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Historia 48493 — capítulo 10
Tiempo para dos.Habían pasado varios días desde que Catalina se "entregó" A Braulio, el se sabía feliz, pero también conocía las limitaciones que tenia.
Una tarde, como de la nada ella entabló una conversación, sencilla pero sincera, en la cual dejo claro que aunque conviviera con el no era a quien verdaderamente estaba esperando. Por ello y tras un largo pero doloroso adiós de parte y parte, Braulio como el caballero que había demostrado ser; se marcho de la casa que había compartido con la pelinegra.
En la silla de la hermosa terraza un rio de lagrimas le hacia compañía al entender sus errores. Sabia que nos seria para nada fácil enfrentar a quien pensaba le había ocasionada tanto dolor y molestias. Tomo la computadora portátil de su cuarto de estudio y la llevo consigo a aquel lugar que creía tan suyo.
Se que te puede sonar inesperado y mucho mas si viene de mi. Pero necesito verte. Se que no será difícil que nos veamos, hace un par de días te vi en la plaza central, pero no me anime a hablarte. Tengo algo importante que decirte. Espero me aceptes un café. Aunque puedo deducir por el tiempo que ha pasado, que preferirías un buen chocolate con queso.
Catalina.
El correo se envió a un destinatario que ansiaba mas que la pelinegra aquel encuentro, aunque eso implicara enfrentarse a sus propios errores.
La respuesta fue casi de inmediato, parecía que aquella tarde que pronosticaba estar mas fría que una de invierno de a poco tomaba un buen camino para dos personas que verdaderamente lo necesitaban.
Las pocas líneas en el chat eran más una mera formalidad para ponerse de acuerdo en donde y a qué hora se vería. Dadas las circunstancias que los habían arrastrado hasta ese punto. La tarde de ese frio de día de mayo, los llevo por una vieja pero conocida calle. Un bar que se resistía al paso del tiempo y una receta que derretía al más frio corazón.
Ella llego un poco tarde esperando no hacer preocuparse a Armando. Pero al entrar al ya conocido bar, el dueño del lugar le indico que tenia un recado para ella. La conocía desde hace tanto y ella al viejo dueño que no le era inusual un saludo poco formal, ante la mirada atónita de muchos de los nuevos empleados.
Pasaron unos minutos desde que ella ocupó su habitual mesa junto a la ventana, por alguna razón el lugar se estaba quedando sin personas y el clima se ponía mas frío. La hora de espera se le había vuelto eterna, y la desolación empezó a invadirla.
Cuando tomaba su pesado abrigo y se disponía a escuchar la voz del dueño una vez más; un mensajero llegó a la puerta del bar. En sus manos posiblemente gélidas por manejar en ese frio infernal, traía un hermoso ramo de flores. Jazmín para ser mas exactos, y una nota escrita con una caligrafía inconfundible.
Perdona si te hago esperar, se que estas molesta. Pero por favor, espera un poco más.
- Maldición, cuanto mas quieres que espere.
La voz de la chica se dejo escuchar en el amplio salón y tanto el mensajero, como el dueño del lugar, se tomaron el tiempo para dejar escapar un pequeña sonrisa.
Catalina retornó a su asiento y fingió oler las flores. La espera era eterna, pero al parecer valdría la pena.
Los minutos se corrían como agua, y una vez mas ellaestaba molesta. Decidida a dejar todo allí, se paró y se dirigió a la puerta, esta vez nadie pretendía parar sus intenciones.
Furiosa como estaba azoto la puerta del local, e intentó correr lo más que pudo. Pero una mano la tomo del brazo y la detuvo en el momento justo.
-
Veo que has esperado mucho.
-
¿Por qué me has hecho esperar tanto?
-
En realidad no has esperado nada, estuve viéndote toda la tarde, grabando cada gesto tuyo en mi mente y corazón. — Armando había apaciguado la furia de la joven de una manera inesperada. —
-
¿Por qué?
-
Porque no se si mañana te vuelva a ver, o no se si mañana estarás a mi lado. Aun que solo sea como mi amiga. Al fin y al cabo tu tienes a tu novio.
El rostro de Catalina se volvió sombrío y prefería no contestar aquello. Prefería dejárselo en un secreto, por el momento. Se había prometido la noche anterior que ella no lo dejaría nunca mas.
Meció su cabeza, dándole a entender que no estaba mas Braulio con ella. Y nuevamente en un súbito arranque de felicidad, calló cualquier pregunta con un beso que estaba soñando.
Cuando el profundo y emotivo beso termino, un mar de emociones nuevas surgieron entre los dos.
- Sabes, amiga, quiero decirte una cosa, desde aquel día de lluvia. Yo también te amo. Siempre lo he hecho.