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Historia 47652 — capítulo 5

CAPITULO V

"PROHIBIDO"

(POV DEMETRI)

Después de que Cayo mordiera al padre de ella (Ya que estaba completamente seguro de que era su padre), les hice una seña para que nos marcháramos. Habíamos matado a su padre y, a decir verdad, verla mirarme con tal odio me habían dado ganas de suicidarme. No quería que me odiara más de lo que ya lo hacía.

Cayo pareció comprenderlo de una vez, ya que ella, la madre, parecía demasiado débil como para pelear y, aunque a veces pareciese que Cayo no tuviera corazón, la verdad era que lo tenía. Muy escondido, pero lo tenía. Al oír sus aullidos lastimeros, pareció dejarles ir sin más.

Mi última visión de ella fue llorando sobre su padre, que se retorcía y aullaba con dolor. Eso me partía el alma en dos.

Además de que dejaba una mitad de mi corazón junto con ella. Me sentí la mitad de lo que era. Incompleto.

˜.˜.˜

Al llegar al castillo, todo lucía inusualmente aburrido. Más de lo que ya era.

Aro y Marco se encontraban sentados en sus tronos, esperando a Cayo con impaciencia.

Athenadora se acercó corriendo a Cayo, le tomó la mano y ambos sonrieron, felices de verse de nuevo.

Yo solo contemplaba con amargura la escena. Me habría gustado haber conocido siquiera su nombre. O quizá pedía más.

Aro se paró de su trono, y se acercó a Félix y a mí. Normalmente pedía la mano a Félix, ya que le encantaba la acción que pasaba en las batallas, y, si hablamos de acción, Félix era el más imprudente, además del mejor luchador de la familia. Pero esta vez fue diferente. Me pidió la mano a mí.

Y sabía que tenía que aceptar, ya que no había más remedio. Aro me conocía más que yo mismo.

Miré hacia otro lado, ya que no me quería encontrar con los ojos de Aro mientras leía mis pensamientos. Le di mi mano cuando miraba a Jane, que parecía radiante de verme. ¿Es que no comprendía que era demasiado chica para mí?

Sí, quizá eso no importase, ya que era casi de mi edad, y, literalmente, soy cientos de años mayor que aquella chica de la que estaba enamorado, pero no quería tener nada con Jane. La veía como una pequeña hermana. Como la hermana que nunca había tenido, pero que siempre quería.

Aro parecía serio.

- Es cierto - Pareció recordar de repente Félix - ¿Qué era lo que tenías que decirnos?

- Al parecer - Alcanzó a decir Aro, antes que yo pudiera decir nada - La importante cosa que tiene que decirnos Demetri es que, accidentalmente, se ha enamorado de la hija de los lobos contra los que combatían

Todos me miraron con cara de confusión. La expresión de Jane era de dolor. Alec intentó calmarla tocándole los hombros, pero ella simplemente le mandó una mirada tan envenenada, que Alec retrocedió.

- Ahora comprendo - Félix pareció recordar el momento que intenté acercarme a ella, pero después sus padres me habían gruñido

- Demetri - Comenzó Aro, con tono paternal - Sabes que no se va a poder. Es algo prohibido.

- Ella no es completamente lobo - Le informé - Su olor era exactamente igual que la de un humano. ¿Podría explicar aquello, maestro? - Pregunté con el tono amable más confiable que pude. No quería sonar grosero, ya que eso causaría una orden y la sonrisa de satisfacción de Jane inmediatamente.

- No sabría que decirte - Dijo pensativo - Ya que probablemente tienes razón, ya que no se transformó para ayudar a sus padres. Además. - Añadió - Si fuera una hija de la luna, entonces tendría que haberse transformado en lobo. Ellos no pueden controlarse. Aún así, Demetri. Me temo que aquello es prohibido y ambos lo sabemos

Sí, lo sabía, pero yo no había elegido aquello.

- Quizá tengas razón - Replicó, con un pequeño tono de irritación. Sorprendido, miré como todavía tenía mi mano entre las suyas - Pero no puedes estar con ella. Sé que va a ser doloroso para ti, pero si la volvemos a ver, tendremos que hacer un par de pruebas con ella, para saber qué es exactamente, y después, me temo que la tendremos que…

- No - No quería que completara la frase. No podía morir, y menos en manos de un miembro de mi familia.

Supe que mi cara estaba crispada de dolor cuando Aro me vio con expresión amarga.

- A mí me duele eso, Demetri, pero no podemos ir en contra de nuestras leyes. Ella tendrá que morir si se vuelve a cruzar en tu camino. O si se cruza en uno de nuestros caminos. No hay opción.

El dolor me invadió completamente. ¿Es que el amor de mi existencia iba a ser prohibido?

¿Cómo la fruta prohibida que jamás debía probar?

¿Es que acaso la vida me odiaba demasiado como para ser tan irónica y tramposa conmigo?

Me he enamorado de alguien prohibido. De alguien que debía estar a salvo y, desafortunadamente, no era conmigo. Era el ser más peligroso para ella. Nunca más la debía ver.