sabemos —le respondió con tono cansino Ron—. Ahora apúrate que la serpiente mayor y sus culebras están aquí de visita. Tú te vas con ellos cuatro sin hacer preguntas mientras nosotros distraemos y bloqueamos. —le dijo señalándole a los dos pares de gemelos.

—Pero… —intentó protestar el inefable.

—¡Expecto Patronum! —convocó Harry su queridísimo ciervo plateado—. Limítate a comer chocolate y correr tan rápido como puedas. Cuando estemos en casa nos regañas todo lo que quieras.

Los otros jóvenes que habían ido a rescatarlo asintieron y convocaron sus patronus de inmediato, empezando a correr rodeándolo y a los gemelitos. Lo condujeron hacia las escaleras y subieron con él mientras combatían cada vez con mayor dificultad a los dementores viejos y hambrientos que pululaban en los niveles inferiores, ayudándolos esporádicamente el hipogrifo de Benjy cuando lograba convocarlo por unos segundos.

Al llegar al nivel superior, por el que podían acceder al exterior para sacarlo, se encontraron al otro grupo peleando con Voldemort, mortífagos y otros dementores. Empezaron a empujar las dos parejas de gemelos al inefable hacia la salida mientras los otros se unían a la pelea. Pero la llegada de los guardias y el jefe de la prisión les cortaron la retirada, teniendo que desplazarse a un lado cuando un grupo de maldiciones de Voldemort y los seguidores cercanos hizo estallar una pared cercana.

El mago oscuro no se esperaba conseguir una resistencia tan férrea, pues sus informes sobre Azkaban no hablaban de magos tan experimentados resguardando los prisioneros y contaba con que los dementores se le unirían. Gruñó con frustración al ver aparecer al director de Hogwarts con otro grupo de aurores y ordenó la retirada.

Alastor gruñó inconforme al ver el lío en el que ahora estaban.

—Benjy, muchacho, excelente trabajo —se le aproximó Leonel con una gran sonrisa, abrazándolo—. También tengo que felicitarte a ti, Lily. Ya quítate ese pasamontañas, Alastor. Gracias por venir con parte de tus hombres. —le dijo con una gran sonrisa a su rival por los mejores aurores, pues reconocería su gruñido molesto en cualquier parte del mundo.

—¿Se puede saber qué está pasando aquí? —rugió Scrimgeour, apuntándoles igual que sus hombres a todos los que estaban vestidos de negro.

—No se debería poder, pues es parte de mi área, pero visto que el asesino que se hace llamar Lord Voldemort echó a perder mis planes para probar la seguridad de Azkaban supongo que tendré que responder por este lío. —dijo el hombre mayor encogiéndose de hombros, con absoluta tranquilidad.

—Que se quiten las máscaras los otros. —dijo Proudfoot al ver que sólo lo habían hecho James, Sirius, Alice y Frank.

—Sólo si nuestro jefe nos lo ordena. —desafió Harry.

—No pongamos las cosas más tensas, chicos. Quítense los pasamontañas. Aunque no servirá de mucho con la poción multijugos que les hice tomar. —les dijo el jefe de los inefables, mirándolos nervioso.

La sorpresa de todos fue absoluta cuando al quitarse las gemelas, el licántropo y los diez mayores los pasamontañas todos vieron réplicas de Lily, Alice, James, Sirius y Frank.

—Nosotros nos equivocamos con los pelos que tomamos, jefe. —aseguró Christine con una seguridad que en realidad no sentía, quitándose el pasamontañas.

Christopher lo hizo al ver de reojo que su hermana lo hacía.

—¿Usaron los de sus sobrinos? Eso es una enorme irresponsabilidad. Ya hablaremos en la oficina. —fingió regañarlos Leonel Major, profundamente impresionado por lo que habían logrado hacer los "Guerreros del Fénix". Estaba seguro que eran ellos, así como también sospechaba que los otros tres eran las gemelas White y el joven Lupin.

—Lo sentimos, jefe. —simuló disculparse el niño.

—Me hubieses advertido algo y no me hubieses tenido tan angustiado desde ayer. —fingió reñir afablemente Albus Dumbledore al jefe de los inefables.

—Necesitaba que fuese creíble. Además que jamás me imaginé que Crouch encerraría a Benjy allá abajo. Con lo que me costó planear y simular el encuentro de mi hombre con los encapuchados ayer, como un ensayo para lo que haríamos hoy, y que no me diese tiempo de darle un falso aviso a Alastor cuando vio Lily asombrada aparecer cerca los mortífagos con los heridos y se armó el gran lío. ¿Cómo me iba a imaginar que Voldemort y sus hombres terminarían de arruinarlo todo hoy? —le planteó Leonel con bien fingida seguridad a su amigo.

—No te quejes tanto, que has demostrado las fallas de la prisión como querías y hemos logrado con nuestros equipos unidos evitar una fuga masiva. —replicó Alastor con tono hosco, pero sus dos amigos podían ver en sus ojos negros su agradecimiento.

—¿Eso quiere decir que me enviarán los refuerzos que tanto he pedido? —preguntó el jefe de la prisión con expresión aliviada.

—Probablemente con el informe que presentaremos Moody, Major y yo se consiga. —opinó con tono fastidiado Rufus Scrimgeour, guardando su varita seguido de sus hombres.

—Lleven a Benjy a su casa para que descanse y se recupere de la terrible experiencia que Crouch le ha hecho pasar. Hablaremos el lunes en la mañana. —les dijo Leonel Major a "sus hombres", sonriendo como un padre satisfecho al verlos asentir a los quince que no lo eran y a los dos que sí.

