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Memorias de un retrato — capítulo 7

Al regresar a nuestras correspondientes habitaciones, estábamos comenzando a ver todo, de otra forma. Permanecí de pie, mirando el enorme paisaje que se levantaba, imponente, frente a mí. Estaba en la torre más alta, tenía que aprovechar su espectacular vista.

Estando allí, recordé muchas cosas. Recordé todos los cambios que había vivido, desde que había regresado de mi hogar. Cómo ya no estaba sola. Como estábamos juntos de una forma u otra.

Se sentía distinto. Fantástico. Nunca había sentido esa nececidad de estar junto a alguien, nunca había abierto tanto mis ojos, hacia las situaciones que me aterraban, solo por el hecho de tener a alguien a mi lado.

Era diferente...

Meditaba en silencio, sonreía para mí misma, sorprendida de mis propios pensamientos. Mi ilustre "cerebro", no estaba diciendo nada claro, nada muy conciso. Solo estaba divagando entre lo experimentado. Entre los conceptos.

Eso era estar...Enamorada.

Mientras meditaba, una sombra se detuvo a mi lado. Sonreí, al mirar dos brazos que se apoyaban en el mirador de la torre y contemplaban lo mismo que yo. Suspiré y continué mirando el paisaje, de nubes turbias que se alzaban imponentes.

  • ¿Aburrida?

- No. Simplemente admiraba todo eso que está a nuestro alrededor y que pocas veces notamos.

- Yo suelo hacerlo. Mucho, cuando pienso- dijo y yo sonreí. Realmente me sorprendía oír eso, de alguien que no solía abrirse a las explicaciones. A los sentimientos. Ladeó la cabeza para mirarme y yo simplemente continué mirando hacia el frente.

Aunque pareciera sorprendente, sentí una de sus manos, que se deslizó entre mis cabellos. Me mantuve en silencio, sin hacer mayor cosa. Continué mirando hacia el lago, hacia los árboles y montañas.

- Me gusta venir aquí, de vez en cuando- me dijo y yo asentí, suspirando- Es el único lugar, donde suelo encontrarle paz a mis pensamientos.

- Yo siento, como si pudiera volar. Como si pudiera brincar y simplemente flotar por los aires.

- Pero eso no es ciertamente, posible. Aunque, hay algunas excepciones.

- Lo sé- sonreí- Sé que no...

No continué con mi oratoria. Aquellos dedos, terminaron en una de mis mejillas y la acariciaron con mucha suavidad. Inspiré y sonreí de nuevo, ladeando la cabeza hacia él. Estaba contemplando el paisaje y no dejaba de acariciar mi mejilla. Incluso sentí, que no estaba consciente de lo que hacía. Tosí ligeramente y él, ladeó la cabeza hacia mi, para mirarme.

Tenía la impresión de que no sabía lo que hacía.

- ¿Te incomodaba?- me preguntó, con seriedad y yo, negué con la cabeza- creo que no estaba percatándome, de lo que tenía a mi alrededor, como tú has dicho. Me he...

- ¿Hipnotizado?- agregué, mirando su expresión de concentración, cuando apoyaba su quijada en una de sus manos.

- Prácticamente.

- Y por eso, acariciabas mi mejilla...

- Un reflejo de eso- dijo y yo inspiré, su mano regresó al muro de piedra donde estaba al inicio. Sin embargo, yo no quería verla allí.

Yo quería verla cerca de mi rostro. Con otra sonrisa, coloqué mi mano sobre la suya y la tomé con un gesto suave. No hizo nada, no dijo nada. La acerqué hasta mi rostro y la besé. Besé cada uno de sus largos dedos. Quizá estaba loca, pero amaba sus manos. Estaba muy entretenida, mientras él simplemente continuaba contemplando el bosque.

Acerqué su mano a mi rostro y la dejé allí, unida a la mía. Me gustaba la experiencia que me hacía sentir. Me gustaba la sensación de que podía tocar más que mi piel. Sentí cómo debajo de mi mano, la suya se movía, acariciándome.

- Podrás vivir sin todo de mí, excepto mis manos.

- No digas tonterías- susurré, acercándome a él. El frío comenzaba a inquietarme. Ese frío del invierno que estaba por llegar.

Ese invierno que me generaba dudas. Que me preocupaba. Que quería decirme algo, que yo estaba ignorando. Quizá era cosas de mujeres. Inseguridades, pero podía sentirlo. Muy en el fondo de mí, pero podía.

- ¿Dónde está tu inseparable bufanda?- me preguntó, cuando una corriente de aire, me hizo temblar. No la había traído, la había dejado en mi despacho.

- La olvidé...

- Pues entonces, tendré que tomar cartas en el asunto- dijo, abriendo su grueso saco. Reí, al imaginarme la propuesta.

- ¿Entraré allí? ¿Podremos?

Se encogió de hombros y yo simplemente me dejé abrazar por él. Me pregunté luego, cómo íbamos a librarnos de nosotros mismos, pero no le di importancia en ese preciso momento. Estaba tan cálida. Ya entendía por qué nunca se congelaba. Miré al cielo y noté que estaba próximo a oscurecer. A perderse la poca luz que nos iluminaba el camino de vuelta.

- Ya pronto no veremos nada...- me dijo y yo, negué con la cabeza.

- Siempre podremos imaginar algo... Repetir lo vivido, en una nueva imagen. Así no podamos darle luz.

Siempre podríamos imaginar....

Rose despertó, imaginándose ese dichoso recuerdo. Su cabeza insistía en que ese hombre quizá no era su padre. Su corazón sin embargo, difería en sus pensamientos. Con una sonrisa a medias, se levantó y se decidió que podría hacer una investigación.

Conocidos y familiares, podrían saber más de lo que ella imaginaba, acerca de la vida de su madre y de su padre. Empezando por su tía, Ginny Weasley.

Ellas eran grandes amigas. Se contaban todo. Era muy probable que supiera acerca del autor del primer diario y qué estaba ocurriendo.

Como también era muy probable, que no quisiera comentarle nada, por respeto a la intimidad de su madre.

No perdía nada con preguntarle.

Y comenzaba a generar más dudas en su interior. Seguramente podría encontrar cosas fantásticas, acerca de su pasado, que ella no conocía. Quizá, su madre tenía muchos secretos que ayudarían a trazar el pasado en su vida. Que ayudarían a reflejar quiénes fueron en ese dichoso espacio del tiempo. Eso era lo que más apreciaba. No solo el hecho de entender qué ocurría.

  • ¡Voy a salir mamá! ¡Te veré en un rato!- dijo, abriendo la puerta de aquella casa. Si tenía que ver a su tía, lo mejor era hacerlo de una buena vez. Estaba entusiasmada y no podía esperar. Llevaba un cuaderno de notas. Quería guardar todas las impresiones que recibiera, acerca del tema. No quería perderse ningún detalle.