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Historia 47652 — capítulo 7

CAPITULO VII

"DECLARACIÓN"

(POV DEMETRI)

Desde que me habían dicho que lo que sentía por ella era imposible, me había alejado completamente de mi familia. No quería saber de alguien que no pudiera soportar que no estuviera cerca de la persona que más amaba en el planeta tierra, aunque ni siquiera sabía su nombre.

Jane parecía distante a todos, pero no me importaba. Prefería pensar en el amor de mi existencia que en ella, y, sabía que era demasiado egoísta, pero no me importaba. No me importaba nada más que ella, ella y ella.

Sentía como le debía doler la muerte de su padre. Incluso la seguía mirando. Llorando sobre el cadáver de él. Esa imagen no se borraba de mi cabeza por nada del mundo.

Ocasionalmente, mi maestro leía mi mente solo para saber a qué grado de locura había pasado. Solo podía pensar en ella, incluso me había afectado en mi don. No encontraba a nadie que no fuera ella.

- Demetri - Comentó Aro una vez - Me parece que eres un caso perdido. Te has enamorado tanto de aquella hija de la luna, que no puedes volver a la realidad. Me temo que tendrás que hacerlo… Antes que decidamos buscarte un… remplazo

Aquello no me había importado demasiado, ya que el "mejor" remplazo sería Alistair. Dudaba que quisieran a ese loco como parte esencial de su guardia.

- Dem… - Habló una voz detrás de mí. Se trataba de Jane, sentía su aroma - Tenemos que hablar

- ¿Hablar acerca de qué? ¿Del amor de mi existencia que es prohibido para mí? - Pregunté con amargura

- Tiene que ver con eso - Admitió. Su tono dubitativo me izo girarme para verla. Lucía preocupada. Nunca en mi vida había visto aquella expresión en el angelical rostro de Jane. Ella nunca se sentía así

- ¿Qué es lo que pasa? - Pregunté, un poco dudoso. Jane me diría algo que, estaba seguro, de que no podía aceptar

- Tengo que hacerte una declaración - Y esperaba que no fuera amorosa

- Te escucho - Dije, aunque sabía que algún día me iba a arrepentir de animarla a continuar

- Te amo - Eso fue lo único que dijo, mientras en mi cara se hacía una expresión de sorpresa. ¿Acaso ella, Jane Vulturi, me había dicho que me amaba? Era algo que ya me temía, pero oírlo de la boca de Jane, me hacía creer que pronto perdería su amistad para siempre, ya que, si la rechazaba, dudaba que me fuera a hablar por el resto de mi existencia.

Al quedarnos callados, en un incómodo silencio, Jane me sonrió tristemente.

- Sé que no me amas a mí. Solo quería decírtelo, ya que siempre puedes contar conmigo. Ya sabes, olvidarte quizá de tu amor imposible

- Sueno ridículo, Jane, y ambos lo sabemos, pero desde que la vi - Suspiré - No la puedo dejar ir… La amo con toda mi alma

- Sabía que dirías eso - Contestó tristemente

- ¿Me dejarás de hablar? - Pregunté

- ¿Por qué habría de hacerlo?

- Bueno. Tú nunca muestras ningún sentimiento hacia nadie, y, como es la primera vez que lo haces…

- Y tú me rechazas, crees que te dejaré de hablar por toda la eternidad

- Exacto

- Demetri, dijiste que aquella muchacha no era completamente una hija de la luna - Jane sonrió aún más ampliamente - Por lo que algún día morirá. Y, estoy segura, de que olvidarás tus palabras de negación.

Miré ceñudo como Jane se marchaba, aún esperanzada. Aquello me dio rabia. ¿Era que no comprendía que en realidad amaba a aquella muchacha y, que si moría, moriría con ella? ¿Era que no comprendía?

En esos momentos, una llama de valentía cruzó mi pecho. Tendría que buscarla antes de que fuera tarde. Tendría que pasar mi existencia con ella.

Alcancé a Jane, que me seguía mirando con una sonrisa de superioridad, como si esperara que me arrodillara frente a ella.

- ¿Has cambiado de opinión? - Preguntó sonriente

- Tengo una declaración que hacerte - Sonreí, siguiéndole el juego

- ¿De qué se trata?

- No la perderé a ella, puesto que moriría si algo le pasara - Contesté mientras salía del castillo.

Sabía que aquello era prohibido, pero no me imaginaba el resto de mi eternidad sin ella. Sin ver sus grises ojos. Moriría si nunca pudiera tocar su piel, que parecía tan suave como la seda, sin besarla jamás, sin hablarle nunca. Moriría si no lo hacía. Era ahora o nunca.

Me valía un cacahuate el pensar en el castigo que me había merecido por desobedecer a mis maestros y por romperle el corazón a Jane. Si la encontraba, y si ella sentía lo mismo por mí, tendríamos que escapar muy lejos, donde nadie nos encontrara. Como seguía siendo el mejor rastreador del mundo, estaba seguro de que no nos podrían encontrar jamás. Podríamos ser felices.

Un pequeño sentimiento de felicidad y esperanza me abrumaron. Podría ser feliz. Podría ser libre.