← Historia 48507 · de
Historia 48507 — capítulo 11
Kilómetros. Realmente me parecían kilómetros lo que me separaba de él. Tan cerca pero tan lejos. Y no podía evitar mirarle fijamente.
Le tenía delante, contando su interminable perorata sobre las múltiples jugadas que había desarrollado durante el verano, aquellas que según decía, nos harían por fin vencedores de la copa de Quidditch.
No le hacía el menor caso, claro que yo no era la única. Los gemelos estaban recostados el uno sobre el otro con los ojos cerrados, Harry miraba al suelo con lo que parecía ser una incipiente preocupación, Angelina y Alicia cuchicheaban a mi lado y yo… Yo simplemente dejaba que mis pensamientos volasen hacia lugares más entretenidos, pero a su lado. Siempre a su lado.
No sabía cuanto tiempo hacía desde que empecé a sentir algo por Oliver, ¿dos años? ¿Tres? No estaba segura, pero en los últimos meses esos sentimientos habían crecido. Quizá fuera porque aquel sería el último año que íbamos a estar juntos, o tal vez porque había madurado durante aquel verano. En esos momentos lo que quería era confesárselo a él, aunque sabía que me iba a costar bastante.
Nunca encontraba el momento preciso, y si parecía que lo había encontrado, aparecía alguien y se entrometía en la conversación. Era un tanto desesperante tener todo eso dentro de mí.
Al fin decidí contárselo a mi amiga Leanne. Desde luego, no tenía intención de que Angelina ni Alicia se enterasen de eso, ya que los entrenamientos de quidditch podrían ser un tanto incómodos cuando ellas pusieran caritas cada vez que me cruzase con Oliver. Por lo que Leanne era una buena opción para guardar mi secreto, al fin y al cabo, ella fue la primera amiga que tuve en Hogwarts.
Por supuesto ella me apoyó en toda esa historia. Me ayudaba a preparar conversaciones y situaciones en las que Oliver y yo pudiéramos quedarnos a solas. Pero claro, ella no reparaba en que la mitad de la sala común de Gryffindor se arremolinaba frente a él para darle consejos sobre quidditch ¡cómo si él no supiera lo que teníamos que hacer!
Los días pasaban, y si no me daba prisa el año terminaría antes de que le pudiera decir nada. Y él al año siguiente ya no volvería al colegio. Todo era muy extraño, parecía como si una fuerza sobrenatural me impidiese hablar con él. Al final, si todo seguía así, no iba a conseguir nada.