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Camino de Vida — capítulo 3
Cap 3
Te Amo
Caminaba por su cuarto, mientras se ponía el reloj y buscaba el abrigo gris que le iba en esa ocasión. El reloj se lo había regalado Roberto en su último cumpleaños; y el abrigo Camila, ambos en su último cumpleaños.
Al analizar esto, sintió un cosquilleo en la piel, especialmente donde ayer la habían pinchado. Desde su primer cumpleaños, era su último cumpleaños. Nunca había dejado de pensar que cada cumpleaños que celebraba era el último, y ya llevaba diecisiete y nada había ocurrido.
No se dio cuenta cuando se sentó en la cama, y empezó a acariciar el reloj como a la mano de quien se lo había regalado. Fue el sonido de su celular la que la hizo reaccionar: Camila la estaba llamando.
-¿Vas a ir al cine verdad?- preguntó la morena sin siquiera dejar a Belén reaccionar.
-Sí, ¿algún problema?- contestó la chica divertida al imaginarse lo alterada que se pondría la otra al saber que iba al cine sin decirle.
-No, pero aprovecha que te voy a dejar ir sola; espero acción… niñita recuerda lo que hablamos en la mañana.
Después de eso simplemente cortó, Belén estaba acostumbrada a lo irreverente que era su amiga.
Pero en esta ocasión tenía razón, debía aprovechar lo que para ella podría ser lo último.
Un chico alto, blanco, de cabello negro y rizado, ojos achinados y oscuros; y con una escasa barba en su mentón; observó como su hermana bajaba las escaleras con una sonrisa en el rostro.
-Anthony, ¿cómo me veo?- preguntó Belén al llegar al frente de su hermano mayor.
-Hermosa como siempre- dijo el chico mientras la veía- espero que hoy cuando llegues le pueda decir oficialmente cuñado a Cordero.
-¿Por qué todos hoy andan como con eso?, vamos a salir como los amigos que somos.
-No se vale, ustedes le pueden decir cuñada a Mariam, pero yo no le puedo decir cuñado a nadie- reclamó el chico cruzándose de brazos.
-¿Algún día serás un hermano normal y sentirás celos de que alguien se nos acerque?- preguntó dudosa Ana detrás de su hermano.
-Sí, cuándo algún día alguien se te acerque lo voy a matar- dijo el muchacho viendo a su hermanita.
-Bele, Roberto te espera afuera- dijo Ana mirando curiosa a su hermano, no le creía nada de lo que dijo.
Cuando ella salió, el chico que la esperaba afuera, creyó que estaba en un sueño surrealista; le gustaba imaginarse que ella al salir se le iba a abalanzar y abrazarlo mientras lo besaba locamente. Pero eso no era más que un sueño.
Juntos, empezaron a caminar; el centro comercial quedaba lejos, pero Belén prefería caminar bajo el brillo de las estrellas, y sentir la brisa fresca que le podía regalar, el poder percibir el aroma de su amigo; que tan loca la volvía, y tan bien conocía.
El ambiente en el cine era frío. No solo porque el aire así pusiera el ambiente, sino también era la actitud de Roberto.
La chica, acostumbrada a que fuera él quien robaba caricias furtivas, el que la miraba con ojos deseosos, el que se quedaba prendido a sus labios cuando ella hablaba; ahora solo recibía monosílabos por respuesta, la lejanía de ambos cuerpos.
Él estaba ido en la película que proyectaban, y ella estaba inerte a esa película, porque le mataba el querer saber que le pasaba al chico. Lentamente se fue acercando a él; primero puso su mano sobre la de él, que descansaba en su masculina y bien formada pierna… esperó reacción y no la encontró.
Empezó aentrelazar sus dedos con los de Roberto,pero él quitó la mano, recostando su cabeza en la mano. Belén sintió la mezclilla del pantalón de su amigo, más calida que él mismo, la dejó allí por unos minutos disfrutando el hecho de que hay había estado la de él. Después, tomó valor; con esa misma mano, le alzó la cabeza al chico, para que ambos se quedaran mirando.
Pero le dio miedo, la mirada de Roberto reflejaba desconcierto, duda y frustración; fue desconcertante para Belén, no lo entendió; más bien sintió miedo, y de golpe quitó su mano de la barbilla del chico, quedándose prendida a aquel calor que había marcado sus dedos por el contacto.
Desde ese momento la película no le importó, ni el frío del aire, ni las palomitas que se habían caído de su regazo… ¿qué tenía Roberto? ¿Qué le había hecho?
Disimuladamente, tocó su mentón; ahí donde los dedos de ella se habían posado; amaba ese contacto, pero odiaba que no le tuviera confianza, que no le dijera la verdad; y que le fallara mientras lo engañaba.
Su corazón se hizo trisas, la cinta ya estaba terminando, y él ni siquiera le había regalado una mirada, ni una sonrisa, era como tenerlo ausente. Instantáneamente, surgieron las dudas de cualquier chica; Roberto ya no la quería, estaba enamorado de otra; y ella no aprovechó el momento.
Un escalofrío recorrió su espalda, sus brazos, y su pecho. La imagen del chico besando a otra, la hizo perder casi toda la conciencia; ese chico de ojos tímidos no podía besar a otra que no fuera ella, no podía ver a otra que no fuera ella…
-¿Roberto?- preguntó la chica en un susurro.
-Ve la película
-¿Qué te pasa?
-La película…- susurró el chico señalando a la pantalla
Belén no pudo resistirse más, se puso de pie, y bufando salió de la sala, sin mirara hacia atrás y sin inmutarse por las criticas que le hacia la gente.
-¿Qué crees que estás haciendo?- preguntó Roberto, saliendo pocos minutos después- es el estreno, todos están esperando ver está película y tú te sales.
-¿Yo?, solamente respeto mi dignidad; no voy a estar allí dentro viendo como un patán se ríe de mí en la cara- reclamó la chica
-¿Qué dices?
-Que eres un idiota, y yo una más por hacerte caso.
-Yo soy el idiota, que se preocupa por ti, y no te dignas a decirme la verdad, me dices mentiras y me crees tan tonto como para no darme cuenta de lo que de verdad ocurre.
-¿Qué dices?- la voz de Belén estaba quebrada, sus ojos rojos con las lágrimas amenazando con salir.
-Digo que no puedes pasar por esta vida haciéndote la mártir, no estás sola y te olvidas de los que te queremos… - Roberto tomó aire y habló- sé lo de la enfermedad, Belén, no puedo creer que me hayas mentido…
-Lo hice para no preocuparte…
-Me preocupas más- Roberto detuvo un taxi que pasaba frente al cine- señor, puede llevarla a la urbanización La Alameda, cuarta casa…
-No te preocupes, yo sé donde vivo; y no se te ocurra darme ni un cinco para pagarlo, he pasado mucho en esta vida sola; no necesito de ti…
El automotor arrancó, detrás la sombra de un muchacho triste. Dentro del taxi, la chica de diecisiete años se limpiaba las lágrimas del rostro… no podía creer que los humanos fueran tan tontos, que cuando estaban enamorados y listos para ser felices, siempre; ellos mismos se trabaran el camino de la felicidad con pequeñas cosas, que solos podían ser muy grandes, pero al lado de otros pequeñas.
-Te amo- susurró Belén, mientras de sus ojos escapaban las lágrimas y de sus labios sollozos.