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Historia 47652 — capítulo 3
CAPITULO III
"NEGACIÓN"
(POV DEMETRI)
Al darme cuenta de la gran estupidez que había cometido al dejarla ir sin más, pensé que no podía ser la última vez en verla.
Me incorporé con energías renovadas, dispuesto a encontrarla. Comencé a rastrearla.
Corrí en forma humana, no había prisa, tendría toda la eternidad. Seguí su olor, sintiendo su delicioso aroma recorrer todo mi cuerpo, atrayéndome hacia él.
Me paré en seco. No me había dado cuenta de la sed que tenía. ¿Sería demasiado peligroso ir por ella con la garganta ardiéndome, pidiéndome sangre?
Un pequeño ciervo pasó junto a mí. Nunca había probado la sangre de animal, jamás.
Me encogí de hombros pensando que no podía ser tan malo, y me abalancé sobre él.
Al hincar mis colmillos en su piel, sentí un horrible sabor cuando se quedaron clavados en su pelaje. Pronto, la sangre comenzó a salir y entrar a mi boca, quitándole un poco el sabor de la piel.
Al terminar no había quedado satisfecho, pero sabía que habría sido peor.
La seguí rastreando, y mi don me indicó que se encontraba en un lugar muy cerca de ahí, en un pequeño campamento de cinco personas.
Si mi corazón todavía latiera, estaba seguro de que en esos momentos habría palpitado como un loco.
Ahí se encontraba ella, junto con dos adolescentes que parecían tener mi edad física.
La otra chica, la miraba a ella con una mezcla de curiosidad y algo de enfado. Se parecía mucho a ella, así que creí que se trataba de su hermana. Una de las muy pocas diferencias que tenía era el cabello completamente negro.
El otro adolescente, el chico, la miraba a ella con simple curiosidad. Al verlo mejor, noté que parecía un poco más joven que ella. Podría rondar los catorce o trece, aunque a primera vista parecía mayor. Sus rubios cabellos eran de la misma tonalidad que los de ella. Sin embargo, sus ojos, eran azul pálido, parecidos mucho a los grises de ella.
Las otras dos personas eran adultas, parecían ser sus padres, ya que eran una muy buena combinación de los tres adolescentes.
Me quedé viendo, impresionado, como era que la mujer parecía una copia idéntica (Solo que en versión mayor) que sus hijas. Tenía el cabello negro, pero eso no le quitaba el parecido a ella. A la humana de la que me había enamorado.
El hombre tenía los mismos cabellos que ella y su hermano, además de ojos azules. Se parecía mucho al chico.
Al verlos juntos, me sentí raro, como si sintiera que debía protegerla de ellos ¿Qué era lo que me sucedía?
Además del aroma de ella, sus hermanos también tenían el mismo olor que cualquier humano, pero el de ellos, los adultos, me izo arrugar la nariz en cuanto estuve un poco más cerca.
Me moví sigilosamente, un poco más cerca incluso de ellos, pensando que así podría intentar descifrar aquél misterio.
- Si tu lo dices - Murmuró la hermana de ella, sin quitarle los ojos de encima
Ella pareció ignorarla, y prefirió mirar hacia enfrente y, por una fracción de segundo, creí que me veía fijamente a mí.
Corrí lejos. ¿Qué era lo que me ocurría? ¿Qué era lo que pasaba por mi cabeza?
Era un ser demasiado egoísta. ¿Era que no me daba cuenta que no era bueno para ella?
Un pequeño timbre molesto me izo sobresaltar.
"Rayos" Pensé. ¿Por qué seguía sin acostumbrarme al sonido del endemoniado aparato ese?
Levanté la tapa con algo de dificultad, ya que me estaba conteniendo para no hacerle al pobre celular lo que le había hecho al árbol.
- ¿Hola? - Pregunté. No quería ver el verificador de llamadas, puesto que solo se debía de tratar de alguien de la guardia.
Miré hacia arriba, donde se encontraba una luna llena recién destapada por las nubes. La miré a través de un hueco entre los árboles. La luna llena era hermosa, igual que la chica. Aunque claro, no había comparación. Ella era más hermosa. Era la cosa por la que debía de vivir.
- Demetri - La voz de Jane denotaba puro alivio - ¿Estás en el bosque?