—No sabía que tenías tanto personal, Major. Deberías permitir que Moody y yo incluyésemos en nuestros grupos a algunos. La guerra está cada vez peor. —le dijo Rufus al jefe de los inefables, haciéndole un gesto de fastidio al jefe de la prisión para que alejase a los dementores.

—Ustedes cuatro escóltenlos a ellos a tierra firme y luego vayan a sus casas. Hablaremos mañana lunes sobre su desempeño de hoy. —les ordenó Alastor a James, Sirius, Alice y Frank, siguiendo resignado a Albus, Leonel y Rufus para evitar levantar sospechas.

Una vez que estuvieron James, Sirius, Alice, Frank, Jennifer, Angelica, Remus, Lily, Benjy y los doce chicos en casa del hombre moreno, luego que Hermione la sellase con un hechizo, los del E.D.H. se pusieron de nuevo los pasamontañas y recuperaron sus verdaderas apariencias. También volvieron a la normalidad las gemelas y el licántropo por la varita de Harry. Luego todos se miraron durante varios minutos en absoluto silencio.

—Cuando sentí un hechizo y que me cambiaba la apariencia bajo el pasamontañas me asusté muchísimo. —rompió el silencio Angelica.

—Fue lo que se nos ocurrió con la coartada que nos dio el señor Major. —le respondió Harry encogiéndose de hombros.

—Ni siquiera noté cuando me apuntaron con la varita para hacerlo. —comentó Remus.

—Tuvimos que ser rápidos para aprovechar que estaban más pendientes de ustedes los grandes que de nosotros dos. —respondió Christine.

—¿En qué lío estamos metidos ahora con el señor Major? —preguntó Christopher.

—Supongo que lo sabremos cuando se comunique conmigo. —le respondió Benjy tendiendo sus manos hacia los niños, abrazándolos con cariño cuando llegaron corriendo a él y los sintió temblando.

—¿Te importa si tomo algo de tu bar? —le preguntó Hermione al moreno con tono tembloroso.

Sus compañeros del E.D.H. la miraron asombrados, parpadeando con incredulidad. Pero después de todo lo ocurrido desde el día antes se negaron a analizar lo que estaban viviendo. Demasiado irreal les parecía todo en ese momento.

—En lo absoluto. Sírvanse algo y acérquenles unas botellas de cerveza de mantequilla a los niños. —le respondió el inefable.

—Siéntate, Gea —le aconsejó con cariño James al notar su pulso tembloroso intentando agarrar las botellas para los niños—. Ustedes también, chicos. Yo me encargo de esto.

Los diez asintieron, sentándose en el piso alrededor del moreno y los niños. Necesitaban sentir el contacto directo con tierra firme después del susto enorme que habían pasado. Jennifer ayudó a James a servirles hidromiel con especias, para asombro de su gemela, esposo y amigos que les pasaban aquello a los chicos según sus instrucciones. La vieron luego convocar con su varita chocolate de la cocina del inefable y repartirlo entre todos, sonriendo.

—Debería estarlos regañando por haber planeado e intentado ejecutar un plan de fuga de Azkaban, pero sinceramente les agradezco en el alma lo que hicieron porque sé que están preocupados por mí. Además que hubiese enloquecido de no ser por Hera, Rea y Moony, con la orden tan funesta que dio Crouch en mi contra, o habría muerto si me hubiese atrapado Voldemort allí. Y aunque diga lo contrario hoy me di cuenta que no estoy listo para morir. No hasta que ustedes vuelvan a su época, chicos. —les dijo el moreno cuando se sintió un poco restablecido.

Los miembros del E.D.H. cerraron los ojos y empezaron a sollozar tan silenciosamente como les era posible.

—No chicos, por favor, no se pongan así. —les pidió Benjy, arrepentido de haberles generado el llanto.

—Tranquilo Benjy, sólo necesitan descansar igual que tú y nosotros. Ha sido mucha presión, es todo —le dijo el pelinegro de lentes apretándole el hombro con cariño—. Vayan a dormir, chicos. Les avisaremos con los fénix cuando se sepa algo del jefe de Lily y Benjy.

—Gracias James. Hasta luego. —le agradeció Harry con una tímida sonrisa, que se amplió al ver la alegría en los ojos avellanas de su padre justo antes de desaparecer con los otros.

—Alastor y Leonel Major nos han sacado de un lío enorme. Pero el planteamiento de Rufus Scrimgeour sobre el número de personas involucradas como inefables será un problema grave de resolver. —comentó Remus pensativo un par de minutos después.

—El jefe es muy imaginativo, como ya se han dado cuenta —denegó Lily—. Lo que realmente me preocupa es la reunión que querrá tener con los chicos, Benjy y nosotros después de ayudarnos a zafarnos de este problema.

—Por ahora vamos a descansar todos con poción para dormir sin soñar. Le escribiré a los chicos para que también lo hagan, así como a papá para que se lo sugiera a Alastor y nos ayude a esquivar al señor Major hasta mañana. Ya luego resolveremos la situación nueva que se ha producido. —les dijo Jennifer en tono conciliador.

—Una que es mucho menos grave de lo que se podría haber presentado con lo que habíamos planeado y debemos estar agradecidos por ello. —afirmó Angelica.

Sonrió al verlos a todos asentir. Suspiró al pensar en lo cerca que habían estado todos de cambiar las cosas de forma irreversible y perjudicial, según había percibido. Debía hablar con los chicos a solas, era urgente. Pero tendría que esperar a que todos se recuperasen de lo vivido desde el día anterior.