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Historia 48507 — capítulo 12

Lúgubres y anodinas caían las sombras del Bosque Prohibido sobre mí. El thestral que tenía a mi lado lamía con fruición el trozo de carne cruda que le había llevado. Nunca me había parado a pensar en serio los motivos que hacían que pudiera ver a aquellas criaturas, pero aquel día me sentía vacía, necesitaba contárselo a alguien, y aquel animal parecía ser mi único amigo en aquel colegio lleno de gente.

-¿Sabes? - Le dije mientras posaba una de mis manos en su cabeza y se la acariciaba lentamente -. Me encanta estar aquí contigo, pero quizá sería más feliz estando yo sola en el castillo.

El thestral parecía comprender cada una de mis palabras y poco a poco fue alejándose de mí.

-No, no es por ti - le dije para calmarle -, es sólo que si puedo verte es porque vi morir a mi madre.

El animal volvió a acercarse a mí, más cariñoso que antes, más comprensivo.

-¿Quieres que te lo cuente? - El thestral arrimó su morro hacia mi cara, lo que me hizo suponer que me iba a escuchar -. Está bien. Mi madre siempre estaba jugueteando con las pociones, las mezclaba y trataba de inventar otras diferentes. Y un día…

Hice una pequeña pausa. Nunca antes había tratado de hablar con nadie de ese tema tan doloroso, no sabía cómo enfocarlo. Aún tenía esa horrible espina clavada en lo hondo de mi alma, quería desahogarme, pero las palabras se me quedaban estancadas en el fondo de mi garganta.

El thestral me miró complaciente, no parecía necesitar escuchar nada más para comprender mi dolor; y yo se lo agradecí.

Todo el mundo me trataba como a una loca, de ahí mi apodo, Lunática Lovegood, pero jamás me había importado. Había pasado por cosas peores, y en ese momento lo comprendí todo. Tenía algo que agradecer a mi madre, dentro de toda aquella desgracia, había hecho que me convirtiese en una chica fuerte, que los desprecios de la gente me importasen más bien poco.

Y allí, en mitad del Bosque Prohibido, con la única compañía de un thestral, dije algo que llevaba muchos años sin decir:

-Gracias, mamá.