- Sí - Contesté sin dejar de mirar la luna
- Encuentra a Félix y Cayo - Jane sonaba desesperada - Ambos han encontrado el olor de hombres lobo por esos rumbos. Han dicho que creen que son muy pocos, más o menos dos. Así que dijeron que no requerían de toda la guardia. Me han encomendado que te avise para que, si estas cerca, los puedas auxiliar
- Hombres lobo - Murmuré. Estaba preocupado. ¿Era que ella no había encontrado otro momento para acampar? ¿Tenía que ser un día de luna llena?
Sin decirle una palabra más a Jane cerré la tapa del celular y me lo guardé en el bolsillo, al mismo tiempo que comenzaba a rastrear a Félix y Cayo.
Mi don no me llevó muy lejos, desafortunadamente, muy cerca de ella y sus familiares. Rápidamente localicé a Cayo y Félix.
Cayo siempre había odiado a aquellas criaturas, tanto, que él mismo acabaría con ellas si pudiera. Parecía un poco de mal humor cuando me acerqué a ellos, pero no me sorprendió Cayo siempre estaba de mal humor.
- Después de que termine esto - Les avisé, antes de que pudieran decirme algo - Les tengo que decir algo de suma importancia.
- Si es de suma importancia, hermano - Comentó Félix - ¿Por qué no simplemente te limitas a decirlo de una buena vez?
- Verás, hermano, es de suma importancia… Para mí.
- Lo que es importante para ti, lo es para nosotros - Replicó Félix, y su mirada me recordó a la hermana de ella, que la miraba con gran curiosidad y un poco de enfado
- Discutamos eso luego, niños - Nos regañó Cayo - Sabes Demetri, que lo que es importante para ti, lo es para nosotros, pero si dices que podemos esperar, no creo que haya problema, ¿Entendido, Félix?
- Sí, maestro
- Bien. Tendremos que cazar unos cuantos perros
Félix y yo reímos, siempre nos sacaba una sonrisa cuando de cazar perros se trataba.
Los tres rastreamos el olor de los perros que, aunque era muy tenue, aún así podíamos distinguirlo muy bien.
- ¿Escuchan eso? - Pregunté mientras me acercaba más al lugar donde la había visto por primera vez.
- Vaya que lo escucho. ¿Son dos? - Preguntó Félix, mientras yo cerraba los ojos y asentía - Esto va a ser divertido
- Más de lo que habíamos esperado. Prepárense, que es cuestión de segundos.
En esos momentos, como yo había previsto, llegaron dos enormes hombres lobo. Uno tenía el pelaje negro y otro lo tenía rubio… Del mismo tono que lo tenía ella.
Por la sorpresa me quedé paralizado por unos segundos, pero después reaccioné y, mientras Cayo comenzaba a atacar al de pelaje negro, nosotros nos acercamos al que tenía el pelaje rubio.
Algo me detuvo, ya que el lobo tenía el mismo color de ojos que el hermano y padre de ella. Le intenté no dar demasiada importancia y lo comencé a atacar.
Aquellos lobos parecían haberse entrenado muy bien, ya que peleaban con una fuerza impresionante.
Nos estábamos acercando al lugar donde se encontraba el árbol partido, era cuestión de instantes, hasta que escuché un latido de corazón humano. En un instante, dejé a Félix solo con el lobo, y cerré los ojos.
Tuve la peor noticia en esos momentos. Ella se encontraba ahí, en el mismo lugar que la había visto por primera vez.
Seguí atacando al lobo junto con Félix, que intentaba por todos los medios morderle. Cayo tenía mucha ventaja él solo.
Habíamos llegado al lugar donde estaba el árbol.
Un grito me izo detener la pelea. Todos la paramos. Los lobos se acercaron rápidamente a ella, que se encontraba junto a un árbol, y la empujaron un poco, como si le dijeran que se tenía que ir. Que tenía que esconderse… de mí.
Me quedé helado, mirándola a ella. Por el rabillo del ojo miré a Cayo y Félix, que veían a la chica humana ser protegida por los hijos de la luna como a un tesoro. No como si fueran a matarla, ya que todos sabían que lo que comían los hijos de la luna era eso: Carne humana.
Si ellos se parecían mucho a los padres de ella significaba que… No. No podía ser cierto.
Un sentimiento de negación me impedía pensar en aquello.