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Oscuridad deseada — capítulo 5
Elise contemplaba en silencio, mientras él se iba. Mientras él preparaba sus cosas y simplemente pensaba irse. Miró como la túnica negra, cubría todo su cuerpo. Debajo de aquello, no había nada más. Solamente su piel y su oscuro corazón. Caminó hacia él, con la esperanza de hacerlo dudar.
Se acercó a su cuerpo y suspiró, pensando en abrazarle, en quizá poder acercarse a él. Sonrió, pensando en lo que podría ocurri. ¿Y qué importaba si lo intentaba? Caminó hacia él y lo abrazó por la espalda.
- Elise, quítate. Me estás estorbando.
- Perdona, no quería...- Suspiró ella, suavemente- no quería...Solamente quise.
- ¿¡Cuándo vas a dejar de balbucear y de llorar!?- le dijo Snape con un gesto desdeñoso y Elise inspiró con fuerza.
- Severus...Solo quería. Verás, no quisiera verte ir. Realmente te amo y no podría...
- Hacer mi vida sin ti. ¿Eso quieres decir?- Dijo con sarcasmo y ella se mordió el labio con fuerza.
- Sí, eso quiero decirte.
- ¡Oh vamos! Tienes que aprender a ser fuerte. A ser mejor que eso.
Suspiró, recodando aquello. ¿Por qué querría verla justo en ese momento. Quería simplemente desaparecer, quería esfumarse de su vista y jamás volver. Pero realmente, esa no era una opción. ¿A dónde iba, luego de haberlo perdido todo, prácticamente? Por que a ciencia cierta, fue un incendio, lo que acabó con todo lo que tenía.
Un incendio en sus mejores libros, acabó con lo que ella tuvo alguna vez.
- No va a debilitarme- se dijo, autosuficiente. No podrá conmigo por que simplemente, no se lo voy a permitir.
Elise caminó con simpleza, hacia el comedor. No importaba si la miraba, ya ella había superado la sensación de haberse encontrado con un error. Negó con la cabeza ante el temor que estaba sintiendo y con una sonrisa, trató de convencerse de que todo estaba bien. Pero ¿Lo estaba? Escuchó su voz, a lo lejos. En la lejanía, su sombra se mostró, imponente. Siempre había sido así. Desde el día en que se conocieron.
- ¡Elise!- escuchó y trató de caminar rápidamente- ¡Saluda al profesor Snape! Hacía tanto que no lo veíamos. Desde que era joven y era solo un aprendiz a profesor. Y entonces, se quedó cara a cara con él y su rostro. Se llenó de emociones. Siempre se llenaba de emociones cuando lo veía. Malas, buenas. Simplemente se llenó de emociones y suspiró con fuerza. Severus Snape, apenas la miraba. Siempre sería lo mismo. Nunca la miraría. Nunca apreciaría aquello que una vez tuvieron en mente. Que tuvieron entre sus manos. Caminó con lentitud y asintió con la cabeza. Intentó pasar de largo, pero no pudo. Algo le detuvo de sus pensamientos. De su deseos de escaparse de él.
- Elise- escuchó de sus labios, un susurro. Nunca nadie la llamaba así. Solo él. Ladeó la cabeza y él, la miraba. Insondable. Sintió que el color regresó a su cuerpo, súbitamente. No dijo nada y se quedó allí parada. Severus parecía cansado de que lo siguieran. Cuando lo dejaron ir, simplemente se quedó parado, mirándola. Ella no dijo nada. No sonrió ni quiso demostrar alguna emoción. Severus se mantuvo adusto, sin cruzar pasos que los dividían o los acercaban.
- Hola, Severus. ¿Cómo has estado?
- No puedo quejarme- le contestó, sin mirarla- ¿Tú...?
- Estoy bien. Y sí, sigo siendo la bibliotecaria de Hogwarts.
- Asumo entonces, que trabajaremos juntos.
- Sí, Severus. Asumes bien- dijo, con un dejo de incomodidad en la voz- mucha suerte en tu regreso- le dijo, dándose la vuelta y marchándose por un pasillo opuesto. No cedería ya, ante sus intenciones. Fueran cuales fueran. Sintiera lo que sintiera. Ya no sería su juguete de acción. Quería una vida mejor y la obtendría.